{"id":6555,"date":"2024-10-29T16:30:27","date_gmt":"2024-10-29T15:30:27","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.uned.es\/marcapaginas\/?p=6555"},"modified":"2024-10-29T16:30:29","modified_gmt":"2024-10-29T15:30:29","slug":"diarios-de-duelo-cinco-lecturas-sobre-el-dolor-y-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.uned.es\/marcapaginas\/2024\/10\/29\/diarios-de-duelo-cinco-lecturas-sobre-el-dolor-y-la-muerte\/","title":{"rendered":"Diarios de duelo: cinco lecturas sobre el dolor y la muerte\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Andr\u00e9s Santiago.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAhora, por todas partes, en el caf\u00e9, en la calle, veo a cada individuo bajo la especie del que-debe-morir, ineluctablemente, es decir, muy exactamente del mortal. Y, con no menor evidencia, los veo como no sabi\u00e9ndolo\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Roland Barthes, <em><strong>Diario de duelo<\/strong><\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En los pr\u00f3ximos d\u00edas, cientos de familias ir\u00e1n al cementerio a recordar a sus seres queridos, pondr\u00e1n flores en sus tumbas, quiz\u00e1s recen, quiz\u00e1s hablen con ellos. En algunos lugares, pondr\u00e1n un altar en el cementerio o en la casa, con la comida y la bebida que m\u00e1s les gustaba a los difuntos, con cigarrillos, quiz\u00e1s. En otros lugares, ni\u00f1os y adultos se disfrazar\u00e1n de fantasmas, esp\u00edritus o muertos vivientes e ir\u00e1n pidiendo casa por casa caramelos o dinero.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte propia nos define y nos limita como seres vivientes y la de nuestros seres queridos es probablemente una de las experiencias que de una manera m\u00e1s fuerte marca nuestra experiencia.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de las celebraciones colectivas en torno a la muerte, el duelo es una experiencia profundamente individual y, por eso, queremos ahondar en el territorio de lo \u00edntimo y proponer cinco lecturas sobre el dolor y sobre la muerte, cinco \u201cdiarios de duelo\u201d sobre lo que nos sucede cuando los que nos dejan se van.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1. <\/strong><strong><em>Diario de duelo <\/em><\/strong><strong>de Roland Barthes<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPensar, saber que mam\u00e1 est\u00e1 muerta para siempre, completamente [&#8230;], es pensar, letra por letra (literalmente y simult\u00e1neamente) que yo tambi\u00e9n morir\u00e9 para siempre y completamente\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Roland Barthes,<strong> <em>Diario de duelo<\/em><\/strong>\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente de la muerte de su madre, el 26 de octubre de 1977, Roland Barthes empez\u00f3 a escribir lo que m\u00e1s tarde constituir\u00eda su <a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ffr813\/34UNED_ALMA2159066900004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Diario de duelo<\/em><\/a>, en el que va dejando notas y apuntes que oscilan entre la depresi\u00f3n y una b\u00fasqueda de ligereza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCuando mam\u00e1 viv\u00eda (es decir toda mi vida pasada), estaba yo en la neurosis por miedo de perderla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora (ah\u00ed est\u00e1 lo que el duelo me ense\u00f1a), este duelo es, por as\u00ed decirlo, el \u00fanico punto de m\u00ed que no es neur\u00f3tico: como si mam\u00e1, por un \u00faltimo don, se hubiese llevado lejos de m\u00ed la mala parte, la neurosis\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Barthes entiende que la muerte de su madre le ha cambiado profundamente, que ya no desea lo que deseaba antes y que, como si de una nueva vida se tratara, parece que hace todo por primera vez: volver a su apartamento por primera vez, so\u00f1ar con ella por primera vez, primera ma\u00f1ana de domingo sin ella, enfermar por primera vez\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en el propio duelo de Barthes est\u00e1 tambi\u00e9n parte de su salvaci\u00f3n: \u201cque esta muerte no me destruya por completo, quiere decir que decididamente quiero vivir perdidamente, hasta la locura, y que, por lo tanto, el miedo de mi propia muerte est\u00e1 ah\u00ed, no se ha desplazado ni una