Gobierno del sufrimiento y vulnerabilidad: ¿cómo podemos pensar la agencia de las víctimas?

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19/05/2026 – Carolina Schillagi, Universidad Nacional de General Sarmiento-Universidad del Gran Rosario (Argentina)

Desde hace varias décadas asistimos a transformaciones en las sensibilidades hacia la vulnerabilidad y el sufrimiento. Aquello que Fassin y Rechtman (2010) llamaron el imperio del trauma y Wiewiorka (2023) un “giro antropológico”, tiene como contrapartida la relevancia de la figura de la víctima como condición moral contemporánea. Estas transformaciones fueron a la par de distintas formas de institucionalización del acompañamiento a personas y colectivos dolientes. Los estados y las organizaciones humanitarias desplegaron todo un conjunto de normas, agencias y dispositivos de atención que en cada contexto nacional y regional adquirieron una impronta específica y dieron cuenta de la progresiva importancia del sufrimiento social como objeto de las políticas públicas.

En este escenario, los efectos políticos que estos procesos implican son una cuestión de interés para la reflexión sociológica. Podemos, entonces, pensarlos a través de algunos ejes de análisis.

I. La vulnerabilidad y el riesgo como rasgos de la vida social contemporánea contribuyeron a la centralidad del sufrimiento provocado por violencias, daños, catástrofes y delitos de distinto tipo. Situaciones y acontecimientos que en el pasado se explicaban a través de la idea del infortunio, el destino o el azar, en las sociedades de la modernidad tardía fueron paulatinamente atribuidas a causas racionales y vinculadas a la responsabilidad humana por acción u omisión.

En el escenario contemporáneo de creciente protagonismo de la víctima como personaje público, el sufrimiento se asimila a la vulnerabilidad. Se trata de una situación paradójica o cuanto menos ambigua pues a la víctima, en tanto sujeto frágil y expuesto al daño o la violencia se le otorgan cuidados y acompañamiento pero, al mismo tiempo, se le exige autonomía y gobierno de sí misma para salir adelante. Lo cierto es que la tríada vulnerabilidad-sufrimiento-víctima conforma un encadenamiento semántico sobre el que se monta una idea muy potente: todas las víctimas, en mayor o menor grado, son vulnerables porque sufren. Y si son vulnerables su voz (social) es una voz débil. La agencia resulta, entonces, alejada de sus posibilidades. En base a esto emerge toda una discusión sobre la relación entre vulnerabilidad y agencia de las víctimas (Martínez, 2019). Esa discusión tiene como trasfondo una pregunta: ¿qué efectos políticos tiene el tipo de subjetividad que presupone el gobierno del sufrimiento?

Las respuestas posibles son muchas y ninguna es concluyente. Se trata de un debate en curso, tanto político como académico. Existen críticas y análisis que recogen algunas aristas de este problema complejo. Por ejemplo, aquellos que hacen hincapié en la eficacia política del sufrimiento y la vulnerabilidad (y, por ende, la victimización) como las formas por excelencia en las que, en el contexto del “capitalismo emocional” es posible obtener legitimidad y apoyo social. Es interesante cómo en este caso el foco está puesto en el rol que tiene la vulnerabilidad en moldear el yo como una figura pública de sufrimiento que produce efectos políticos de reconocimiento. Para Chouliaraki (2021), las dos grandes narrativas que dieron sustento a esta “política afectiva del dolor” son el psicoanálisis y los derechos humanos. Aunque basadas en regímenes afectivos distintos como la empatía y la indignación, ambas tienen en común estimular en el público una respuesta inmediata al dolor al precio de suprimir la pregunta sobre el contexto en el que se producen los reclamos y reivindicaciones. Y eso es, precisamente, lo que está en el corazón de su eficacia política.

Más enfocados en realidades de los países del Cono Sur de América Latina, otros análisis  argumentan que tanto el lenguaje de los derechos humanos como el de la compasión, han moldeado los procesos de transición a la democracia y los ciclos progresistas de las primeras décadas del siglo XXI al punto de conformar un sentido común que tiende a opacar la idea de lucha por la transformación de las condiciones estructurales que fueron corroídas por las políticas neoliberales. En la medida en que los gobiernos interpretan las demandas sociales en clave de reparación y de alivio al sufrimiento de distintos tipos de víctimas (vía políticas públicas y leyes de garantías y derechos específicos o sectoriales) estos análisis advierten sobre el debilitamiento de la centralidad del sujeto colectivo como agente del cambio social y político.

Quizás debamos preguntarnos entonces qué tipo de relación posible podemos pensar entre víctima, vulnerabilidad y agencia que pueda sortear, aunque más no sea en parte, la visión determinista o unívoca que termina imponiendo el sufrimiento o el trauma si se los considera como inherentes a las subjetividades contemporáneas. Por ejemplo, pensar la agencia de los y las vulnerables despegada de la figura de la víctima como estatus y como condición únicamente individual, desprendida del entramado social-colectivo. Ello implica pensar esta figura en su contingencia radical, como proceso socialmente producido, vinculado a condiciones materiales concretas así como a trayectorias y legados políticos locales y por lo tanto con márgenes de acción que son singulares y no generales. Por otro lado, también podemos pensar la cuestión de la ambivalencia del sufrimiento como fuente de vulnerabilidad, de aislamiento, de impotencia pero también como un modo de construcción de la agencia y, por lo tanto, de su potencial capacidad para crear vínculos, comunidad y visiones del mundo más o menos compartidas (Schillagi, 2011). Si nos apoyamos en estas claves de lectura o si recogemos el desafío de pensar en otras formas de acercarnos a la agencia o las posibilidades de acción y de lenguajes de los sujetos vulnerables, es posible que avizoremos efectos políticos distintos de los que ya han sido señalados y generar -o continuar y profundizar- una discusión al respecto. 

