La importancia de las políticas y culturas laborales para la implicación de los hombres trabajadores en el cuidado de los hijos

21/05/2018 – Jordi M. Monferrer Tomás (UDIMA)

¿Qué apoyos y obstáculos encuentran los hombres involucrados en el cuidado de sus hijos en sus lugares de trabajo, a la hora intentar alcanzar un adecuado balance entre vida laboral y vida personal? Esta es una pregunta clave que nos planteamos inicialmente en el Proyecto IMPLICA, cuyo principal objetivo es investigar cómo fomentar el equilibrio laboral y familiar desde las empresas.

La literatura en este campo ha destacado cómo los cambios que se han producido en los modelos familiares, y la necesaria existencia de dos proveedores económicos, han dado lugar a que se esté abriendo paso un nuevo modelo de paternidad en las familias heterosexuales en la cual el hombre, además de su rol tradicional como proveedor, siente la necesidad de implicarse más en el cuidado y crianza de los hijos, es decir, en el desempeño de un rol de cuidador.

En diferentes estudios realizados en Europa, por ejemplo, los hombres manifiestan un deseo de trabajar menos horas para poder participar más en la vida familiar. Y España es un caso interesante porque entre las familias con niños menores de 15 años, el 34% tenía a ambos miembros trabajando a tiempo completo en 2014, algo menos que antes de la crisis económica, pero más que en Alemania o los Países Bajos (OCDE, 2016). La consecuencia es que los hombres cuidadores comienzan a sentir una creciente presión para equilibrar las demandas del trabajo con sus necesidades y demandas familiares.

Si observamos los datos de diferentes encuestas relativos al recurso a las políticas de conciliación en el trabajo en España por sexo[1], podemos constatar que la flexibilidad horaria y la jornada continua (principalmente por las mañanas) son las medidas más utilizadas por los hombres para conciliar. Junto con los permisos de paternidad remunerados y el teletrabajo, se trata de medidas que facilitan el desempeño de paternidades comprometidas.

Ahora bien, mientras los permisos de paternidad y de maternidad, el horario continuo, el horario flexible y el teletrabajo no presentan grandes diferencias en su uso por razón de género, los permisos temporales no remunerados (excedencias) o la adopción del derecho a la reducción horaria por hijos menores de 12 años, los utilizan fundamentalmente las mujeres, lo cual tiene importantes implicaciones a la hora de aumentar la brecha de género porque acaba penalizando sus carreras laborales.

En general, los hombres recurren a los permisos remunerados y no transferibles, pero rara vez aprovechan los permisos transferibles o no remunerados. Algunos padres explicaron en nuestra investigación por qué les resulta difícil acogerse a estas medidas.

En primer lugar, razonaban que una solicitud de reducción de las horas de trabajo puede llevar aparejada penalizaciones, al contemplarse como un grado menor de compromiso con la empresa (estigma de la flexibilidad), y además, dentro de sus expectativas de género, no podían permitirse la reducción salarial que lleva asociada.

En segundo lugar, el miedo a tomar permisos de más de un año es que la persona que les reemplace acabe siendo un competidor que les sustituya, aumentando el riesgo a ser despedido. También justificaron las diferencias de género en el uso de la reducción de jornada sobre la base de que las mujeres ganan menos que los hombres en la mayoría de las parejas. Por estas razones, delegaban en ellas la adopción de estas medidas. Sigue habiendo, por lo tanto, un fuerte apego al rol de proveedor principal de la familia por parte de los hombres.

En relación con las ventajas y dificultades para conciliar que se derivan de las políticas y culturas organizacionales en el trabajo, se constatan diferencias importantes entre las percepciones de los padres trabajadores en el sector público o en el sector privado.

En general, los padres trabajadores en el sector público consideran que disfrutan de más derechos laborales y mejores condiciones de trabajo que los padres trabajadores en las empresas privadas. Sus horarios de trabajo (generalmente de jornada continua) son más adecuados para el desempeño de las rutinas familiares con hijos pequeños. Además, el estatuto de funcionario público es una garantía contra el despido. Lo cual ayuda a entender por qué expresaron un sentido más profundo de su derecho a acogerse a las políticas estatutarias de conciliación de la vida laboral que les corresponden.

Con respecto a sus compañeros de trabajo, estos padres los perciben divididos entre aquellos que están a favor de las medidas de apoyo familiar y colaboran a tal fin, y aquellos que reaccionan con combatividad y se sienten amenazados. Ya sea porque no han podido beneficiarse de medidas de apoyo cuando sus hijos eran pequeños o porque sus necesidades personales relacionadas con su situación dentro del ciclo vital (con padres ancianos a su cargo, por ejemplo) se consideran menos relevantes que la de los padres con hijos pequeños.

Los compañeros mayores a menudo también cuestionan la necesaria participación de los padres en el cuidado de los hijos, asumiendo que se trata de una tarea femenina. En relación con supervisores y supervisoras, los padres funcionarios se quejaron de las interpretaciones discrecionales de las reglas formales de conciliación que en ocasiones realizan. La mayoría estuvo de acuerdo en que aquellos que tienen niños pequeños son más empáticos y apoyan en mayor medida a los padres en sus necesidades de conciliación.

Los padres empleados en grandes empresas del sector privado creen que disfrutan de menos derechos y medidas de conciliación que los padres trabajadores en el sector público, pero se sienten más afortunados que los padres trabajadores en las pequeñas y medianas empresas, especialmente cuando sus empresas disponen de políticas de responsabilidad social corporativa que afectan a los temas de conciliación laboral.

Sus horarios de trabajo tienden a ser mucho más extensos que los de los empleados públicos. Relacionan esto con la denominada cultura del presentismo, coloquialmente “cultura de calentar el asiento”, aún vigente en muchas empresas. Se trata de la norma, no siempre explícita, de que los trabajadores deben pasar las mañanas y tardes en el trabajo para estar disponibles para las asignaciones de trabajo, las reuniones y las demandas de los clientes.

Son prácticas vinculadas con el modelo tradicional de control y supervisión de los empleados directamente en el lugar de trabajo. Esta cultura organizativa restringe el uso del horario flexible: en la práctica sigue siendo el derecho de comenzar a trabajar más tarde pero no irse temprano a casa, ya que la mayoría permanece en el trabajo por lo menos hasta las 17 horas en comparación con las 15h-16h en los trabajadores del sector público.

Las penalizaciones en el lugar de trabajo suelen ser más frecuentes en el sector privado que en el público cuando los padres deciden acogerse a medidas de conciliación. Los permisos de ausencia y la reducción de horas de trabajo están más penalizados, no solo a ojos de los supervisores y de futuras promociones profesionales del trabajador que pueden verse comprometidas, sino también por parte de compañeros y compañeras de trabajo que pueden mostrarse críticos con estos padres. Las ausencias breves de los hombres empleadas para asistir a reuniones con maestros o fiestas escolares se perciben como problemáticas mientras que, por ejemplo, salir temprano para asistir a un funeral o a un evento deportivo importante puede considerarse aceptable.

En cuanto a los supervisores, su actitud se consideró crucial para evitar penalizaciones por la adopción de medidas de conciliación, especialmente la actitud del supervisor o supervisora directa. Los padres mostraron consenso en que algunos entendían y trataban de apoyar su equilibrio trabajo-familia, mientras que otros no. No se citaron a este respecto diferencias por género o generación, pero sí percibían que jefes y jefas eran más empáticos cuando ellos mismos tenían que resolver conflictos laborales y familiares similares a los de los padres. Los supervisores masculinos más mayores parecen menos sensibles a estas demandas. Suelen provenir de familias tradicionales y han sido el sostén masculino de la familia mientras sus esposas estaban a cargo del cuidado de los niños. Las supervisoras que disponen de ayuda familiar o que externalizan el cuidado de los hijos también se muestran menos sensibles a las necesidades de estos padres.

Por último, la percepción de los padres trabajadores en pequeñas empresas es que el trabajo en el sector público es el que más facilita el equilibrio de la vida familiar, mientras que sectores de la pequeña y mediana empresa, como el sector de los servicios, son contextos laborales más complicados para tal fin. Las pequeñas empresas se enfrentan en ocasiones a problemas de organización en la aplicación de algunos derechos legales. Las ausencias debidas a la reducción de jornada o del trabajo reglamentario, en un contexto de crisis, pueden suponer que acaben siendo los compañeros y compañeras quienes sustituyan al padre ausente asumiendo su carga de trabajo. Este hecho genera tensiones pero puede contrarrestarse si estos esperan reciprocidad por parte del padre ausente en un futuro cercano.

La influencia de los clientes en la configuración de la cultura organizacional de las pequeñas empresas introduce también barreras importantes a la adopción de medidas de conciliación por parte de los padres, cuando se trata de sectores que se dedican a la venta o prestación de un servicio que requiere una relación cara a cara y con horario de trabajo amplio (caso del comercio, la restauración o la atención sanitaria). Las expectativas de los clientes obligan a que tenga que haber una amplia disponibilidad horaria de los trabajadores en estos sectores.

No obstante, algunas experiencias surgidas en el estudio muestran que el cambio de estas expectativas por parte de los clientes también es posible en algunos negocios. Para una parte de estos padres, administrar una pequeña empresa como autónomo se considera más favorable que trabajar en grandes empresas en lo que respecta a obtener un mejor balance trabajo-familia, lo cual está en desacuerdo con los hallazgos de otras investigaciones españolas. Este contraste puede originarse por el hecho de que muchos pequeños empresarios y trabajadores autónomos disponen de control horario, la posibilidad de determinar, cuánto, cuándo y dónde trabajar. Por eso algunos padres que encuentran dificultades para equilibrar el trabajo con la vida familiar trabajando en las grandes compañías, deciden crear pequeños negocios convirtiéndose, ellos mismos, en sus propios supervisores.

¿Qué recomendaciones de políticas podemos hacer, si el objetivo es permitirles a los padres disponer de tiempo y flexibilidad para cuidar a sus hijos y reducir el sesgo de género de las medidas de apoyo familiar en los sectores público y privado?

En primer lugar, creemos que las políticas deben conceptualizarse como un apoyo al equilibrio entre el trabajo y la vida de cualquier empleado, y no solo para aquellos con niños pequeños, porque la reducción del conflicto trabajo-familia está en general positivamente correlacionada con el bienestar, la salud y la productividad del trabajador.

En segundo lugar, un objetivo importante de la cultura laboral debería ser ofrecer a los empleados control sobre sus horarios de trabajo, y si esto no es posible, las medidas de apoyo familiar no deberían estigmatizar y penalizar a quienes se acogen a ellas. Y esto solo es posible si hombres y mujeres las disfrutan por igual. Las medidas que no aseguran que los ingresos personales sean suficientemente reemplazados, como el permiso parental no remunerado o la reducción estatutaria de horas de trabajo, son ampliamente rechazadas por los hombres y acaban estigmatizando a las mujeres, más propensas a aceptar penalizaciones actuales o futuras.

Además, la duración desigual de los permisos legales de maternidad y paternidad es una barrera importante para la equidad de género porque lleva implícita la idea de quién debe cuidar más. En esencia, las políticas que permiten el equilibrio trabajo-vida deben diseñarse formalmente para todos los empleados y evitar la creación involuntaria de estigmas de flexibilidad que acaban en penalizaciones.

[1] Encuesta de Fuerza de Trabajo 2010, 2015; Estadísticas de la Seguridad Social; Encuesta de Empleo del Tiempo, 2010).

Imagen de portada de dominio público obtenida de Pixabay.

«Continuidades y cambios en el estudio de los movimientos sociales»

Encuentro Inter-congresual del Comité de Investigación de Movimientos Sociales, Acción Colectiva y Cambio Social (CI-20) de la Federación Española de Sociología (FES)

 

«Continuidades y cambios en el estudio de los movimientos sociales»

 

 

Programa

 

Jueves 31 de mayo por la mañana. Sala de Conferencias del Centro de Investigaciones Sociológicas.

  • Recepción y Presentación: 9:30 a 10:00

 

Mesa 1: 10:00 a 11:30

Movimientos sociales en el sur de Europa y España:

legados, continuidades y consecuencias

Ponentes invitados:

  • Eduardo Romanos (UCM): Legados y memorias en las tradiciones activistas del sur de Europa
  • Robert Fishman (UC3M): Situando la protesta dentro de la práctica democrática: La Divergencia Ibérica
  • Susana Aguilar (UCM): ¿Qué sabemos sobre lo que han conseguido los movimientos sociales en España?: aproximación a través del análisis de una muestra de artículos
  • Rubén Díez G. (UC3M/UCM): El proceso de democratización y el surgimiento y desarrollo de la cultura cívica en España

 

  • Descanso / Café: 11:30 a 12:15

 

Mesa 2: 12:15 a 13:45

Culturas activistas alternativas, estado y democracia:

nuevas formas, nuevas estrategias

Ponentes invitados:

  • Geoffrey Pleyers (UCLouvain): Alter-activismo: actualidad y nuevos desafíos de una cultura activista
  • Benjamín Tejerina (UPV/EHU): El movimiento 15M y el proceso de democratización
  • Kerman Calvo (USAL): Reflexiones sobre las nuevas formas de represión de la protesta en España
  • Adriana Razquin (UGR): Didáctica ciudadana: la vida política en las plazas. Etnografía del movimiento 15M

 

 

 

Jueves 31 de mayo por la tarde. Sala A de la Facultad de Derecho / Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED.

Salutación de la Decana de la Facultad de CCPP y Sociología de la UNED, Dña. Consuelo del Val Cid, y Sesión de comunicaciones I: 16:00 a 17:30

Cambios en la protesta, ciclos de movilización y claves de interpretación

 

  • Pedro Ibarra (UPV/EHU) & Ariel Sribman (UDG): Movimientos sociales en una nueva era: ¿cambio de esencia o de repertorios?
  • Tomás Alberich (UNED): ¿Y después del 15M qué? Ciclos de movilización social y aprendizajes conceptuales
  • Ion Andoni del Amo (UPV/EHU): Las rupturas postcrisis. Salto cultural, movilización social y articulaciones problemáticas
  • Antonio Álvarez (UVA/UC3M): Elementos para el análisis de la nueva extrema derecha Española
  • Antonio Antón (UAM): Valoración de la interpretación populista

Coordina: María Jesús Funes

  • Descanso / Café: 17:30 a 18:00

 

Mesa sobre feminismos: 18:00 a 19:15

Feminismos en movimiento: entre la autonomía y la lucha interseccional

 

  • Gracia Trujillo (UCLM): (Pre)ocupando el 15M: disidencias sexo-genéricas, conflictos y aprendizajes colectivos
  • Carmen Galdón (URJC): Cosmovisiones feministas en clave generacional. Del movimiento 15M a la Huelga Feminista del 8M
  • Adriana Razquin (UGR): Las aperturas y los cierres democráticos en las asambleas del 15M. Etnografiando la deriva patriarcal
  • Ana Herreras (UPV/EHU): La praxis feminista de las mujeres del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra – MST (Paraná – Brasil): Construyendo una resistencia, afirmando una identidad

Coordinan: Carmen Galdón & Adriana Razquin

  • Descanso: 19:15 a 19:30

 

Sesión de comunicaciones II: 19:30 a 20:45

Nuevos conflictos sociales y acción colectiva

en torno al trabajo y la educación

 

  • Nicholas Pohl (UNIL): Bringing Industrial Conflict Back into Social Movement Studies: Some Insights from a Study on Strike Activity between 2002 and 2016 in Spain
  • Francisco Fernández-Trujillo (UNED): Crisis, transformaciones en el trabajo y respuestas en el ámbito laboral
  • Lluis Parcerisa (UAB) & Antoni Verger (UAB): ‘Contra la imposición, defendamos la educación’: nuevos movimientos sociales y política educativa en tiempos de austeridad
  • Juan Pablo Paredes (ULagos) & Natalie Rojas (UCM): De la movilización social por la educación al problema de la gratuidad. Las culturas políticas contestatarias en el ciclo 2007-2017

Coordina: Ariel Sribman

Viernes 1 de junio mañana & tarde. Sala A de la Facultad de Derecho / Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED.

Sesión de comunicaciones III: 10:00 a 11:30

Movimientos sociales en el espacio y el tiempo:

juventud, contracultura e indigenismo

 

  • Antonio Álvarez (UVA/UC3M) & Antonio Montañés (UAB): Elementos para el diagnóstico sobre el éxito o el fracaso de un movimiento social. El caso de Juventud Sin Futuro
  • Milena Silvester (UFRGS): El universo de la contracultura en Brasil: los movimientos sociales que brotan del margen
  • Felipe Aranda (UGR): Militantes culturales y activistas libertarios. La juventud contracultural de Madrid en los 70
  • Valentín Clavé-Mercier (UCM): El estudio de lo espacial en el movimiento soberanista maorí

Coordina: Evin Deniz

  • Descanso / Café: 11:30 a 12:00

 

Mesa sobre el campo de estudio de movimientos sociales: 12:00 a 13:30

El campo de estudio de los movimientos sociales en España

desde una perspectiva longitudinal

 

Con Benjamín Tejerina  (UPV/EHU); Ramón Adell & María Jesús Funes (UNED)

Coordinan: Gomer Betancor & Rubén Díez

  • Descanso / Comida: 13:30 a 15:00

 

Sesión de comunicaciones IV: 15:00 a 16:30

Cuestiones teóricas y metodológicas en el estudio de la acción colectiva

 

  • Ramón Adell (UNED): Sociología de la protesta: presentación de la base de datos Mani-2000
  • Eduardo Romanos (UCM), Sarah Babiker, Carlota Carretero (UCM), Andy Eric Castillo (UCM) & Paula Márquez (UCM): La democracia desobediente en España (2000-2017): Una mirada crítica al análisis de los acontecimientos de protesta
  • Tomás R. Villasante (UCM): De los Movimientos sociales a la creatividad colaborativa con los Conjuntos de Acción
  • Alejandro Ciordia (UNITN): Una propuesta relacional para estudiar divisiones identitarias en campos de acción colectiva de forma inductiva y dinámica

Coordina: Antonio Álvarez

  • Descanso / Café: 16:30 a 17:00

 

Conferencia de clausura: 17:00 a 18:00

Repensar los movimientos en el siglo XXI:

 una sociología de la experiencia de la radicalización

A cargo de Kevin McDonald (Middlesex University)

 

 

INFORMACIÓN y CONTACTO

Para dudas o sugerencias puedes escribir a nuestro correo electrónico mmssfes@gmail.com y seguir nuestra cuenta en Twitter @mmssfes

La asistencia e inscripción es libre y gratuita.

Para asistir a la sesión de la mañana del jueves 31 de mayo en el CIS se deberá enviar un correo electrónico antes del 25 de mayo a mmssfes@gmail.com indicando en el asunto, solicitud de inscripción, y en el cuerpo del mensaje los siguientes datos:

Nombre completo. DNI, pasaporte o tarjeta de residencia (necesario para acceder al CIS). Hay además que indicar si se acude en condición de: (a) miembro del CI-20; (b) miembro de otros comités de la FES; (c) personal o alumnado del CIS o de otras Universidades.

Es conveniente indicar una filiación institucional (si procede), y es necesario indicar móvil y correo electrónico de contacto.

El acceso a la Sala de Conferencias del CIS solo es posible mediante la acreditación de la identidad y su cotejo con el listado de inscritos. Quienes, estando inscritos, no puedan finalmente acudir, deberán comunicarlo con la mayor antelación posible mediante un correo a ruben.diez@uc3m.es

La inscripción será gestionada directamente por el equipo organizador.

Se ruega puntualidad.

Las sesiones que tendrán lugar en la UNED son abiertas y serán grabadas en formato audiovisual. Posteriormente estarán disponibles para su visionado a través del canal de la universidad http://canal.uned.es

 

DIRECCIONES

CIS: Sala de Conferencias del Centro de Investigaciones Sociológicas. Calle Montalbán, nº 8. Madrid. Metro: Banco de España y Retiro (ambas en la Línea 2). Autobuses: 1, 2, 5, 9, 10, 14, 15, 19, 20, 27, 28, 34, 37, 45, 51, 52, 53, 74, 146, 150.

Cómo llegar

http://www.cis.es/cis/opencms/ES/10_contactar 

 

UNED: Sala A de la Facultad de Derecho / Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, Campus de Ciudad Universitaria. Calle Obispo Trejo, nº 2. Madrid. Metro: Moncloa (línea 3). Autobuses, 46, A, U.

Cómo llegar

http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,662801&_dad=portal&_schema=PORTAL        

Jóvenes, crisis y políticas de juventud

15/03/2018 – Jorge Benedicto (Universidad Nacional de Educación a Distancia)

En las últimas semanas parece que los jóvenes y sus problemas vuelven a estar en el centro del debate público. Por una parte, con ocasión de la movilización de los pensionistas, se ha insistido una y otra vez desde muy diferentes ámbitos, en que los jubilados no tienen motivos para quejarse porque los verdaderos perjudicados por la crisis no han sido ellos sino los jóvenes. Utilizando la vieja estrategia bélica del divide et impera se ha tratado de enfrentar a los de más edad con los más jóvenes, para así desactivar una protesta que amenaza con socavar los apoyos electorales del PP. Por otra parte, solo hace unas semanas el Gobierno ha aprobado un nuevo Plan de Vivienda que tiene entre sus medidas estrellas una ayuda al alquiler para los menores de 35 años que pretende facilitar el acceso de los jóvenes a una vivienda, aunque ya hay muchos expertos que dudan de su eficacia.

Después de que durante los momentos álgidos de la crisis proliferaran los lamentos sobre la situación de los jóvenes, aunque sin que se pusiera en marcha ninguna medida para paliarla, en estos últimos años de recuperación macroeconómica la problemática juvenil parecía haber desaparecido del discurso público. Los jóvenes ya no emigran e incluso retornan, las cifras de desempleo juvenil se reducen, las movilizaciones se desactivan. En fin, esta generación estaría adaptándose a los parámetros de la sociedad post-crisis, cerrándose el paréntesis de estos años de dificultades. Sólo persisten algunos problemas específicos, como las dificultades para emanciparse debido al coste de la vivienda, que hay que afrontar mediante medidas puntuales.

Lo que olvidan estos diagnósticos es que el deterioro de las condiciones de vida durante estos años y el incremento de la precariedad en todos los ámbitos de experiencia juvenil ha sido de tal calibre que ha marcado de forma decisiva las biografías y subjetividades de los jóvenes que conforman la denominada generación de la crisis. La experiencia de ser joven se ha modificado. El alto nivel de incertidumbre e inseguridad vital que determina la condición juvenil ha terminado creando una brecha generacional respecto a las generaciones precedentes, sobre todo los mayores de 45 años, cada vez más evidente

Esta es precisamente una de las conclusiones principales del Informe Juventud en España 2016 publicado el año pasado y elaborado por un equipo de sociólogos de diversas universidades españolas. En este Informe, que lamentablemente ha contado con bastante poca difusión, se dispone de abundantísima información sobre los múltiples obstáculos a los que se enfrenta esta generación en su tarea de transitar hacia la vida adulta. Las huellas de la crisis se dejan sentir en todos los ámbitos. Son incuestionables en el deterioro de su situación laboral (grandes problemas para entrar en el mercado de trabajo, reducción de los salarios, incremento del trabajo temporal…), en las dificultades con que se encuentran para avanzar en el terreno de la autonomía (la emancipación residencial ha bajado siete puntos desde 2007, se reducen los ingresos y con ello la capacidad de gasto, la dependencia respecto a los padres aumenta), en la situación de los hogares jóvenes (se ha reducido el número de hogares jóvenes, las decisiones sobre la reproducción se retrasan).

Los efectos de esta difícil situación no parecen afectar sólo a la dimensión socioeconómica, con toda la importancia que esta dimensión posee en las transiciones juveniles, sino que también, y de forma muy intensa, están bloqueando el propio proceso de integración de las nuevas generaciones en la sociedad adulta. Una proporción muy mayoritaria de la población joven tiene la sensación de que están siendo olvidados por los adultos, que no tienen en cuenta sus problemas ni sus necesidades, se sienten marginados.

Así se deduce, por ejemplo, de las respuestas que en 2016 daban los jóvenes españoles entre 16 y 30 años en un Eurobarómetro encargado por el Parlamento Europeo. Se preguntaba si sentían que en España los jóvenes habían sido marginados por la crisis económica, esto es, excluidos de la vida social y económica. Ocho de cada diez jóvenes españoles reconocían compartir este sentimiento de exclusión social frente a solo dos que decían no experimentarlo. Estos porcentajes se alejaban sensiblemente de la media de la Unión Europea (57% vs. 39%) y sobre todo de los correspondientes a países como Alemania o Dinamarca, donde sólo el 27% y el 31% respectivamente reconocían sentirse excluidos tras la crisis. En cambio, se parecían mucho a los de países en los que la dimensión juvenil de la crisis ha sido palpable como Grecia (93%), Portugal (86%) o Chipre (81%).

Una pauta similar aparece al preguntarles si creían que su voz se tenía en cuenta, si ‘contaba’. Solo un tercio respondía afirmativamente frente a dos tercios que creían que su voz no contaba; unos porcentajes solo superados por los chipriotas, los griegos, los italianos y los griegos. En cambio, en el conjunto de la Unión, la percepción es muy diferente porque más de la mitad de los jóvenes creía que su voz si contaba (53%).

Ante este escenario, más allá de apelaciones muchas veces retoricas a las soluciones individuales, lo primero que hay que preguntarse es por la contribución de las políticas públicas. Ya hace años Pau Mari-Klose demostró (aquí) cómo las prioridades juveniles durante los 80 y los 90 no se habían logrado abrir camino en la agenda gubernamental y, entre otras razones que lo explicara, mencionaba la ausencia de incentivos electorales y la escasa visibilidad de las demandas. Pues bien, cuando hoy la población joven es un colectivo en declive demográfico (en solo 20 años hay tres millones menos de jóvenes) y, por tanto, con menor atractivo electoral para los partidos políticos y sus demandas se han visto atrapadas en el ‘agujero negro’ de la crisis socioeconómica y política, no puede extrañar el panorama negativo que se abre ante nuestros ojos.

Las únicas soluciones pasan por medidas puntuales, inconexas, de índole exclusivamente económica. Todo parece resolverse con más empleo, sin tener en cuenta las condiciones del mismo, y con un acceso algo más fácil a la vivienda. El foco no se pone en los jóvenes, en su propia diversidad, sino en categorías externas como puede ser el empleo o la emancipación. Al final se termina olvidando que lo realmente importante, por ejemplo, no es que los jóvenes se vayan antes de casa de los padres, sino en qué condiciones lo hacen, cómo se emancipan los distintos sectores juveniles y cómo esa decisión facilita o no el desarrollo de sus proyectos vitales.

¿Y las políticas de juventud, que papel juegan en todo esto? La respuesta inmediata es que en estos momentos su incidencia en la problemática juvenil es casi nula. A estas alturas disponemos de buenos análisis sobre las políticas de juventud en España desde la transición democrática hasta ahora (aquí) (aquí) y una de las conclusiones evidentes es que las formulaciones teóricas en muchas ocasiones han tenido poco que ver con las prácticas cotidianas. Mientras se debatía sobre si las políticas de juventud deberían ser políticas estructurales centradas en la transición a la vida adulta o políticas de afirmación y desarrollo de la condición juvenil, luego en la práctica estas políticas se concretaban la mayor parte de las veces en planes y programas centrados en el ocio, la participación, la cultura

Quizás este carácter de políticas subsidiarias, con poca incidencia en las condiciones de vida concretas, es lo que explica que las políticas de juventud hayan sido “las otras grandes paganas de la crisis”, según Gabriel Navarro, uno de los profesionales con más experiencia en la materia . Los recortes presupuestarios, la pérdida de puestos de trabajo, la desaparición forzada de buena parte de los órganos representativos juveniles y, sobre todo, la falta de preocupación que han mostrado las diferentes administraciones por estas cuestiones ha contribuido a que hoy podamos decir que se asiste al ocaso de las políticas de juventud.

Estas situaciones de crisis y decadencia, sin embargo, pueden abrir una ventana de oportunidad para reconstruir las políticas de juventud desde nuevas premisas. Una reconstrucción que, de acuerdo con la propuesta del ‘triángulo mágico’ procedente de la investigación europea (bien explicada en este artículo de Planas, Soler y Feixa), debería partir del reforzamiento de las sinergias entre todos los actores involucrados en este tipo de políticas (expertos, profesionales de juventud, policy-makers, asociaciones juveniles), pero que indefectiblemente tiene que poner a los jóvenes en el centro de todo el proceso. Y cuando hablo de jóvenes no me refiero a una categoría de juventud definida desde las instituciones, sino de jóvenes reales, con sus problemas y necesidades, con sus formas específicas de relacionarse con los otros, de entender e interpretar el mundo en el que viven.

El éxito de las políticas de juventud pasa porque los jóvenes no sean meros beneficiarios de unas medidas definidas por técnicos o usuarios de una serie de servicios, sino sujetos protagonistas que incorporan su subjetividad juvenil, diversa y plural, en la definición de los problemas, las prioridades y en la construcción de las soluciones. De esta manera las políticas de juventud pueden llegar a convertirse en políticas de ciudadanía, (una argumentación mas extensa aquí). Unas políticas orientadas a crear las condiciones de posibilidad para que los jóvenes, de acuerdo con sus proyectos de futuro y desde sus contextos vitales, puedan ejercer su condición ciudadana de una manera responsable y comprometida. Para lograr este propósito resulta imprescindible que los jóvenes logren, a través de su acción, estar presentes en la esfera pública y se construyan como colectivo con una voz eficaz, competente y reivindicativa frente a unos poderes públicos que siguen sin dar soluciones a los problemas que bloquean su integración social.

Maternidad adolescente: patriarcado y desarrollo socioeconómico

15/01/2018 – Marisa Revilla Blanco (Universidad Complutense de Madrid)

El año 2017 se ha considerado como “el año de las mujeres” en un balance, prácticamente unánime en la prensa occidental, que ha resaltado diversos impactos de las movilizaciones de las mujeres durante el año: empoderamiento, nuevo despertar, etc. Temas como la violencia de género o el acoso sexual han adquirido, a pesar de las resistencias y reacciones patriarcales, la relevancia pública que hasta ahora no lograban alcanzar.

El desafío ahora para los movimientos feministas y de mujeres y para quienes nos sentimos feministas consiste, en primer lugar, en que se logre aumentar la visibilidad y la discusión sobre estos temas, que no disminuya el interés, y que se aborden medidas y políticas que contribuyan a su desaparición. Pero, en segundo lugar, el desafío está en que no se presenten estos temas como anomalías aisladas, sino que se comprenda el lugar que ocupan como efectos violentos del patriarcado.

Para ello, debemos seguir ampliando la denuncia de situaciones que, como consecuencias de ese patriarcado, impiden los avances en la igualdad de género o, visto de otro modo, propician que no se avance linealmente en igualdad, sino que contemos con algunos pequeños avances en temas específicos mientras que, en otros ámbitos, no solo no se producen avances, sino que la situación requiere especial atención.

Este es el caso de la maternidad adolescente en el mundo. Desde mi punto de vista, un tema especialmente sensible porque compromete la situación de las mujeres que serán mañana las adolescentes de hoy.

Tabla 1: Tasa de fertilidad en adolescentes

(Nacimientos por cada 1.000 mujeres entre 15 y 19 años)

Países de referencia 1960 2015
Media mundial 86,6 44,1
Ingreso alto 46 13
Ingreso mediano alto                            76 30
Ingreso mediano 95 40
Ingreso mediano bajo 116 47
Ingreso bajo 137 96
Miembros OCDE 52 22

Fuente: Extracto de elaboración propia. División de Población de Naciones Unidas. Perspectivas de la Población Mundial. Citado por el Banco Mundial.

Los datos que presento en la Tabla 1 nos acercan a una realidad que, en primer lugar, está cambiando porque observamos una disminución en la tasa analizada en el periodo entre 1960 y 2015 y, en segundo lugar, está anclada en la desigualdad socioeconómica.

Aunque el indicador “ingreso del país” es muy limitado para analizar el desarrollo socioeconómico, sí nos permite comprobar que tienen relación y que, asociado a la posición que el país ocupa según su nivel de ingreso, estarán actuando otros factores como la incorporación de las mujeres al empleo, a la educación, el reconocimiento de la igualdad de derechos, etc.

Todos factores clave para la comprensión del fenómeno del matrimonio infantil, porque se desarrolla habitualmente en los países y culturas en los que se mantiene la subordinación de la mujer,  anclada en una función reproductora. Como recogen Alessandro Gentile y Ana Lucía Hernández en su trabajo Relatos de madres adolescentes en la España actual: “… la maternidad en edad adolescente es un hecho normalizado en aquellas comunidades con rígidas desigualdades de género, donde se socializa a las mujeres desde pequeñas para los roles de esposas, madres y cuidadoras del hogar que ellas deben cumplir si quieren formar parte de su comunidad”.

Tabla 2: Tasa de fertilidad en adolescentes

(Zonas geográficas)

Zonas geográficas 1960 2015
Unión Europea 39 10
América Latina y Caribe 107 64
África Subsahariana 153 101
Oriente Medio- N. África 136 39
América del Norte 82 20
Asia Meridional 115 33
Asia Oriental y Pacífico 66 22
Mundo árabe 134 48
Europa y Asia Central 42 17

Fuente: Extracto de elaboración propia. División de Población de Naciones Unidas. Perspectivas de la Población Mundial. Citado por el Banco Mundial.

La tabla 2 introduce una mirada a zonas geográficas y países concretos que nos permite profundizar en este tema. De estos datos, la zona geográfica que tiene mayor número de casos es África Subsahariana, seguida por América Latina y Caribe. Me voy a concentrar ahora en el análisis de la maternidad adolescente en América Latina porque, como planteaba la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en su Informe Anual 2011 (págs. 17 y ss.):

“Vale subrayar que, mientras los índices de maternidad tienden a disminuir en todos los grupos de edad de los países de la región, continúan en aumento en el grupo de adolescentes de entre 15 y 19 años. Este incremento se da en países con distinto nivel de desarrollo económico, nivel educativo e incidencia de la pobreza, lo que revela la complejidad del fenómeno y la multiplicidad de factores que inciden en su evolución. La mortalidad materna y el embarazo adolescente son más elevados entre las mujeres de sectores más pobres, quienes tienen menor acceso a la educación, a la información y a la salud sexual y reproductiva”.

El Informe de UNICEF sobre Vivencias y relatos sobre el embarazo en adolescentes, realizado en 2014 en seis países de la región, recoge los siguientes datos:

“En la región, una de cada tres jóvenes es madre antes de cumplir 20 años. Entre los países de la región con mayores porcentajes de madres jóvenes se encuentran: Nicaragua (28%), Honduras (26%), República Dominicana (25%), Guatemala y El Salvador (24%), Ecuador (21%) y Bolivia y Colombia (20%) (UNFPA, 2013). Casi todos los países de la región se encuentran dentro de los 50 países del mundo con las tasas de fertilidad adolescente más altas (Banco Mundial, 2012)”.

El estudio citado de CEPAL nos ofrece el recuento de los factores que más pesan en la maternidad adolescente en la región: pobreza, fracaso educativo y salud sexual y reproductiva. Sobre estos temas se han concentrado los análisis sobre el fenómeno en la región en los últimos años.

El estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de 2011, El fracaso educativo: Embarazos para no ir a la clase, concentrado en Paraguay y Perú, introdujo una perspectiva nueva: según el estudio el fracaso educativo tiene relación con la maternidad adolescente como causa, no como consecuencia. Es decir, no se trataría tanto de que las adolescentes abandonen la educación como resultado de su maternidad, sino que, la falta de expectativas sobre la educación recibida y la falta de expectativas sobre el desarrollo personal y profesional de las adolescentes de determinados grupos sociales estaría en el origen de la maternidad, en cierto modo, deseada.

Sería la búsqueda de un embarazo (o la no prevención), como una vía rápida de acceso al mundo adulto de estas adolescentes, a través de la maternidad. En palabras de sus autoras, Emma Näslund-Hadley y Georgina Binstock: “Sus expectativas de tener una vida diferente a la de sus padres son mínimas o no existen. Estas mujeres carecen de incentivos para evitar los embarazos e incluso podrían planear quedar embarazadas”.

Sin embargo, en 2017, el informe de Jorge Rodríguez Vignoli, Fecundidad no deseada entre las adolescentes latinoamericanas, publicado por CEPAL y la División de Población de UN, discute el argumento de la deseabilidad de la maternidad adolescente porque sus resultados plantean que: “i) la deseabilidad es minoritaria entre los nacimientos de madres adolescentes, ii) la deseabilidad de la fecundidad adolescente está cayendo muy marcadamente, y iii) el gradiente socioeconómico es mucho menor que el registrado en el caso de la fecundidad observada e, incluso, en algunos países, los mayores niveles de no deseabilidad se informan entre las adolescentes pobres”. El problema estribaría en este caso en las dificultades de acceso a anticonceptivos y a educación sexual y reproductiva.

Lo que se evidencia en todos los estudios es que las adolescentes de los grupos sociales más pobres son las más afectadas por este fenómeno. Sociológicamente, es extraño encontrar fenómenos mono causales por lo que, desde mi punto de vista, enfrentamos una realidad que, en unos casos, tendrá relación con una planificación de la maternidad que ratifique las expectativas que se mantienen sobre estas adolescentes; en otros, con la falta de acceso a anticonceptivos y, en otros muchos, con una mezcla de los dos.

Lo que se desprende también de las investigaciones y los datos es que empezamos a conocer mejor la situación de las madres adolescentes, pero no sabemos casi nada de quiénes son los padres en esas situaciones. Y tener esa información es crucial porque esa visibilidad corresponde con su responsabilidad.

En todo caso, y más allá de América Latina, pensando también en España o en Europa, aparecen líneas de actuación concretas que abarcan los factores que inciden en este fenómeno:

  • Mejora del acceso a la educación de calidad de las niñas y adolescentes de los grupos sociales más pobres, que pueda suponer realmente la apertura de una puerta hacia un mundo adulto que no reproduzca las desigualdades de partida.
  • Medidas y políticas que garanticen el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de los y las adolescentes.
  • Mejora de la educación sexual y reproductiva de los y las adolescentes.
  • Énfasis en el acceso a esta educación sexual y reproductiva de los adolescentes hombres: La prevención del embarazo, el uso de anticonceptivos y la sexualidad responsable han de ser cosa de dos.

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