Trío ibérico de eclipses: el acontecimiento astronómico de nuestras vidas

Javier Tajuelo. El 13 de agosto España estará, como ocurre con cierta frecuencia, dividida en dos; esta vez, entre los que el día de antes vieron el eclipse total y los que no. La buena noticia es que aquellos que, sin haberlo planificado de tal modo, se encuentren entre “los que no”, tendrán la oportunidad de redimirse un año después. Presenciar un eclipse total debe ser una experiencia inolvidable si uno se cree los testimonios unánimes de quienes han tenido tal suerte. De hecho, los hay que se ven lo suficientemente estremecidos por el evento como para convertirse en cazadores de eclipses y dedicarse a perseguirlos por tierra, mar y aire. ¿Qué tienen estos fenómenos astronómicos para haber turbado a la humanidad desde tiempos ancestrales, siendo interpretados a veces como malos augurios o advertencia a reyes, teniendo la capacidad de hacer caer dinastías y detener batallas y provocando en la actualidad movimientos de miles de personas para presenciarlos? Desde luego, hoy sabemos que el problema geométrico que lo origina es mundanamente simple: la Luna y el Sol, que desde la Tierra tienen tamaños aparentes muy similares, se alinean de vez en cuando de tal forma que la sombra proyectada por la Luna recorre una estrecha franja sobre la superficie terrestre. Para quitarle aún más misticismo al asunto, desde hace ya unos cuantos siglos contamos con la Teoría de la Gravitación Universal para predecir el movimiento de los cuerpos celestes y, desde hace algo menos, tenemos herramientas de computación para calcular con gran precisión cuándo y dónde sucederá (o sucedió) un eclipse en los próximos (o pasados) siglos. A pesar de todo lo anterior, los breves instantes de totalidad de un eclipse siguen removiendo a quienes lo presencian. La causa principal de esta atracción es que un eclipse total es, bajo el prisma de nuestra experiencia, un fenómeno extraño por infrecuente; nada tendría de sorprendente si viésemos uno cada cierto tiempo y fuese uno más de los ciclos astronómicos a los que sí estamos acostumbrados, como las fases lunares o el paso de las estaciones. Aunque la ocurrencia de eclipses de Sol sí obedece a determinados ciclos[1], cada eclipse puede observarse únicamente desde una pequeña fracción de la superficie terrestre, motivo por el cual muy pocos de los lectores de esta entrada habrán sido testigos, hasta la fecha, de un eclipse solar total. Las fechas del último y próximos eclipses totales visibles desde la Península Ibérica son 30/08/1905, 12/08/2026, 2/08/2027 y 12/09/2053. Es evidente con estos datos que estamos en el momento y lugar adecuados por partida doble: formamos parte de la pequeñísima proporción de quienes han habitado y habitarán la Tierra que podrán observar dos eclipses totales en menos de un año y a unos pocos cientos de kilómetros de nuestra casa. Y, por si fuera poco, seis meses después, el 26/01/2028, tendremos el fin de fiesta con un eclipse anular cuya línea de centralidad atraviesa también la Península Ibérica, cerrando así el trío ibérico de eclipses[2].

Figura 1: Fotografía del anillo de diamantes que sucede inmediatamente antes y después de la fase de totalidad de un eclipse de Sol. Foto de Mathew Schwartz en Unsplash.

Convencido como esperamos que haya quedado el lector de que no podemos dejar pasar esta doble oportunidad, dedicaremos el resto de la entrada a ofrecer información y recursos a todos aquellos lectores que, con poca o ninguna experiencia astronómica, deseen acercarse y disfrutar de esta serie de eventos. Decíamos al principio que ver un eclipse total puede ser inolvidable; el objetivo de esta entrada es ayudar al lector a que el próximo 12 de agosto y el 2 de agosto de 2027 sean, efectivamente, inolvidables, pero únicamente por razones positivas y no por haber quedado atrapado en un atasco o sufrido algún tipo de accidente. Hay esencialmente dos cuestiones que debemos atender y planificar adecuadamente para garantizar nuestra seguridad: la primera es que observar el Sol sin la protección adecuada dañaría irreversiblemente nuestra retina. La segunda es que se van a producir multitud de desplazamientos en las horas previas y posteriores al eclipse[3], buena parte de ellos en regiones relativamente despobladas y, por tanto, menos preparadas para absorber grandes densidades de tráfico. Veamos, en orden más o menos cronológico, cómo organizar nuestra jornada de observación del 12 de agosto.

