Construyendo ciudadanía alimentaria. Las escuelas de líderes y lideresas gestores en soberanía y seguridad alimentaria y nutricional en Colombia

28/02/2024 – Carmen Lozano-Cabedo (UNED), Daniel Alberto Bernal Rojas (Universidad Nacional de Colombia) y Sara Eloísa del Castillo Matamoros (Universidad Nacional de Colombia)

La ciudadanía alimentaria

La ciudadanía alimentaria es una apuesta teórica y epistemológica en construcción que permite trasladar, al ámbito de la alimentación, el debate sobre los derechos y los deberes asociados a la ciudadanía (Fladvad, 2019; Hatanaka, 2020; O’Kane, 2016; Wilkins, 2005). En una investigación anterior (Lozano-Cabedo y Gómez-Benito, 2017; Gómez-Benito y Lozano, 2014), analizamos los rasgos de la ciudadanía alimentaria desde un plano teórico, enunciando una definición sustentada en diferentes proposiciones.

Señalamos que el concepto de ciudadanía alimentaria se caracteriza por integrar a todos los actores del sistema alimentario, superando la visión dualista productores vs. consumidores. Se fundamenta en el reconocimiento de un enfoque ampliado del Derecho Humano a la Alimentación (DHA) que no solo implica al acceso físico a los alimentos, sino también el derecho de individuos y pueblos a determinar sus propias políticas alimentarias y agrarias; el derecho a una información veraz, suficiente y comprensible sobre los alimentos y sobre el sistema alimentario, así como la autonomía necesaria para poder ejercer estos derechos. El ejercicio de la ciudadanía alimentaria requiere tomar conciencia de los impactos (ambientales, sociales, económicos, culturales, etc.) de los sistemas de producción, distribución y consumo de alimentos y asumir la responsabilidad de nuestros comportamientos alimentarios. Lo que supone el desarrollo de acciones a nivel individual y colectivo, en el ámbito privado y en el diseño e implementación de políticas públicas. Es decir, la ciudadanía alimentaria implica el derecho y la obligación a participar en la gobernanza del sistema alimentario. Y tiene un carácter cosmopolita porque atiende a los derechos y obligaciones de ciudadanos distantes entre sí, pero unidos por unos problemas comunes e interrelacionados.

Es importante resaltar que la ciudadanía alimentaria no es un estado sino un proceso en constante estado de redefinición que se sustenta en la interacción entre la praxis social y los entornos alimentarios en los que se desenvuelve. De ahí la relevancia de analizar qué rasgos concretos adopta la ciudadanía alimentaria en su ejercicio cotidiano, con qué características asocian los diferentes actores de la cadena alimentaria a la ciudadanía alimentaria, qué elementos consideran que definen a un/a ciudadano/a alimentario/a, o qué dimensiones creen que favorecen, dificultan o imposibilitan su desarrollo.

Las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en Colombia: ¿escenario para la construcción de ciudadanía alimentaria?

Para analizar cómo se configuran las dimensiones de la ciudadanía alimentaria en contextos específicos se desarrolló una investigación en Colombia, en torno a las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (ELIGESSAN). Estas Escuelas se gestaron en 2009 como un proyecto del Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (OBSSAN) -que se creó en como una Alianza entre Universidad, Estado y Asociaciones Científicas-. Las ELIGESSAN constituyeron, por tanto, una apuesta académica para la construcción de tejido social y comunitario, que fortaleciera la movilización social de la población, incentivando la participación comunitaria, y los procesos de búsqueda de soluciones a las problemáticas alimentarias y nutricionales.

Esta iniciativa se ha llevado a cabo en seis territorios de Colombia con características diferenciales. En la investigación (Bernal Rojas, 2021) se desarrolló trabajo de campo (entrevistas semi-estructuradas, observación participante) en 2021 en tres de ellas que representan diferentes enfoques étnicos, culturales, sociales y ambientales. La ELIGESSAN de Susa, en Cundinamarca, aporta la visión campesina del centro del país. En la región de Nariño se trabajó con dos Escuelas: la ELIGESSAN de Tumaco, que combina la visión afrocolombiana y la del pueblo indígena Awá. Y la ELIGESSAN del Nariño andino que se compone de diferentes comunidades, algunas con un enfoque indígena por la presencia del pueblo de Los Pastos y otras con aportes desde la perspectiva campesina del sur.

