Habitácticas

Exposición Habitácticas en la Biblioteca central del 4 al 20 de noviembre. Marko Mastrocecco.
No quiero pintar como Mondrian, quiero pintar como un gorrión en las fauces del gato.
C. Bukowski

Los espacios son producto de una sociedad, que los vive, pero al mismo tiempo esa sociedad, esas personas, son condicionadas por esos mismos espacios. Las personas y sus espacios son al mismo tiempo sujetos y objetos de la acción creativa. En la modernidad industrial los espacios se producen igual que los demás objetos de consumo, y sus espacios nos hacen de la misma forma, como objetos salidos de una línea de ensamble.

Mis obras representan aspectos de la ciudad, construcciones de gran escala, sobre todo viviendas, pero también zonas turísticas, infraestructuras para la energía, campos para el cultivo extensivo, etc.

Por eso, para resumir en una palabra, el objeto de mi pintura es el capital. No el capitalismo, que se puede definir como una forma social o un modelo relacional. Si no como algo mucho más práctico y concreto: la forma que asume la riqueza, el dinero no en forma de moneda, el poder, en cierto sentido, pero más bien como un ser alienígeno, el capital no es humano, es algo que ha poseído al ser humano, pero funciona con su propia lógica, independiente de nuestra racionalidad y de nuestra estética. El capital se materializa en formas monstruosas, alienantes, opresivas y feas. Su fealdad es tan omnipresente y absoluta que la hemos interiorizado y ya no la vemos, y nos acostumbramos.

Diversamente de lo que teorizaba Lucien Goldmann sobre el arte capaz de producir la “consciencia posible”, la arquitectura urbana parece actuar al revés, para apagar los pensamientos, enturbiar, confundir, adormecer la postura crítica y la capacidad de vernos a nosotros mismos.

La visión urbana como lenguaje semántico y asociativo. Las cosas dicen más de su significado convencional, gramatical y consciente: surgen imágenes asociadas, prescindiendo del contexto (la frase) donde se coloca la imagen o la cosa (la parola). Por eso es importante el aspecto evocativo de las formas, su reconocimiento.

A esta forma se aplica un color que, gracias al dibujo reconocible, puede permitirse su uso con otros fines, es decir, para añadir más factores asociativos, que no son forzadamente imágenes: cada color, y cada asociación de colores, tiene su bagaje emocional, relacionado tanto con razones sociales como de desarrollo personal. El fin no es hacer bonitos los sujetos, si no hacerlos visibles: aun siendo gigantes, nuestro cerebro, para protegerse, no los ve, para él son fantasmas.

Las 4 torres de Madrid, resultan como búsqueda de una “ideología en imágenes negativa”, se proponen como sarcástico skyline de su símbolo financiero, donde el gigantismo es presentado como una ideología positiva. La ironía es clave en todas las obras con sujetos poco pintorescos, anodinos, ordinarios y sin identidad. Incluido cuando se representa la reificación humana.

Otro grupo es compuesto por los dibujos, también recorridos por la ironía, pero abriendo una brecha en la imaginación, son más cercanos a visiones que a la arquitectura que, paradójicamente se suele representar en tonos de gris.

La serie de los bares, pinturas al óleo sobre soporte cuadrado, utiliza los colores para reproducir el contraste. Refugios del feísmo, las personas salen a veces de su condición de producto, se ven más humanas, dedicadas al consumo como para reivindicar trágicamente su naturaleza de sujeto creativo.

Sentados es la representación de personas elegidas igual que los objetos-edificios, es decir al azar, y en posición sentada. A mitad entre estar de pie y hacer algo, y estar tumbados, dormidos, quizás soñando. La posición de quien medita, esperando levantarse.

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