De felicidad, salud y memoria

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Cesare Beccaria, ilustrado milanés del siglo XVIII

Felicidad es tener buena salud y mala memoria”, decía Cesare Beccaria, humanista milanés, nacido en 1738, seguidor, entre otros, de Locke y Montesquieu; y firme partidario de la abolición de la pena de muerte.

 

Fundó la “Academia de los puños”, grupo de intelectuales que tenía por fin confeso “realizar una guerra incansable en contra del desorden económico, la burocracia casi tiránica y la intolerancia religiosa”.

 

Pese a sus avales filosóficos y sus principios sociales, con su frase lapidaria no anduvo muy acertado. La memoria es tan importante que sin ella los que hoy participan en los grupos de debate del movimiento 15 M no recordarían siquiera que existió, allá por el siglo XVIII, un pensador ilustrado que izó su misma bandera.

 

Si Beccaria, impulsor de la reforma del código penal del antiguo régimen, hubiera sido nuestro coetáneo, sin duda apostaría fuerte por la defensa y el cuidado de los menores. Igual que ha hecho Javier Urra, primer Defensor del Menor de la CAM y referente en cuanto a la salvaguardia de los intereses de niños y adolescentes. Pilar Sierra charla con él en Barbastro.

 

Tras la conversación, ambos se preparan para asistir al concierto de Juan Gallego-Coín, director del curso “Sin música la vida sería un error”, que esta noche, a las 20.00 h, ofrecerá un recital de piano en la sala Goya de la UNED. Es gratis, ¡acompáñenlos!

 

Si Beccaria, acérrimo defensor de las personas encarceladas -en sus tiempos de la manera más arbitraria- viviera hoy, probablemente había acompañado a Juami Rafet a la prisión de Foncalent para asistir con él y con los estudiantes, presos y libres, al curso sobre cine y cambio social.

 

Inma Luque y Andrés Masa también visitarán los centros penitenciarios de Jaén y Albolote, respectivamente. Desde allí mañana le contaran lo que han visto y oído y lo que van aprendiendo internos y externos sobre movimientos culturales y reinserción social.

 

A la vuelta, nuestro filósofo milanés se quedaría en el centro de Denia para comprobar que la felicidad, más que de la falta de memoria, se deriva de la risa. Una risa que sana el alma y ahuyenta las tristezas, una risa terapéutica por cuyos caminos le conducirían Carmen Pérez-Llantada y Emilo Ambrosio.

 

Reírse es el primer paso hacia la felicidad. Pero también puede ser su consecuencia. Sea lo uno o lo otro, es un bien tan escaso en estos tiempos de crisis que su eco llega de Denia a Baza. El infatigable Andrés Masa le explicaría cómo y porqué se han hartado de reír los alumnos del curso homónimo que se celebra allí.

 

Inma Luque le asomaría a una ciudad proyectada para hacer feliz a la gente: cómoda, “vivible”, donde los ciudadanos, y no sólo las instituciones, se corresponsabilizan de crear entornos de convivencia e intercambio. Una ciudad sujeta a las normas de desarrollo sostenible como la que se diseña estos días en las aulas de Alcalá la Real.

 

Recorridos ya los caminos de la justicia y la felicidad, culminaría un día pleno de conocimiento asistiendo en Plasencia, con María Dolores Orantos como anfitriona, a la última jornada dedicada al cáncer como especialidad multidisciplinar: conocería cómo influye la dieta en el desarrollo del cáncer y escucharía por primera vez el término biología molecular aplicado a técnicas de diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad.

 

Después de asistir, a través de los reportajes de Sin Distancia, a todos estos cursos -y a los que también se inician en Gijón, Baza, Cádiz, Molina de Aragón, Cáceres y Alzira (Valencia)-, tanto Don Cesare como nosotros tenemos más argumentos para asumir o rechazar, pero no para olvidar, su tesis: en su opinión, ¿es cierto o no cierto que la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria?

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