Los resultados de la investigación muestran la potencialidad de empoderar a líderes y lideresas sociales como ciudadanos/as alimentarios/as. El estudio pone de relieve que las ELIGESSAN han contribuido a disminuir la inseguridad alimentaria y la malnutrición en las comunidades, puesto que se ha reducido el consumo de productos ultra procesados, mientras que aumentaban las prácticas autoconsumo de alimentos por medio de las huertas agroecológicas y los mercados comunitarios. Se ha dotado a los participantes de información para la toma informada de decisiones y se han promovido mecanismos para participar en el diseño y aplicación de políticas públicas alimentarias.

De todas las dimensiones de la ciudadanía alimentarias, las ELIGESSAN han otorgado mucha atención a la autonomía alimentaria, que se entiende como la materialización de la soberanía en contextos específicos. Estas comunidades se enfocan a mantener su autonomía alimentaria promoviendo sistemas agroalimentarios que sean consecuentes con el valor histórico, material y cultural de los saberes ancestrales, indígenas, campesinos, afrocolombianos, etc. Por ejemplo, salvaguardando las semillas nativas en sus chagras y huertas comunitarias para preservar la biodiversidad alimentaria y ambiental; produciendo y consumiendo sus propios alimentos o fomentando canales cortos de comercialización para eliminar intermediarios y conectar a productores y consumidores.

Desde las comunidades y desde el territorio hablamos de Autonomía Alimentaria donde vemos más allá de tener alimentos de manera física, ya que el alimento nos visibiliza y se relación tanto con la alimentación, como con lo espiritual, lo mental y que también es vida, y marca una historia, unas costumbres y una tradición de un pueblo (…). En otras palabras, la Autonomía es que el alimento proteja las tradiciones y las costumbres de un pueblo, pero también me alimente, no solamente de forma física para suplir una necesidad, si no también alimente el territorio, mi persona y mi espíritu (Lideresas indígenas– municipio de Cumbal, Nariño).

El Derecho Humano a la Alimentación, eje fundamental del concepto de ciudadanía alimentaria, ha estado presente de forma transversal en las iniciativas de las escuelas. Los integrantes de las ELIGESSAN consideran que, frente a la magnitud de las problemáticas alimentarias, es necesario exigir que el DHA se convirtiera en una realidad. Pero ello debe hacerse trascendiendo su carácter individualista, y abarcando los derechos colectivos de las comunidades sobre su territorio y sus recursos. También se introduce la corresponsabilidad como un elemento directamente relacionado con la consecución del DHA. Esta corresponsabilidad se fundamenta en la importancia de compartir los conocimientos adquiridos en las Escuelas y el diálogo de saberes con la familia, los vecinos y allegados; contribuir a la organización comunitaria, la defensa de las autonomías y la soberanía alimentaria, así como garantizar la sostenibilidad ambiental y alimentaria para las presentes y futuras generaciones.

Las ELIGESSAN han permitido el intercambio de conocimientos en relación con la alimentación desde una perspectiva de horizontalidad de saberes. Esto ha sido fundamental para la construcción y fortalecimiento del tejido social de las comunidades, y ha fomentado la consolidación de liderazgos ya existentes, así como la creación de nuevos liderazgos que han empezado a hacer uso de ese poder social para movilizarse y aportar soluciones a los problemas alimentarios existentes. Este empoderamiento ha propiciado la participación social en torno a lo alimentario, el establecimiento de redes con otros actores y la configuración de nuevos marcos de gobernanza (como el mercado comunitario de Guachucal o el “Plan alimentario y Nutricional afro”).

Las ELIGESSAN lo que hacen es congregar los liderazgos que ya están en los distintos sectores, y se encuentran en el espacio y lo que sucede es que se crea un nuevo colectivo y una base social desde lo alimentario, donde se juntan las distintas visiones desde lo indígena, lo campesino, lo urbano, lo intercultural creando una perspectiva alimentaria territorial, donde hay consumidores, productores (Dinamizador de las ELIGESSAN de Susa y de Nariño).

Por tanto, vemos como esta iniciativa trasciende la esfera de lo individual y de lo privado, para desplegarse también en el ámbito colectivo y público. El papel de las mujeres ha sido fundamental para dotar de sostenibilidad a los procesos impulsados desde las Escuelas. Pero, además, este espacio les ha permitido empoderarse y tener voz en espacios deliberativos de toma de decisiones de política pública, en donde exigen y proponen soluciones a sus problemáticas.

