{"id":544,"date":"2018-11-22T10:35:14","date_gmt":"2018-11-22T10:35:14","guid":{"rendered":"http:\/\/marcapaginasuned.blog\/?p=544"},"modified":"2024-05-10T19:27:08","modified_gmt":"2024-05-10T17:27:08","slug":"50-anos-sin-leon-felipe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.uned.es\/marcapaginas\/2018\/11\/22\/50-anos-sin-leon-felipe\/","title":{"rendered":"50 a\u00f1os sin Le\u00f3n Felipe"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\"><strong>Antonio Ortega<\/strong><\/p>\n<p>Este a\u00f1o se cumplen cincuenta a\u00f1os de la muerte de Le\u00f3n Felipe (T\u00e1bara, Zamora, 1884-M\u00e9xico D.F., 1968), poeta que fue prof\u00e9tico y prometeico, tan franco como desgarrado, y siempre una figura inc\u00f3moda enfrentada a todos los dogmas y preceptos, desde\u00f1oso de la beater\u00eda hip\u00f3crita. Un escritor valiente, due\u00f1o de una curiosidad existencial sin parang\u00f3n, sediento siempre de una generosa y humilde sencillez. Y tremendamente contempor\u00e1neo en cualquier tiempo y estaci\u00f3n, en cualquier momento y situaci\u00f3n hist\u00f3rica. Como ha dejado dicho Alejandro Finisterre, \u201cSi alguien ha querido clasificar como poeta a Le\u00f3n Felipe ha perdido el tiempo. Le\u00f3n Felipe no es un poeta cl\u00e1sico ni tampoco rom\u00e1ntico. Ni tradicional ni vanguardista. Ni de ayer ni de hoy. Es un poeta de siempre y de nunca. De todas las escuelas y de ninguna. Le\u00f3n Felipe, gran poeta, fue lo contrario de un hombre de letras. No escribi\u00f3 para producir un sentimiento est\u00e9tico, aunque lo produjera, y de mucha hondura, sino para expresar una agon\u00eda: la suya propia, acaso la de otros muchos hombres\u201d.<\/p>\n<p>Eso lo sab\u00eda bien el poeta, que lo dej\u00f3 convenientemente claro con sus propias palabras:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cPara m\u00ed, la poes\u00eda no es m\u00e1s que un sistema luminoso de se\u00f1ales. Hogueras que encendemos aqu\u00ed abajo, entre tinieblas encontradas, para que alguien nos vea, para que no nos olviden. \u00a1Aqu\u00ed estamos, Se\u00f1or! Y todo lo que hay en el mundo es m\u00edo y valedero para entrar en un poema, para alimentar una fogata. Todo. Hasta lo\u00a0<em>literario<\/em>, como arda y se queme. Y no vale menos un proverbio rodado que una imagen virginal; un vers\u00edculo de la Revelaci\u00f3n que el \u00faltimo\u00a0<em>slang<\/em>\u00a0de las alcantarillas. Todo buen combustible es material po\u00e9tico excelente.\u00a0<em>S\u00e9 que en mi palomar hay palomas forasteras<\/em>\u00a0\u2013dec\u00eda Nietzsche\u2013,\u00a0<em>pero se estremecen cuando les pongo la mano encima<\/em>.\u00a0Lo importante es este fuego que lo conmueve todo por igual \u2013lo que viene en el Viento y lo que est\u00e1 en mis entra\u00f1as\u2013, este fuego que lo enciende, que lo funde, que lo organiza todo en una arquitectura luminosa, en un gui\u00f1o flam\u00edgero bajo las estrellas impasibles. Y que no diga ya nadie: est\u00e1 f\u00f3rmula es vieja y vern\u00e1cula y aquella otra es nueva y extranjera, porque no ha habido nunca m\u00e1s que una sola f\u00f3rmula para componer un poema: la f\u00f3rmula de Prometeo\u00bb.<\/p><\/blockquote>\n<p>Le\u00f3n Felipe contaba treinta y seis a\u00f1os cuando en 1920 ve publicado el primer libro de sus <strong><em>Versos y oraciones de caminante<\/em><\/strong>, un a\u00f1o encerrado entre dos grandes grupos de poetas y escritores, los autores de la generaci\u00f3n del 98 y los poetas de la generaci\u00f3n del 27. Queda pues navegando entre dos aguas, un nebuloso espacio que quedar\u00e1 olvidado gracias a la evoluci\u00f3n de una obra que le har\u00e1 convertirse en uno de los poetas m\u00e1s singulares de nuestras letras. Ese espacio de transici\u00f3n meramente cronol\u00f3gico es al que la hispanista Birut\u00e9 Ciplijauskait\u00e9 se refiere como la generaci\u00f3n de \u201cen medio\u201d, un grupo de escritores (Jos\u00e9 Moreno Villa, Ram\u00f3n de Basterra o incluso Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna) en los que percibimos que son creadores de una escritura que se manifiesta \u201ccontra la ret\u00f3rica, contra la artificiosidad del modernismo, contra la separaci\u00f3n entre la vida y el arte\u201d, pues para ser poeta, \u201cno hay que ser artista, sino hombre\u201d, de ah\u00ed su necesidad de reclamar la sencillez. Lo que hace al poema es la sinceridad y el acento personal.