¿Qué será de los activismos juveniles en la Generación Covid?: una década del 15M

30/12/2021 – Francisco Fernández-Trujillo (UNED)

En este año que se cumplían 10 años del estallido del 15M se han publicado diferentes trabajos que trataban el propio Movimiento de los Indignados, así como las consecuencias que tuvo sobre la movilización. Algunos de estos títulos son Diez años construyendo ciudadanía en movimiento(s): El 15M y otras luchas hermanas, coordinado por Gomer Betancor y Adriana Razquin; El descontento movilizador: cultura y discursos sobre la política en un marco de crisis (2011-2013), editado por María Jesús Funes, Ernesto Ganuza y Patricia García-Espín; Tras la indignación. El 15M: miradas desde el presente de Cristina Monge, José Ángel Bergua, Jaime Minguijón y David Pac Salas; La fuerza de los débiles. El 15M en el laberinto español. Un ensayo sobre la eficacia política de Amador Fernández Savater entre otros y numerosos artículos. Estas publicaciones han analizado cómo este movimiento impactó profundamente en las formas de movilización en España en múltiples aspectos y cómo el activismo incorporó multitud de elementos novedosos en las formas, así como su implicación en términos de ciclo, constituyendo un periodo duradero en el que los activismos aumentaron su presencia como elemento relevante en la vida política, pero que también alteraron sus formas.
Una de las cuestiones tratadas como clave en este proceso es cómo la presencia de la juventud en la movilización y su relación con el activismo ha experimentado transformaciones. La incorporación de nuevas generaciones a la movilización y el activismo político y social en la última década ha llevado cambio de paradigma en la participación política juvenil marcado por lo masivo, especialmente en el momento del 15M y en los años inmediatos.
En esta entrada, abordamos a partir de datos estadísticos algunos de los cambios producidos desde el 2011 con el estallido del 15M hasta las movilizaciones recientes antes de la pandemia. Esto forma parte de una investigación más amplia que se enmarca en el Proyecto de Investigación titulado “Compromisos sociopolíticos y activismos juveniles en una sociedad individualizada. Formas, significados y procesos de transformación”, dirigido por Jorge Benedicto (UNED).
A través de una exploración estadística de fuentes secundarias como son los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (Estudio 3326 CIS del 2021), la European Social Survey (ESS 6 de 2012 y 9 de 2018) y la Encuesta Nacional de Juventud (Encuesta de Juventud de INJUVE de 2012, 2016 y 2020) hemos podido observar los primeros indicios con respecto a los diferentes aspectos de los cambios en el activismo juvenil en la última década y abordar la cuestión de la pandemia de la Covid como un hito que ha supuesto un elemento que haya marcado a la movilización de la juventud.
Esta exploración aborda con datos estadísticos los cambios de tendencia mencionados anteriormente a lo largo de la década. Como veremos, algunos de los cambios observables más relevantes son la adscripción y compromiso sociopolítico a la movilización, a través la asistencia a manifestaciones o la pertenencia a movimientos sociales; el cambio de tendencia en la centralidad de los temas a los que se presta atención; y las formas y vías del activismo, pasando a tener una presencia creciente el uso de las tecnologías.
Con el 15M en 2011, los jóvenes tomaron una gran relevancia en la movilización, especialmente en términos comparativos con periodos anteriores, lo que supuso que estos nuevos activistas pusieran en cuestión las lógicas y formas establecidas a través de sus prácticas. Estas han estado marcadas por lo subjetivo, la utilización masiva de herramientas virtuales a la vez que se mantenían las redes y espacios físicos, la incorporación de estilos novedosos de tomar el espacio público para visibilizar de cara a la población sus demandas (Díez y Laraña 2017) y de posicionar en la agenda temas fundamentales para la juventud en el debate público. Esto pasaba por un aumento de la presencia de temas como la problemática de la vivienda digna, la renovación de los movimientos feministas o abordar la precariedad laboral específicamente para los y las jóvenes y la frustración de expectativas en términos generacionales. De igual manera, este activismo juvenil con más presencia y diversificado ha implicado procesos que van más allá de la propia incorporación de nuevos activistas jóvenes a la movilización como la innovación política, su inclusión en las instituciones políticas, los cambios en los nuevos valores sociales insertos en las nuevas formas de participación o la entrada de la tecnopolítica en la vida política y social.

La fortaleza de las movilizaciones generada a partir del 15M en 2011 perduró en altos niveles hasta el año 2014, que debido a varios posibles motivos como la institucionalización del malestar con el llamado “Asalto Institucional” supondría un descenso en los niveles de movilización. En esta entrada en las instituciones fue fundamental la composición y presencia juvenil de nuevos partidos y candidaturas, marcadas por la incorporación de nuevas formas de comunicación política provenientes de los registros del activismo de los años anteriores.
Sin embargo, la relevancia de las reivindicaciones feministas, rasgo distintivo del 15M, no solo se mantuvo vigente, sino que fue ganando importancia incorporándose a los elementos fundamentales de la política institucional y en su presencia en las calles.
Si bien las percepciones y actitudes dadas durante estallido del 15M estaban marcadas por el descontento con las condiciones socioeconómicas de la crisis de 2008 y por un alto nivel de desconfianza institucional e insatisfacción con la gestión de la crisis (crisis económica y crisis de representación) eran fundamentales para entender, no eran los únicos factores. En este sentido, debemos tener en cuenta que la edad fue uno de los factores determinantes en la apertura del ciclo iniciado con el 15M. El perjuicio de esta situación sobre la juventud fue determinante para llevarles a la indignación y a una mayor insatisfacción con la situación.
Con respecto al tipo de participación política vemos diferencias entre las formas que implican más compromiso (asistir a manifestaciones, participar en actividades ilegales de protesta, la huelga o enviar mensajes sobre temas políticos a través del móvil, redes sociales) y las que podríamos considerar menos comprometidas (boicot, donar dinero, votar o participar en foros de discusión política). En este sentido, entre los jóvenes que dicen haber llevado a cabo acciones más típicamente activistas o que implican más compromiso vemos que hay semejanzas en 2012 y 2019 y que bajan en 2016. Sin embargo, entre las menos comprometidas es mayor la frecuencia las y los jóvenes que dicen haber participado a través de acciones más comunicativas, como la utilización de redes sociales para mensajes políticos o participación en foros de discusión, y la participación electoral.

