LA CULPA INVISIBLE DE LAS MADRES

Hay madres que sienten culpa por aspectos concretos de la crianza, pero muchas veces la culpa va más allá de situaciones aisladas. Puede acabar convirtiéndose en una sensación constante de no estar llegando a todo o de no ser suficiente

A veces aparece al compararse con otras madres. Otras veces nace de expectativas muy altas sobre cómo “debería” vivirse la maternidad. Y en muchas ocasiones surge simplemente porque cuidar de un bebé mientras se intenta sostener el resto de la vida resulta profundamente exigente y agotador.

Algunas mujeres incluso sienten culpa por emociones que consideran inaceptables: echar de menos su vida anterior, necesitar algo de espacio, sentirse sobrepasadas o no disfrutar cada momento como imaginaban.

Sin embargo, experimentar ambivalencia emocional durante la maternidad no significa querer menos a un hijo. Significa ser humana.

Desde la salud mental perinatal sabemos que una maternidad emocionalmente sana no implica estar siempre feliz, paciente o disponible. Implica poder transitar emociones complejas sin sentirse constantemente juzgada por ellas.

El problema aparece cuando la culpa deja de ser puntual y se convierte en la manera habitual de relacionarse con una misma. Muchas madres viven en un estado de autoevaluación constante: si lo están haciendo bien, si deberían poder más, si otras mujeres lo llevan mejor, si están fallando a sus hijos o a su pareja…

Con el tiempo, esta dinámica puede generar: ansiedad, agotamiento emocional, sensación de insuficiencia, hiperexigencia y síntomas depresivos.

Además, la culpa suele empujar a muchas mujeres a ocultar su malestar. Y cuanto menos espacio hay para expresar lo que ocurre, más solitario puede volverse el sufrimiento.

¿Qué puede ayudar?

Aunque la culpa materna es frecuente, no significa que deba normalizarse hasta el punto de convivir permanentemente con ella.

A veces ayuda empezar por algo aparentemente sencillo: revisar la manera en que una madre se habla a sí misma.

Muchas mujeres atraviesan la maternidad desde una autoexigencia que jamás aplicarían a otra persona a la que quieren. Se piden paciencia infinita, disponibilidad constante y capacidad para llegar a todo en un momento vital que, precisamente, suele implicar cansancio, vulnerabilidad y cambio.

También puede ser importante:

  • Compartir cómo una se siente con personas de confianza.
  • Reducir la comparación constante. Cada maternidad es única y solo vemos la parte de cada una que quiere mostrar.
  • Aceptar que cuidar y sentirse cansada pueden coexistir.
  • Entender que necesitar descanso, ayuda o espacio propio no es incompatible con querer profundamente a un hijo y ser una buena madre.

Solicitar apoyo psicológico cuando el malestar es intenso o persistente también forma parte del cuidado. Y quizá una de las formas más importantes de cuidar la salud mental perinatal sea empezar a hablar, sin culpa, de todo aquello que tantas mujeres viven en silencio.

Porque detrás de muchas madres que parecen poder con todo, hay mujeres agotadas intentando sostenerse mientras sienten que deberían poder un poco más.


Isabel Santos Carrasco

Psiquiatra

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