Desmontando a Felipe V

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A través de la presencia de la música y las artes en los Jardines de La Granja de San Ildefonso, los historiadores Carlos Martínez Shaw y Marina Alfonso Mola se encargaron de ofrecer una visión distinta del primer Borbón en la corona española, alejada de la ‘mala prensa’ de la que históricamente ha gozado.

 

Víctor Manuel González, Josefina Martínez y Carlos Martínez Shaw

Víctor Manuel González, Josefina Martínez y Carlos Martínez Shaw

De Felipe V se ha dicho que tenía tendencia a la locura, a la depresión y a la melancolía; que era concupiscente y lascivo; que su carácter era débil y que no era más que un juguete en manos de sus mujeres, María Luisa Gabriela de Saboya primero e Isabel de Farnesio después; que era muy escrupuloso con sus creencias religiosas y que guardaba un gran rencor contra sus enemigos. Era un rey con muy “mala prensa”, afirmó el catedrático de Historia Moderna de la UNED, Carlos Martínez Shaw, un monarca del que “hasta 1957 no se escucharon palabras amables sobre su obra de Gobierno, es decir, más de 200 años después de su muerte”. Y sin embargo, no todo era ni tan cierto ni tan falso, tal y como se encargaron de ‘desmontar’ el catedrático y su compañera de Departamento, la profesora de la UNED Marina Dolores Alfonso Mola, quienes fueron los responsables de abrir el curso Jardines y Parques Históricos. IV Edición: Música en los Reales Sitios, codirigido por Josefina Martínez Álvarez, profesora de Historia Contemporánea de la UNED, y Eduardo Juárez Valero, profesor-tutor del Máster del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED y cronista del Real Sitio y a cuya inauguración acudió el director del Centro Asociado de Segovia, Víctor Manuel González Sánchez.

 

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La familia de Felipe V, de Van Loo

Para ofrecer esta nueva visión borbónica, y en línea con la temática general del curso, ambos expertos coincidieron en hacer constantes referencias a la música. El codirector, Eduardo Juárez, señalaba en las jornadas previas al curso que esta cuarta edición “tiene como objetivo esencial profundizar en el uso y presencia de la música en la corte barroca de Felipe V. Conocida, en general, la melomanía tanto de Felipe V como de Isabel de Farnesio, el curso de este año trata de mostrar hasta qué punto la música representaba un factor importante en la apesadumbrada vida del primer Borbón. Así, la sucesión de músicos que trabajaron para los reyes, desde Durón a Farinelli, pasando por Scarlatti, establecieron una impronta musical representativa de la nueva dinastía española”.

 

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En esta idea abundó Martínez Shaw cuando hacía referencia a las cuestiones de especial trascendencia que había acometido Felipe V y que habían sido injustamente valoradas por la Historia, como la “Ilustración y Modernización de la vida cultural española”. Aunque, según el experto, todo el mérito ilustrador se lo ha llevado su hijo Carlos III, “Felipe V es en realidad el autor del verdadero Reformismo Ilustrado Español” y a él se debe el impulso y la creación de instituciones como la Universidad de Cervera, la Real Academia Española o de la Lengua, la Real Academia de la Historia, la Real Academia de Bellas Artes, entre otras. Además, “experimentó un auténtica fiebre constructora, siendo responsables del Palacio de la Granja y el Palacio Real de Madrid, fruto de la reconstrucción y reforma del Alcázar de los Austrias tras el incendio de 1734” y “aunque no tuvo grandes pintores, con el terminó el tardo barroco y comenzó el clasicismo francés y, en cuanto a la música, se encargó de reformar la Real Capilla y, durante su mandato, se vivió un verdadero renacer de la música española, en unos años en los que se dan los mayores genios de la música”.

