Construyendo ciudadanía alimentaria. Las escuelas de líderes y lideresas gestores en soberanía y seguridad alimentaria y nutricional en Colombia

28/02/2024 – Carmen Lozano-Cabedo (UNED), Daniel Alberto Bernal Rojas (Universidad Nacional de Colombia) y Sara Eloísa del Castillo Matamoros (Universidad Nacional de Colombia)

La ciudadanía alimentaria

La ciudadanía alimentaria es una apuesta teórica y epistemológica en construcción que permite trasladar, al ámbito de la alimentación, el debate sobre los derechos y los deberes asociados a la ciudadanía (Fladvad, 2019; Hatanaka, 2020; O’Kane, 2016; Wilkins, 2005). En una investigación anterior (Lozano-Cabedo y Gómez-Benito, 2017; Gómez-Benito y Lozano, 2014), analizamos los rasgos de la ciudadanía alimentaria desde un plano teórico, enunciando una definición sustentada en diferentes proposiciones.

Señalamos que el concepto de ciudadanía alimentaria se caracteriza por integrar a todos los actores del sistema alimentario, superando la visión dualista productores vs. consumidores. Se fundamenta en el reconocimiento de un enfoque ampliado del Derecho Humano a la Alimentación (DHA) que no solo implica al acceso físico a los alimentos, sino también el derecho de individuos y pueblos a determinar sus propias políticas alimentarias y agrarias; el derecho a una información veraz, suficiente y comprensible sobre los alimentos y sobre el sistema alimentario, así como la autonomía necesaria para poder ejercer estos derechos. El ejercicio de la ciudadanía alimentaria requiere tomar conciencia de los impactos (ambientales, sociales, económicos, culturales, etc.) de los sistemas de producción, distribución y consumo de alimentos y asumir la responsabilidad de nuestros comportamientos alimentarios. Lo que supone el desarrollo de acciones a nivel individual y colectivo, en el ámbito privado y en el diseño e implementación de políticas públicas. Es decir, la ciudadanía alimentaria implica el derecho y la obligación a participar en la gobernanza del sistema alimentario. Y tiene un carácter cosmopolita porque atiende a los derechos y obligaciones de ciudadanos distantes entre sí, pero unidos por unos problemas comunes e interrelacionados.

Es importante resaltar que la ciudadanía alimentaria no es un estado sino un proceso en constante estado de redefinición que se sustenta en la interacción entre la praxis social y los entornos alimentarios en los que se desenvuelve. De ahí la relevancia de analizar qué rasgos concretos adopta la ciudadanía alimentaria en su ejercicio cotidiano, con qué características asocian los diferentes actores de la cadena alimentaria a la ciudadanía alimentaria, qué elementos consideran que definen a un/a ciudadano/a alimentario/a, o qué dimensiones creen que favorecen, dificultan o imposibilitan su desarrollo.

Las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en Colombia: ¿escenario para la construcción de ciudadanía alimentaria?

Para analizar cómo se configuran las dimensiones de la ciudadanía alimentaria en contextos específicos se desarrolló una investigación en Colombia, en torno a las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (ELIGESSAN). Estas Escuelas se gestaron en 2009 como un proyecto del Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (OBSSAN) -que se creó en como una Alianza entre Universidad, Estado y Asociaciones Científicas-. Las ELIGESSAN constituyeron, por tanto, una apuesta académica para la construcción de tejido social y comunitario, que fortaleciera la movilización social de la población, incentivando la participación comunitaria, y los procesos de búsqueda de soluciones a las problemáticas alimentarias y nutricionales.

Esta iniciativa se ha llevado a cabo en seis territorios de Colombia con características diferenciales. En la investigación (Bernal Rojas, 2021) se desarrolló trabajo de campo (entrevistas semi-estructuradas, observación participante) en 2021 en tres de ellas que representan diferentes enfoques étnicos, culturales, sociales y ambientales. La ELIGESSAN de Susa, en Cundinamarca, aporta la visión campesina del centro del país. En la región de Nariño se trabajó con dos Escuelas: la ELIGESSAN de Tumaco, que combina la visión afrocolombiana y la del pueblo indígena Awá. Y la ELIGESSAN del Nariño andino que se compone de diferentes comunidades, algunas con un enfoque indígena por la presencia del pueblo de Los Pastos y otras con aportes desde la perspectiva campesina del sur.

