Mentes paralelas: la inteligencia que no cabe en un cerebro

Antonio Vargas, PDI del departamento de Matemática Aplicada I de la Escuela de Industriales.
Empecé Mentes paralelas esperando un libro de divulgación sobre nanotecnología, y me encontré con otra cosa, un ensayo que mezcla química, biología sintética e historia de las ideas y que usa la mitología como hilo conductor. Su autora, Laura Tripaldi (Milán, 1993), es doctora en Ciencia de los Materiales y Nanotecnología y trabaja en el cruce entre ciencia, tecnología y humanidades. El libro se publicó en italiano en 2020, en inglés en 2022, y Caja Negra lo trajo al castellano en 2023.

La pregunta que lo recorre, qué entendemos por inteligencia, es fácil de decir y difícil de responder, porque no se trata solo de definir la palabra sino de decidir quién tiene derecho a ella. Tripaldi sostiene que la respuesta de siempre, la que ata la inteligencia a la conciencia, al cálculo y al cerebro, arrastra un prejuicio antropocéntrico, y propone mirar los materiales que que nos rodean como sistemas que responden a su entorno, se adaptan y, en un sentido que el libro se esfuerza en precisar, piensan.

El recorrido es un bestiario, por el que circulan telarañas, gelatinas proteicas, robots blandos que se mueven por un torrente sanguíneo, gólems, centauros, colonias virales, pulpos y un moho sin cerebro, el Physarum polycephalum, capaz de encontrar el camino más corto entre dos montones de comida. Cada caso muestra una forma de inteligencia distinta de la nuestra, y lo que engancha no es el catálogo sino la extrañeza que produce descubrir agencia donde uno esperaba materia muerta.

El concepto que sostiene todo el libro es el de interfaz, entendida como la zona de frontera entre dos materiales en la que aparece un estado de la materia que ninguno de los dos tenía por separado. Conocer, en esa lectura, no es el gesto con el que un sujeto domina un objeto, sino una relación de colaboración, y la autora lo dice sin rodeos cuando afirma que nuestros instrumentos influyen en nosotros tanto como nosotros influimos en ellos.

De ahí el peso que concede a las tecnologías blandas. La tejeduría es más antigua que la metalurgia por más de noventa mil años y casi no deja rastro arqueológico, lo que durante siglos hizo pensar que el acero era más moderno y más serio que un tejido; Tripaldi le da la vuelta al prejuicio y recuerda que la trama produce propiedades que los hilos no tienen por separado, de modo que la fuerza de un material está en su carácter relacional. La seda de araña, con doscientos millones de años de evolución detrás, supera al nailon en eficiencia energética y se degrada sin dejar residuo, así que la biomímesis deja de ser una metáfora y se convierte en un programa de diseño.

Los mejores casos son los de inteligencia repartida, como el pulpo, que distribuye su sistema nervioso por los tentáculos, o el moho policéfalo, que resuelve problemas de optimización sin ningún centro que los dirija. Al lado de eso, nuestra arquitectura cognitiva, centralizada y jerárquica, con un cerebro que manda, parece una opción entre varias y no la única, de manera que, si uno acepta el argumento, la conciencia deja de ser requisito para actuar en el mundo.

Tripaldi cierra con una imagen potente, a saber, las tecnologías que nos van a sacar del laberinto se parecerán más al hilo de Ariadna que a las alas de Ícaro, menos ambiciosas pero más astutas y más flexibles. Para quien trabaja con modelos, el atractivo es doble, porque la autoorganización de un moho o de una red de filamentos es el mismo fenómeno que aparece en tantas ecuaciones de reacción y difusión, donde el comportamiento global emerge de reglas locales y ninguna parte del sistema tiene el plano completo. Mentes paralelas no resuelve los problemas que plantea, pero cambia el vocabulario con el que se piensan, y para algo más de doscientas páginas no está mal.

RESEÑA DE: Tripaldi, L. (2023). Mentes paralelas. Descubrir la inteligencia de los materiales. Buenos Aires: Caja Negra (Futuros próximos, 55). 224 pp. Traducción de Fernando Venturi.

Foto de Jakub Żerdzicki en Unsplash

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio