Tejer Redes Activando las Miradas Ambientales en la Escuela Rural: relato de una experiencia

Muchas veces, la casualidad y la fortuna ayudan a explicar por qué ocurren ciertas cosas. El microproyecto que ahora presentamos fue fruto de este azar.

Todo empieza con una pregunta por nuestra parte a la profesora Elena Bárcena, catedrática de la Facultad de Filología en la UNED. La pregunta en cuestión no viene al caso, pero sirvió para hablar y poner en común lo que estábamos haciendo. Así, Elena conoció nuestra línea de trabajo sobre patios escolares, expresando desde ese primer momento su interés por este campo. Porque quien la conoce, sabrá y coincidirá en que Elena Bárcena une saberes y entusiasmo por transmitirlos, de manera infinita, inasequible al desaliento: “¿Y por qué no hacéis un microproyecto dentro de ÁGORA?”, nos propuso. ÁGORA era el proyecto I+D que ella coordinaba sobre aprendizaje de las lenguas en los contextos escolares rurales.

Esto marcó el inicio de nuestro microproyecto. A partir de ese momento empezamos a pensar en el patio como un espacio escolar de especial interés para dar voz a la infancia. Queríamos indagar en ese territorio cotidiano: cómo lo sienten los niños y las niñas, a qué se juega, qué significados construyen y que ideas podrían surgir si le otorgábamos un lugar distinto al que habitualmente ocupa como simple tiempo de recreo. Se trataba de abrir el patio como un espacio de escucha y comprensión, un lugar desde el cual descifrar lo que hacen y también lo que transformarían en ese entorno.

Situándonos en el terreno para formular un proyecto desde los coles

A comienzos de junio de 2024, las tres integrantes del microproyecto TRAMA viajamos desde Madrid a Alcañiz con el propósito de conocer los cinco centros escolares en los que se desarrollaría el trabajo. Este viaje nos permitió acercarnos a las experiencias educativas del Bajo Aragón: su geografía, su gente y el entorno que da forma a la vida escolar en ese territorio.

Durante la estancia pudimos conocer a las maestras, conversar con algunos de sus estudiantes y recorrer sus patios. Nos maravilló el trabajo que allí se realizaba y el cuidado y cariño que tenían por sus escuelas. Esta primera toma de contacto no solo nos permitió comprender el contexto, sino también abrir un espacio para pensar, idear y conectar. A partir de esas primeras impresiones comenzamos a delinear una propuesta de trabajo que nos permitiría desarrollar, a través del patio, una trama de experiencias compartidas.

Aunque los cinco centros se sitúan en lo que desde la ciudad se entiende como entorno rural, dos de ellos se ubican en un municipio de aproximadamente 16 mil habitantes, un tercero en un pueblo de unos 4 mil habitantes y dos de ellos son Centros Rurales Agrupados (CRA), e integran varias aldeas del noreste de la provincia de Teruel de entre 110 y 261 habitantes, en el caso del CRA Somontano, y de entre 76 y 665 habitantes para el CRA Olea. Por tanto, las realidades y contextos de cada centro educativo son totalmente diferentes. Mientras unos tienen patios naturalizados, con gran diversidad de espacios y opciones de juego, otros se encuadran en espacios totalmente cementados sin sombra natural, y unos cuantos ni si quiera disponen de una zona propia dentro de la escuela para el recreo, por lo que salen a jugar a la plaza del pueblo. Al mismo tiempo que unos manejan aulas al uso, con 20-25 estudiantes de la misma edad, otros cuentan con aulas multinivel de muy pocos-as alumnos-as, englobando desde infantil hasta sexto de primaria.

Aunque esta diversidad es una cualidad de los centros, apreciamos también puntos comunes que nos facilitaban un anclaje para nuestro proyecto. El primero, y uno de los más importantes, fue su interés y confianza en la propuesta. El hecho de venir de la mano del proyecto ATLAS-AGORA – conocido por la mayoría – ya les inspiró un cierto grado de credibilidad. Además, la visita inicial sirvió para conocernos, entender la diversidad de realidades y anudar esos hilos desde donde ir tejiendo la trama. También sentimos que, a pesar de la carga de trabajo, estaban abiertos a emprender nuevos caminos, aprendiendo juntos. Otros puntos clave que observamos en esa visita fueron: su vocación por la infancia; la sintonía con la comunidad y el territorio; la creencia en la educación como proceso dialógico y trabajo cooperativo; la práctica del aprendizaje por descubrimiento; además, de la presencia de muchas lenguas en cada escuela.