Planificación
Lugar de observación: El cuándo ya lo sabemos (12 de agosto alrededor de las 20:30) y no depende de nosotros, pero debemos pensar cuidadosamente el dónde. Como punto de partida, será de gran ayuda el mapa elaborado por el Instituto Geográfico Nacional, con el que nos haremos una idea bastante aproximada del porcentaje de oscurecimiento y, en su caso, de la duración de la totalidad en nuestro lugar de residencia o de vacaciones. Si tenemos la suerte de vivir o estar de vacaciones en algún sitio dentro de la franja de totalidad, el mejor lugar para ver el eclipse es el más cercano a nuestra residencia con el horizonte despejado hacia la puesta de Sol. Recordemos que el eclipse tendrá lugar a última hora de la tarde, con el Sol muy cerca del horizonte. Cualquier accidente geográfico, vegetación o edificio que se eleve, aunque sea ligeramente, sobre el horizonte, puede arruinarnos el momento (ver Figura 2). Si nos lo podemos permitir, una visita al lugar de observación elegido los días previos y a la hora del eclipse nos sacará de cualquier duda, aunque para una primera evaluación podemos emplear el visualizador del IGN. Si no tenemos tanta suerte y, en principio, estaremos fuera de la franja de totalidad, debemos evaluar con mucho tiento cualquier desplazamiento. Siempre tendremos la opción de ver este primer eclipse como parcial y reservar nuestros planes de viaje para 2027, pero, si nos decidimos por desplazarnos a la franja de totalidad, tengamos en cuenta que: i) si vivimos en una gran ciudad cerca, pero fuera, de la franja de totalidad, como Madrid o Barcelona, y nos subimos al coche en algún momento de la tarde del 12 de agosto con la idea de conducir apenas 100 kilómetros para ver el eclipse desde un lugar adecuado (horizonte despejado hacia la puesta de Sol, cielos despejados, etc), con una altísima probabilidad vamos a ver el eclipse desde el arcén de una autovía, eso sí, en la buena compañía de otros cientos de personas que tuvieron la misma idea. ii) Muchos conductores que se encuentren circulando en la franja de totalidad en ese momento no serán conscientes de ello; ¿puede el lector imaginarse una distracción al volante mayor que encontrarse, de repente, con el Sol oculto tras la Luna y la corona solar en todo su esplendor? Añadamos a esa distracción el hecho de que muchos, impresionados por el espectáculo, se detendrán donde buenamente puedan para verlo mejor, poniéndose en peligro a ellos y al resto de vehículos. iii) La mayor concentración de desplazamientos (igual que en un concierto o evento deportivo) se dará tras concluir el evento, y tengamos en cuenta que para entonces ya será de noche. En definitiva, la prudencia nos dice que, si decidimos desplazarnos para ver el eclipse, nos anticipemos y lo hagamos uno o varios días antes; si vivimos en una gran ciudad y esto nos resulta imposible, desde luego lo más prudente es quedarse en casa y planificar con tiempo el de 2027. Y a la vuelta, concluido el espectáculo, aprovechemos para hacer una observación nocturna del cielo de agosto (será una excelente noche para observar las perseidas), en lugar de coger el coche en el momento de mayor densidad de tráfico.

Figura 2: Simulación, hecha con el programa Stellarium, de cómo se verá el eclipse desde las coordenadas de Burgos a las 20:29:12, instante del máximo del eclipse. Vemos cómo el árbol que el programa informático sitúa para simular de manera más o menos realista el horizonte es suficiente para impedir ver el Sol a esa hora.