Durante los años anteriores a la pandemia, movilizaciones como el 8M o las huelgas feministas fueron un ejemplo de cambio en la acción colectiva feminista. En este sentido el empuje de las nuevas generaciones de feministas supuso una expansión de las demandas, discursos, organización y movilización, atravesando así el feminismo otras problemáticas como ocurría en el 15M (Galdón 2018).

Esta nueva generación ha tejido alianzas entre diferentes colectivos con una creciente presencia en el activismo y la movilización como son los colectivos feministas (como hemos visto), los LGTBI (Trujillo, 2016) o los movimientos en contra del cambio climático (Soler-i-Martí et al. 2020). En este sentido, asistimos a una reproblematización de dos temas fundamentales en los Nuevos Movimientos Sociales desde una nueva ola de los feminismos y la preocupación por el clima y el medioambiente.
Sin embargo, con la llegada de la Covid y las medidas sanitarias establecidas en los dos últimos años asistimos a una nueva realidad. Entre otras muchas realidades, la pandemia tabién ha tenido consecuencias sobre el activismo debido a la crisis sanitaria, económica e institucional. En este sentido cabe plantear si es probable la apertura de nuevos escenarios similares, diferentes o improbables de un nuevo ciclo de movilización. Si atendemos a la insatisfacción de los perfiles marcados por factores socioeconómicos, políticos y sus actitudes que fueron determinantes en 2011, como la edad o el posicionamiento político, nos planteamos la posibilidad de apertura de un nuevo proceso de movilización en el marco de la actual crisis.

Atendiendo a los niveles medios de satisfacción sobre 10 puntos diferenciando entre mayores y menores de 30 años y en función del posicionamiento político, encontramos que entre la juventud de izquierdas (quienes más se movilizaron en el 15M) se muestran con mayores grados de insatisfacción especialmente con la democracia y con la situación económica personal, en otras palabras, quienes se muestran más descontento con la situación generada con la actual crisis y que fueron elementos de relevancia en 2011 para el estallido del 15M.

Algunas líneas que podemos extraer de los datos explorados es que la incorporación de la juventud en la última década a la movilización ha sido fundamental, tanto en número de jóvenes que pasan a estar presentes en el activismo, como en su papel en los cambios de las formas. En el sentido de esto último, los activismos digitales se han reforzado, lo que las limitaciones de para eventos sociales que genera la pandemia COVID-19 consolida y hace proclive un activismo que sea llevado a cabo a través de Internet y redes sociales.
También vemos que en la cuestión de los temas que llevan a la movilización, los niveles de insatisfacción que llevan a la movilización están atravesados cada vez en mayor medida por cuestiones que han ido ganando un cada vez mayor peso, como solo el feminismo, las identidades y el cambio climático. Estas últimas no tan presentes en las movilizaciones de 2011 y, sin embargo, siendo junto a las de los movimientos feministas las más importantes en el año antes de la pandemia, con las convocatorias contra la emergencia climática protagonizada por jóvenes.

REFERENCIAS

Benedicto, J. (Dir.). 2017. Informe Juventud en España 2016. Madrid: INJUVE.
Betancor, G. y D. Prieto. 2018. “El 15M y las juventudes: entrada y salida en los espacios activistas e impactos biográficos del activismo”.Pensamiento al Margen, 8: 161-190.
Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). 2021. Barómetro 3326. Centro de Investigaciones Sociológicas.
Díez, R. y E. Laraña. 2017. Democracia, dignidad y movimientos sociales. El surgimiento de la cultura cívica y la irrupción de los «indignados» en la vida pública. Madrid: CIS.
European Social Survey (ESS). Oleada 6 y 9. Encuesta Social Europea.
Galdón, C. 2018. “Cosmovisiones feministas en clave generacional. Del movimiento 15M a la Huelga Feminista del 8M”. Encrucijadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales, 16: 1-26.
Gutierrez-Barroso, J.; A.J. Báez-García. y E. Torrado Martín-Palomino. 2021. “Political participation of macaronesian youth before the 2020 pandemic: The case of Las Palmas de Gran Canaria”. Youth Voice Journal, vol. 11:1-22.
INJUVE. 2012. Informe de la Juventud de España 2012. Madrid: INJUVE.
INJUVE. 2016. Dataset del Informe de la Juventud de España 2016.
INJUVE. 2020. Dataset del Informe de la Juventud de España 2020.
Péres Diaz, M. T. (Dir.) 2021. Informe Juventud en España 2020. Madrid: INJUVE.
Soler-i-Martí, R, M. Ferrer-Fons y L. Terren. 2020. “The interdependency of online and offline activism: A case study of Fridays For Future-Barcelona in the context of the COVID-19 lockdown”. Hipertext.net, 21: 105-114. DOI: https://doi.org/10.31009/hipertext.net.2020.i21.09
Trujillo, G. 2016. La protesta dentro de la protesta. Activismos queer/cuir y feministas en el 15M, Encrucijadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales, 12, a1202:1-18.

Los límites de la (in)seguridad

25/11/2021 – Emilio V. Silvestre González

Cinco años después de la aprobación unilateral de la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como Ley Mordaza, por parte del PP (Partido Popular), y tras usarse para facilitar los cambios legislativos y las actuaciones policiales desarrolladas contra la expansión del COVID19, el PNV (Partido Nacionalista Vasco) ha presentado una propuesta para su reforma. Esta propuesta ha llevado a reabrir el debate que no fue escuchado en 2015, pese a la oposición de todos los grupos parlamentarios y a la movilización social.

No debemos olvidar que esta fue una ley muy controvertida ya antes de 2015; pues limitaba y recortaba derechos como los de manifestación, grabación de actuaciones policiales, incluso derechos relacionados con el poder coercitivo de los cuerpos de seguridad del estado, o la negación de los derechos humanos a las personas migrantes. Como consecuencia, diferentes entidades que luchan por la defensa de los derechos humanos destacan que, esta ley implicó la pérdida de garantías en el ejercicio de nuestros derechos y libertades, para otorgarle a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado manga ancha en el ejercicio de sus poderes.

De hecho, reformar esta ley fue una de las condiciones del pacto de coalición entre el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y UP (Unidas Podemos), aunque no haya sido ninguna de estas formaciones las que hayan planteado la reforma en el congreso. En este sentido, las situaciones de desprotección y sobreactuaciones han cogido mayor visibilidad como consecuencia de la COVID19. Esto no quiere decir que antes no se dieran casos (y no aislados) de abusos o sobreactuaciones, simplemente que la pandemia ha logrado visibilizarlos. Forzando la necesidad de introducir cambios en la ley mordaza implantada por el PP, y que implica un monopolio (aún mayor) de la fuerza, ya no sólo para el estado, sino para sus cuerpos y fuerzas de seguridad.

Para poder entender estos cambios, debemos tener en cuenta que nuestro ordenamiento jurídico es utilizado como mecanismo por el cual nuestro sistema social y político defiende el orden social con el fin de garantizar su supervivencia. Tanto es así, que si prestamos atención entenderemos porque la justificación del castigo de ciertos tipos de conductas ha ido cambiando a lo largo del tiempo, y para ello no tenemos que atender a los intereses sociales, sino más bien a los intereses políticos. Esto lo vemos reflejado, por ejemplo, en el efecto de “burorrepresión”, efecto que han provocado las más de un millón trescientas mil multas que se han emitido desde 2015 hasta 2020 en base a la ley de seguridad ciudadana. Esta nueva ley, junto con la reforma del código penal de ese mismo año, la cual aumentaba las penas, condenas y hechos sancionables; limitó, aún más, los derechos fundamentales. Poniendo el foco en una actualidad más cercana, en 2020 se han impuesto más de un millón de propuestas de sanción en aplicación de esta misma ley y en medio de una crisis sanitaria.

Es necesario recalcar, que, desde su aplicación, esta ley es consecuencia de la criminalización de una serie de repertorios de protesta pacíficos que se fueron desarrollando desde el 15M en España. Así pues, muchas de las conductas sancionables parecen creadas ad hoc para ciertos colectivos (como por ejemplo la PAH), por lo que no nos extraña que uno de los principales efectos de las multas por las nuevas conductas sancionables sea la desmovilización social. Además, y como se ha materializado con las medidas adoptadas para luchar contra la pandemia, esta ley facilita el control total en pro de un concepto de seguridad difuso y con limites claramente encontrados con nuestros derechos y libertades.

Exploremos un poco cómo durante la pandemia en muchos casos la policía ha actuado de forma desproporcionada y siendo casi juez en la imposición de multas, sanciones, detenciones, incluso agresiones. Algo que se ha visto un abuso por parte de las autoridades judiciales, lo que ha implicado la absolución de muchas multas durante la pandemia. Y lo que ha dejado claro, además, que nos encontramos ante una norma abusiva y desproporcionada.

Con todo esto entendemos que cualquier sistema social establece un sistema de mecanismos e instituciones cuyo objetivo es presionar a los individuos para obtener de ellos la conformidad de su comportamiento a las pautas institucionalizadas. Así, partimos de una visión del ordenamiento jurídico como el resultado final del proceso de institucionalización mediante el cual se tipifican como normales o legales unas determinadas conductas y como anormales o ilegales otras, a las cuales se persigue. Es por ello, y por lo asentada e interiorizada que está esta ley en nuestro imaginario colectivo, por lo que cuesta tanto recuperar estos derechos y libertades, algunos recogidos en nuestra constitución, pero no en el imaginario colectivo.

Y es que, la intervención de las instituciones, tendentes a conseguir un control externo cuando el proceso de socialización o el control informal no garantizan el control interno del individuo, consiguen pasar de un planteamiento del conflicto grupal y estructural, a una progresiva personalización del conflicto. Además, en cada época existen unas concepciones distintas de orden social, de las cuales subyacen otros ideales y discursos legitimadores. Por consiguiente, es importante recordar que el acatamiento tácito a las normas no subyace a un sentimiento de consenso social, sino a una conformidad fruto del control social. De esta forma, y atendiendo a como las normas anticovid han conseguido aumentar la cohesión social, aunque con el fin de aumentar la coacción social, podemos entender estas dinámicas. En relación con la conformidad social, muy presente en la época del COVID19, podemos asumir que la influencia más profunda y permanente es la internalización de las normas, algo que parece ya haber ocurrido tanto con la mordaza, como con la mascarilla, y ya ni notamos cuando la llevamos puesta.

Nos encontramos en una época donde el marketing ha conseguido un papel tan central, que en muchas ocasiones lo que pensamos que compramos, no es realmente lo que recibimos. De ahí que no sea de extrañar que nos vendan seguridad, pero que únicamente nos llegue represión. Pues, ¿cómo puede poner en peligro a los agentes de la autoridad la compatibilización del ejercicio legítimo de nuestros derechos y libertades? ¿Por que el debate en torno a esta reforma se centra en confrontar la seguridad de los cuerpos y fuerzas de seguridad con la inseguridad de la sociedad civil, y viceversa?

Visto que esta situación ya implica una desprotección y recorte de libertades, algo que aumenta con la llegada del COVID19. Lo que hace aumentar también la incertidumbre, trayendo consigo cambios complicados de asimilar y poner en práctica en materia legal, ¿donde poner los límites de las libertades? Esto también lo vemos atendiendo a uno de los últimos casos más sonados referentes a la libertad de expresión. Donde el cómico David Suárez está a la espera de juicio por un tweet en el que rozaba los límites del humor. La audiencia nacional, lo sentará en el banquillo por delitos de vejación y odio, entendiendo que la repercusión que tiene como personaje público puede provocar que las personas con síndrome de Down (a quien iba dirigido este tweet) se vean repercutidas. Sin embargo, la prensa sensacionalista, no ha dudado en publicar el mismo tweet por el que fue condenado el cómico, un doble rasero que nadie entiende.

Este caso nos recuerda a otros como el de Valtonyc, Pablo Hásel, etc., que ponen de manifiesto que cada vez más los límites de nuestros derechos y libertades son más estrechos. Lo que ha venido ligado de una coacción cada vez más horizontal, otorgándole un papel central al control informal. Esto no es más que mayores poderes coercitivos por parte de nuestros iguales, algo que podemos observar con el uso de las mascarillas, las reuniones de menos de 10 personas, y otros cambios impuestos por el COVID19 y controlados por nosotros mismos. En esta época, nos estamos dando de cuenta de la importancia de la autocensura y su poder para el control social.

Esto nos pone una vez más en una dicotomía complicada que implica seguridad frente a desprotección, algo que suplementa la idea de seguridad frente a libertad, pues esa libertad implica (en este discurso) una no-seguridad, una inseguridad, una desprotección que es utilizada a favor de la seguridad y el control.

Sin embargo, hemos visto que en esta ley se ha enfrentado la libertad de la ciudadanía frente a la libertad policial, con una contraposición que implica que algo no puede ser bueno para ambos, sino que lo que protege a uno, desprotege al otro. Para ilustrar mejor, si atendemos a la prohibición de grabar a la policía, no podemos entender porque grabar una actuación policial no puede ser igual de protector para la policía que para el ciudadano, ya que permitiría demostrar en todo momento la veracidad de los hechos recogidos en las declaraciones. Del mismo modo, se entiende esta dicotomía atendiendo a la presunción de veracidad de los cuerpos y fuerzas de seguridad, que choca de pleno contra la presunción de inocencia de los ciudadanos.

Como planteábamos al principio, en los momentos de incertidumbre todo es nuevo para todos, todos nos encontramos ante situaciones difíciles y complejas que nos llevan a no entender que está bien y que está mal, incluso que podemos o no podemos hacer. Y es en estos momentos donde el control social se legitima del poder, tratando de crear una situación de inseguridad colectiva para que se asuma una posición conformista ante esa realidad. Esto se logra gracias a la percepción subjetiva de peligro, algo que se ve muy claramente con el ejemplo del COVID19 o el terrorismo. Donde estos peligros se reproducen por medios de comunicación y van moldeando la conducta de los individuos, de modo que el poder consigue una sensación de seguridad creando inseguridad.

Dicho brevemente, el control ha ido transformándose con el tiempo, hasta que el control informal ha pasado a un primer plano, incluso en las interacciones personales. Como hemos observado con el caso de la vacunación, el uso de mascarillas, etc. Estos mecanismos resultan inhibidores más sutiles, pero más eficaces sobre la conducta social por su influencia en el día a día. Si a esto le sumamos la desmovilización consecuencia de la mordaza, encontraremos un tejido social muy dañado, que necesitará más que estas pequeñas reformas para reconquistar parcelas del espacio publico que han sido nos han sido arrebatadas.    

La promoción del individuo en busca de la felicidad: algunas implicaciones sociopolíticas

25/10/2021 – Alberto Martín Pérez (Universidad de Barcelona)

A lo largo de la década de 2010 se le atribuyó el nombre de industria de la felicidad al auge y rapidísimo desarrollo de todo un mercado de bienes y servicios orientados a la promoción de la felicidad como un valor principalmente individual (ver Davies, 2015). La solución a los problemas y dificultades vitales encarados por el individuo en nuestras sociedades actuales se remitían a la búsqueda de una vida mejor bajo estrategias y parámetros esencialmente individuales. Curiosamente, la crisis de 2008 había supuesto un punto de ruptura en la tendencia expansiva de un capitalismo financiero internacional voraz, promotor de tal individualismo, que generó notorias llamadas al debate público sobre una reformulación más “social” del propio capitalismo como salida a la crisis, unidas a experiencias de movilización democratizadoras tales como el 15-M español. No obstante, la propia crisis de 2008 sirvió también de detonante de lo que Christian Laval y Pierre Dardot (2013) han denominado la “fábrica del sujeto neoliberal”, contexto que sirvió de marco a la expansión de dicha industria de la felicidad: la salida a la crisis solo podía ser resultado de estrategias individuales tales como la promoción de una exclusiva concepción del individuo como empresario de sí mismo. No tenemos más que recordar en España las llamadas del gobierno de la época al “emprendimiento” como posible solución a las elevadísimas tasas de desempleo alcanzadas entonces.

Pero ¿de dónde viene la industria de la felicidad? A través de un proyecto de investigación desarrollado entre 2016 y 2020 por un equipo investigador del Departamento de Sociología de la Universidad de Barcelona (La industria de la felicidad: innovación y demanda de un sector emergente, Ministerio de Ciencia e Innovación, CSO2016-77248-P) hemos podido trazar el origen, la orientación, el contenido y los significados de las propuestas de este interesante espacio de mercado promotor de una modalidad exacerbada del individualismo contemporáneo. Así, comprobamos cómo el éxito de la promoción contemporánea de la felicidad vino de la mano del auge de la llamada psicología positiva desde finales de la década de 1990: una serie de figuras entre las más relevantes de la psicología académica estadounidense, encabezados por Martin Seligman, Sonja Lyubomirsky, Mihály Csikszentmihályi o Daniel Gilbert, proponen y promueven entonces un giro radical en la orientación profesional de su disciplina, desde el trauma, los problemas, las dificultades y la enfermedad mental hacia el refuerzo de los aspectos positivos de la emoción y el comportamiento humano. Esta ciencia de la felicidad servirá de legitimación de su propio nicho de mercado, tal como han sostenido con gran éxito Edgar Cabanas y Eva Illouz (2019) en su ensayo Happycracia, sobre este mismo fenómeno.

Pero en realidad la preocupación por la felicidad no es tan nueva como parece y, de hecho, tiene un recorrido largo y diverso hasta llegar a esta promoción contemporánea de un individuo orientado a buscar la felicidad. De hecho, se ha afirmado que ya hubo una industria de la felicidad individualista en torno al gran cambio cultural ligado a las transformaciones generacionales de las décadas de 1950 y 60 (Cederström, 2018). Pero, como veremos un poco más adelante, las diferencias entre la moral tras las propuestas actuales para la felicidad y el “sexo, drogas y rock and roll” son más que notorias. En otro orden de cosas, en el ámbito de la publicidad, el recurso al reclamo de la felicidad es también bastante anterior a la propuesta actual, con el ejemplo paradigmático de Coca-Cola que lo utiliza recurrentemente al menos desde los años 1970. En fin, sin necesidad de remitirnos a los filósofos de la antigua Grecia, en la historia del pensamiento la llamada a la felicidad como objetivo vital del individuo y de la sociedad es más habitual de lo que parece, con Thomas Jefferson incluyendo la “búsqueda de la felicidad” como un derecho humano inalienable en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. O bien, desde la propia sociología, con el maestro Durkheim especialmente preocupado en La división del trabajo social por la difícil convivencia de la búsqueda de la felicidad colectiva de las sociedades con el avance de las desigualdades en el desarrollo del capitalismo.

En todo caso, es un hecho que en la década de 2010 se consolida una especie de proyecto global para la promoción de la felicidad como valor fundamental en las sociedades contemporáneas. Así, en 2012 las Naciones Unidas declaran el Día internacional de la felicidad (20 de marzo). Desde la misma fecha la misma organización internacional promueve la publicación anual del Informe mundial de felicidad (World Happiness Report) que mediante una serie de indicadores mide globalmente la felicidad de los distintos países y los compara entre ellos, en una especie de competencia anual internacional por estar arriba en el ranking y mejorar cada año. Ya desde 2006 existe también el Índice del planeta feliz (Happy Planet Index) elaborado por el think tank británico New Economics Foundation, vinculando la felicidad además con la sostenibilidad de la vida en el planeta.

Junto con esta faceta “macro” de la industria de la felicidad, la novedad de nuestro proyecto ha radicado en estudiar en detalle la organización del mercado y, concretamente, la promoción, podemos decir que “micro”, de los productos de la industria de la felicidad. Así, hemos procurado reconstruir y analizar los significados tras la “receta para la felicidad” que se ha difundido especialmente en la última década acompañando al desarrollo de las nuevas modalidades de la comunicación social, a través de todo tipo de redes sociales que han facilitado su extensión mundial. Pues ¿quién no ha leído o recibido nunca un mensaje del tipo “15 maneras de ser feliz” o “10 sencillos pasos para una vida más feliz”? Estos mensajes que se publican en medios digitales, blogs o páginas web de profesionales de la psicología y el coaching han proliferado especialmente en los últimos años y siguen reproduciéndose hoy día tanto en inglés -pues es un producto, como hemos visto, que nace del contexto anglosajón y particularmente de los Estados Unidos- como en sus traducciones a los distintos idiomas, en nuestro caso también en español, con importantes réplicas tanto en América Latina como en España (recordemos a “nuestros” gurús locales, Eduard Punset o Luis Rojas Marcos).

¿Qué proponen? Básicamente un abanico de propuestas con una premisa: la felicidad como objetivo máximo del individuo se busca mediante la acción para beneficio de uno mismo, con tres ejes. El primero es la acción hacia las relaciones sociales, pero siempre con una mirada utilitarista hacia estas: hay que tener amigos, disfrutar de la familia y de las relaciones sociales simplemente en cuanto que se valore el beneficio que le aportan al individuo en términos de satisfacción y felicidad. No se valora en ningún caso la posibilidad de una acción para el bienestar colectivo. El resto de la receta pone la mirada en uno mismo, con un segundo eje puesto en el bienestar físico (el ejercicio, el deporte, la alimentación saludable) y un tercer gran eje destinado al bienestar de la mente, con dos vertientes: una orientada a la acción (ejercicios mentales, mindfulness, meditación, contratar los servicios de un coach) y otra orientada a un cambio de actitud vital en busca de una autorrealización personal que, a la vez que valora un disfrute de la vida siempre comedido y moralmente “adecuado” (nada que ver con ningún tipo de “exceso”), garantice el camino a una felicidad duradera.

¿Qué hay detrás de toda esta receta o fórmula? Entendemos que se trata de un potente discurso sobre la concepción neoliberal dominante en nuestras sociedades actuales que pone la responsabilidad sobre la vida social en los únicos y exclusivos hombros del individuo. A su vez, este individuo indefinido o abstracto, global, con un objetivo único independientemente de cualquier condición social sin distinción de clase, sexo, país o cultura, contiene olvidos conscientes de los que es importante hacerse eco desde la sociología: tras la loable promoción de la felicidad de los individuos en la sociedad nos encontramos esencialmente con propuestas de consumo que no son accesibles a todos los grupos sociales y que, promoviendo una suerte de distinción, en términos de Bourdieu, podría estar más bien ahondando en desigualdades y exclusiones de la felicidad, en referencia a los trabajos de Eduardo Bericat. Pero, además, desde la sociología política podemos plantearnos una cuestión fundamental: la promoción de este individuo uniforme, ¿no sería en realidad la promoción de un individuo “conforme” con una serie de valores en torno a la meritocracia y el éxito en el trabajo, la familia tradicional y una concepción acrítica de la sociedad de consumo? Esta reflexión tiene consecuencias fundamentales sobre los marcos y posibilidades para la acción colectiva: si entendemos la promoción del individuo en busca de la felicidad como un objetivo sociopolítico global consolidado, ¿no será que la intención última de esta industria es inhibir las oportunidades para la acción colectiva y disuadir los movimientos sociales? Sería, sin duda, una implicación sociopolítica clave del auge de este mercado.

Referencias básicas

Bericat, Eduardo. 2018. Excluidos de la felicidad: la estratificación social del bienestar emocional en España. Madrid: CIS.

Cabanas, Edgar y Eva Illouz. 2019. Happycracia: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Barcelona: Paidós.

Cederström, Carl. 2018. The Happiness Fantasy. Cambridge: Polity Press.

Davies, William. 2015. The Happiness Industry: How the Government and Big Business Sold Us Well-Being. Londres: Verso.

Laval, Christian y Pierre Dardot. 2013. La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Barcelona: Gedisa.

Martín Pérez, Alberto, José Antonio Rodríguez Díaz, José Luis Condom Bosch y Aitor Domínguez Aguayo. 2021. “Recetas para la felicidad: una propuesta para el análisis de la orientación moral de acciones y emociones”. Debats. Revista de Cultura, Poder y Sociedad 135(1), 13-30. https://doi.org/10.28939/iam.debats-135-1.1

Actividad GESP: Tercera sesión del seminario «Democracia y autoritarismos en el mundo (post)COVID

Fecha: 18 de octubre de 2021 (9.30 H. a 14:00 H.)

Lugar: Online y Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, C/ Obispo Trejo s/n. Sala 5.19, quinta planta.

9:30-9:45. Presentación de la sesión y cuestiones generales del GESP.

9:45 – 11:45: Autoritarismos en Europa: actores, repertorios y resistencias

COORDINA LA SESIÓN: Gabriel Alonso.

9:45-10:45:  Almudena Cabezas González. PCD, Historia, Teorías y Geografía Políticas – UCM.

PRESENTACION Y DEBATE: Mapeo de actores y repertorios de odio: El género y la migración.

TEXTO: Cabezas, Almudena y Medina, Paula (2021). Mapeo de actores y repertorios de odio: El género y la migración en el epicentro de las políticas anti-derechos en España y la Unión Europea. AIETI, Madrid. https://aieti.es/wp-content/uploads/2021/02/Mapeo_de_actores_Version-Final.pdf

10:45- 11:45:  Paolo Cossarini, Postdoc Fellow, Department of Culture and Learning – Democracy, Migration, Society Research Group (DEMOS). Aalborg University (Dinamarca).

PRESENTACION Y DEBATE: Sociedad civil europea, COVID y derecha populista.

TEXTO: Cossarini, Paolo. (2021) “Civil Society as Anti-Populism? Countering the Populist Threat and Campaigning for Change in the Discourse of EU-Level CSOs”, en Cossarini, P. The Impact of Populism on European Institution and Civil Society. Discourses, Practices, and Policies, Ed. Palgrave: 197-118.

11:45-12:05 DESCANSO

12:05 – 14:00: Resistencias a los Movimientos Democráticos y reacciones sociales en defensa de derechos, (desde las dimensiones “paquetes” o “ejes” acordados que dialoguen con las dos conferencias y con lo que hemos ido trabajando en las otras sesiones).

GÉNERO / VIDA COTIDIANA / EDAD / EMOCIONES / NUEVAS TECNOLOGÍAS

COORDINA LA SESIÓN: Francisco Fernández-Trujillo.

Bibliografía de referencia para la sesión:

Dietze, Gabriele (2020) Excepcionalismo sexual: Narrativas de la superioridad en el rechazo a la migración y en el populismo de derechas. Pamplona: Ed. Katakrak. (Extracto pdf)

Rubio-Pueyo, Vicente (2019) “Vox una nueva extrema derecha en EspañaRosa Luxemburg Stiftung.

Solano, Esther (2019) “La bolsonarización de BrasilIELAT, Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos, N 121, pp. 1-42

Otros recursos

Dietze, Gabriele and Julia Roth (2020) Right-Wing Populism and Gender. European Perspectives and Beyond, Alemania: Ed. Transcript  (No disponible).

Fernández, Guillermo (2019) ¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa? El caso del Frente Nacional. Madrid: Lengua de Trapo (No disponible).

Fernández, Guillermo y Javier Franze (2021) “La derecha posfascita española: el caso único de Vox”. En Pereyra, Gisela y Gastón Souroujon (eds) Global Resurgence of the Rigth: Conceptual and Regional Perspectives. Reino Unido: Routledge (No disponible).

Rubio-Pueyo, Vicente (2014) Producción cultural e ideología. Formaciones ideológicas, gramáticas políticas y movimientos de lo social en la España contemporánea (2000-2011), Tesis Doctoral. Stony Brook University.

Solano, Esther (coord.) (2019) El odio como política. La reinvención de las derechas en Brasil, Pamplona: Ed. Katakrak.

Acciones colectivas juveniles durante la pandemia: una visión comparada

28/09/2021 – Jorge Benedicto (UNED. España), Robert González (UAEH. México), Marcos Mutuverría (UNLP-USI. Argentina) y Melina Vazquez (UBA. Argentina)

La pandemia provocada por la COVID-19 ha trastocado nuestras vidas en términos personales y colectivos. Podríamos decir que no hay ningún aspecto de la vida social que no se haya visto afectado. Las medidas de confinamiento, las restricciones de movilidad, las normas de distanciamiento social han provocado cambios importantes en la forma en que los ciudadanos se relacionan entre sí, expresan sus reivindicaciones y se hacen presentes en el debate público.

Varios estudios han analizado algunos de estos de estos aspectos, relacionados con el desarrollo de acciones contenciosas, el ciberactivismo, el impacto en las estrategias de los movimientos sociales (aquí, aquí y aquí). Aunque los jóvenes fueron grandes protagonistas en el ciclo de movilizaciones que tuvo lugar entre 2018 y 2019 en América Latina, son pocos los trabajos que analizan los impactos de la pandemia en el impulso de sus acciones colectivas (Vazquez y Cozachcow 2020).

Estas razones llevaron al Grupo de Trabajo “Infancias y Juventudes de CLACSO a tratar de profundizar en cómo la pandemia había impactado en el desarrollo de acciones colectivas juveniles durante la pandemia y a los desafíos a los que se habían enfrentado. Para ello se organizó un equipo con integrantes de siete países de Iberoamérica: México, Ecuador, Brasil, Argentina, Chile, Colombia y España. La pretensión de este diseño comparativo internacional era observar como cada escenario nacional presenta condiciones particulares en función de la cuales deben leerse e interpretarse los resultados, pero al mismo tiempo resaltar los muchos puntos en común existentes que han puesto de manifiesto no sólo la dimensión mundial de esta pandemia sino también las maneras en las cuales los y las jóvenes se han adaptado a las mismas para poder seguir llevando adelante su compromiso sociopolítico.

El resultado de este esfuerzo da origen al informe “Acciones colectivas juveniles durante la pandemia: un estudio comparado sobre repertorios de acción, formas de organización interna y representaciones sobre la política: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España y México, 2020-2021” (Vázquez et. al, 2021) publicado en el Observatorio en Infancias y Juventudes. A continuación, se comentan algunos de los resultados más notables.

El estudio muestra que las y los jóvenes se han organizado colectivamente y se han movilizado en las calles a pesar de las medidas de aislamiento impuestas en cada contexto. Sin embargo, el uso de las calles ha ido variando en diferentes momentos del tiempo de acuerdo con la mayor apertura o cierre de las restricciones y con las dinámicas que adoptan los marcos de acción colectiva en el transcurso del primer año de pandemia. Los grupos muestran un elevado acuerdo con las medidas de aislamiento frente a la pandemia (64%), aunque también es elevado el desacuerdo de los colectivos con las maneras en que sus respectivos gobiernos implementan las medidas (62%). En algunos casos esto obedece a lo que es interpretado como medidas insuficientes (Brasil, Ecuador y, en menor medida, Chile). En estos países emergen movilizaciones para impugnar la falta de gestión de la crisis sanitaria en un escenario de muerte escalofriante, mientras que en otros (España y Argentina) surgen grupos de jóvenes dispuestos a movilizarse en contra de las medidas de confinamiento o incluso de carácter negacionista. Estas narrativas se vuelven internacionales y circulan, a la vez que se adaptan y enmarcan en contextos particulares (Fillieule, 2020). Asimismo, en México, Argentina y España observamos una fuerte adhesión a las medidas de aislamiento social, aun cuando las medidas adoptadas en cada país son diferentes. En tal sentido, las valoraciones de las medidas gubernamentales forman parte de la lectura del contexto y de las definiciones que llevan a los grupos a movilizarse en las calles e, incluso, trascienden y se diferencian de las valoraciones que se hacen los colectivos juveniles sobre los respectivos gobiernos.

Las agendas militantes muestran continuidades (cuestiones de género, ambientales y las políticas estatales); sin embargo, se observa una especificación e intersección con otras temáticas que emergen o se profundizan durante la pandemia, por ejemplo, cuestiones relativas a la asistencia social directa, la conectividad y el acceso a dispositivos electrónicos para el desarrollo de prácticas educativas, así como temas referidos al contexto sanitario.

Pero, sin duda, el aspecto más relevante para la actuación de las organizaciones juveniles durante este periodo está relacionado con la interacción entre lo presencial y lo virtual. Este trabajo nos ofrece elementos para pensar los efectos que tendrá́ en el tiempo la innovación en el uso de herramientas digitales no sólo para movilizarse de manera colectiva sino también en la construcción de formas de deliberación, de toma de decisiones y en la organización interna de los grupos.

Las estrategias de organización interna de los grupos persisten, aunque enfrentan dificultades durante la pandemia. La suspensión o limitación de la prespecialidad impacta en las formas de tomar decisiones y lleva a la incorporación de herramientas digitales vinculadas con plataformas que viabilizan modos virtuales de participación y de reunión (Zoom, Jitsi, Google Meet). La adaptación a estas tecnologías en lugar de reuniones cara a cara representa, en algunos grupos, una oportunidad para llevar adelante encuentros y, para otros, una restricción. Para el 82% de los grupos la principal dificultad en la pandemia tiene que ver con adaptarse a realizar reuniones virtuales.

En cuanto a los repertorios de acción, esta interacción debe pensarse de manera relacional y de forma situada (en los distintos tipos de grupos o al interior de los diferentes países). La profundización de la virtualidad, por ejemplo, es más bien una estrategia de adaptación, reconversión o actualización frente a una situación inesperada que modifica los modos habituales de usar y disputar las calles, así como la vida pública de la que participan las organizaciones. Esto abre un interrogante en relación con los impactos que tendrá la pandemia sobre las acciones colectivas contenciosas una vez se haya superado la crisis sanitaria.

La investigación muestra que la pandemia impacta sobre todos los formatos de acción presenciales: excepto las campañas masivas en redes y las tareas de solidaridad y ayuda mutua, todos los formatos merman en su utilización. La realización de marchas pasa del 77,6% al 50,3%; los paros o huelgas del 59,6% al 36% y las ocupaciones del 38% al 15%. Los resultados permiten advertir que antes de la pandemia, por un lado, se registraba una combinación de formatos presenciales y virtuales; por otro, el peso que posee entre las organizaciones juveniles el repertorio “clásico” de acción colectiva. En tal sentido podemos leer el impulso de acciones consideradas “nuevas” por los grupos, como las caravanas de autos o bicicletas y el uso de los mappings como maneras de colocar demandas y agendas con visibilidad pública, aun cuando también involucran la movilización de tecnologías digitales (ejemplos aquí y aquí).

El trabajo ofrece también elementos para pensar las relaciones entre movilización, política y democracia entre los grupos juveniles. Hay colectivos que consideran que la vida democrática no se ha visto alterada por la gestión estatal de la pandemia, en algunos casos porque no llega a afectar el funcionamiento de vida institucional del país y, en otros, porque la manera en que evaluaban la democracia era suficientemente negativa antes de la pandemia, en especial desde la evaluación que hacen de los aparatos de control y represión estatal. Hay grupos que sostienen que los posibles impactos que tiene sobre la vida democrática se vinculan con la condición excepcional de las circunstancias, no obstante, lo cual señalan aspectos negativos o en los cuales la vida democrática se ve afectada. Hay quienes sostienen una visión profundamente negativa sobre la democracia y ahí́ vemos confluir las posiciones entre quienes se reconocen más a la izquierda y más a la derecha, respectivamente. Los argumentos que movilizan para sostener estas críticas son diferentes. El 61% de las respuestas que afirman que no viven en una verdadera democracia se reconocen como parte de la derecha, mientras que quienes se reconocen como parte de la izquierda sostienen tanto esta postura (37,5%) como también que viven en una democracia con falencias (40,4%). Esta última respuesta es afirmada de modo más contundente por quienes se reconocen en el arco político ideológico como parte del “centro” (53,8%).

Más allá́ de los clivajes ideológicos y las diferencias entre los tipos de grupos incluidos en el estudio, vale mencionar la importancia que dan los grupos a la idea de que la política permite garantizar o ampliar derechos (91,6%), que representa una herramienta de cambio y transformación de la realidad (91,6%), al mismo tiempo que constituye una práctica cotidiana de las personas (89%). No obstante, las adscripciones ideológicas invitan a pensar clivajes en esta respuesta. La política como práctica asociada al cambio y a la transformación está más asociada a los grupos que se auto-reconocen “de izquierda”, mientras que las visiones más tecnocráticas de la política (como aquellas que asocian la política a los políticos profesionales) son sostenidas más fuertemente por colectivos que se perciben “de derechas”. 

Para terminar, vale destacar que las inflexiones que produce la pandemia deben pensarse de manera situada en un ciclo de movilizaciones previo. En tal sentido, podíamos ver, por ejemplo, los ecos de un ciclo de emergencia y transversalización de demandas vinculadas con los feminismos. Tampoco hay que olvidarse de fenómenos como el Paro Nacional en Colombia, desarrollado en plena pandemia, que presenta grandes similitudes con el estallido social de Chile iniciado en 2019 y que ha desembocado en la elección de una Convención Constituyente que dará́ forma a una nueva constitución.

En líneas generales, la investigación ha mostrado más continuidades que rupturas en el actuar de las organizaciones juveniles. Sin embargo, se producen pequeñas innovaciones o desplazamientos, como se observa en la “actualización” de las agendas de los grupos, que en algunos casos cambian y, en otros, encuentran en la pandemia maneras de especificarse o expandirse (como cuando vemos que la cuestión educativa persiste en las agendas, pero interpelada por la cuestión de la virtualización). Los formatos de protesta presenciales también involucran pequeños cambios o adaptaciones. Así, “viejas” agendas se movilizan con caravanas de autos o bicicletas, a la vez que formatos habituales de protesta se utilizan para reclamos vinculados con la pandemia, como en el caso de las y los jóvenes trabajadores de aplicaciones en condiciones precarias desde una “renovada” condición de trabajadores “esenciales” en la pandemia. Aunque sea difícil identificar un ciclo de protestas o acciones colectivas vinculado con la pandemia, seguramente de aquí́ en adelante podamos advertir los efectos de la misma en la configuración de nuevos ciclos de movilización que recojan las agendas, los aprendizajes y experticias desarrolladas durante este tiempo. En tal sentido, esperamos que esta investigación invite a seguir explorando el tema, al mismo tiempo que esperamos continuar con un nuevo trabajo que campo que replique la aplicación de los cuestionarios y nos permita, con base en resultados de una investigación cualitativa, ampliar y profundizar la mirada sobre estos fenómenos.

Enlace al informe: https://observatorioinfanciasyjuventudes.site/wp-content/uploads/2021/08/Informe-de-investigacion-A1N1-julio-2021-v03.pdf

Bibliografía

Fillieule, Olivier (2020): Protest in a time of pandemic. Institut für die Wissenschaften vom Menschen, Vienna.

Vázquez et al. (2020). Acciones colectivas juveniles durante la pandemia: un estudio comparado sobre repertorios de acción, formas de organización interna y representaciones sobre la política: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España y México, 2020-2021. CLACSO, 2021.

Vázquez, M. y Cozachcow, A. (2020). Demandas, sujetos y repertorios de movilización juvenil durante la pandemia. Apuntes para una reflexión sobre el presente. En E. Pérez (Ed.), Diagnósticos y desafíos de las infancias y las adolescencias en Argentina (pp. 52–55). Centro de Formación y Pensamiento Génera.

Actividad GESP: Segunda sesión del seminario «Democracia y autoritarismo en el mundo (post)COVID»

El 20 de Mayo a las 10:00 h. tuvo lugar la segunda sesión del seminario «Democracia y autoritarismo en el mundo (post)COVID», tratando los movimientos antidemocrácticos.

10:00: Puesta en común temas de interés del GESP y presentación de la sesión.

10:10-11:00: LA DIMENSIÓN CULTURAL COMO FACTOR EXPLICATIVO:

10:10-10:30: LECTURA: Inglehart, Ronald & Pippa Norris (2017). “Trump and the Populist Authoritarian Parties: The Silent Revolution in Reverse”, American Political Science Association, Vol 15, Nº2. [enlace]. Presenta:  Laura Fernández de Mosteyrín

10:30-11:00: Debate.

11:00-12:00: LA DIMENSIÓN ORGANIZATIVA:

11:00-11:15: LECTURA: Mudde, Cas (2021) La ultraderecha hoy. Barcelona. Paidós. Capítulo 3. “Organización” (págs.: 75-100). Presenta: Marisa Revilla

11:15-11:30:  LECTURA: Joan Antón-Mellón y/o Aitor Hernández (Universidad de Barcelona) (2016) “El crecimiento electoral de la derecha radical populista en Europa: parámetros ideológicos y motivaciones sociales” [enlace]. Presenta: Francisco José Trujillo

11:30-12:10 Debate

12:30-13:30 LA DIMENSIÓN ESTRUCTURAL

12:30-12:45: LECTURA: Mudde, Cas (2021) La ultraderecha hoy. Barcelona. Paidós. Capítulo 4. “Personas” (págs.: 101-112 páginas)

12.45-13:00: LECTURA: Mudde, Cas (2021) La ultraderecha hoy. Barcelona. Paidós. Capítulo 9. “Género” (págs.: 195-214). Presenta: Almudena Cabezas

13:00-13:30: Debate

13:30: Reflexión del conjunto de la sesión aterrizando en las dimensiones que elegimos para analizar las lecturas (lo cotidiano; el género, la edad; las emociones; las nuevas tecnologías y lo transnacional). A cargo de María Jesús Funes