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Construyendo ciudadanía alimentaria. Las escuelas de líderes y lideresas gestores en soberanía y seguridad alimentaria y nutricional en Colombia

28/02/2024 – Carmen Lozano-Cabedo (UNED), Daniel Alberto Bernal Rojas (Universidad Nacional de Colombia) y Sara Eloísa del Castillo Matamoros (Universidad Nacional de Colombia)

La ciudadanía alimentaria

La ciudadanía alimentaria es una apuesta teórica y epistemológica en construcción que permite trasladar, al ámbito de la alimentación, el debate sobre los derechos y los deberes asociados a la ciudadanía (Fladvad, 2019; Hatanaka, 2020; O’Kane, 2016; Wilkins, 2005). En una investigación anterior (Lozano-Cabedo y Gómez-Benito, 2017; Gómez-Benito y Lozano, 2014), analizamos los rasgos de la ciudadanía alimentaria desde un plano teórico, enunciando una definición sustentada en diferentes proposiciones.

Señalamos que el concepto de ciudadanía alimentaria se caracteriza por integrar a todos los actores del sistema alimentario, superando la visión dualista productores vs. consumidores. Se fundamenta en el reconocimiento de un enfoque ampliado del Derecho Humano a la Alimentación (DHA) que no solo implica al acceso físico a los alimentos, sino también el derecho de individuos y pueblos a determinar sus propias políticas alimentarias y agrarias; el derecho a una información veraz, suficiente y comprensible sobre los alimentos y sobre el sistema alimentario, así como la autonomía necesaria para poder ejercer estos derechos. El ejercicio de la ciudadanía alimentaria requiere tomar conciencia de los impactos (ambientales, sociales, económicos, culturales, etc.) de los sistemas de producción, distribución y consumo de alimentos y asumir la responsabilidad de nuestros comportamientos alimentarios. Lo que supone el desarrollo de acciones a nivel individual y colectivo, en el ámbito privado y en el diseño e implementación de políticas públicas. Es decir, la ciudadanía alimentaria implica el derecho y la obligación a participar en la gobernanza del sistema alimentario. Y tiene un carácter cosmopolita porque atiende a los derechos y obligaciones de ciudadanos distantes entre sí, pero unidos por unos problemas comunes e interrelacionados.

Es importante resaltar que la ciudadanía alimentaria no es un estado sino un proceso en constante estado de redefinición que se sustenta en la interacción entre la praxis social y los entornos alimentarios en los que se desenvuelve. De ahí la relevancia de analizar qué rasgos concretos adopta la ciudadanía alimentaria en su ejercicio cotidiano, con qué características asocian los diferentes actores de la cadena alimentaria a la ciudadanía alimentaria, qué elementos consideran que definen a un/a ciudadano/a alimentario/a, o qué dimensiones creen que favorecen, dificultan o imposibilitan su desarrollo.

Las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en Colombia: ¿escenario para la construcción de ciudadanía alimentaria?

Para analizar cómo se configuran las dimensiones de la ciudadanía alimentaria en contextos específicos se desarrolló una investigación en Colombia, en torno a las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (ELIGESSAN). Estas Escuelas se gestaron en 2009 como un proyecto del Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (OBSSAN) -que se creó en como una Alianza entre Universidad, Estado y Asociaciones Científicas-. Las ELIGESSAN constituyeron, por tanto, una apuesta académica para la construcción de tejido social y comunitario, que fortaleciera la movilización social de la población, incentivando la participación comunitaria, y los procesos de búsqueda de soluciones a las problemáticas alimentarias y nutricionales.

Esta iniciativa se ha llevado a cabo en seis territorios de Colombia con características diferenciales. En la investigación (Bernal Rojas, 2021) se desarrolló trabajo de campo (entrevistas semi-estructuradas, observación participante) en 2021 en tres de ellas que representan diferentes enfoques étnicos, culturales, sociales y ambientales. La ELIGESSAN de Susa, en Cundinamarca, aporta la visión campesina del centro del país. En la región de Nariño se trabajó con dos Escuelas: la ELIGESSAN de Tumaco, que combina la visión afrocolombiana y la del pueblo indígena Awá. Y la ELIGESSAN del Nariño andino que se compone de diferentes comunidades, algunas con un enfoque indígena por la presencia del pueblo de Los Pastos y otras con aportes desde la perspectiva campesina del sur.

