La danza del universo

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El mundo se mueve,  se mueven las aguas y  las ardientes arenas del desierto, se mueven las salamandras y los delfines,  se mueve la brisa…todo se mueve.

Péndulo de Foucault

Bailan los planetas y las estrellas en el inmenso universo. A través de potentes telescopios la  Vía Láctea, nuestra casa,  se descubre brillante en su río de leche.  Amanece y el astro rey atraviesa altivo y poderoso el firmamento, pero sus siervos han encontrado el modo de mirarle a la cara sin quedarse ciegos,  dejando al descubierto sus estallidos y el ardor de su incandescencia.

 

Late el corazón en nuestro  pecho rítmicamente,  60, 70 veces  por minuto. Un ritmo que el pánico desborda. Si pudiéramos mirar nuestros miedos desde fuera, cara a cara, convertirlos en muñecos y meterlos  en el congelador… Se excitan los corazones con el roce de otras manos. A ellas recurrimos para ahuyentar los malos pensamientos y, para darles la vuelta, unimos nuestras manos a otras que nos  ayudan a no perder el equilibrio.

 

Se agita la materia formada por moléculas en continuo movimiento, sensibles a los cambios de temperatura o al empuje de otras como ellas. Cambios que dejan rastro y que la Química ha sabido manipular para desvelar los crímenes más atroces.  Moléculas de cosas que se convierten en otras cosas, como la uva en vino y que a su vez ligamos a construcciones tan cambiantes como la gastronomía, deparándonos un enorme placer. El impulso de la creación que culmina en la genialidad de artistas como Picasso a quién han querido redescubrir sus amantes, deslizando sus ojos  por las salas del Museo Reina Sofía.

 

Oscilan la luz y los dígitos en un metafórico universo paralelo del que no podemos sustraernos. Un autobús se desplaza eficiente allá donde los docentes están, y les ofrece  los instrumentos necesarios para adiestrarlos en el  manejo  de las cambiantes tecnologías. Luego, en sus aulas del siglo XXI ,  alumno y profesor se sumergirán juntos en la red.

 

Se convulsiona el mundo por la voluntad del hombre y los conflictos se suceden en demasiadas regiones, como Asia y el Pacífico. Porque la templanza es la virtud menos practicada y al hombre le desbocan sus apetitos y el desprecio a la razón.

 

El Magno Alejandro es el paradigma del movimiento, una fuerza le atrajo irresistiblemente  y le llevó hasta los confines del universo, más allá del Helesponto, del Imperio Persa, de Nilo Azul.  Pasó el 80% de su vida en una tienda de campaña, al abrigo de las estrellas. Y ese afán de llegar donde nadie había llegado le costó perderla. Pero … ¿qué es la vida sino agitarse en un continuo movimiento?

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