pulgada\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2. <\/strong><strong><em>El invencible verano de Liliana <\/em><\/strong><strong>de Cristina Rivera Garza<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNadar era lo que hac\u00edamos juntas. \u00cdbamos por el mundo cada una por su lado, pero acud\u00edamos a la alberca para ser hermanas. Ese era el espacio de nuestra m\u00e1s \u00edntima sororidad. Y todav\u00eda lo es\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>El invencible verano de Liliana<\/strong>, <\/em>Cristina Rivera Garza&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En su <em>Diario de duelo<\/em>, Barthes dice haber le\u00eddo que el duelo por la muerte de un padre o una madre dura dieciocho meses, pero \u00bfcu\u00e1nto dura el duelo de una hermana peque\u00f1a?, \u00bfcu\u00e1nto dura si a esa hermana la mataron por el simple hecho de ser mujer?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En <em><a href=\"https:\/\/acortar.link\/NMPbTa\">El invencible verano de Liliana<\/a>, <\/em>Rivera Garza nos narra c\u00f3mo, m\u00e1s de treinta a\u00f1os despu\u00e9s del feminicidio de su hermana Liliana a manos de su entonces novio, decide \u201chacer memoria para hacer las paces con el miedo\u201d:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHusme\u00e9 en apuntes de la \u00e9poca y empec\u00e9 a hacer preguntas entre los miembros de mi familia que ten\u00eda cerca. Visit\u00e9 t\u00edas, acud\u00ed a quincea\u00f1eras que usualmente evado, hice llamadas por tel\u00e9fono. Algunos contestaron a monos\u00edlabos, otros se extendieron sin ton ni son. Todos bajaron la vista en alg\u00fan momento, avergonzados. Lo siento, dec\u00edan. No recuerdo nada m\u00e1s. Algunos lloraron. Pronto tuve que darme cuenta de que en realidad sab\u00edamos muy poco. Una muchacha desorientada, presa del maltrato cotidiano de un depredador. Una mujer acaso demasiado libre\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces, Rivera Garza empieza a tirar del hilo de la memoria para tratar de encontrar respuestas a todas las preguntas que han quedado sin responder. Comienza su b\u00fasqueda en la procuradur\u00eda de la Justicia de la Ciudad de M\u00e9xico, que lejos de saciar sus preguntas, convierten la muerte de su hermana en una suerte de obsesi\u00f3n. Poco a poco, la escritora se convierte en periodista de investigaci\u00f3n: entrevista a compa\u00f1eros de universidad de su hermana, lee y relee sus diarios, pregunta a periodistas de sucesos, busca archivos oficiales\u2026 creando este libro de dif\u00edcil definici\u00f3n gen\u00e9rica (ensayo-collage) que gan\u00f3 el premio Pulitzer en 2024 en la categor\u00eda de memoria o autobiograf\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cristina Rivera Garza, al revivir la memoria de su hermana Liliana, nos recuerda que el duelo no siempre es un proceso solitario o introspectivo. A veces, el duelo es una lucha por la justicia y por la memoria, una batalla contra el olvido. En su obra, el duelo se convierte en un medio para hacer justicia, para encontrar respuestas. Sin embargo, el duelo tambi\u00e9n puede despertar sentimientos m\u00e1s oscuros, como el rencor y el odio, que son los protagonistas de la siguiente novela&#8230;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3. <\/strong><strong><em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes <\/em><\/strong><strong>de Tatiana \u021a\u00eebuleac<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLos ojos de mi madre eran un desprop\u00f3sito&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos de mi madre eran los restos de una madre guapa&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos de mi madre lloraban hacia dentro\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes<\/strong>, <\/em>Tatiana \u021a\u00eebuleac&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La primera novela de esta lista, <a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ke8o8l\/34UNED_ALMA21136209280004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes<\/em><\/a> de Tatiana \u021a\u00eebuleac, aborda la p\u00e9rdida de una madre desde una perspectiva muy diferente a Barthes o Rivera Garza. Si en las lecturas anteriores encontr\u00e1bamos dolor, rabia y p\u00e9rdida por la muerte, esta nos habla de odio, reproches y asco por su propia