Los resultados de la investigación muestran la potencialidad de empoderar a líderes y lideresas sociales como ciudadanos/as alimentarios/as. El estudio pone de relieve que las ELIGESSAN han contribuido a disminuir la inseguridad alimentaria y la malnutrición en las comunidades, puesto que se ha reducido el consumo de productos ultra procesados, mientras que aumentaban las prácticas autoconsumo de alimentos por medio de las huertas agroecológicas y los mercados comunitarios. Se ha dotado a los participantes de información para la toma informada de decisiones y se han promovido mecanismos para participar en el diseño y aplicación de políticas públicas alimentarias.

De todas las dimensiones de la ciudadanía alimentarias, las ELIGESSAN han otorgado mucha atención a la autonomía alimentaria, que se entiende como la materialización de la soberanía en contextos específicos. Estas comunidades se enfocan a mantener su autonomía alimentaria promoviendo sistemas agroalimentarios que sean consecuentes con el valor histórico, material y cultural de los saberes ancestrales, indígenas, campesinos, afrocolombianos, etc. Por ejemplo, salvaguardando las semillas nativas en sus chagras y huertas comunitarias para preservar la biodiversidad alimentaria y ambiental; produciendo y consumiendo sus propios alimentos o fomentando canales cortos de comercialización para eliminar intermediarios y conectar a productores y consumidores.

Desde las comunidades y desde el territorio hablamos de Autonomía Alimentaria donde vemos más allá de tener alimentos de manera física, ya que el alimento nos visibiliza y se relación tanto con la alimentación, como con lo espiritual, lo mental y que también es vida, y marca una historia, unas costumbres y una tradición de un pueblo (…). En otras palabras, la Autonomía es que el alimento proteja las tradiciones y las costumbres de un pueblo, pero también me alimente, no solamente de forma física para suplir una necesidad, si no también alimente el territorio, mi persona y mi espíritu (Lideresas indígenas– municipio de Cumbal, Nariño).

El Derecho Humano a la Alimentación, eje fundamental del concepto de ciudadanía alimentaria, ha estado presente de forma transversal en las iniciativas de las escuelas. Los integrantes de las ELIGESSAN consideran que, frente a la magnitud de las problemáticas alimentarias, es necesario exigir que el DHA se convirtiera en una realidad. Pero ello debe hacerse trascendiendo su carácter individualista, y abarcando los derechos colectivos de las comunidades sobre su territorio y sus recursos. También se introduce la corresponsabilidad como un elemento directamente relacionado con la consecución del DHA. Esta corresponsabilidad se fundamenta en la importancia de compartir los conocimientos adquiridos en las Escuelas y el diálogo de saberes con la familia, los vecinos y allegados; contribuir a la organización comunitaria, la defensa de las autonomías y la soberanía alimentaria, así como garantizar la sostenibilidad ambiental y alimentaria para las presentes y futuras generaciones.

Las ELIGESSAN han permitido el intercambio de conocimientos en relación con la alimentación desde una perspectiva de horizontalidad de saberes. Esto ha sido fundamental para la construcción y fortalecimiento del tejido social de las comunidades, y ha fomentado la consolidación de liderazgos ya existentes, así como la creación de nuevos liderazgos que han empezado a hacer uso de ese poder social para movilizarse y aportar soluciones a los problemas alimentarios existentes. Este empoderamiento ha propiciado la participación social en torno a lo alimentario, el establecimiento de redes con otros actores y la configuración de nuevos marcos de gobernanza (como el mercado comunitario de Guachucal o el “Plan alimentario y Nutricional afro”).

Las ELIGESSAN lo que hacen es congregar los liderazgos que ya están en los distintos sectores, y se encuentran en el espacio y lo que sucede es que se crea un nuevo colectivo y una base social desde lo alimentario, donde se juntan las distintas visiones desde lo indígena, lo campesino, lo urbano, lo intercultural creando una perspectiva alimentaria territorial, donde hay consumidores, productores (Dinamizador de las ELIGESSAN de Susa y de Nariño).

Por tanto, vemos como esta iniciativa trasciende la esfera de lo individual y de lo privado, para desplegarse también en el ámbito colectivo y público. El papel de las mujeres ha sido fundamental para dotar de sostenibilidad a los procesos impulsados desde las Escuelas. Pero, además, este espacio les ha permitido empoderarse y tener voz en espacios deliberativos de toma de decisiones de política pública, en donde exigen y proponen soluciones a sus problemáticas.

Una experiencia innovadora para la orientación de políticas públicas alimentarias

Este estudio introduce elementos prácticos que pueden favorecer la promoción de la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en Colombia. Los resultados muestran la potencialidad de iniciativas como las ELIGESSAN para fortalecer la capacidad de las comunidades en la promoción de espacios de autonomía alimentaria, así como en la participación en el diseño y aplicación de políticas públicas alimentarias que permitan fomentar sistemas agroalimentarios justos, equitativos y sostenibles.