<\/p>\n<p>Es <strong>Luis Cernuda<\/strong> el que destaca que Le\u00f3n Felipe entronca muy directamente con la tradici\u00f3n sem\u00edtico-b\u00edblica, para la que el poeta es, en palabras del propio Cernuda, \u201cun profeta y no un artista; un profeta, no tanto en el sentido de videncia, sino de dirigente\u201d. Esa po\u00e9tica comprada al proceder de los profetas, queda bien clara en unos versos incluidos en su libro <em>Llamadme publicano<\/em>, donde viene a se\u00f1alar lo que \u00e9l entiende por verdadera poes\u00eda, una donde las met\u00e1foras no son verbales, pues al implicar directamente al hombre no se quedan en un mero juego de palabras, y en unos versos donde casi hace un ruego y pide: \u201cPoetas\u2026 hablemos con decencia\u2026 \/ y usemos la met\u00e1fora \/ con sabidur\u00eda \/ y con respeto\u201d. La sabidur\u00eda y el respeto necesarios para mostrar as\u00ed la realidad a trav\u00e9s del poema. En ese mismo libro arriba citado, vuelve a insistir en calificar de \u201cpoeta mayor\u201d a \u201cese que todos conoc\u00e9is y vener\u00e1is \/ y que lleva una corona de espinas en la frente\u201d.<\/p>\n<p>Su vida y su escritura fue y es ejemplo para muchos de los grandes m\u00edsticos y pol\u00edticos revolucionarios (en la mochila del Che Guevara sus asesinos encontraron un poema de Le\u00f3n Felipe transcrito de su pu\u00f1o y letras), pues al fin y al cabo en lo pol\u00edtico, como bien dice de nuevo Alejandro Finisterre, siempre fue \u201cel ap\u00f3stol de la unidad revolucionaria. Hoy estar\u00eda, como siempre, con la concordia, pero como siempre tambi\u00e9n con la justicia por encima de todo. Con la concordia, pero no con la componenda\u201d. Este colosal, para algunos, poetas del \u00e9xodo y del llanto, que fue poeta y profeta, payaso y caminante, domador y titiritero de las palabras, y hombre inquebrantable, muri\u00f3 un 18 de septiembre de 1968, a los ochenta y cuatro a\u00f1os de edad, en M\u00e9xico, tras cincuenta a\u00f1os de actividad intelectual y treinta a\u00f1os de exilio, lejos de la luz de Espa\u00f1a que tanto ech\u00f3 de menos y que tanto am\u00f3. Le\u00f3n Felipe representa un eslab\u00f3n \u00fanico de esa tradici\u00f3n de la llamada poes\u00eda impura, una tarea que le cost\u00f3 el exilio y casi la locura, pues a \u00e9l se debe, junto a otros, que la poes\u00eda espa\u00f1ola del siglo XX no perdiera del todo el aliento humano. Como dice en el \u201cPrologo\u201d de su libro <strong><em>El payaso de las bofetadas y el pescador de ca\u00f1a<\/em><\/strong>\u00a0(1938):<\/p>\n<blockquote><p>\u201cEsto no es un discurso. Es un poema. Un poema tr\u00e1gico. Un poema nacido sobre la vieja sangre de Espa\u00f1a, con unas notas exeg\u00e9ticas. Todo \u00e9l, la prosa y verso, cae y se cierra bajo la misma curva poem\u00e1tica. No es un discurso, repito. Es un poema. Pero el poeta es un hombre responsable. M\u00e1s responsable que el\u00a0orador, simplemente. Tan responsable como el maestro, como el gobernante, como el l\u00edder. El poeta es el Gran Responsable. Y cuando los dioses pregunten un d\u00eda\u00a0enfurecidos\u00a0\u00bfqui\u00e9n ha escrito esto? el poeta responder\u00e1: yo lo he escrito; y no bajar\u00e1 la cabeza. No se puede decir, nadie puede decir: \u00abel poeta vive fuera de la realidad\u00bb.<\/p>\n<p>Esta frase la han inventado unos hombres de vida subterr\u00e1nea para confundir a las gentes.<\/p>\n<p>Amigos: no os dej\u00e9is enga\u00f1ar. El poeta habla desde el nivel exacto del hombre. Y los que se imaginan que habla desde las nubes, son aquellos que escuchan siempre desde el fondo de un pozo. Venid conmigo y haced un poco de silencio para ver si esta voz que yo traigo est\u00e1 afinada en el justo tono del hombre\u201d.<\/p>\n<p>Foto de\u00a0<a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/@aaronburden?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Aaron Burden<\/a>\u00a0en\u00a0<a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/fotos\/pluma-estilografica-en-espiral-libro-xG8IQMqMITM?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Unsplash<\/a><\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Ortega Este a\u00f1o se cumplen cincuenta a\u00f1os de la muerte de Le\u00f3n Felipe (T\u00e1bara, Zamora, 1884-M\u00e9xico D.F., 1968), poeta que fue prof\u00e9tico y prometeico, tan franco como desgarrado, y siempre una figura inc\u00f3moda enfrentada a todos los dogmas y preceptos, desde\u00f1oso de la beater\u00eda hip\u00f3crita. 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