madre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La autora moldava nos trae el relato de Aleksy, un artista a quien su psiquiatra le recomienda escribir sobre los \u00faltimos d\u00edas de su madre, a quien detesta y culpa de todos sus males:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHasta el d\u00eda de hoy, cuando soy casi tan viejo como ella aquel verano, no he conocido nunca a una mujer peor vestida. Ni siquiera aquellos dos a\u00f1os en que, justo despu\u00e9s del accidente, viv\u00ed junto a una f\u00e1brica procesadora de pescado en el norte de Francia. Imaginad a m\u00e1s de cien mujeres feas que se visten cada d\u00eda para matar cangrejos, gambas langostinos y otras porquer\u00edas. Mi madre se vest\u00eda a\u00fan peor. Era a\u00fan m\u00e1s fea. Ten\u00eda unos pantalones, unas blusas y una ropa interior m\u00e1s horribles que toda la f\u00e1brica, las empleadas y los crust\u00e1ceos de mierda juntos\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La narraci\u00f3n de \u021a\u00eebuleac, entre el humor y la dureza, lo po\u00e9tico y lo cruel, es tambi\u00e9n una narraci\u00f3n sobre el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n, sobre hacer las paces con el dolor de la infancia y sobre el amor que puede caber dentro del odio m\u00e1s profundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4. <\/strong><strong><em>Lengua dormida<\/em><\/strong><strong> de Franco F\u00e9lix<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY, luego de varios minutos, por fin me atrevo a ver su rostro. Apagado y sano. Sus cejas est\u00e1n relajadas. Sus labios est\u00e1n pintados de rojo y, gracias al cosm\u00e9tico, apenas se notan las heridas que dejaron los tubos del respirador en sus mejillas. Es bella, refinada y precisa. Tal parece, por momentos, que ella misma se ha maquillado para el gran festival de la erosi\u00f3n\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Lengua dormida<\/strong>, <\/em>Franco F\u00e9lix&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Franco F\u00e9lix nos presenta en <a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ffr813\/34UNED_ALMA21208383240004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Lengua dormida<\/em><\/a>, a medio camino entre la novela y la autobiograf\u00eda, los d\u00edas posteriores a la muerte de su madre despu\u00e9s de una larga enfermedad. En un tono m\u00e1s desenfadado que Barthes, pero alejado tambi\u00e9n del \u00e1spero tono de \u021a\u00eebuleac, F\u00e9lix nos habla de la muerte desde lo absurdo y lo cotidiano, enlazando las noticias que ve en la tele con las promesas que le hizo un d\u00eda a su madre, los mensajes que env\u00eda a sus familiares con los secretos que ella nunca le cont\u00f3.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s lo m\u00e1s llamativo de esta novela es precisamente el humor que F\u00e9lix encuentra en los momentos de duelo, heredando posiblemente el humor negro y macabro de la tradici\u00f3n mexicana:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMadre no ser\u00eda un zombi notable si llegara a perder sus dientes postizos. Ir\u00eda por ah\u00ed besando amablemente un brazo, una pierna, una cabeza, sin poder hacerse con un pedazo de carne decente\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Franco F\u00e9lix, con un tono irreverente y profundamente humano, nos recuerda que el duelo no siempre es solemne. A veces, el humor es la manera en que afrontamos lo inabarcable de la muerte. Esta mezcla de lo absurdo y lo doloroso es un reflejo de c\u00f3mo cada uno busca sus propias formas de lidiar con la p\u00e9rdida. En la siguiente lectura, sin embargo, regresamos a una aproximaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima y po\u00e9tica del duelo, en la que la muerte de un hijo marca cada palabra escrita.