II. El gobierno del sufrimiento involucra la gestión, es decir, la forma en que el Estado tramita y lleva adelante un conjunto de acciones y de decisiones respecto de poblaciones afectadas por diferentes tipos de hechos dañosos. Así como antes planteábamos las implicancias políticas con relación a las subjetividades, la idea del gobierno del sufrimiento también nos invita a pensar la cuestión de las prácticas y los usos que movilizan los agentes estatales (saberes, lenguajes, expertise) cuando las personas toman contacto con los dispositivos. ¿Qué cuestiones podemos dejar planteadas para sugerir algunas pistas de análisis en casos empíricos?

– Las tecnologías de gobierno en las que se apoya el funcionamiento de los dispositivos son cruciales para entender el tipo de sujeto que moldean las prácticas y usos que el Estado pone en marcha. Por ejemplo, los registros escritos o documentos que se utilizan no son meros trámites administrativos; son tecnologías polifónicas (distintas voces de técnicos, profesionales y funcionarias narran ese paso por el dispositivo a la manera de un diario). Tecnologías, decíamos, que construyen la subjetividad de la víctima, moldean sus contornos como un sujeto sufriente y vulnerable que necesita tutela. Como dice Fassin (2006) “los relatos patéticos” frente a los agentes del Estado tienen efectos en el proceso de subjetivación y de sujeción, es decir, en la construcción de sí y en el sometimiento al Estado. El dispositivo, encarnado en protocolos, archivos y lugares físicos se entreteje con mundos locales que desafían las formas de intervención y sus sentidos. Esos mundos locales no son sólo las trayectorias biográficas de las personas (en las que se basan las agencias estatales para atenderlas y delinear sus intervenciones, es decir, para gobernarlas) sino también los mundos fabricados entre disciplinas y saberes profesionales que forman parte de lo que llamamos el aparato estatal.

-Lossaberes disciplinarios en práctica. En las rutinas diarias del trabajo con víctimas las fronteras profesionales suelen desdibujarse. Los abogados hacen «escucha» y los psicólogos gestionan trámites habitacionales o tramitan documentos de identidad. Se produce así un saber-hacer híbrido donde la formación disciplinaria original (por lo general el derecho, la psicología, el trabajo social) se transforma en una «especificidad de oficio» moldeada por la urgencia y, no pocas veces, la escasez de recursos. El trabajo de los y las profesionales en el Estado no sólo adquiere ribetes particulares en cuanto a las exigencias prácticas de la gestión diaria en contacto con el dolor y el sufrimiento (forzando frecuentemente los límites del tipo de intervención más distanciada que caracteriza al quehacer profesional tradicional) sino que trae aparejados tensiones políticas que gravitan en las lógicas profesionales y contribuyen a una selectividad y jerarquización de las personas y grupos que son validados y acompañados en su calidad de víctimas. En esa interacción entre el estado y los “mundos de víctimas” (Gatti, 2017), es necesario poner el foco analítico, tomando distancia de una visión normativa para poder comprender las prácticas disimuladas bajo el lenguaje en apariencia uniforme y técnico o las rutinas burocráticas estandarizadas.

Los márgenes de maniobra del accionar estatal -márgenes que emergen en los resquicios de las rutinas burocráticas, sobre todo en la forma en que se ponen en marcha saberes y modos de actuación por fuera de los protocolos- es donde debemos indagar para comprender cómo un modelo integral de atención a las víctimas se plasma y qué tipo de efectos tiene en las poblaciones y sujetos que entran en contacto con los dispositivos.

Referencias bibliográficas

Chouliaraki, L. (2021). Victimhood: The affective politics of vulnerability. European Journal of Cultural Studies, 24(1), 10–27. https://doi.org/10.1177/1367549420979316

Fassin, D. (2006). Souffrir par le social, gouverner par l’écoute: Une configuration sémantique de l’action publique. Politix, 73(1), 137–157. https://doi.org/10.3917/pox.073.0137

Fassin, D., & Rechtman, R. (2010). L’empire du traumatisme: Enquête sur la condition de victime. Flammarion.

Gatti, G. (Ed.). (2017). Un mundo de víctimas. Anthropos.

Martínez, M. (2019). Una breve (y no muy sistemática) aproximación a la noción de agencia desde la vulnerabilidad. Papeles del CEIC, 2019(1), Artículo 205, 1–9. https://doi.org/10.1387/pceic.20616

Schillagi, C. (2011). Sufrimiento y lazo social: Algunas reflexiones sobre la naturaleza ambivalente del dolor. Prácticas de Oficio. Investigación y Reflexión en Ciencias Sociales, 7/8.

Wieviorka, M. (2023). El surgimiento de las víctimas. En D. Zenobi (Comp.), Víctimas: Debates sobre una condición contemporánea. Teseo.

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