Material: Vamos a estar unas cuantas horas bajo el Sol, así que, para empezar, tengamos preparado entre lo que nos vamos a llevar crema solar y agua. Entrando ya en aspectos más técnicos, únicamente en los breves instantes de totalidad es seguro mirar directamente al Sol sin ningún tipo de protección. Durante el resto de las fases del eclipse debemos emplear gafas o filtros convenientemente homologados[1]. Nunca, en ninguna circunstancia, deben usarse elementos como radiografías, películas fotográficas veladas, vidrios ahumados, etc. Igual que ocurrió con las mascarillas durante el COVID, es probable que, según se vaya acercando el 12 de agosto, surjan personajes aprovechando la ocasión para hacer negocio, se hagan virales recomendaciones de lo más absurdas (y peligrosas) o, en el peor de los casos, comiencen a circular gafas y filtros sin ningún tipo de garantía. Tengamos esto resuelto cuanto antes y hagámonos ya con las gafas que necesitemos (no caducan y nos servirán igual en 2027 y 2028). Si vamos a emplear binoculares o algún telescopio, los filtros necesarios empiezan a escasear en las tiendas especializadas. Y si tenemos pensado llevar una cámara o montura motorizada, conviene no dejar para el último momento la revisión del estado y carga de las baterías. Por último en cuanto a la planificación del material, existen diversos métodos seguros y sencillos para observar el eclipse y la preparación de alguno de ellos puede convertirse en un entretenido proyecto de manualidades para jóvenes en edad escolar y no tan jóvenes; ¿qué mejor para las semanas previas que construir, con un par de lentes y unas cajas de cartón, un proyector solar con el que podamos no solo ver el eclipse, sino incluso llegar a apreciar las características manchas en la superficie del Sol? De hecho, si vamos a ver el eclipse en compañía de un grupo relativamente grande de personas, usar algún método de proyección es lo más adecuado para no tener que estar mirando uno tras otro por el telescopio o binoculares.

Momento de la observación

Antes de entrar en detalles astronómicos, imaginemos: 12 de agosto, infinidad de familias y grupos de amigos desperdigados en lugares de observación, posiblemente en entornos naturales más o menos remotos. El escenario es extremadamente peligroso en lo que respecta al desencadenamiento de incendios forestales por accidentes o imprudencias. Extrememos las precauciones para evitar desgracias como la ocurrida recientemente en Almería.

Fases del eclipse: Si estamos fuera de la franja de totalidad, solo veremos la fase parcial y no podremos observar o fotografiar el Sol sin gafas o filtros en ningún momento, ni siquiera si el porcentaje de oscurecimiento es superior al 99%. Si estamos dentro de la franja de totalidad, viviremos la fase parcial inicial (con la Luna tapando parcialmente y cada vez más el Sol) con bastante expectación ante lo que se avecina. Cuando la Luna esté a punto de cubrir todo el disco solar, sucederán una serie de fenómenos que duran algunos segundos y nos anunciarán la llegada de la fase de totalidad. No proporcionaremos una descripción exhaustiva de todos estos fenómenos por cuestiones de limitación de espacio, pero recomendamos encarecidamente al lector que consulte otras fuentes porque muchos de estos fenómenos nos pasarán desapercibidos si no los esperamos. Los más significativos son, en primer lugar, el denominado anillo de diamantes, que protagoniza la fotografía que ilustra esta entrada (Figura 1) y ocurre cuando una pequeña fracción del Sol está aún sin ocultar y aparece ante nuestra vista como el brillante diamante de un anillo formado por la corona solar del resto del Sol. Posteriormente, podremos observar las perlas de Baily, consecuencia de la irregular topografía de la Luna, tal que, desde nuestro punto de vista, aparecerán pequeños puntos iluminados a lo largo de su contorno. Apenas unos segundos después comenzará la fase de totalidad y ya podremos observar directamente sin filtros, a simple vista o con instrumentos (es mejor no observar sin gafas o filtros las perlas de Baily que preceden a la totalidad para evitar riesgos y para que nuestra pupila esté preparada para lo que viene a continuación). Si las condiciones son aceptables, podremos apreciar la corona solar, la capa más externa de la atmósfera del Sol y cuya compleja estructura depende del campo magnético generado por el Sol y la actividad que tenga nuestra estrella en ese momento. Podremos notar también un descenso de temperatura y, gracias al oscurecimiento del cielo, serán visibles algunas estrellas brillantes y planetas; cerca del Sol aparecerán Júpiter, aunque muy poco por encima del horizonte, y Venus, que será claramente visible dirigiendo nuestra mirada hacia el suroeste (ver esquina superior izquierda de la Figura 2). En cuanto volvamos a ver las perlas de Baily sabremos que la fase de totalidad ha terminado; antes de que se observe el anillo de diamantes tendremos que proteger de nuevo nuestros ojos e instrumentos.