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5. <\/strong><strong><em>Mortal y rosa<\/em><\/strong><strong> de Francisco Umbral<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA veces, cuando menos lo esperas, te encuentras cad\u00e1ver en los espejos del sal\u00f3n o descubres en las grandes damas la descarnadura del futuro, pero si trata uno de hacer eso met\u00f3dicamente, a voluntad, la carne se cierra y sonr\u00ede, se hace compacta y presente; hay como una autodefensa del hoy, nuestro cuerpo ignora su ma\u00f1ana y asume actitud de rosa cuando queremos hacer metaf\u00edsica con \u00e9l\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Mortal y rosa<\/strong>,<\/em> Francisco Umbral&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ke8o8l\/34UNED_ALMA2173589370004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Mortal y rosa<\/em><\/a> es una de las obras m\u00e1s personales de Francisco Umbral, en las que la mortalidad humana y el duelo ocupan el centro de una obra \u00edntima y desgarradora. Con una prosa po\u00e9tica e introspectiva, Umbral retoma la definici\u00f3n del ser humano como la tensi\u00f3n habitada entre el amor (eros) y la muerte (t\u00e1natos), pero matizando el amor como belleza (la rosa). Para el autor, la muerte es definitoria en la propia existencia humana: \u201cLa vida est\u00e1 dentro de la muerte como el hueso dentro de la fruta\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Francisco Umbral escribi\u00f3 este texto tras la muerte de su hijo menor, acontecimiento que marc\u00f3 tremendamente al autor y que marca l\u00ednea a l\u00ednea las p\u00e1ginas de este texto. El acontecimiento sumi\u00f3 al autor en una espiral de tristeza y pesadumbre que recoge en este sobrecogedor texto:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTu muerte, hijo, no ha ensombrecido el mundo. Ha sido un apagarse de luz en la luz. Y nosotros aqu\u00ed, ensordecidos de tragedia, heridos de blancura, mortalmente vivos, dici\u00e9ndote\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la introspecci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima de Barthes y Umbral, hasta la b\u00fasqueda de justicia de Rivera Garza, el complejo proceso de reconciliaci\u00f3n en \u021a\u00eebuleac y el humor negro de F\u00e9lix, estas cinco obras no solo ofrecen cinco maneras de doler, sino que tambi\u00e9n nos invitan a reflexionar sobre el significado de la vida, el amor y el paso del tiempo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ediciones consultadas<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Barthes, Roland (2009). <a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ffr813\/34UNED_ALMA2159066900004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Diario de duelo<\/em><\/a>. Barcelona: Paid\u00f3s.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>F\u00e9lix, Franco (2023). <a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ffr813\/34UNED_ALMA21208383240004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Lengua dormida<\/em><\/a>. Madrid: Sexto Piso.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Rivera Garza, Cristina (2021). <em><a href=\"https:\/\/acortar.link\/NMPbTa\">El invencible verano de Liliana<\/a><\/em>. Barcelona: Penguin Random House.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u021a\u00eebuleac, Tatiana (2021).\u202f<a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ke8o8l\/34UNED_ALMA21136209280004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes<\/em><\/a><em>. <\/em>Traducci\u00f3n de Marian Ochoa de Eribe. Madrid: Impedimenta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Umbral, Francisco (1995).\u202f<a href=\"http:\/\/buscador.biblioteca.uned.es\/permalink\/f\/ke8o8l\/34UNED_ALMA2173589370004215\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Mortal y rosa<\/em><\/a>. Edici\u00f3n de Miguel Garc\u00eda-Posada. Madrid: C\u00e1tedra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Encuentra estas obras y muchas m\u00e1s en el <a href=\"https:\/\/www.uned.es\/universidad\/biblioteca.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">cat\u00e1logo de la biblioteca de la UNED<\/a>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Foto de&nbsp;<a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/@birminghammuseumstrust?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\">Birmingham Museums Trust<\/a>&nbsp;en&nbsp;<a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/fotos\/pintura-ford-madox-brown-nTM3TZcSktk?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\">Unsplash<\/a><a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andr\u00e9s Santiago. \u201cAhora, por todas partes, en el caf\u00e9, en la calle, veo a cada individuo bajo la especie del que-debe-morir, ineluctablemente, es decir, muy exactamente del mortal. 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