¡Agárrame esa cámara y haz la película que debas… o no!

Autora: Silvia Vargas Castrillón.

Como Luis Eduardo Aute cantaba, “toda la vida es cine y los sueños cine son”… Y un apasionante Sueño Eterno (The Big Sleep, Howard Hawks, 1946) sería escribir sobre la relación entre cine y física, ¡y eso es lo que vamos a intentar abordar en esta nueva entrada!

No es necesario rememorar ningún clásico de la ciencia ficción para encontrar una relación entre física y cine. Tanto si pensamos en películas clásicas, como Agárrame ese fantasma (Hold that Ghost, Arthur Lubin, 1941), como en la provocadora Haz lo que debas (Do the Right Thing, Spike Lee, 1989), y aún no estando ninguno de estos títulos clasificado como obra maestra del séptimo arte, el cine y la física se encuentran íntimamente unidos. No solo a través de las películas y su narrativa, cercana o no, a este maravilloso campo de la ciencia que es la física, sino porque desde su inicio con los hermanos Lumière, o Thomas Alva Edison, filmar era y es pura física… Las cámaras, con sus diferentes lentes y diseños, están fundamentadas en principios ópticos. Luego la “simple” o “compleja” (según se mire) elección de una determinada lente o cámara involucra la física… ¡Y es que la física nos rodea y así crece su belleza! Intentemos, ahora, explorar esta relación entre la física y el cine…

Seguramente, muchos lectores de este blog se han preguntado alguna vez sobre lo científicamente acertado, o no, de determinadas secuencias cinematográficas. Un ejemplo que, probablemente, venga a la cabeza de muchos lectores sería la saga de La guerra de las galaxias, con la que podemos empezar a plantearnos este tipo de cuestiones. Desde su estreno en 1977, el enorme impacto que esta saga ha tenido en el público de diferentes países, la ha convertido en un clásico indiscutible de la ciencia ficción. Y es un caso paradigmático, en el que lo atrayente de la narrativa de una película, su espectacularidad visual y sonora, y la originalidad que el planteamiento tuvo en su día, nos hace olvidar (es más, ¡quizá ni nos importe!) que las leyes de la física no son precisamente uno de los fundamentos de las películas. Esos espectaculares sonidos en el espacio interestelar, que podemos escuchar durante las batallas entre naves espaciales, no son muy realistas en términos físicos. El sonido viaja como una onda (longitudinal) y necesita de un medio para su propagación, es decir, el sonido viaja gracias a la vibración de las moléculas de un medio. Lamentablemente, el espacio interestelar es quasi-vacío, luego esos envolventes sonidos, que nos impactan en el cine, realmente no podrían propagarse, porque no habría moléculas que pudieran vibrar! Por otra parte, podemos escuchar esos sonidos envolventes gracias al diseño, también basado en principios físicos, de sistemas como el Dolby Atmos. Así que, de nuevo, todo vuelve a la física y a la ciencia en y con las películas…

Recordando otra película “científica”, tal como Interstellar (Christopher Nolan, 2014), película que contó con la asesoría del Premio Nobel de Física, Kip Thorne, se puede encontrar física apasionante más allá de las fronteras de la física clásica. En este caso, una de las subtramas de la película narra el viaje de un equipo de astronautas a través de un agujero de gusano. Este muy particular “atajo”, les permite viajar entre dos puntos extremadamente lejanos. Como prestigioso experto en gravitación, Kip Thorne había dedicado parte de su carrera investigadora al estudio de los agujeros de gusano que, de acuerdo, a la teoría de la relatividad general de Einstein, podrían existir, y podrían utilizarse como una especie de máquina del tiempo, al estilo de la maravillosa novela de HG Wells, llevada a la pantalla grande con el título El tiempo en sus manos (The Time Machine, George Pal, 1960).

Como ya hemos mencionado, no es necesario que nos limitemos a películas relacionadas con la ciencia ficción, para continuar cuestionando el “uso o desuso” de leyes físicas en el cine. Por ejemplo, y como mera afición, podemos usar el principio de conservación de la energía mecánica, para obtener una estimación de las velocidades de personajes que experimentan caída libre en multitud de películas y así, valorar su posible supervivencia. Pensando en otra saga, como Misión imposible, nos podríamos preguntar también sobre las múltiples acrobacias de Ethan Hunt (interpretado por Tom Cruise) y la compatibilidad con algunas leyes físicas… ¿Realmente puede caer de esas vertiginosas alturas, sin hacerse ni un simple rasguño? ¿O se puede agarrar a una “conveniente” barra metálica, tras una brutal caída y que sus manos, brazos y cuerpo lo resistan todo? La más sencilla de las estimaciones posibles, nos conduciría a que la velocidad se relaciona con la altura (h) desde la que se cae a través de v = (2gh)1/2 siendo g, la aceleración de la gravedad en la superficie terrestre. Con lo cual, quizá esa fantástica robustez que muestra Ethan Hunt en sus acrobacias sea literalmente, ¡pura fantasía! Desde luego, esto no nos impide disfrutar del cine y su emoción. Emoción, que también podemos relacionar con la física porque moción es emoción (“motion is emotion”), que diría Douglas Sirk, ese maravilloso director de grandes melodramas clásicos. Y la moción, es decir, el movimiento es parte del estudio de, por ejemplo, la cinemática…

Por todo lo dicho y muchísimo más, que podemos descubrir en este blog, sería estupendo que la física que vemos en las películas pudiera convertirse en una afición que todos compartamos en este foro.

Autora: Silvia Vargas Castrillón.

Silvia Vargas Castrillón es profesora tutora en el Centro Asociado de la UNED en Madrid.

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