Aporta además un enfoque innovador, pues explora cómo se configuran las dimensiones de la ciudadanía alimentaria en diferentes territorios de Colombia y permite discutir sobre el papel del derecho a la alimentación, la seguridad alimentaria y nutricional, la soberanía alimentaria, y la gobernanza en la construcción de Ciudadanías Alimentarias Diversas. Lo que plantea la posibilidad de aplicar este concepto a otros países y regiones, o de realizar investigaciones comparadas.

Estas potencialidades han sido reconocidas por el Premio FAO/CLACSO 2023 “Innovaciones para el logro de la Soberanía y la Seguridad Alimentaria y Nutricional”, que busca reconocer a investigadores que están aportando, mediante la innovación e investigación, al desarrollo de políticas públicas que afronten los problemas de Seguridad Alimentaria y Nutricional. Así como conectar las iniciativas académicas con los decisores de políticas públicas, promoviendo la “acción pública” integrada por diversos actores. El artículo titulado “La ciudadanía alimentaria en las prácticas sociales de líderes en seguridad y soberanía alimentaria – caso Colombia”, cuyos resultados hemos expuesto más arriba, obtuvo el primer premio en la categoría Artículo Inédito.

Referencias

Bernal Rojas, D. (2021). Las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional: ¿escenario para la construcción de Ciudadanía Alimentaria? [Trabajo final de maestría, Universidad Nacional de Colombia].

Fladvad, B. (2019). Diverse citizenship? Food sovereignty and the power of acting otherwise. Social Sciences, 8(12), 1-16.

Gómez-Benito, C., y Lozano-Cabedo, C. (2014b). Constructing Food Citizenship: Theoretical Premises and Social Practices. Italian Sociological Review, 4(2), 135-156.

Hatanaka, M. (2020). Beyond consuming ethically? Food citizens, governance, and sustainability. Journal of Rural Studies, 77, 55-62.

Lozano-Cabedo, C., y Gómez-Benito, C. (2017). A Theoretical Model of Food Citizenship for the Analysis of Social Praxis. Journal of Agricultural and Environmental Ethics, 30(1), 1-22.

O’Kane, G. (2016). A moveable feast: Exploring barriers and enablers to food citizenship. Appetite, 105, 674-687.

Wilkins, J. L. (2005). Eating right here: Moving from consumer to food citizen: 2004. Agriculture and Human Values, 22(3), 269-273.

Publicado el Kit de Herramientas para la implementación de la Recomendación de UNESCO sobre Ciencia Abierta

11/01/2024 – Raquel Ajates (UNED)

¿Qué es la Ciencia Abierta?

La Ciencia Abierta proporciona un marco para la participación de la ciudadanía en la generación de nuevo conocimiento científico. Fomenta también una nueva forma de diálogo tridireccional entre la comunidad científica, responsables de políticas, y comunidades, ofreciendo a todas las partes interesadas la oportunidad de desarrollar investigaciones que sean compatibles con sus preocupaciones, necesidades y aspiraciones.

Según la UNESCO, la  ciencia  abierta  se  define  como  “un  constructo  inclusivo  que  combina  diversos  movimientos  y  prácticas  con  el  fin  de  que  los  cono-cimientos  científicos  multilingües  estén  abiertamente  disponibles  y  sean  accesibles y reutilizables  por  todas las personas,  se  incrementen  las  colaboraciones científicas y el intercambio de información en beneficio de la ciencia y la sociedad, y se abran los procesos de creación, evaluación y comunicación de los conocimientos científicos a los agentes sociales más allá de la comunidad científica tradicional” (UNESCO, 2021:11). La ciencia abierta comprende todas las disciplinas científicas, y se basa en cuatro pilares clave:

• Conocimiento científico abierto

• Infraestructuras de la ciencia abierta

• Participación  abierta  de  los  agentes  sociales

• Diálogo  abierto  con  otros  sistemas de conocimiento.