Una experiencia innovadora para la orientación de políticas públicas alimentarias

Este estudio introduce elementos prácticos que pueden favorecer la promoción de la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en Colombia. Los resultados muestran la potencialidad de iniciativas como las ELIGESSAN para fortalecer la capacidad de las comunidades en la promoción de espacios de autonomía alimentaria, así como en la participación en el diseño y aplicación de políticas públicas alimentarias que permitan fomentar sistemas agroalimentarios justos, equitativos y sostenibles.

Aporta además un enfoque innovador, pues explora cómo se configuran las dimensiones de la ciudadanía alimentaria en diferentes territorios de Colombia y permite discutir sobre el papel del derecho a la alimentación, la seguridad alimentaria y nutricional, la soberanía alimentaria, y la gobernanza en la construcción de Ciudadanías Alimentarias Diversas. Lo que plantea la posibilidad de aplicar este concepto a otros países y regiones, o de realizar investigaciones comparadas.

Estas potencialidades han sido reconocidas por el Premio FAO/CLACSO 2023 “Innovaciones para el logro de la Soberanía y la Seguridad Alimentaria y Nutricional”, que busca reconocer a investigadores que están aportando, mediante la innovación e investigación, al desarrollo de políticas públicas que afronten los problemas de Seguridad Alimentaria y Nutricional. Así como conectar las iniciativas académicas con los decisores de políticas públicas, promoviendo la “acción pública” integrada por diversos actores. El artículo titulado “La ciudadanía alimentaria en las prácticas sociales de líderes en seguridad y soberanía alimentaria – caso Colombia”, cuyos resultados hemos expuesto más arriba, obtuvo el primer premio en la categoría Artículo Inédito.

Referencias

Bernal Rojas, D. (2021). Las Escuelas de Líderes Gestores en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional: ¿escenario para la construcción de Ciudadanía Alimentaria? [Trabajo final de maestría, Universidad Nacional de Colombia].

Fladvad, B. (2019). Diverse citizenship? Food sovereignty and the power of acting otherwise. Social Sciences, 8(12), 1-16.

Gómez-Benito, C., y Lozano-Cabedo, C. (2014b). Constructing Food Citizenship: Theoretical Premises and Social Practices. Italian Sociological Review, 4(2), 135-156.

Hatanaka, M. (2020). Beyond consuming ethically? Food citizens, governance, and sustainability. Journal of Rural Studies, 77, 55-62.

Lozano-Cabedo, C., y Gómez-Benito, C. (2017). A Theoretical Model of Food Citizenship for the Analysis of Social Praxis. Journal of Agricultural and Environmental Ethics, 30(1), 1-22.

O’Kane, G. (2016). A moveable feast: Exploring barriers and enablers to food citizenship. Appetite, 105, 674-687.

Wilkins, J. L. (2005). Eating right here: Moving from consumer to food citizen: 2004. Agriculture and Human Values, 22(3), 269-273.

¿Puede la participación sociopolítica ser más igualitaria?

05/02/2024 – Patricia García-Espín (Universidad de Granada)

En un libro reciente, Michael Sandel (2020) describe cómo la meritocracia escolar se ha convertido en el armazón ideológico que sostiene las desigualdades crecientes desde los años 80. El principio meritocrático supone que cualquier posición de dominación debe erigirse sobre el esfuerzo y, particularmente, sobre el logro de tipo escolar o académico. Además, el libro muestra hasta qué punto la meritocracia ha penetrado el discurso político tanto de la derecha como de la izquierda. Sandel argumenta que el mérito ha redirigido los discursos transformadores hacia la no-discriminación y la igualdad de oportunidades para ascender (a través de la educación), soslayando la igualdad de resultados y de condiciones de vida.

La valoración excesiva del mérito escolar ha empapado todos los aspectos de la vida política, incluso algunas formas de acción colectiva. Los estudios reflejan esa tendencia: participan más aquellos/as con más credenciales educativas, incluso predominan en algunas acciones de protesta o en formas contrahegemónicas de acción (Jiménez Sánchez, 2011; Gayo, 2021). Tal es la inercia que plantea la desigualdad social, plasmada en recursos materiales y simbólicos (Verba et al., 1995; Schlozman et al., 2012), que tendemos a naturalizarla como fait accompli; solo podemos vivir con ella y esperar, quizás, un cambio futuro.

En un libro clásico basado en las protestas de los años 30-60, Piven y Cloward (1979) manifestaban este problema: en general, pocas personas pueden permitirse una participación intensa en su día a día; son muchas las dificultades y los recursos que ello exige, en consecuencia, solo podemos esperar una activación masiva en ciclos excepcionales de protesta. Para aprovechar esos periodos, los autores proponían impulsar formas de acción disruptivas (manifestaciones, ocupaciones, huelgas) que generaran mayor impacto aprovechando el ciclo ascendente. Frente a ello, los movimientos sociales sostenían un llamamiento a la organización cotidiana (el community organizing), más costoso y con menores resultados a corto plazo. Esta era la tesis de Frances Fox Piven y Richard Cloward. En cierto modo, proponían asumir que esa desigualdad existe a corto plazo, para cambiarla a largo.

No obstante, cabe que nos preguntemos si la organización cotidiana en asociaciones, partidos, movimientos sociales u otras formas de participación podría ser más igualitaria desde un punto de vista social. La misma desnaturalización que ha ocasionado el movimiento feminista respecto al género, cabría plantearla respecto a la desigualdad social y de clase y respecto a la atribución del mérito y del prestigio social. ¿Puede la participación política ser un poco más igualitaria y accesible? Ciertamente, numerosos estudios que abordan esta pregunta sucintamente. Yo lo he examinado en casos de participación comunitaria, observando algunos factores contextuales y organizativos que propician una participación menos restrictiva. Señalaré aquí algunos.

En primer lugar, la mayoría de los estudios han puesto el foco en las herramientas organizativas o de diseño institucional que generan espacios más igualitarios, en términos de acceso o de toma de decisiones. En un texto clásico, Jo Freeman (1972) apelaba a la “tiranía de la no estructura” como una causa de exclusión. En otra investigación reciente en asambleas locales (Class inequalities and participatory democracy), yo misma identificaba algunas herramientas de inclusión como la formación de equipos mixtos o multidisciplinares para las tareas, el suporte técnico para enfrentar procesos burocráticos complicados o el establecimiento de liberaciones remuneradas para personas con horarios laborales rígidos. El inventario de herramientas organizativas es extenso (facilitación de reuniones, provisión de información, reconocimiento simbólico de grupos infrarrepresentados, etc.). 

Menos se ha estudiado el impacto de otros factores contextuales que fomentan una implicación más igualitaria. Sin duda, las estrategias movilizadoras de algunos agentes clave resulta fundamental. A modo de ejemplo, una de las causas que explica la enorme participación popular en el presupuesto participativo de Porto Allegre, Brazil, fue el alineamiento de las clases trabajadoras y de los sectores marginalizados con el Partido de los Trabajadores (Baiocchi, 2003). Igualmente, el éxito inicial de las herramientas participativas en Bolonia, Italia, en los años 70, también era fruto de la movilización reticular que hicieron las asociaciones barriales, sindicatos, grupos estudiantiles y culturales (Navarro, 1999), muy arraigados entre los sectores populares de la época.

Otro factor generador de igualdad son las batallas culturales por la definición del sujeto participativo. Me referiré aquí, a modo de ilustración, a las campañas realizadas por el movimiento pro-derechos civiles en EE.UU., estudiadas por Roberta Polletta en Freedom is an Endless Meeting (2002). La reivindicación de que las personas negras, con o sin estudios y de cualquier posición de clase, debían poder votar, generó un efecto de activación de muchas de estas personas hacia el asociacionismo. Muchos/as incluso continuaron involucrados después en asociaciones por los derechos sociales vinculados a la vivienda o a los suministros básicos (Piven y Cloward, 1977). Los movimientos sociales provocan debates culturales que son amplificados por los medios de comunicación. Esas batallas pueden ensanchar la visión de quién puede/debe participar en política, también incrementan las percepciones de agencia y de capacidad entre sectores que se encontraban al margen. Los efectos igualadores son indudables.

Menos aún se ha indagado sobre los cambios estructurales o en las “condiciones habilitadoras” (Fung y Wright, 2003) que facilitan una implicación más igualitaria. Apenas sabemos si las mejoras en los horarios laborales crean posibilidades o mayor predisposición hacia la implicación sociopolítica. Tampoco conocemos si un terreno favorable en el plano de la conciliación familiar estimula el asociacionismo. La literatura muestra datos contradictorios y complejos. Sin embargo, dado que la participación es un fenómeno articulado (García-Espín, 2021), que se acopla a nuestras rutinas, es legítimo preguntarnos qué otras condiciones vitales que consumen tiempo y dedicación, podrían forjar escenarios más igualitarios para la implicación sociopolítica.

Referencias

Baiocchi, Gianpaolo. «The Porto Alegre Experiment in Empowered Participatory Governance (revised and updated).» En Fung, A., y Wright, E.O. Deepening Democracy, Verso (2003).

Freeman, Jo. «The tyranny of structurelessness.» Berkeley Journal of Sociology (1972): 151-164.

Fung, Archon, and Erik Olin Wright. «Thinking about empowered participatory governance.» En: Deepening democracy: Institutional innovations in empowered participatory governance (2003): 3-42.

García-Espín, Patricia. «Class Inequalities and Participatory Democracy: Assessing the Impact of Social Inclusion Tools in (Rural) Citizens’ Assemblies.» Political Studies Review (2023): 14789299231179081.

García-Espín, Patricia. Las articulaciones de la participación: Una etnografía de la democracia directa en concejos abiertos. Vol. 324. CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas, 2021.

Gayo, Modesto. Clase y Política en España I: Estructura social y clase media en la democracia postransicional. Siglo XXI de España Editores, 2021.

Jiménez Sánchez, Manuel. La normalización de la protesta: El caso de las manifestaciones en España (1980-2008). Vol. 70. CIS, 2011.

Navarro Yáñez, Clemente J. El sesgo participativo: innovación democrática en municipios del Sur de Europa (1960-1995). Vol. 13. Editorial CSIC-CSIC Press, 1999.

Piven, Frances Fox, and Richard Cloward. Poor people’s movements: Why they succeed, how they fail. Vintage, 2012 [1977].

Polletta, Francesca. Freedom is an endless meeting: Democracy in American social movements. University of Chicago Press, 2002.

Sandel, Michael J. La tiranía del mérito: ¿qué ha sido del bien común?. Debate, 2020.

Schlozman, Kay Lehman, Sidney Verba, and Henry E. Brady. The unheavenly chorus: Unequal political voice and the broken promise of American democracy. Princeton University Press, 2012.

Verba, Sidney, Kay Lehman Schlozman, and Henry E. Brady. Voice and equality: Civic voluntarism in American politics. Harvard University Press, 1995.

Publicado el Kit de Herramientas para la implementación de la Recomendación de UNESCO sobre Ciencia Abierta

11/01/2024 – Raquel Ajates (UNED)

¿Qué es la Ciencia Abierta?

La Ciencia Abierta proporciona un marco para la participación de la ciudadanía en la generación de nuevo conocimiento científico. Fomenta también una nueva forma de diálogo tridireccional entre la comunidad científica, responsables de políticas, y comunidades, ofreciendo a todas las partes interesadas la oportunidad de desarrollar investigaciones que sean compatibles con sus preocupaciones, necesidades y aspiraciones.

Según la UNESCO, la  ciencia  abierta  se  define  como  “un  constructo  inclusivo  que  combina  diversos  movimientos  y  prácticas  con  el  fin  de  que  los  cono-cimientos  científicos  multilingües  estén  abiertamente  disponibles  y  sean  accesibles y reutilizables  por  todas las personas,  se  incrementen  las  colaboraciones científicas y el intercambio de información en beneficio de la ciencia y la sociedad, y se abran los procesos de creación, evaluación y comunicación de los conocimientos científicos a los agentes sociales más allá de la comunidad científica tradicional” (UNESCO, 2021:11). La ciencia abierta comprende todas las disciplinas científicas, y se basa en cuatro pilares clave:

• Conocimiento científico abierto

• Infraestructuras de la ciencia abierta

• Participación  abierta  de  los  agentes  sociales

• Diálogo  abierto  con  otros  sistemas de conocimiento.

En España, la Estrategia Nacional de Ciencia Abierta 2023-2027 (MICIN, 2023), el concepto de Ciencia Abierta se al acceso abierto a los resultados de investigación (publicaciones, datos, protocolos, código, metodologías, software, etc.), la utilización de plataformas digitales basadas en código abierto y la apertura de todo el proceso científico, tanto y tan pronto como sea posible. Incluye también prácticas como la revisión por pares en abierto, los recursos educativos en abierto, el fomento de la ciencia ciudadana y el desarrollo de nuevas formas de medir el rendimiento investigador. Esta apertura del proceso científico contribuye a aumentar la transparencia y fomentar la participación, la cooperación, la rendición de cuentas, la capacidad de reutilización del trabajo investigador, el impacto y la reproducibilidad de resultados.

Recomendación de UNESCO sobre la Ciencia Abierta

En noviembre de 2021, la UNESCO aprobó su Recomendación sobre Ciencia Abierta (UNESCO, 2021), siendo éste el primer instrumento internacional detallado que establece estándares sobre ciencia. La Recomendación, además de proporcionar una definición acordada internacionalmente y un conjunto de valores compartidos y principios orientadores, identifica un conjunto de acciones conducentes a una puesta en práctica justa y equitativa de la Ciencia Abierta a nivel comunitario, institucional, nacional, regional e internacional.

La Recomendación resalta la importancia de la Ciencia Abierta como una herramienta esencial para mejorar la calidad y la accesibilidad tanto de los resultados como de los procesos científicos para generar nuevos conocimientos, salvar las brechas de ciencia, tecnología e innovación entre y dentro de los países, y cumplir con el derecho humano de acceso a la ciencia. La importancia de esta Recomendación radica en el hecho de que ha sido ratificada por 193 Estados miembros de la UNESCO y, por lo tanto, puede utilizarse al dirigirse a organizaciones de financiación de la investigación, universidades y responsables políticos, como marco para fomentar un mayor respaldo, apoyo y financiación de la Ciencia Abierta. Con la adopción de esta Recomendación, los estados miembros han adoptado la cultura y la práctica de la ciencia abierta y han acordado informar cada cuatro años sobre su progreso. También han expresado su deseo de que el proceso de aplicación de la Recomendación siga siendo tan integrador, transparente y consultivo como el proceso que condujo a su elaboración.

Una vez aprobada la Recomendación, la UNESCO se ha centrado en su aplicación. En octubre de 2023, UNESCO publicó en castellano, inglés y francés el Kit de Herramientas de Ciencia Abierta (UNESCO, 2023a), diseñado para respaldar su implementación por parte de los estados a través de políticas públicas de ciencia.

La Recomendación promueve especialmente los pilares de Ciencia Abierta de “participación abierta de actores sociales” y “diálogo abierto con otros sistemas de conocimiento”, con dos áreas de gran relevancia: la ciencia ciudadana y la comunicación de la ciencia, para que el conocimiento laico, local y tradicional sea escuchado y puesto en valor. Sin embargo, estas dos áreas siguen estando en la periferia de las principales prácticas de Ciencia Abierta. Por esta razón, UNESCO encargó la redacción de una guía que incluyera directrices y ejemplos para ayudar a los gobiernos nacionales a planificar el progreso en su camino hacia la apertura de la ciencia a la sociedad y el compromiso con los agentes sociales más allá de la comunidad científica convencional. Esta guía, titulada “Involucrar a actores sociales en la Ciencia Abierta”, (UNESCO, 2023b) es parte del Kit de Herramientas y ha sido elaborada por miembros de la Comunidad de Práctica sobre Ciencia Ciudadana y Ciencia Abierta del Citizen Science Global Partnership a la que pertenezco. Este documento se basa en otra publicación más extensa con el título de Guidance for the implementation of the UNESCO Open Science Recommendation re. «Opening science to society” (Wehn, Hepburn et al., 2022), también escrita por la misma Comunidad, y dirigida a gobiernos nacionales para apoyar la trayectoria de implementación de la Recomendación sobre Ciencia Abierta. Este informe completo presenta diferentes estudios   de   caso   de Estados Unidos, India, Nueva Zelanda, Sudáfrica y varios países de la Unión Europea, que se ofrecen como ejemplos prácticos de políticas diseñadas para avanzar en los pilares de la participación de la sociedad de la Recomendación de la UNESCO sobre Ciencia Abierta.

¿Qué entendemos por participación abierta de actores sociales en la ciencia?

Todos los enfoques de participación de la sociedad encarnan diferentes nociones de conocimiento «experto» y están influenciados por estructuras que influyen en la dinámica de los procesos de investigación, incluyendo qué preguntas se plantean y quién las plantea, qué métodos se utilizan y cuáles no, cómo se comparten los datos y quién puede acceder, analizar, y hacer uso de los mismos. Para ampliar la participación en estos procesos, el enfoque colaborativo e inclusivo de la Ciencia Abierta permite y facilita que nuevos grupos de actores sociales se involucren en diferentes etapas de los procesos científicos.

Las acciones propuestas en la Recomendación para respaldar la participación abierta incluyen, entre otras, mejorar la inclusión de la ciencia ciudadana y la ciencia participativa como partes integrales de las políticas y prácticas de Ciencia Abierta a nivel nacional, institucional y de financiación, fortalecer la coproducción de conocimiento con múltiples actores, respaldar  plataformas para el  intercambio y la co-creación de conocimiento entre personal científico y la sociedad, y desarrollar nuevos métodos participativos y técnicas de validación para incorporar y valorar las contribuciones de actores sociales más allá de la comunidad científica convencional.

Las políticas de Ciencia Abierta son fundamentales para establecer este entorno y aprovechar el potencial de la participación de la sociedad en la ciencia para abordar los principales retos sociales. Según un análisis de recomendaciones de políticas existentes específicamente relacionadas con la participación abierta de actores sociales, existen ‘bloques de construcción’ concretos para “abrir la ciencia”:

· La creación de un entendimiento compartido y abierto de la participación de actores sociales en la ciencia.

· La construcción de capacidades en diferentes niveles (nacional, institucional e individual) y a través de diferentes intercambios de conocimiento sobre cómo promover la participación abierta de actores sociales en la ciencia.

·  La infraestructura y los servicios para la participación abierta de actores sociales.

· Los mecanismos de financiación que tengan en cuenta para qué, para quién y por quién se requiere financiamiento para abordar las nuevas demandas y oportunidades que   surgen de la participación abierta, así como instrumentos de financiamiento y evaluación adecuados.

Como parte del marco más amplio de seguimiento de la Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta, hay aspectos clave que deben tenerse en cuenta a la hora de supervisar los procesos y resultados de la apertura de la ciencia a la sociedad. Los sistemas existentes de financiación, recompensas, evaluación deben adaptarse a las prácticas y políticas de compromiso social abierto. Necesitamos métodos adecuados para medir el impacto del compromiso y el diálogo con la sociedad, con un conjunto creciente de métricas e instrumentos para captar y evaluar el impacto de la ciencia ciudadana.

Esta apertura, aunque compleja, puesto que requiere un cambio de cultura de la actividad científica y de su financiación, contribuye a la democratización del conocimiento, ayudando a combatir la desinformación, abordando las desigualdades sistémicas existentes y la concentración de conocimiento y poder, guiando a la vez el trabajo científico hacia la resolución de problemas de importancia social. Aunque la expansión de la participación en la ciencia no está exenta de riesgos, existen múltiples beneficios para las personas participantes, la comunidad científica, las decisoras de políticas públicas, y el propio proceso científico.

Por ejemplo, a través de enfoques de participación abierta, la comunidad científica se beneficia de la experiencia y los recursos que otros actores sociales aportan, que a menudo son de naturaleza diferente, como el conocimiento local o la disponibilidad de ubicaciones adicionales para el muestreo, tanto en tipo como en cantidad. Al mismo tiempo, las personas participantes tienen la oportunidad de aumentar su conocimiento a través del aprendizaje experimental, adquisición de conocimientos específicos y una comprensión mejorada del proceso de investigación. La participación más amplia de grupos de actores más allá de la comunidad científica convencional proporciona una herramienta poderosa para construir, aumentar o restaurar la confianza pública en la ciencia y respaldar la aceptación pública de decisiones basadas en evidencia generada a través de procesos más participativos.

Referencias

MICIN, 2023. Estrategia Nacional de Ciencia Abierta (ENCA). Secretaría General Técnica del Ministerio de Ciencia e Innovación. Disponible: https://www.ciencia.gob.es/Estrategias-y-Planes/Estrategias/ENCA.html

UNESCO, 2021. Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta. París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Disponible: https://doi.org/10.54677/YDOG4702

UNESCO, 2023a. Kit de herramientas de ciencia abierta de la UNESCO: Contenido. París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Disponible: Kit de herramientas de ciencia abierta de la UNESCO: contenido – UNESCO Biblioteca Digital

UNESCO, 2023b. Involucrar a actores sociales en la ciencia abierta. París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Disponible: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386813_spa

Wehn, U., Hepburn, L., Hsing, P-Y., Ajates, R., et al. 2022. Guidance for the implementation of the UNESCO Open Science Recommendation re. «Opening science to society». Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.7472827.