Con estos ingredientes en mente, y desde nuestra mirada pedagógica, que toma la educación como aprendizaje de vida democrática y práctica transformadora, empezamos a tramar una intervención que resultara de interés para este conjunto de centros tan diversos.  Partimos de un enfoque intercultural y ecosocial, que potencia el diálogo entre las personas de la comunidad educativa y vincula el aprendizaje con el territorio, derribando los muros que alejan a la escuela de su realidad circundante.

De ahí surge la idea de TRAMA: Tejer Relaciones Activando las Miradas Ambientales. Un punto de partida desde donde repensar nuestras relaciones con el entorno, experimentar nuevas formas de aprender y tejer redes de comunicación con otros centros, compartiendo nuestra diversidad. Articulamos la propuesta en torno a tres ejes de trabajo:

  • Observación y escucha, para construir un mapeo de miradas y sentires en torno a patio.
  • Experimentación, explorando nuevas formas de vivencia y aprendizaje.
  • Comunicación de la experiencia, contribuyendo a la formación de red de centros.

Para materializar esta idea quisimos darle una forma consistente, real, de peso… que contrastara con el mundo virtual en el que vivimos. Esta consistencia se transformó en una caja pedagógica compuesta por:

 

  • Una guía explicativa donde se detallan las metodologías (“paseo guiado”, autoobservación, diálogo, acción, técnicas Freinet, Gramática de la Fantasía de Gianni Rodari…) para realizar las actividades que conforman las diferentes fases de la intervención;
  • Un diario de campo para que el equipo docente registre todo lo que sucede en cada una de las etapas;
  • Emoticonos, iconos y planos para trabajar la fase exploratoria;
  • Una cámara de fotos que permite imprimir imágenes de forma instantánea;
  • Sobres y sellos para trabajar la correspondencia con los otros centros…

Es una caja viajera: permite que los centros puedan utilizarla en diferentes aulas y con diferentes grupos de estudiantes. Las tres fases del microproyecto (observar-escuchar // experimentar // compartir) pueden ser realizadas con un grupo de estudiantes en aproximadamente cinco sesiones de trabajo.

Nuestro seguimiento. Aprendizajes y gratitud

El micro-proyecto contempló un acompañamiento continuo por parte del equipo a cada centro escolar. La idea era reunirnos periódicamente, en función de los tiempos de cada escuela, para conocer cómo avanzaban en el desarrollo de cada etapa, valorar si las herramientas de la caja de aprendizaje estaban siendo útiles para los objetivos propuestos y compartir los aprendizajes que iban emergiendo en el proceso.

A medida que nos encontrábamos con los centros, pudimos conocer de cerca cómo habían llevado a cabo las distintas fases del micro-proyecto, cuáles habían sido sus avances y qué preguntas o inquietudes surgían en el camino. Estos encuentros eran también una oportunidad para recoger impresiones, escuchar cómo estaba resultando el ejercicio que les habíamos propuesto y seguir pensando juntos los siguientes pasos.

En cada sesión de videollamada nos conmovía profundamente el trabajo desarrollado. Las maestras nos relataban cómo sus estudiantes habían vivido el trabajo, los rumbos propios que habían ido tomando algunas propuestas y la manera en que el cuaderno del artista se enriquecía con ideas surgidas en cada escuela. Las cámaras fotográficas, por su parte, se convirtieron en un elemento especialmente apreciado por los niños y niñas, que querían fotografiar y compartir cómo era su patio, sus juegos y su vida cotidiana. Aparecieron cartas escritas y dibujadas, pequeños fragmentos del patio enviados como evidencia y gesto simbólico de intercambio entre centros. A través de esta correspondencia, los estudiantes y las maestras de un centro pudieron descubrir que, aunque cada patio tenía su singularidad, también existían elementos comunes que los acercaban como escuelas. El patio dejó de ser únicamente el de cada centro para convertirse en una red de patios vecinos, que se mostraban y se compartían a través de este microproyecto.

Para nosotras, como equipo investigador, este seguimiento fue también un proceso de aprendizaje y de profunda gratitud. El compromiso de las maestras, su sensibilidad para acompañar a los niños y las niñas y la dedicación puesta en cada actividad hicieron posible que el proyecto cobrara vida y adquiriera sentido. Desde aquí, les agradecemos enormemente por la confianza depositada en nosotras y por haberse dejado enredar en esta trama que si ha resultado tan colorida y vistosa es gracias a su esfuerzo y entusiasmo.

 

Para más información:

Belén Ballesteros Velázquez, bballesteros@edu.uned.es, Departamento MIDE I, UNED; Cristina Iglesias-Barco, ciglesias@edu.uned.es, Escuela Internacional de Doctorado de la UNED; Roberto Albornoz Bravo, ralbornoz3@alumno.uned.es, Escuela Internacional de Doctorado de la UNED.