La inteligencia artificial y la preparación para la guerra

19/12/2017 – Laura Fernández de Mosteyrín (Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA)

Hace un par de semanas recibí a través de un grupo de whastap un vídeo con el que también me había cruzado en twitter. En él se presenta, con un enfoque comercial,  el potencial para matar de un pequeño dron exactamente igual al que podrían pedir nuestras hijas e hijos a los Reyes Magos.

Me sobrecogió y, además de desvelarme un acrítico afán ‘reenviatorio’, me provocó dos reflexiones inmediatas.

Primero pensé: “qué bien y con qué poco sonrojo se venden instrumentos de matar”, seguido de: “esto de la inteligencia artificial va mucho más deprisa de lo que podemos éticamente reflexionar, de lo que podemos socialmente digerir, de lo que podemos legalmente regular y de lo que debemos políticamente aceptar”.

Lo reenvié… Pero se me había quedado el ‘aguijón’ de la postverdad y decidí dedicar un rato a indagar sobre la procedencia del vídeo. Encontré la versión larga, que es mucho más interesante, aunque requiere 7 minutos que, en la era de la inmediatez, es muchísimo.

Recordé que el contexto lo es todo para interpretar el sentido de las acciones. El vídeo no está diseñado para vender armas sino, todo lo contrario, para denunciar sus riesgos y demandar a los poderes públicos la prohibición de su uso.

No me quedé mucho más tranquila, pues sea ‘verdad’ o ‘fake’, el vídeo refleja que vivimos tiempos en los que el miedo y el control se han incrustado en todas las esferas de la vida social. Recomiendo que inviertan los siete minuto en verlo: hay muchas cuestiones condensadas en él.

Aquí solo señalaré algunas, pues he desarrollado otras en este otro post y quiero profundizar algo más en la comprensión de la guerra en nuestra época: de qué manera la convergencia entre la inteligencia artificial y la belicosidad dan forma a nuestra sociedad, igual que lo han hecho en el pasado.

Parece que la tecnología aplicada a armas autónomas no está desarrollada plenamente (es decir,  que una máquina no dispone por completo de la capacidad para actuar en el ‘campo de batalla’ sin intervención humana), pero sabemos que está en avance y que su precedente está en la guerra de drones que Obama inició como su propia versión de la guerra contra el terror.

Así lo ilustran algunos estudios académico-científicos y se ve en toda su enjundia en la película de 2015, Eye in the Sky. De manera paralela, en los últimos años se viene debatiendo a nivel internacional y en el marco de Naciones Unidas la gobernanza de los sistemas de armas autónomas.

Sabemos que hay muchos países con altas capacidades militares avanzando en sistemas autónomos de defensa (Estados Unidos, Reino Unido, Israel, Corea, China…). Ello está siendo objeto de investigaciones en centros de referencia como el SIPRI, Stockholm International Peace Research Institute y por parte de agentes de la sociedad civil global como  Human Rights Watch. Hay también respuesta de la sociedad, ente ellas las campañas  Ban Autonomous Weapons, de la que procede el vídeo del que hablamos, y Stop Killer Robots, una coalición no  gubernamental que presiona, apoyada por expertos del mundo entero, para adoptar una prohibición preventiva sobre el desarrollo LAWs (Lethal Autonomous Weapons).

Pero lo que hay en este vídeo distópico es una cuestión completamente añeja: me refiero a la capacidad de los Estados para utilizar la violencia organizada, el papel de la tecnología en el desarrollo de la guerra y las dos caras históricas de un mismo proceso: la guerra en el exterior del Estado está directamente relacionada con la ‘pacificación’ en el interior del Estado, como nos recuerda Mark Neocleous (2011).

Es el relato de lo que el complejo militar-industrial-securitario puede hacer: mejorar la defensa nacional frente a enemigos con perfiles muy concretos, minimizando así los ‘daños colaterales’ y seguir haciendo la guerra sin que a las opiniones públicas occidentales, que Martin Shaw llama sociedades postmilitares,  se les atragante la cena con el telediario. En otra lectura de este vídeo distópico, son los ‘malos’ (¿terroristas?, ¿radicales? ¿anarquistas?, ¿criminales?, ¿piratas? ¿refugiados?) esto es, -los que desafían el monopolio estatal de la violencia-, quienes nos atacan sin la ‘legitimidad’ ni las ‘restricciones’  que poseen los Estados occidentales.

Pero sigamos especulando  que son los Estados pues, al fin y al cabo, son las organizaciones políticas más poderosas, las que tienen mayor capacidad de destrucción y la que expanden su poder ante las amenazas. Los Estados pueden controlar a millones de personas a nivel planetario y separar a los ‘amigos’ de los ‘enemigos’ con un simple ejercicio de perfilación. Lo pueden hacer con sus enemigos exteriores y lo pueden hacer con sus enemigos interiores.

En esta distopía, se utilizan las armas autónomas para ‘neutralizar’ el disenso y pacificar en el interior de la sociedad. Ese mecanismo de expansión histórica del poder del Estado que es la guerra, y la forma que toma en este momento, no es posible sin dos fenómenos complementarios que, siendo igualmente viejos (pues los Estados siempre han recogido datos de sus poblaciones haciendo uso de la sociedad), adquieren hoy unas dimensiones planetarias y difícilmente mesurables: el Big data y la vigilancia masiva.

El potencial predictivo del Big data, como el valor preventivo de la vigilancia masiva,  están en entredicho. Sin Thick Data  -y redundamos aquí en el conflicto metodológico clásico entre los hechos y los significados; entre lo cuantitativo y lo cualitativo– no podemos discernir, por ejemplo, entre los decires y los haceres. Sin embargo, la expansión del poder de  vigilar, evidenciada en las revelaciones de Snowden en 2015, depende en buena medida de que los ciudadanos/as proveamos datos al sistema.

Esos datos permiten la perfilación, ‘enseñan a hablar a los algoritmos’; permiten parametrizan muchos aspectos de la vida cotidiana y, junto con la inteligencia artificial, están entrando en instituciones centrales de la sociedad  incluyendo las de control, porque permiten ‘predecir patrones de conducta’ (criminal), ‘asignar de manera eficiente recursos’ (policiales) y ‘minimizar riesgos’ (colaterales?).

Precisamente la guerra es una institución central de todas las sociedades en todos los momentos históricos. La Inteligencia Artificial y el Aprendizaje Automatizado aplicados a la guerra, nos alertan de la importancia de entrar en el debate sobre su regulación. En contra de los argumentos neo darwinistas de moda, a los humanos les repulsa matar.

Eso explica que históricamente los ejércitos hayan recurrido a sustancias para ‘facilitar’ la tarea de matar y que la ideologización sea un elemento central en todos los ejércitos. Eso explica también que haya deserciones, motines y desobediencias en la cadena de mando– como el soldado que opera drones en la  película  Eye in the Sky-. En un contexto cambiante, ¿puede  rehacerse un cálculo  estratégico y moral? ¿Fallan los sistemas? ¿Fallan las máquinas? ¿Quién es responsable? He aquí algunos desafíos éticos que plantea la guerra mediada por la Inteligencia Artificial  sin mencionar, por supuesto, la capacidad de aniquilar al género humano o, peor, a una ‘parte designada’ de la humanidad.

Dos grandes sociólogos de la violencia han mostrado que los humanos ‘matan mejor en grupo’. Randall Collins y Siniša Malešević, aportan distintos tipos de evidencia que sostienen el argumento de que la violencia es mayor y más efectiva cuando media la organización social y la ideología. En la medida en que las sociedades se complejizan y la organización de la violencia se sofistica, el potencial para matar es mayor.

Legitimaciones nos sobran en un mundo marcado por una cada vez mayor identificación del diferente (en nacionalidad, en pertenencia étnica, en religión) como enemigo. El avance de la Inteligencia Artificial, combinado con el giro autoritario de los Estados nación, es un desafío sobre el que es necesario seguir reflexionando.

Pero el vídeo me dio para pensar en el poder de los escenarios de futuro. ¿Por qué nos gusta tanto elaborar, construir y consumir distopías (y no utopías)? La imaginación de futuro es esencial a la vida social y aunque en la ‘sociedad del riesgo’ ha quedado clara la dificultad para imaginar una línea clara, certera y positiva de futuro, vivimos en una cultura obsesionada con ‘adelantarse al futuro’ (análisis de riesgos, construcción de escenarios etc…). Sin embargo, a veces olvidamos algo que la Sociología llama ‘profecía auto-cumplida’; cuando los individuos piensan algo como real, acaba siendo real en sus consecuencias, pues actúan como si fuera real.

Recuperando al siempre inspirador Charles. W. Mills debemos plantearnos si la principal causa de la guerra es la preparación para la guerra.

Referencias

– Collins, Randall. (2009). Violence: a Micro-sociological Theory. Princeton and Oxford: Princeton University Press.

– Malešević, Siniša (2017). The Rise of Organised Brutality: A Historical Sociology of Violence. London: Routledge.

– Mills, Charles, W. (1958). The Causes of the Third World War. New York: Simon and Schuster.

– Neocleous M (2011) “‘A brighter and nicer new life’: Security as pacification”. Social & Legal Studies 20(2): 191–208.

NOTA: Imagen de portada de Hugo Bononi distribuida bajo licencia CC

Más que choque de trenes ¿choque de generaciones?

15/11/2017 – María Jesús Funes (UNED) y Patricia García Espín (CSIC)

«Ya no soy el arrogante jovencito que era cuando llegué aquí – prosiguió Arkadi. No en vano he cumplido  ya 23 años. Como antes, sigo deseando ser útil, dedicar mi vida a la búsqueda de la verdad. Pero ya no busco mis ideales allá donde los buscaba antes, sino que ahora me parece que están… bastante más cerca. Hasta ahora no me comprendía a mí mismo y me imponía tareas que eran superiores a mis fuerzas… Pero un nuevo sentimiento acaba de abrir mis ojos… Aunque sé que no me expreso claro, confío en que usted me comprenda…” (Ivan Turgeniev, Padres e Hijos, Akal, 2011 [1862], p. 231)

El envite del independentismo catalán, las “ocurrencias” de los ayuntamientos “del cambio”, una diputada con su bebé en sesión parlamentaria, diputados con coleta, camisetas de grupos rap, o rastas, como representantes de los ciudadanos; diseños viarios para favorecer a ciclistas y viandantes en perjuicio de los coches privados; huertos urbanos en cualquier barrio; presupuestos públicos dedicados a talleres sobre consumo alternativo o diversidad sexual LGTB ¿Tiene todo esto alguna relación entre sí? ¿Podemos relacionarlo con las proclamas del final del régimen del 78, o la caída del bipartidismo,…?

Desde nuestro punto de vista sí.

Nuestra hipótesis es que hay un hilo conductor que une estos hechos aparentemente dispares que evidencian un, “el”, cambio generacional y que, siendo así, una parte de este cambio podría haber llegado para quedarse. Qué y cuánto permanecerá, qué y cuánto desaparecerá es, en este punto, tarea de adivinos más que de analistas. Pero lo que subrayamos es que estos impulsos de cambio los protagonizan quienes tomarán TODAS las decisiones a partir de dos décadas, en las que habrán desaparecido quienes vivieron más o menos de cerca la Transición; y las nuevas generaciones no pueden percibir los beneficios del fin de la Dictadura.

Y es que ¡se veía venir! Los que hacemos estudios de juventud venimos escuchando cómo se comparan con generaciones previas lamentando “nosotros no hemos hecho historia” expresando un contenido anhelo.

En el año 2005 el Instituto Nacional de la Juventud nos planteó a un grupo de profesionales un estudio que explicara por qué los jóvenes no participaban y estaban tan alejados de la política. La contestación, en un monográfico titulado Movilización social y creatividad política de la juventud fue la siguiente: no es cierto que no participen, que no les interese la política. Lo que ocurre es que los investigadores miramos dónde no hay y no vemos lo que hay porque ignoramos/despreciamos lo que no nos gusta o no entendemos. La mayoría de los analistas se formulaban las mismas preguntas de siempre y no veían lo que había porque no estaban/estábamos preparados para comprender ni a la juventud ni “su política”.

Nuestra propuesta fue ampliar el foco reconociendo el status de “políticas” a prácticas que los estudios convencionales no consideraban tales. Con ello encontramos a muchos jóvenes haciendo política ¿otra política? en parte sí. Las formas de estudiar los comportamientos políticos se habían quedado anticuadas, se aplicaba una plantilla que dejaba fuera muchas cosas. Los investigadores sociales estaban actuando como el señor del chiste que perdió las llaves en un sitio pero las buscaba en otro porque allí había luz y donde se habían caído no.  ¿Resultado? Así no hay manera de encontrar las llaves.

Dicho estudio y otros posteriores mostraban que en España estaban llegando a la edad de hacer política unas generaciones motivadas, cualificadas, con un alto grado de sofisticación política. Buena parte de ellos se habían iniciado en el movimiento estudiantil, en la izquierda radical en torno al Movimiento Autónomo, y presentaban críticas serias a la deriva económica y social, al cambio climático, los problemas de la vivienda, la precariedad laboral, los paraísos fiscales, la concentración del poder en ámbitos cada vez más opacos.

Un dato relevante es la distancia entre población joven y adulta en cuanto a la confianza en sí mismos en relación con la política, lo que denominamos eficacia política interna, indicador de autopercepción de competencia. Ya en el Informe de Juventud de 2008, utilizando como indicador la pregunta: “la política es demasiado complicada para gente como yo” veíamos que el 46% de los adultos estaba de acuerdo y el 41% en contra, mientras que en el sector juvenil la relación se invertía: el 55% de los jóvenes estaban en desacuerdo con esta afirmación, es decir, sí se sentían capacitados frente al 42% que no. Los datos del Informe de 2016 son consistentes con esta evolución, la franja más joven apunta mayor autopercepción de competencia política y el aumento del interés por la política continúa la trayectoria ascendente. Asimismo, otros estudios[i] muestran la preferencia juvenil por otros procesos participativos (Font et al, 2011, …). No obstante, como veíamos y seguimos confirmando, esto se producía en universitarios, fundamentalmente de clases medias, y menos o nada en los sectores económicamente más depauperados (García Albacete, 2013).

Pero, aun considerando que los más motivados siguen siendo minoría y que esta motivación tiene sesgo de clase, resaltamos un desplazamiento de una postura escéptica a otra más motivada fundamentada en posicionamientos éticos. La desafección estaba dando lugar a una reacción moral que cristalizaba en deterioro en la imagen de instituciones como los partidos y valoración de otras como las ONGs, que relacionan con los valores que echan en falta en la política convencional. Los datos de jóvenes que no daban la espalda a la política pero preferían otras visiones y prácticas han transformando la imagen en términos relativos de los españoles. Al incluir otras formas de hacer política dejaron de ser los apáticos, políticamente desmotivados, que veíamos en las comparativas europeas, y su perfil político se acentuaba[ii].

Y la evidencia se produjo en forma de 15M.

No fueron sólo jóvenes, claro que no, pero nadie dudará de que lo iniciaron y sostuvieron. Jóvenes que empiezan a dejar de serlo pero que nacieron después de la muerte de Franco o de la Transición. Mucho ha cambiado desde aquella primavera de 2011, muchas esperanzas se han visto defraudadas, también miedos tranquilizados al contemplar la paulatina institucionalización y su normalización adaptándose a las lógicas conocidas. Pero que de aquellos polvos vienen estos lodos es indudable. Y no (sólo) del tan traído y llevado 15M, sino de lo que lo caracterizó: un impulso que pretende ser democratizador.

Ciertamente había más cosas. La crisis económica ha deteriorado la vida de millones de personas, entre otros muchos jóvenes que por más máster, idiomas y estancias en el extranjero sólo pueden aspirar a salarios de miseria, en una precariedad que impide una vida estable. También los adultos ven con cómo la movilidad social con la que soñaron se disuelve como un azucarillo en el agua; cómo las jubilaciones son más feas de lo que imaginaron; cómo la injusticia y la desigualdad campan a sus anchas sin que sepamos qué hacer al respecto.

Pero, sin obviar todo esto, lo llamativo fue una especie de reclamo con tono de descubrimiento. Se extendió la idea de que “todos podíamos hacer política”, una socialización en la que el umbral para ser sujeto político se reducía y amplios sectores sociales vivieron un proceso de empoderamiento como exitoso aprendizaje de lo público. La socialización política, como ya han señalado diversos autores (Sigel, 1989), adquiere más fuerza si es vivencial y se teje en las experiencias personales, en la política de lo cotidiano. Y, por supuesto, si se “sella” en un acontecimiento con la eficacia estratégica de los círculos de reconocimiento y los rituales del 15M resulta más intensa. Aquella sentencia “No nos vamos de la plaza nos trasladamos a tu conciencia” no fue un brindis al sol. Muchos creyeron que se podía pensar una política diferente, que tenían “voz” y que expresarla era un derecho y una posibilidad. Y, ¡cuidado! generar ilusiones es algo peligroso (¿esperanzador?) para los sistemas políticos.

Y ¿pretendemos también explicar “parte” del conflicto catalán desde esta hipótesis del cambio generacional?  Ciertamente.  En el año 2010 un movimiento de bases crecía en Cataluña reclamando independencia mediante formas de democracia directa. Muchos de sus protagonistas participaban, también, de una protesta que recorría España reclamando más democracia y denunciando la precariedad y la desigualdad; las Plataformas de Afectados por la Hipoteca son lo más conocido pero había mucho más. No pretendemos decir que sólo eran jóvenes, no era así por ejemplo en las PAHs (aunque sí en sus orígenes, recordemos “V de Vivienda”), pero había jóvenes liderando la mayoría, y creemos que sin ellos no habrían tenido lugar algunas transformaciones de la acción colectiva como el 15M.

¿Puede alguien pensar que sin este impulso sostenido por y desde las bases sociales las CUP hubieran concitado el apoyo alcanzado en las urnas? Y sin ello ¿habríamos llegado dónde estamos? Nosotras pensamos que no, y proponemos verlo como parte de este intento de cambio que tiene, en su intención, más de revolucionario que de reformador y que luce el sello indudable de la juventud. Sin duda hay más cosas: el cambio de actitud de algunas élites catalanas (antes no tan independentistas), las (no) reacciones del gobierno central, los problemas con la justicia de un sector de Convergencia,….. Sí, todo eso está ahí. Sólo proponemos una perspectiva de análisis desde la que pensar.

Y en esta línea proponemos aplicar la distinción que Charles Tilly (1995) hacía entre situaciones revolucionarias y resultados revolucionarios. Principalmente, su análisis de la secuencia que convierte una acción colectiva en conflicto político y éste en situación revolucionaria que culmina, sólo algunas veces, en resultado revolucionario. Los rasgos que identifica en las situaciones revolucionarias sirven para pensar en Cataluña y medir cómo y cuándo se evoluciona de un estado a otro. Y es que no sólo por las condiciones del conflicto y el talante de cambio del independentismo interesa esta revisión, es que algunos de sus protagonistas, para los que no es tan central la secesión, sí aspiran a un cambio profundo de régimen y de sociedad.

Nuestra hipótesis, por acabar, es que en la base de toda la inquietud, los miedos, pero también los anhelos de la situación actual, lo que subyace es más que un choque de trenes un choque de generaciones. Centrarnos en la idea de una/s generaciones con intención, y tal vez capacidad, transformadora nos posiciona en otro lugar al interpretar el cuestionamiento del contenido de lo que hay (ejemplarizado en la Constitución) y su continente (el bipartidismo normalizado y más cosas que podrían tener fecha de caducidad, o no,…). En la investigación ya citada realizada en un momento crítico, pues los datos son de 2011 y 2012, la crítica a la política convencional, el rechazo al bipartidismo y el cuestionamiento de instituciones centrales de la democracia, se acompañaba de una actitud propositiva relevante en los sectores juveniles, planteando procesos políticos que requerían participación más allá del voto.

Ciertamente, estas nuevas generaciones tienen perfiles variados, tanto como que también nutren el partido Ciudadanos y al Partido Popular. Pero eso no invalida el argumento.

Creemos que una mayor apertura de “los mayores” hacia las generaciones más jóvenes, que previamente tenían escaso protagonismo en la escena pública, es altamente recomendable. También en el ámbito académico debemos superar los enfoques estigmatizadores (“los jóvenes pasan” “son individualistas e interesados”). Los significados mismos de lo que implica ser joven están en disputa. Apostamos por aproximarnos a “las” juventudes en sus prácticas políticas, más allá de la clásica batalla de padres e hijos, de los estereotipos y el estigma, una aproximación al impulso renovado que vienen aportando al panorama político.

REFERENCIAS

– García- Albacete, Gema; Lorente, Javier y Martín, Irene (2013). How does the ‘crisis generation’ relate to politics? Paper to be presented at the XI Congreso español de Ciencia Política y de la Administración. Sevilla, 18-21 September.

– Font, Joan; Navarro, Clemente; Wojcieszak, Magdalena, y Alarcón, Pau. (2012). “Democracia sigilosa” en España. Opiniones y Actitudes 71. Madrid: CIS.

– Sigel, Roberta (1989) Political Learning in Adulthood” . Chicago: University of Chicago Express. Tilly, Charles (1995). Las revoluciones europeas: 1492-1992. Barcelona: Crítica. (1993), European Revolutions: 1492-1995. Oxford: Basil Blackwell.

– Turgeniev, Ivan (2011) Padres e Hijos, Madrid: Akal.

[i] Proyecto Plan Nacional I+D+I (2008-12): La democracia furtiva: entre la participación y la profesionalización. CSO2012-38942, dirigido por Ernesto Ganuza.

[ii] Datos del Eurobarómetro de 2007 y datos de 2015 de la Encuesta Social Europea en Informe INJUVE 2008 e Informe INJUVE 2016.

Imagen de Aurora Petra distribuida bajo licencia Creative Commons

Romper el marco «España»

por Antón R. Castromil

La “cuestión catalana” ha sido abordada desde muchos puntos de vista: legal, político, internacional, de convivencia… A mí me gustaría añadir un poco más de combustible a un debate que conviene alimentar y mantener, ya que nos va mucho en ello en tanto que sociedad.

Lo que se propone aquí tiene que ver con un elemento analítico adicional que apunta a la construcción de los significados entre los ciudadanos. ¿Qué significan los marcos “España” y “Catalunya” en tanto que elementos interpretativos de los hechos políticos y sociales que estamos viviendo? ¿Cómo han sido construidos y qué características presentan?

La cuestión tiene su importancia, ya que se trata de abordar la problemática de cómo los ciudadanos construyen sus universos significativos. Sus filias, sus fobias, sus miedos, enfados y alegrías.

Me da la sensación de que, en el fondo, el “choque de trenes” entre España y Catalunya tiene mucho que ver con la construcción de lo que “Catalunya” y “España” significan en la mente de todos nosotros.

Ofrecemos aquí algunas hipótesis para el debate. El principal elemento de éxito del encuadre “Catalunya” quizá tenga que ver son su carácter interclasista, mucho más que con cuestiones culturales típicas del nacionalismo más esencialista.

Es decir, la idea de que Catalunya es una nación con derecho a decidir su futuro de manera autónoma ha sido aceptada por los más diversos estratos sociales.

Y ha hecho posible lo impensable: que la izquierda independentista clásica (ERC), los independentistas antisistema (CUP) y la derecha nacionalista burguesa (PDeCAT) remen en la misma dirección.

De este modo, el encuadre soberanista catalán ha sido capaz de desplazar la línea de conflicto clásica que había enfrentado a estos actores desde lo ideológico-clasista a lo nacional, naciendo así el denominado “procés”.

Da la sensación de que estos actores (y algunos movimientos sociales y organizaciones circundantes) han sido capaces de llevar a cabo un proceso de simplificación del encuadre “Catalunya”.

Parece evidente que el significante “Catalunya” ha relajado cuestiones esencialistas clásicas. Quedan fuera o bastante marginadas del debate público la lengua, la cultura y literatura catalanas o la historia común que enraíza en el alma del pueblo catalán.

Todo ello cede espacio (aunque no desaparece del todo) a cuestiones de ámbito político. Pero un ámbito político que, a su vez, podríamos definir como de “baja intensidad”. El derecho a decidir ha podido ser suscrito por sectores sociales muy diversos.

Con estas nuevas reglas de juego, ciudadanos muy diferentes han podido
comprar el redefinido encuadre “Catalunya”. Se trata de un universo significativo mucho más pobre, pero más incluyente y, en definitiva, más potente.

Proceso contrario parece que sufre el encuadre “España”. Sigue conteniendo un componente excluyente que lastra su aplicabilidad en amplios sectores sociales, sobre todo en el universo simbólico de la izquierda y en ciertos territorios denominados “históricos”.

Se podría argumentar que “España” en tanto que marco que organiza la experiencia y empuja al ciudadano a la acción dispone de un campo de aplicación mucho más limitado y pobre.

Habría que estudiar el encuadre a fondo, pero, en una primera mirada, descubrimos en él cuestiones como el centralismo castellano, restos de tradiciones en declive (como el catolicismo y la tauromaquia, por ejemplo) y un claro tufo político conservador. Todos estos elementos (y algunos otros que el lector pueda incorporar) parecen asediar al universo significativo “España”.

Si esto es así, el “choque de trenes” al que hacíamos referencia hace sólo un momento se podría estar produciendo entre una locomotora perfectamente engrasada y a toda velocidad (Catalunya) y un vetusto tren de cercanías achacoso y taciturno (España).

Quizá esta circunstancia explique el empeño del gobierno del Partido Popular por tratar el “problema catalán” desde una perspectiva exclusivamente legalista y policial. Parece que desde Moncloa son conscientes que en el terreno político tienen todas las de perder. Por eso utilizan el parapeto en apariencia impermeable de la Constitución y el Tribunal Constitucional.

Una posible solución para que este enfrentamiento de encuadres España/Catalunya deje de ser un juego de suma cero tiene que ver con la necesidad imperiosa que tenemos de romper el actual marco “España”.

De igual modo que los catalanes han sido capaces de redefinir la idea de “Catalunya” para coser en ella todo un “procés” soberanista, desde España se necesita abrir a nuevos sectores sociales la idea de país.

Hoy en día definirse como español continúa siendo tarea ardua para muchos ciudadanos, lo que da clara muestra del carácter excluyente del encuadre. Pero los marcos, como diría el sociólogo canadiense Erving Goffman, también sufren crisis de aplicabilidad, de manera que, en muchas ocasiones, terminan rompiéndose.

Debemos romper el encuadre monolítico “España”. Desgastarlo para, inmediatamente después, transformarlo en lugar de encuentro e intersección de sectores sociales, política e ideológicamente diversos.

Un nuevo marco que sea capaz de crear fisuras en el actual encuadre “Catalunya”, robándole adeptos. Ciudadanos que pudieren resultar atraídos por una nueva visión de una España abierta, plural, multinacional y plurilingüe, en la que la diferencia sea vista como un valor y no como un factor de desconfianza.

Pero claro, para ello se necesita que la izquierda española se implique en el proyecto y que la derecha acepte dejar de secuestrar el encuadre “España”. Ni una ni otra posibilidad parecen demasiado factibles. Sin embargo, la urgencia del momento histórico que vivimos parece aconsejarlo antes de que el tiempo se agote.

Artículo originariamente publicado el 06/10/2017 en infolibre.

IV JORNADAS INTERNACIONALES DE SOCIOLOGÍA DE LA AMS

Análisis y propuestas de la Sociología actual 21 y 22 de septiembre de 2017 Organizan: Asociación Madrileña de Sociología (AMS) Lugar de celebración: Universidad Complutense de Madrid Facultad de CC. Políticas y Sociología Colaboran: Facultades de CC. Políticas y Sociología de la Universidad Complutense y de la UNED, Asociación Iberoamericana de Sociología de las Organizaciones (AISOC), Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Sociología, Federación Española de Sociología (FES), Departamento de Trabajo Social de la UNED. Se constituyen las siguientes áreas de trabajo: 1. Problemas y Políticas Sociales; 2. Comunicación y procesos culturales; 3. Organizaciones, Trabajo e Innovación, 4. Sociología Política; 5. Movimientos Sociales; 6. Educación y Adaptación al cambio; 7. Sociología del género; 8. Población y Territorio; 9. Desigualdad y Estructura Social; 10. Redes Sociales y Sociedad 2.0. Comité científico Antonio Lucas (UCM), José Almaraz (UNED), Isabel de la Torre (UAM), Alicia Kaufmann (UAH), Luis Garrido (UNED), Mercedes Pardo (UC3M), Antonio López (UNED), Juan Díez (UCM), Luís Moreno (CSIC), Fernando de Yzaguirre (Univ. del Atlántico-Barranquilla, Colombia), Isabel Dias (Univ. de Oporto), Mª Eugenia Anguiano (Colegio de la Frontera Norte-Tijuana-México), Miguel Urra (USTA, Bogotá-Colombia), Cristina Heuguerot (UDELAR, Uruguay), Miguel Urra (Univ. Santo Tomás, Colombia), Anne Bory (Univ. de Lille, Francia), Arturo Lahera (UCM), Aurora Galán (UCLM), Begoña Marugán (UC3M) y Esmeralda Ballesteros (UCM). Comité organizador José Antonio Díaz (UNED), María José Díaz (UCM), Yolanda Agudo (UNED), Enrique Morales (UTAD), Gerardo Hernández (UDC), Javier García-Castilla (UNED), Felipe Ruíz, María Dolores Cáceres (UCM), Matilde Fernández-Cid (UCM), Pablo López Calle (UCM), Javier Páez Gallego (UNIR). Calendario Los resúmenes de las comunicaciones, con un máximo de 250 palabras, deberán enviarse al mail del congreso: amsociologia@ucm.es antes del 26 de mayo de 2017. Se comunicará la aceptación antes del 15 de junio del 2017. Los textos finales de las comunicaciones, entre 8.000 y 12.000 palabras, se entregarán antes del 1 de septiembre de 2017. Se publicarán actas con ISBN. Inscripción en las Jornadas: socios 40€ (50€ después del 1 de septiembre); no socios 75€ (100€ después del 1 de septiembre, incluye un año de cuota a la AMS); estudiantes 30€ (40€ después del 1 de septiembre). Ingresos en la c/c de la AMS: ES15- 0049- 3107-14- 2694060782. Es obligatorio para la aceptación del texto final de la comunicación, enviar el justificante al mail del congreso. Los asociados a otras organizaciones territoriales, serán considerados a efectos económicos como socios de la AMS. Más información en http://www.ucm.es/amsociologia. Síguenos en Facebook, Twitter y Linkedin.

What’s Next? Disruptive/ Collaborative Economy or Business as Usual?

Welcome to the SASE 2017 Meeting App! Here you can view the program, search or browse events scheduled for this meeting, and create your own schedule.

Registration

When you arrive at the SASE meeting, be sure to visit the lobby of the J.F. Cier building to check in and receive your conference materials. The registration desk will be open from 3-5pm on Wednesday, June 28th, and from 8am-5:30pm on Thursday and Friday, June 29th and 30th.

Computers and Wi-Fi

You must bring your own laptop if you plan on using a PowerPoint presentation (Macintosh users should bring a standard VGA converter).
Wi-Fi is available campus-wide and each participant will be given a personalized code to join the network with their badge.

Book Exhibit

This year’s book exhibit will be located in the lobby of the Médiathèque building, just behind the registration building.

II JORNADAS SOBRE ESTUDIOS DE JUVENTUD

La Red de Estudios de Juventud y Sociedad celebrará las II Jornadas sobre Estudios de Juventud: Respuestas Juveniles a la Crisis los días 16 y 17 de noviembre de 2017, en la ciudad de Fuenlabrada (Madrid). En este II encuentro, se suma a la organización el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, participando también otras redes de investigación españolas (CI37-FES), europeas (CRIC-H2020), latinoamericanas (CLACSO) e internacionales (RC34-ISA). Dossier de las jornadas