Los placeres del primer Rey Borbón

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El palacio y los jardines barrocos de La Granja guardan intactos los rincones y los juegos preferidos de Felipe V. Lo descubrimos en el Curso de Verano ‘Jardines y Parques Históricos’ en el Real Sitio de San Ildefonso (Segovia)

 
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Felipe V e Isabel de Farnesio.- 1743.- Louis-Michel van Loo.- Museo del Prado

Felipe V tenía un único objetivo en la vida: asentar la dinastía Borbón en España. Un solo dolor: era prácticamente bipolar, por eso lo llamaban, “El Animoso”. Y cuatro placeres: la guerra, el sexo, la voz de Farinelli el “Castrato”, y el juego. El palacio y los jardines de La Granja responden, aún hoy, a las fortalezas y debilidades del rey que la soñó y la construyó. Este año 2013 La Granja se estrenó como sede de los Cursos de Verano de la UNED. Más de una treintena de estudiantes pasearon por sus jardines con Eduardo Juárez, profesor de Historia de la UNED y Cronista del Real Sitio de San Ildefonso. Fue un viaje a los secretos lúdicos del Barroco.

 

Felipe V se entregó a su primera gran pasión, la guerra, durante 13 años. Los que duró el enfrentamiento con Carlos de Habsburgo, el otro pretendiente al trono español. Acabada la Guerra de Sucesión, consideró cumplido su objetivo y comenzó a construir La Granja, en el Real Sitio de San Ildefonso. Sería un lugar de entretenimiento y solaz, con un jardín similar al de Marly donde tanto había jugado de pequeño y que sería arrasado durante la Revolución Francesa; bien diferente al de Versalles, concebido como escenario, a mayor gloria de su abuelo, Luis XIV, el Rey Sol. Y con su parque, área boscosa destinada a la caza, buen sustituto de las estrategias militares en tiempo de paz.

 
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Huerto

 

Las obras iban a buen ritmo: flores, huertos, paseos, fuentes…. Al mismo tiempo, se consolidaba la Dinastía Borbónica en el trono. Felipe V abdicó en su hijo Luis I. Apartado de la corte de Madrid, se planteaba vivir en La Granja dedicado a divertirse, a disfrutar del lecho de su esposa y de la voz de Farinelli y a cazar. Eran las únicas actividades que le sacaban de su letargo y su melancolía.

 

El opio del rey, el caballo y el tapiz

Luis I murió de viruela seis meses después de ser coronado y su padre se vio obligado a ocupar de nuevo el trono. Aún no sabía que sería el Borbón que más años, en total 46 – de 1700 a 1746-, reinase en España. Decidido a trasladar la corte de Madrid al Real Sitio de San Ildefonso, encargó a los mejores arquitectos, jardineros y paisajistas de la época la ampliación del palacio y los jardines de La Granja.

 

Mientras se realizaban las obras, trasladó su corte a Sevilla. Y empezó a vivir de noche: se levantaba a las 8 de la tarde, iba a misa, comía a medianoche, recibía a las embajadas internacionales a las 2 de la madrugada y cenaba a las 8 de la mañana. Clamaba y hacía que Farinelli interpretaba para él, cada día, las cinco mismas canciones que le había escuchado por primera vez. Pese a los intentos de la reina, Isabel de Farnesio, todo el mundo comentaba los desvaríos del Rey.

 

Desde hacía tiempo aliviaba su inestabilidad mental con un compuesto de hierbas al que llamaban jarcia, uno de cuyos ingredientes era el opio. Le tranquilizaba, pero provocaba episodios curiosos, como aquel en el que los sirvientes de cámara pillaron al monarca intentando subirse a un caballo … pintado en un tapiz.

 


Sexo real

Cuando La Granja estuvo lista nos recuerda Eduardo Juárez, su extensión era de 169 hectáreas, 1.690 kilómetros cuadrados. Allí se fue el Rey con su corte, dispuesto a disfrutar de su palacio, su jardín y su parque. Pero supo elegir bien sus ministros que modernizaron administrativamente España en aquellos tiempos de Ilustración, gobernando desde Madrid.

 
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El juego de Nocturnal tiene posiblemente mucho que ver con un escondite erótico y con el intercambio de parejas

 

En el Real sitio de San Ildefonso, el Rey se entregaba a sus pasiones entre período y período de depresión. El sexo era la número uno. Dormía cada noche con la Reina, a la que Julio Alberoni, cardenal consejero de Felipe V, describía a su llegada a Madrid como “una buena muchacha de veintidós años, feúcha, insignificante, que se atiborra de mantequilla y de queso parmesano y que jamás ha oído hablar de nada que no sea coser o bordar». Pero Isabel de Farnesio escondía un fuerte carácter y un gran talento para gobernar su vida y las de su entorno.

 

Supo conquistar al rey negándole la consumación del matrimonio hasta que lo tuvo a sus pies. A partir de entonces, reinó. Se dejaba ganar por el rey en los juegos de mallo y navegaba por el estanque con su marido en una barca, mientras en otra cantaba Farinelli. Y se había convertido, además, en la principal consejera del Rey.

 
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Laberinto

 

Laberintos, intercambio de parejas y otros juegos

La Granja conserva intactos algunos de los rincones en los que disfrutaron Felipe V, Isabel de Farnesio y su corte. El laberinto es el único de Europa que conserva el diseño original de su época (el de Versalles, por ejemplo, ha sido modificado una y otra vez). Fue ejecutado sobre un plano de Dezallier, autor del principal manual de jardinería francés. Si en la Edad Media el laberinto era cuestión religiosa o filosófica, en el jardín barroco toma un sentido más racionalista. En plena ilustración, con Kant, Hume y Leibniz inundando los salones con su pensamiento, el laberinto tenía la consideración de búsqueda matemática, de cábala, de solución a un problema, de resistencia ante la presión de estar perdido.

 

Los bolos eran otro de los juegos preferidos en La Granja. Los jardines tenían cuatro pistas, de las que ya no queda ni rastro. Se habían construido rebajando el suelo, entre setos vegetales y con dobles muretes adosados adornados con flores. Todo estaba medido para que jugadores y espectadores se aislasen del mundo y se concentrasen en el juego.

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl mallo de La Granja es también único en Europa. Se trata de la antesala del golf. Se jugaba con una maza y una bola que debía colarse por una portilla metálica. Se jugaba a pie o a caballo, individualmente o por parejas, o en equipos. Se apostaba fuerte, mucho dinero. La Reina dejaba ganar a Felipe V porque tenía muy mal perder. El mallo había sido un juego del pueblo que pasó a ser aristocrático. Cualquier gran palacio barroco que se preciase tenía una de estas pistas en sus jardines. En muchas de ellas, como esta de La Granja, se construían planos inclinados para salvar los desniveles del suelo. Estamos, por tanto, ante la primera estructura deportiva construida en España, puntualiza Juárez.

 

Y del otro juego de La Granja, el más secreto, del que quedan descritas estructuras, pero silenciada su mecánica es el Nocturnal. Se dice que fue inventado por Luis XIV y constaba de dos anillos concéntricos. En el de dentro, fijo, colgaban anillas con números inscritos. El de fuera era un circuito circular con caballos de madera que giraban. Se trataba de conseguir los puntos. La pregunta es ¿para qué?

 

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La teoría inocente es que se trataba de sumar 14 puntos. Ganaba el que primero lo conseguía. Pero la teoría más extendida es que se trataba de un cierto tipo de escondite con alto contenido erótico. Por eso se jugaba de noche. En este caso las damas tomarían un número y se retirarían a algún rincón apartado del jardín. Los caballeros, sobre su caballo de madera, lucharían por conseguir una de las cifras clavadas en la anilla. Un número aleatorio. Buscarían a las escondidas y cuando hallaran a la dueña del número gemelo…..Venus, cupidos, bacos y otros dioses habitantes del jardín entrarían en juego. O no. Dependería del gusto.

 

El profesor Eduardo Juárez no sabe cuál es la versión real. ¿Con cuál se quedan ustedes?

 

Sede: Centro Asociado de Segovia
Lugar de celebración: Real Sitio de San Ildefonso
Curso: Jardines y Parques Históricos
Fecha: 4 al 6 de julio
 


Aida Fernández Vázquez

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1 comentario

  1. La UNED sigue viviendo en un mundo de fantasía. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de asistir a los Cursos de Verano de la Complutense, o de cualquier otra universidad seria, sabe muy bien que esto de la UNED es una broma, sin gracia, por cierto. El profesor más relevante de estos cursos ha sido don PINPON. Sigue siendo lo mismo de siempre. Los «profesores de la UNED, que ni dan clase en su vida, ni saben de que va eso, se sacan un dinerillo y hacen el ridículo, como todos los años.
    !Animo!

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