Los resultados de la investigación muestran la potencialidad de empoderar a líderes y lideresas sociales como ciudadanos/as alimentarios/as. El estudio pone de relieve que las ELIGESSAN han contribuido a disminuir la inseguridad alimentaria y la malnutrición en las comunidades, puesto que se ha reducido el consumo de productos ultra procesados, mientras que aumentaban las prácticas autoconsumo de alimentos por medio de las huertas agroecológicas y los mercados comunitarios. Se ha dotado a los participantes de información para la toma informada de decisiones y se han promovido mecanismos para participar en el diseño y aplicación de políticas públicas alimentarias.

De todas las dimensiones de la ciudadanía alimentarias, las ELIGESSAN han otorgado mucha atención a la autonomía alimentaria, que se entiende como la materialización de la soberanía en contextos específicos. Estas comunidades se enfocan a mantener su autonomía alimentaria promoviendo sistemas agroalimentarios que sean consecuentes con el valor histórico, material y cultural de los saberes ancestrales, indígenas, campesinos, afrocolombianos, etc. Por ejemplo, salvaguardando las semillas nativas en sus chagras y huertas comunitarias para preservar la biodiversidad alimentaria y ambiental; produciendo y consumiendo sus propios alimentos o fomentando canales cortos de comercialización para eliminar intermediarios y conectar a productores y consumidores.

Desde las comunidades y desde el territorio hablamos de Autonomía Alimentaria donde vemos más allá de tener alimentos de manera física, ya que el alimento nos visibiliza y se relación tanto con la alimentación, como con lo espiritual, lo mental y que también es vida, y marca una historia, unas costumbres y una tradición de un pueblo (…). En otras palabras, la Autonomía es que el alimento proteja las tradiciones y las costumbres de un pueblo, pero también me alimente, no solamente de forma física para suplir una necesidad, si no también alimente el territorio, mi persona y mi espíritu (Lideresas indígenas– municipio de Cumbal, Nariño).

El Derecho Humano a la Alimentación, eje fundamental del concepto de ciudadanía alimentaria, ha estado presente de forma transversal en las iniciativas de las escuelas. Los integrantes de las ELIGESSAN consideran que, frente a la magnitud de las problemáticas alimentarias, es necesario exigir que el DHA se convirtiera en una realidad. Pero ello debe hacerse trascendiendo su carácter individualista, y abarcando los derechos colectivos de las comunidades sobre su territorio y sus recursos. También se introduce la corresponsabilidad como un elemento directamente relacionado con la consecución del DHA. Esta corresponsabilidad se fundamenta en la importancia de compartir los conocimientos adquiridos en las Escuelas y el diálogo de saberes con la familia, los vecinos y allegados; contribuir a la organización comunitaria, la defensa de las autonomías y la soberanía alimentaria, así como garantizar la sostenibilidad ambiental y alimentaria para las presentes y futuras generaciones.

Las ELIGESSAN han permitido el intercambio de conocimientos en relación con la alimentación desde una perspectiva de horizontalidad de saberes. Esto ha sido fundamental para la construcción y fortalecimiento del tejido social de las comunidades, y ha fomentado la consolidación de liderazgos ya existentes, así como la creación de nuevos liderazgos que han empezado a hacer uso de ese poder social para movilizarse y aportar soluciones a los problemas alimentarios existentes. Este empoderamiento ha propiciado la participación social en torno a lo alimentario, el establecimiento de redes con otros actores y la configuración de nuevos marcos de gobernanza (como el mercado comunitario de Guachucal o el “Plan alimentario y Nutricional afro”).

Las ELIGESSAN lo que hacen es congregar los liderazgos que ya están en los distintos sectores, y se encuentran en el espacio y lo que sucede es que se crea un nuevo colectivo y una base social desde lo alimentario, donde se juntan las distintas visiones desde lo indígena, lo campesino, lo urbano, lo intercultural creando una perspectiva alimentaria territorial, donde hay consumidores, productores (Dinamizador de las ELIGESSAN de Susa y de Nariño).

Por tanto, vemos como esta iniciativa trasciende la esfera de lo individual y de lo privado, para desplegarse también en el ámbito colectivo y público. El papel de las mujeres ha sido fundamental para dotar de sostenibilidad a los procesos impulsados desde las Escuelas. Pero, además, este espacio les ha permitido empoderarse y tener voz en espacios deliberativos de toma de decisiones de política pública, en donde exigen y proponen soluciones a sus problemáticas.

Una experiencia innovadora para la orientación de políticas públicas alimentarias

Este estudio introduce elementos prácticos que pueden favorecer la promoción de la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en Colombia. Los resultados muestran la potencialidad de iniciativas como las ELIGESSAN para fortalecer la capacidad de las comunidades en la promoción de espacios de autonomía alimentaria, así como en la participación en el diseño y aplicación de políticas públicas alimentarias que permitan fomentar sistemas agroalimentarios justos, equitativos y sostenibles.

Aporta además un enfoque innovador, pues explora cómo se configuran las dimensiones de la ciudadanía alimentaria en diferentes territorios de Colombia y permite discutir sobre el papel del derecho a la alimentación, la seguridad alimentaria y nutricional, la soberanía alimentaria, y la gobernanza en la construcción de Ciudadanías Alimentarias Diversas. Lo que plantea la posibilidad de aplicar este concepto a otros países y regiones, o de realizar investigaciones comparadas.

Estas potencialidades han sido reconocidas por el Premio FAO/CLACSO 2023 “Innovaciones para el logro de la Soberanía y la Seguridad Alimentaria y Nutricional”, que busca reconocer a investigadores que están aportando, mediante la innovación e investigación, al desarrollo de políticas públicas que afronten los problemas de Seguridad Alimentaria y Nutricional. Así como conectar las iniciativas académicas con los decisores de políticas públicas, promoviendo la “acción pública” integrada por diversos actores. El artículo titulado “La ciudadanía alimentaria en las prácticas sociales de líderes en seguridad y soberanía alimentaria – caso Colombia”, cuyos resultados hemos expuesto más arriba, obtuvo el primer premio en la categoría Artículo Inédito.

Referencias

Bernal Rojas, D. (2021). Las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional: ¿escenario para la construcción de Ciudadanía Alimentaria? [Trabajo final de maestría, Universidad Nacional de Colombia].

Fladvad, B. (2019). Diverse citizenship? Food sovereignty and the power of acting otherwise. Social Sciences, 8(12), 1-16.

Gómez-Benito, C., y Lozano-Cabedo, C. (2014b). Constructing Food Citizenship: Theoretical Premises and Social Practices. Italian Sociological Review, 4(2), 135-156.

Hatanaka, M. (2020). Beyond consuming ethically? Food citizens, governance, and sustainability. Journal of Rural Studies, 77, 55-62.

Lozano-Cabedo, C., y Gómez-Benito, C. (2017). A Theoretical Model of Food Citizenship for the Analysis of Social Praxis. Journal of Agricultural and Environmental Ethics, 30(1), 1-22.

O’Kane, G. (2016). A moveable feast: Exploring barriers and enablers to food citizenship. Appetite, 105, 674-687.

Wilkins, J. L. (2005). Eating right here: Moving from consumer to food citizen: 2004. Agriculture and Human Values, 22(3), 269-273.

¿Puede la participación sociopolítica ser más igualitaria?

05/02/2024 – Patricia García-Espín (Universidad de Granada)

En un libro reciente, Michael Sandel (2020) describe cómo la meritocracia escolar se ha convertido en el armazón ideológico que sostiene las desigualdades crecientes desde los años 80. El principio meritocrático supone que cualquier posición de dominación debe erigirse sobre el esfuerzo y, particularmente, sobre el logro de tipo escolar o académico. Además, el libro muestra hasta qué punto la meritocracia ha penetrado el discurso político tanto de la derecha como de la izquierda. Sandel argumenta que el mérito ha redirigido los discursos transformadores hacia la no-discriminación y la igualdad de oportunidades para ascender (a través de la educación), soslayando la igualdad de resultados y de condiciones de vida.

La valoración excesiva del mérito escolar ha empapado todos los aspectos de la vida política, incluso algunas formas de acción colectiva. Los estudios reflejan esa tendencia: participan más aquellos/as con más credenciales educativas, incluso predominan en algunas acciones de protesta o en formas contrahegemónicas de acción (Jiménez Sánchez, 2011; Gayo, 2021). Tal es la inercia que plantea la desigualdad social, plasmada en recursos materiales y simbólicos (Verba et al., 1995; Schlozman et al., 2012), que tendemos a naturalizarla como fait accompli; solo podemos vivir con ella y esperar, quizás, un cambio futuro.

En un libro clásico basado en las protestas de los años 30-60, Piven y Cloward (1979) manifestaban este problema: en general, pocas personas pueden permitirse una participación intensa en su día a día; son muchas las dificultades y los recursos que ello exige, en consecuencia, solo podemos esperar una activación masiva en ciclos excepcionales de protesta. Para aprovechar esos periodos, los autores proponían impulsar formas de acción disruptivas (manifestaciones, ocupaciones, huelgas) que generaran mayor impacto aprovechando el ciclo ascendente. Frente a ello, los movimientos sociales sostenían un llamamiento a la organización cotidiana (el community organizing), más costoso y con menores resultados a corto plazo. Esta era la tesis de Frances Fox Piven y Richard Cloward. En cierto modo, proponían asumir que esa desigualdad existe a corto plazo, para cambiarla a largo.

No obstante, cabe que nos preguntemos si la organización cotidiana en asociaciones, partidos, movimientos sociales u otras formas de participación podría ser más igualitaria desde un punto de vista social. La misma desnaturalización que ha ocasionado el movimiento feminista respecto al género, cabría plantearla respecto a la desigualdad social y de clase y respecto a la atribución del mérito y del prestigio social. ¿Puede la participación política ser un poco más igualitaria y accesible? Ciertamente, numerosos estudios que abordan esta pregunta sucintamente. Yo lo he examinado en casos de participación comunitaria, observando algunos factores contextuales y organizativos que propician una participación menos restrictiva. Señalaré aquí algunos.

En primer lugar, la mayoría de los estudios han puesto el foco en las herramientas organizativas o de diseño institucional que generan espacios más igualitarios, en términos de acceso o de toma de decisiones. En un texto clásico, Jo Freeman (1972) apelaba a la “tiranía de la no estructura” como una causa de exclusión. En otra investigación reciente en asambleas locales (Class inequalities and participatory democracy), yo misma identificaba algunas herramientas de inclusión como la formación de equipos mixtos o multidisciplinares para las tareas, el suporte técnico para enfrentar procesos burocráticos complicados o el establecimiento de liberaciones remuneradas para personas con horarios laborales rígidos. El inventario de herramientas organizativas es extenso (facilitación de reuniones, provisión de información, reconocimiento simbólico de grupos infrarrepresentados, etc.). 

Menos se ha estudiado el impacto de otros factores contextuales que fomentan una implicación más igualitaria. Sin duda, las estrategias movilizadoras de algunos agentes clave resulta fundamental. A modo de ejemplo, una de las causas que explica la enorme participación popular en el presupuesto participativo de Porto Allegre, Brazil, fue el alineamiento de las clases trabajadoras y de los sectores marginalizados con el Partido de los Trabajadores (Baiocchi, 2003). Igualmente, el éxito inicial de las herramientas participativas en Bolonia, Italia, en los años 70, también era fruto de la movilización reticular que hicieron las asociaciones barriales, sindicatos, grupos estudiantiles y culturales (Navarro, 1999), muy arraigados entre los sectores populares de la época.

Otro factor generador de igualdad son las batallas culturales por la definición del sujeto participativo. Me referiré aquí, a modo de ilustración, a las campañas realizadas por el movimiento pro-derechos civiles en EE.UU., estudiadas por Roberta Polletta en Freedom is an Endless Meeting (2002). La reivindicación de que las personas negras, con o sin estudios y de cualquier posición de clase, debían poder votar, generó un efecto de activación de muchas de estas personas hacia el asociacionismo. Muchos/as incluso continuaron involucrados después en asociaciones por los derechos sociales vinculados a la vivienda o a los suministros básicos (Piven y Cloward, 1977). Los movimientos sociales provocan debates culturales que son amplificados por los medios de comunicación. Esas batallas pueden ensanchar la visión de quién puede/debe participar en política, también incrementan las percepciones de agencia y de capacidad entre sectores que se encontraban al margen. Los efectos igualadores son indudables.

Menos aún se ha indagado sobre los cambios estructurales o en las “condiciones habilitadoras” (Fung y Wright, 2003) que facilitan una implicación más igualitaria. Apenas sabemos si las mejoras en los horarios laborales crean posibilidades o mayor predisposición hacia la implicación sociopolítica. Tampoco conocemos si un terreno favorable en el plano de la conciliación familiar estimula el asociacionismo. La literatura muestra datos contradictorios y complejos. Sin embargo, dado que la participación es un fenómeno articulado (García-Espín, 2021), que se acopla a nuestras rutinas, es legítimo preguntarnos qué otras condiciones vitales que consumen tiempo y dedicación, podrían forjar escenarios más igualitarios para la implicación sociopolítica.

Referencias

Baiocchi, Gianpaolo. «The Porto Alegre Experiment in Empowered Participatory Governance (revised and updated).» En Fung, A., y Wright, E.O. Deepening Democracy, Verso (2003).

Freeman, Jo. «The tyranny of structurelessness.» Berkeley Journal of Sociology (1972): 151-164.

Fung, Archon, and Erik Olin Wright. «Thinking about empowered participatory governance.» En: Deepening democracy: Institutional innovations in empowered participatory governance (2003): 3-42.

García-Espín, Patricia. «Class Inequalities and Participatory Democracy: Assessing the Impact of Social Inclusion Tools in (Rural) Citizens’ Assemblies.» Political Studies Review (2023): 14789299231179081.

García-Espín, Patricia. Las articulaciones de la participación: Una etnografía de la democracia directa en concejos abiertos. Vol. 324. CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas, 2021.

Gayo, Modesto. Clase y Política en España I: Estructura social y clase media en la democracia postransicional. Siglo XXI de España Editores, 2021.

Jiménez Sánchez, Manuel. La normalización de la protesta: El caso de las manifestaciones en España (1980-2008). Vol. 70. CIS, 2011.

Navarro Yáñez, Clemente J. El sesgo participativo: innovación democrática en municipios del Sur de Europa (1960-1995). Vol. 13. Editorial CSIC-CSIC Press, 1999.

Piven, Frances Fox, and Richard Cloward. Poor people’s movements: Why they succeed, how they fail. Vintage, 2012 [1977].

Polletta, Francesca. Freedom is an endless meeting: Democracy in American social movements. University of Chicago Press, 2002.

Sandel, Michael J. La tiranía del mérito: ¿qué ha sido del bien común?. Debate, 2020.

Schlozman, Kay Lehman, Sidney Verba, and Henry E. Brady. The unheavenly chorus: Unequal political voice and the broken promise of American democracy. Princeton University Press, 2012.

Verba, Sidney, Kay Lehman Schlozman, and Henry E. Brady. Voice and equality: Civic voluntarism in American politics. Harvard University Press, 1995.