En España, la Estrategia Nacional de Ciencia Abierta 2023-2027 (MICIN, 2023), el concepto de Ciencia Abierta se al acceso abierto a los resultados de investigación (publicaciones, datos, protocolos, código, metodologías, software, etc.), la utilización de plataformas digitales basadas en código abierto y la apertura de todo el proceso científico, tanto y tan pronto como sea posible. Incluye también prácticas como la revisión por pares en abierto, los recursos educativos en abierto, el fomento de la ciencia ciudadana y el desarrollo de nuevas formas de medir el rendimiento investigador. Esta apertura del proceso científico contribuye a aumentar la transparencia y fomentar la participación, la cooperación, la rendición de cuentas, la capacidad de reutilización del trabajo investigador, el impacto y la reproducibilidad de resultados.

Recomendación de UNESCO sobre la Ciencia Abierta

En noviembre de 2021, la UNESCO aprobó su Recomendación sobre Ciencia Abierta (UNESCO, 2021), siendo éste el primer instrumento internacional detallado que establece estándares sobre ciencia. La Recomendación, además de proporcionar una definición acordada internacionalmente y un conjunto de valores compartidos y principios orientadores, identifica un conjunto de acciones conducentes a una puesta en práctica justa y equitativa de la Ciencia Abierta a nivel comunitario, institucional, nacional, regional e internacional.

La Recomendación resalta la importancia de la Ciencia Abierta como una herramienta esencial para mejorar la calidad y la accesibilidad tanto de los resultados como de los procesos científicos para generar nuevos conocimientos, salvar las brechas de ciencia, tecnología e innovación entre y dentro de los países, y cumplir con el derecho humano de acceso a la ciencia. La importancia de esta Recomendación radica en el hecho de que ha sido ratificada por 193 Estados miembros de la UNESCO y, por lo tanto, puede utilizarse al dirigirse a organizaciones de financiación de la investigación, universidades y responsables políticos, como marco para fomentar un mayor respaldo, apoyo y financiación de la Ciencia Abierta. Con la adopción de esta Recomendación, los estados miembros han adoptado la cultura y la práctica de la ciencia abierta y han acordado informar cada cuatro años sobre su progreso. También han expresado su deseo de que el proceso de aplicación de la Recomendación siga siendo tan integrador, transparente y consultivo como el proceso que condujo a su elaboración.

Una vez aprobada la Recomendación, la UNESCO se ha centrado en su aplicación. En octubre de 2023, UNESCO publicó en castellano, inglés y francés el Kit de Herramientas de Ciencia Abierta (UNESCO, 2023a), diseñado para respaldar su implementación por parte de los estados a través de políticas públicas de ciencia.

La Recomendación promueve especialmente los pilares de Ciencia Abierta de “participación abierta de actores sociales” y “diálogo abierto con otros sistemas de conocimiento”, con dos áreas de gran relevancia: la ciencia ciudadana y la comunicación de la ciencia, para que el conocimiento laico, local y tradicional sea escuchado y puesto en valor. Sin embargo, estas dos áreas siguen estando en la periferia de las principales prácticas de Ciencia Abierta. Por esta razón, UNESCO encargó la redacción de una guía que incluyera directrices y ejemplos para ayudar a los gobiernos nacionales a planificar el progreso en su camino hacia la apertura de la ciencia a la sociedad y el compromiso con los agentes sociales más allá de la comunidad científica convencional. Esta guía, titulada “Involucrar a actores sociales en la Ciencia Abierta”, (UNESCO, 2023b) es parte del Kit de Herramientas y ha sido elaborada por miembros de la Comunidad de Práctica sobre Ciencia Ciudadana y Ciencia Abierta del Citizen Science Global Partnership a la que pertenezco. Este documento se basa en otra publicación más extensa con el título de Guidance for the implementation of the UNESCO Open Science Recommendation re. «Opening science to society” (Wehn, Hepburn et al., 2022), también escrita por la misma Comunidad, y dirigida a gobiernos nacionales para apoyar la trayectoria de implementación de la Recomendación sobre Ciencia Abierta. Este informe completo presenta diferentes estudios   de   caso   de Estados Unidos, India, Nueva Zelanda, Sudáfrica y varios países de la Unión Europea, que se ofrecen como ejemplos prácticos de políticas diseñadas para avanzar en los pilares de la participación de la sociedad de la Recomendación de la UNESCO sobre Ciencia Abierta.

¿Qué entendemos por participación abierta de actores sociales en la ciencia?

Todos los enfoques de participación de la sociedad encarnan diferentes nociones de conocimiento «experto» y están influenciados por estructuras que influyen en la dinámica de los procesos de investigación, incluyendo qué preguntas se plantean y quién las plantea, qué métodos se utilizan y cuáles no, cómo se comparten los datos y quién puede acceder, analizar, y hacer uso de los mismos. Para ampliar la participación en estos procesos, el enfoque colaborativo e inclusivo de la Ciencia Abierta permite y facilita que nuevos grupos de actores sociales se involucren en diferentes etapas de los procesos científicos.

Las acciones propuestas en la Recomendación para respaldar la participación abierta incluyen, entre otras, mejorar la inclusión de la ciencia ciudadana y la ciencia participativa como partes integrales de las políticas y prácticas de Ciencia Abierta a nivel nacional, institucional y de financiación, fortalecer la coproducción de conocimiento con múltiples actores, respaldar  plataformas para el  intercambio y la co-creación de conocimiento entre personal científico y la sociedad, y desarrollar nuevos métodos participativos y técnicas de validación para incorporar y valorar las contribuciones de actores sociales más allá de la comunidad científica convencional.

Las políticas de Ciencia Abierta son fundamentales para establecer este entorno y aprovechar el potencial de la participación de la sociedad en la ciencia para abordar los principales retos sociales. Según un análisis de recomendaciones de políticas existentes específicamente relacionadas con la participación abierta de actores sociales, existen ‘bloques de construcción’ concretos para “abrir la ciencia”:

· La creación de un entendimiento compartido y abierto de la participación de actores sociales en la ciencia.

· La construcción de capacidades en diferentes niveles (nacional, institucional e individual) y a través de diferentes intercambios de conocimiento sobre cómo promover la participación abierta de actores sociales en la ciencia.

·  La infraestructura y los servicios para la participación abierta de actores sociales.

· Los mecanismos de financiación que tengan en cuenta para qué, para quién y por quién se requiere financiamiento para abordar las nuevas demandas y oportunidades que   surgen de la participación abierta, así como instrumentos de financiamiento y evaluación adecuados.

Como parte del marco más amplio de seguimiento de la Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta, hay aspectos clave que deben tenerse en cuenta a la hora de supervisar los procesos y resultados de la apertura de la ciencia a la sociedad. Los sistemas existentes de financiación, recompensas, evaluación deben adaptarse a las prácticas y políticas de compromiso social abierto. Necesitamos métodos adecuados para medir el impacto del compromiso y el diálogo con la sociedad, con un conjunto creciente de métricas e instrumentos para captar y evaluar el impacto de la ciencia ciudadana.

Esta apertura, aunque compleja, puesto que requiere un cambio de cultura de la actividad científica y de su financiación, contribuye a la democratización del conocimiento, ayudando a combatir la desinformación, abordando las desigualdades sistémicas existentes y la concentración de conocimiento y poder, guiando a la vez el trabajo científico hacia la resolución de problemas de importancia social. Aunque la expansión de la participación en la ciencia no está exenta de riesgos, existen múltiples beneficios para las personas participantes, la comunidad científica, las decisoras de políticas públicas, y el propio proceso científico.

Por ejemplo, a través de enfoques de participación abierta, la comunidad científica se beneficia de la experiencia y los recursos que otros actores sociales aportan, que a menudo son de naturaleza diferente, como el conocimiento local o la disponibilidad de ubicaciones adicionales para el muestreo, tanto en tipo como en cantidad. Al mismo tiempo, las personas participantes tienen la oportunidad de aumentar su conocimiento a través del aprendizaje experimental, adquisición de conocimientos específicos y una comprensión mejorada del proceso de investigación. La participación más amplia de grupos de actores más allá de la comunidad científica convencional proporciona una herramienta poderosa para construir, aumentar o restaurar la confianza pública en la ciencia y respaldar la aceptación pública de decisiones basadas en evidencia generada a través de procesos más participativos.

Referencias

MICIN, 2023. Estrategia Nacional de Ciencia Abierta (ENCA). Secretaría General Técnica del Ministerio de Ciencia e Innovación. Disponible: https://www.ciencia.gob.es/Estrategias-y-Planes/Estrategias/ENCA.html

UNESCO, 2021. Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta. París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Disponible: https://doi.org/10.54677/YDOG4702

UNESCO, 2023a. Kit de herramientas de ciencia abierta de la UNESCO: Contenido. París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Disponible: Kit de herramientas de ciencia abierta de la UNESCO: contenido – UNESCO Biblioteca Digital

UNESCO, 2023b. Involucrar a actores sociales en la ciencia abierta. París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Disponible: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386813_spa

Wehn, U., Hepburn, L., Hsing, P-Y., Ajates, R., et al. 2022. Guidance for the implementation of the UNESCO Open Science Recommendation re. «Opening science to society». Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.7472827.

Participa, que algo queda

14/11/2018 – Marisa Revilla Blanco (UCM)

Quizás no es casualidad que antes de que apareciera la entrada anterior de este blog yo ya hubiera decidido dedicar ésta a la participación (así, sin “apellidos”, o dando cabida a los que se quieran aplicar: política, social, ciudadana, electoral, etc.). No es casualidad: es un  tema nuclear en la sociología política porque es el pilar de la democracia representativa, una clave para la comprensión de la conformación del poder en una sociedad y la forma básica de relacionarnos dentro de la comunidad política con nuestros conciudadanos y las instituciones. En el párrafo final de su post sobre La complejidad y el empeño por la participación ciudadana, Benita Benéitez nos recuerda la necesidad de abrir “la participación ciudadana a otras esferas sociales y la responsabilidad de todo ciudadano de conformar su juicio político”. Aquí tomo el relevo.

Mucho se ha escrito en este tema sobre dos cuestiones: una, el vínculo individual con la participación; la otra, las formas de la participación, las organizaciones y su relación con las instituciones. Por la primera, diversas teorías exploran las motivaciones para la participación, la conformación de las decisiones de los electores/as y su traducción en comportamiento electoral o las formas y los mecanismos de adscripción ideológica. Por la segunda, se da nombre a distintas formas de participación, desde los partidos políticos, los grupos de presión, las organizaciones comunitarias, los movimientos sociales, etc[i].

En el plano político también encontramos un interés específico en la participación de las organizaciones sociales y en el fomento de actividades individuales de participación, por ejemplo, en el fomento del voluntariado (la primera ley de voluntariado en España es de 1996, mientras que la ley 191/1964 de 24 de diciembre de Asociaciones estuvo vigente hasta 2002).

Principal producción legislativa de ámbito nacional en relación con la participación
LO 2/1980 de 18 de enero Regulación de las distintas modalidades de referéndum
L 1/1996 de 15 de enero Voluntariado
L 1/2002 de 22 de marzo Asociaciones
L 49/2002 de 23 de diciembre Régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo
L 50/2002 de 26 de diciembre Fundaciones
L 5/2011 de 29 de marzo Economía social
L 39/2015 de 1 de octubre Procedimiento administrativo común de las Administraciones Públicas
L 43/2015 de 9 de octubre Tercer Sector de Acción Social
L 46/2015 de 14 de octubre Voluntariado

 

[Hago aquí un inciso para comentar dos cuestiones. Por un lado, una pregunta que siempre me asalta cuando reviso la Ley del Tercer Sector de Acción Social: ¿por qué se incluye “El fomento de la seguridad ciudadana y prevención de la delincuencia” como uno de los tres objetivos de interés general que se definen para las entidades del tercer sector (junto con dos más evidentes: la atención a las personas con necesidades 1. de atención integral socio-sanitaria o 2. educativas o de inserción laboral)? Por otro lado, cuando las entidades del tercer sector de acción social están abordando aún su relación con la economía social, alternativa y/o colaborativa, algunas entidades internacionales ya están avanzando un proyecto de “cuarto sector”.]

Cuando abordamos la participación como un mecanismo para la implicación ciudadana en la toma de decisiones sobre asuntos públicos, nos quedamos limitados a tres posibilidades (sí, me niego a considerar la donación de dinero a ONG como forma de participación): 1) las respuestas binarias (consultas que requieren un sí o un no como respuesta); 2) la elección dentro de unas opciones limitadas (con la participación electoral como mejor ejemplo pero en el que también entrarían las experiencias de presupuesto participativo); o, en el mejor de los casos, las posibilidades de plantear propuestas. Por supuesto, la labor de incidencia política que realizan muchas entidades, plataformas, coordinadoras sobre distintos temas y cuestiones de interés social es crucial para el desarrollo de políticas y para la consideración de enfoques alternativos y la producción de cambios sociales. Pero ¿qué significa la participación para ciudadanos y ciudadanas con preocupaciones específicas?

Recientemente, con ocasión de la celebración de un taller sobre participación, en el marco de la formación de la Plataforma del Voluntariado de España, con personas voluntarias (16 mujeres y 8 hombres) de diversas procedencias (geográficas, educativas, edad, etc.) surgieron algunas cuestiones muy interesantes. Incluso conociendo las limitaciones metodológicas del caso no puedo dejar de recoger algunos elementos (en todas las dinámicas se pidió inicialmente un ejercicio de reflexión personal que se continuaba en un debate colectivo).

Empezaré por los aspectos negativos. Invitados a reflexionar sobre lo que no gusta de las experiencias de participación en las que han participado, se deja constancia de algunos hechos que, lamentablemente, forman parte de los procesos participativos: lo dilatado en el tiempo, que sean procesos dirigidos, que haya déficits de información, que haya falta de control sobre el proceso, etc. pero también aparecen otros elementos que pueden tener que ver con una cierta falta de cultura participativa en nuestro país: la imposición de criterios, abusos de poder, ausencias de actitud de escucha, faltas de respeto, limitación de la participación, etc. También se señaló la impotencia, el fracaso cuando no se consiguen resultados.

Una de las dinámicas iba encaminada a la definición del mayor obstáculo que se hubieran encontrado en su experiencia de participación. He agrupado las respuestas en tres tipos de obstáculos:

  1. Falta de habilidades o circunstancias personales: dificultades de expresión o de comunicación; falta de formación, conocimiento, información y/o capacidad para hablar en público; falta de tiempo. Es imprescindible decir que estas respuestas solo se dieron por parte de las mujeres[ii], es decir, únicamente las mujeres mantienen una actitud (excesivamente) crítica respecto de sus habilidades, sus capacidades. Una de las mujeres escribió sucintamente como obstáculo “No tener voz”.
  2. Dinámicas colectivas: falta de compromiso grupal, faltas de respeto o ausencia de implicación de los participantes y la burocratización de las organizaciones.
  3. Relación con las instituciones: dificultad para encontrar espacios para la participación, la falta de apoyo institucional. Estos dos últimos tipos de obstáculos se señalaron tanto por las mujeres como por los hombres.

Por supuesto, si a pesar de estos elementos negativos, se sigue dando el compromiso con la participación, ha de ser que también aporta satisfacciones. Cuando se preguntó qué es lo que más aporta la participación, lo que más gusta, muchas respuestas señalaban en la dirección de la construcción colectiva (la posibilidad del encuentro con otros, las relaciones humanas, el sentido de pertenencia, las experiencias y el trabajo en equipo) y lo que conlleva: aprendizaje, conciencia crítica, implicación, conocimiento, mejora, contribución. También se apreció la satisfacción producida por lo que se consigue cuando se participa: la acción desde las creencias, en favor de una causa, generando bien común, la apertura de espacios.

Los claroscuros de la participación hacen que algunas veces nos preguntemos ¿para qué sirve participar? Que cunda la impotencia, alimentada por la impaciencia por obtener resultados, porque parece que nada cambia. Sin embargo, mirando detenidamente la realidad, el propio ejercicio de participar conlleva beneficios y, si damos tiempo, también se consiguen resultados. Los ejemplos de movimientos, campañas y acciones concretas muestran que los cambios se producen[iii]. ¿Cómo, si no, podríamos entender los cambios ocurridos en la comprensión de la situación de desigualdad que afecta a las mujeres o la concienciación sobre los efectos de nuestro modo de vida en el medio ambiente o la acción contra el racismo o la definición del problema social de los desahucios? Detrás de cada uno de estos cambios está la acción de los movimientos feministas, ecologistas, antirracistas y por una vivienda digna. Y son solo unos ejemplos.

La participación genera aprendizaje de herramientas de participación. La participación no es solo construcción de acuerdos, de consensos; es también la gestión del desacuerdo, del disenso: el reconocimiento del otro.

[i] Algunas referencias para quien quiera adentrarse en estos temas:

Edwin Amenta, Kate Nash y Alan Scott (eds.) (2012): The Wiley-Blackwell Companion to Political Sociology.

Judith R. Blau (ed.) (2008): The Blackwell Companion to Sociology

Jorge Benedicto y María Luz Morán (coords.) (1998): Sociedad y Política. Temas de Sociología Política. Alianza Editorial.

Colectivo IOÉ (2007): “La participación política de los españoles: democracia de baja intensidad”, Papeles, nº 99.

[ii] Una excelente herramienta para la participación de las mujeres se puede encontrar en la Guía de formación para la participación social y política de las mujeres

[iii] Es imprescindible realizar más investigación que analice cómo se vincula la acción colectiva con sus consecuencias políticas. Un excelente trabajo teórico y de análisis que ofrece un modelo para la investigación se puede encontrar en: Felix Kolb (2007): Protest and Opportunities: The Political Outcomes of Social Movements. Campus Verlag.

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La complejidad y el empeño por la participación ciudadana

18/10/2018 – María Benita Benéitez (UCM)

Rousseau al comienzo de su obra el Emilio o la Educación (1762) nos advierte de la dificultad que la educación tiene para formar a un hombre y a un ciudadano al mismo tiempo: “¿qué hemos de hacer cuando son opuestas y en vez de educar a uno para sí propio le quieren educar para los demás? La armonía, entonces, resulta imposible, y forzados a oponernos a la naturaleza o a las instituciones sociales, es forzoso elegir entre formar a un hombre o a un ciudadano, no pudiendo hacer al uno y al otro a la vez”.

Este no es el lugar para profundizar en el modelo de ciudadanía republicana que caracterizará la propuesta política ruossoniana, aunque si podamos aludir a la interpretación que de ella hacen dos autores imprescindibles cuando en la actualidad se promueve la participación política ciudadana y una propuesta política deliberativa, Carole Pateman y Jürgen Habermas, respectivamente.

La primera considera que la propuesta participativa de Rousseau refuerza la libertad, la interdependencia y el sentimiento de pertenencia a la comunidad de todos los ciudadanos; el segundo adapta el principio democrático de la soberanía popular a una sociedad plural. Teniendo como base para la definición de la ciudadanía, la teoría democrática participativa y las propuestas de una ciudadanía activa y comprometida con lo común, se señala el objeto de este blog la compleja y recurrente propuesta por la participación ciudadana.

Los mecanismos de participación política ciudadana son muy aplaudidos por la teoría democrática y los análisis que estudian ejemplos consolidados de participación ciudadana –presupuestos participativos, encuestas deliberativas, democracia de proximidad, consultas populares, gobierno abierto, entre otros muchos– así como por la elaboración de índices que intentan medir la calidad democrática y que relacionan estrechamente -de nuevo- con la participación política de todos los ciudadanos, véase V-Dem. El desconcierto y la complejidad aparecen cuando comprobamos que esta participación sigue siendo débil y muy desigual, aunque desde distintos foros estén de manera constante promoviendo esta participación.

A nivel local podemos visitar las web de los ayuntamientos españoles donde nos encontraremos con consejos locales participativos, un gobierno abierto a las propuestas ciudadanas, presupuestos participativos así como por consultas ciudadanas para decidir y legitimar diferentes medidas municipales; si subimos de nivel institucional a nivel europeo podemos señalar el Programa Europa con los Ciudadanos (20014-2020).  Programa de la Comisión Europea destinado a impulsar la participación activa de los ciudadanos en la vida democrática de la Unión, mediante la financiación de planes y actividades que promuevan el conocimiento de la historia y los valores compartidos de Europa, a través de un diálogo constante con las organizaciones de la sociedad civil y las autoridades locales.

Su capítulo dos promueve el compromiso democrático y la participación cívica apoyando: actividades de establecimiento de la agenda, promoción durante la fase de preparación y negociación de propuestas de políticas, proyectos e iniciativas que desarrollan oportunidades para el entendimiento mutuo, el aprendizaje intercultural solidario, el compromiso social y el voluntariado a nivel de la Unión. Sin negar la necesidad e importancia de los mecanismos participativos cuando nos detenemos en los porcentajes reales de ciudadanos que participan los datos siguen estando muy lejos de lo esperado.

Entremos en una de las plataformas de participación ciudadana Decide Madrid que contiene información sobre las propuestas ciudadanas de los vecinos de Madrid, las dos consultas ciudadanas hasta ahora realizadas y todo el proceso de elaboración de unos presupuestos participativos. Si nos detenemos en las propuestas ciudadanas de esta plataforma comprobamos que partiendo de un número de apoyos para su aprobación inferior a 30.000 ciudadanos en la mayoría de los casos los apoyos recibidos no superan un 0,5% de estos apoyos necesarios.

Estas plataformas no pretenden cumplir con todas las exigencias de la teoría democracia participativa o la política deliberativa, pero si nos sirven para replantearnos constantemente la complejidad de la relación ciudadanía – participación política.

Todo esto hace necesario no desistir en una reformulación constante de la ciudadanía sin olvidar lo razonable: a. la apertura de la participación ciudadana a otras esferas sociales y b. la responsabilidad de todo ciudadano de conformar su juicio político, en definitiva, y siguiendo a Pierre Rosanvallon (2009, 155): “diversificar, complejizar, multiplicar cada vez más las formas de organización de la sociedad”.

Referencias

Beiner, Ronald (1987). El juicio político. México: Fondo de Cultura Económica.

Pateman, Carole (2014). Participación y Teoría Democrática. Buenos Aires: Prometeo.

Pierre Rosanvallon (2009), “La democracia y sus condiciones”, en Cuadernos del Cendes, 71.

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