 

Sobre los mitos que rodean a su personalidad, Martínez Shaw aclaró que “efectivamente tuvo una patología mental, lo que en aquellos años se llamaban ‘los vapores’ y que no era sino síndromes depresivos que le conducían a la apatía y la misantropía –no quería ver a nadie, ni lavarse- y que le alteraban los ciclos circadianos del cuerpo, de forma que dormía de día y vivía de noche, lo cual le llevaba a, entre otras cosas, despertar a Farinelli de madrugada para que le cantara hasta las cinco de la mañana”. Igualmente, continuó el experto, “es verdad que era ardoroso sexualmente, pero no es menos cierto que fue siempre fiel a sus dos esposas y que rechazaba tajantemente a las mujeres que le ofrecían para compartir el lecho cuando se encontraba en el extranjero”. “Era un hombre al que le costaba tomar decisiones, pero que tuvo la suerte de dar con una mujer de gran magnitud política (Isabel de Farnesio) que, a pesar de su gusto por el mando, apoyó siempre a su marido y se atuvo a todas sus decisiones”. Finalmente, en contra de la creencia generalizada sobre la gran influencia que ejercía en el rey su entorno, Martínez Shaw defendió que “era un monarca que se amparaba en la resistencia pasiva para no ceder ante las presiones de los cortesanos y no actuar en contra de su naturaleza, y que, además, se rodeó de grandes políticos que propusieron grandes ideas para la renovación de España, como el Marqués de la Ensenada o el ministro Patiño”.

 

Las reinas del jardín

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Tras la intervención de Carlos Martínez Shaw, la profesora Marina Dolores Alonso Mola tomó la palabra para hacer una semblanza y defensa de las dos esposas de Felipe V, María Luisa Gabriela de Saboya e Isabel de Farnesio, de las que afirmó que “la primera encarnó la cara amable de una reina y la segunda representó el gusto por el poder, pero ambas fueron mujeres fuertes que le sostuvieron de manera continuada, le sustituyeron cuando fue necesario e incluso le influyeron en ocasiones a través de la persuasión, pero las dos le amaron muchísimo. Fueron dos mujeres bien distintas que, aun así, antepusieron su apoyo al rey a cualquier interés personal y se erigieron en garantes de la continuidad de la Corona Borbónica”.

 

De la primera esposa de Felipe V, Alonso Mola destacó su afición por la música, “tanto la culta como la popular, siendo defensora de los Trufaldines, a los que ofreció su protección real y que contribuyeron a la introducción de la farsa italiana y su influencia en el teatro español del siglo XVIII, creando un género nuevo: la comedia de magia o de tramoya”. Igualmente, la experta hizo mención a las escapadas de la reina a la explanada de Chamberí, donde gustaba de “cenar tranquilamente y escuchar música” y a la costumbre de ambos monarcas de acudir con asiduidad a representaciones de zarzuelas y óperas.

 

Fallecida a la edad de 25 años a causa de una tuberculosis, fue sustituida por Isabel de Farnesio, que “aunque no estaba tan bien educada como la anterior esposa, tenía una gran personalidad y una buena formación artística, teniendo incluso una mano suelta para la pintura al óleo y siendo aficionada al teatro y a tocar el clavecín”. Igual que le sucede a su esposo, su imagen ha llegado bastante dañada hasta nuestros días, pues “le gustaba hacer saber que el rey no daba un paso sin su anuencia y porque, dado su carácter no especialmente simpático, alejó a su marido del afecto de sus vasallos”. Sin embargo, la experta reseñó que “fue una esposa devota que suplió al rey, que fue su psicoterapeuta y una pieza esencial en la salud mental y física del monarca” y que si su semblanza ha llegado injustamente distorsionada hasta nuestros días, fue porque “ha sido dada por hombres que, en aquella época –casi como ahora- no les gustaba que las mujeres se comportaran como ellos, y se encontraron con una reina muy viril que ejercía sus derechos como un hombre”.

 

Su intervención fue definitiva en la decoración del Palacio de La Granja, pues era una gran coleccionista y se relacionaba con los mejores marchantes de arte de la época, llegando a acumular un gran número de objetos valiosos y obras de arte, la mayoría de las cuales se encuentran ahora en el Museo del Prado. “Actualmente hay en el museo 350 pinturas que provienen de su colección y que son fácilmente identificables”, contó la experta, “pues Isabel de Farnesio hizo grabar en todos ellos una pequeña flor de lis, su propio símbolo dinástico”.

 

Un lujo que, “aunque no era comparable al de Versalles, se le semejaba bastante” y es que, tal y como señaló la profesora a modo de conclusión, “los Borbones tenían claro que las Artes eran el mejor medio para reflejar la grandeza de la Monarquía”.

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Los Cursos de Verano de la UNED cuentan con el patrocinio de Banco Santander a través de Santander Universidades.

 

Texto y fotografías: Itziar Romera
Edición web: Elena Lobato Toledano

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