Serán menos de dos minutos de espectáculo, quizá menos de lo que se tarda en leer el párrafo anterior. Dos minutos que seguramente recordarán el resto de su vida. En la compañía adecuada o la tranquilidad de su soledad quien así lo prefiera, prepárense para los eclipses totales del 12 de agosto de 2026 y 2 de agosto de 2027.

Recursos online:

  • Web oficial del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Si hubiera que recomendar un único recurso, sería esta página web. Encontraremos recomendaciones de seguridad, movilidad, un catálogo de lugares de observación recomendados por las Comunidades Autónomas, incluso una aplicación para comprobar desde nuestro teléfono, con realidad aumentada, cómo se verá el eclipse desde la ubicación exacta en la que nos encontramos.
  • Portal El Gran Eclipse, creado por Óscar Martín Mesonero para la difusión del eclipse del 12 de agosto de 2026 y con una buena descripción de métodos de observación y consejos sobre cómo (no) fotografiarlos.
  • Five millenium catalog of solar eclipses (NASA). Compendio de eclipses desde el 1999 a.C. hasta el 3000 d.C., convenientemente organizados por siglo y con mapas e información completa sobre trayectorias. Punto de partida para los que, aunque aún no lo sepan, se dediquen en el futuro a cazar eclipses de Sol.
  • Index to catalog of Saros series of solar eclipses (NASA).

Lecturas recomendadas:

  • Galadí-Enríquez, David, y Jordi Gutiérrez Cabello. De la Tierra al universo: Astronomía general teórica y práctica. 2ª ed., Ediciones Akal, 2022
  • Rafael Bachiller (coordinador científico). Eclipses. El sol y sus eclipses en la ciencia, la historia y las artes. 1ª ed., Geoplaneta, 2026
  • Anton Vamplew. Secretos para observar los astros. 1ª ed. en lengua española, Blume, 2008

[1] Debemos asegurarnos de que las gafas o filtros que empleemos tienen bien identificado al fabricante o responsable de la comercialización y que indican explícitamente el cumplimiento de la norma ISO 12312-2:2015.


[1] Los eclipses de Sol se producen en ciclos de 18 años, 11 días y 8 horas, período conocido como ciclo de Saros. Sin embargo, la zona de la Tierra desde la que son visibles dos eclipses consecutivos cambia notablemente, por lo que este ciclo nunca ha marcado nuestra existencia como sí lo ha hecho la sucesión del día y la noche o las estaciones; de hecho, no fue conocido hasta el s. III a.C. gracias a los registros de los astrónomos babilónicos.
[2] La espectacularidad de un eclipse anular es difícilmente comparable a la de uno total, sobre todo después de haber vivido dos seguidos, pero es igualmente extraño por infrecuente.
[3] La franja de totalidad sortea Madrid y Barcelona, lo que ocasionará grandes flujos de salida y entrada en algunas de sus vías principales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio