{"id":2937,"date":"2010-04-26T13:36:00","date_gmt":"2010-04-26T13:36:00","guid":{"rendered":"http:\/\/marcapaginasuned.blog\/2010\/04\/26\/cineakira-kurosawa\/"},"modified":"2024-09-02T18:52:05","modified_gmt":"2024-09-02T16:52:05","slug":"cineakira-kurosawa-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.uned.es\/marcapaginas\/2010\/04\/26\/cineakira-kurosawa-2\/","title":{"rendered":"CINE|AKIRA KUROSAWA"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\"><a style=\"margin-left: 1em;margin-right: 1em\" href=\"http:\/\/1.bp.blogspot.com\/__b4JlRcseus\/S9WVu_XGE7I\/AAAAAAAABR8\/KxoIwq7eVGU\/s1600\/akira_pi.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/1.bp.blogspot.com\/__b4JlRcseus\/S9WVu_XGE7I\/AAAAAAAABR8\/KxoIwq7eVGU\/s400\/akira_pi.png\" width=\"400\" height=\"281\" border=\"0\" \/><\/a><\/div>\n<p><b style=\"color: #cc0000\"><\/b><b><\/b><br \/>\n<span style=\"font-size: large\"><b><span style=\"color: #cc0000\"><span style=\"color: black\"><span style=\"color: black\">BREVE GU\u00cdA \u00daTIL PARA NO <span style=\"color: #cc0000\">ENTENDER A KUROSAWA<\/span><\/span> <\/span><\/span><\/b><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: large\"><b><span style=\"color: #cc0000\"><span style=\"color: black\"><span style=\"font-size: small\">Por Jos\u00e9 Luis Mu\u00f1oz de Baena.\u00a0<\/span><\/span><\/span><\/b><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: large\"><b><span style=\"color: #cc0000\"><span style=\"color: black\"><span style=\"font-size: small\">Profesor de Filosof\u00eda del Derecho de la UNED <\/span><\/span><\/span><\/b><\/span><\/p>\n<div class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-size: small\">Cambi\u00f3 el modo de hacer cine para siempre, consigui\u00f3 como pocos que se reconociera de nuevo a\u00a0 su pa\u00eds como uno de los m\u00e1s cultos y refinados del mundo. No hay una sola de esas atrabiliarias listas que no lo incluya entre los diez mejores de la historia del cine; para algunos, no pocos, el m\u00e1s grande.<\/span><\/div>\n<div><span style=\"font-size: small\">Nunca jug\u00f3 a intelectual, pese a que adapt\u00f3 a Shakespeare, Dostoievski,\u00a0 Gorki y alguno de los textos de esos autores no necesit\u00f3 releerlos porque conoc\u00eda en profundidad las obras de muchos de los cl\u00e1sicos de la cultura occidental y de la suya propia. No se crey\u00f3 su propio personaje ni opin\u00f3 sobre cualquier cosa: atrapado por la pasi\u00f3n de hacer cine, parec\u00eda deseoso de borrarse cuando deb\u00eda expresar su parecer sobre cualquier otro tema. Consideraba que <i>Kurosawa menos cine era igual a cero<\/i>. Puede que fuera verdad.<\/span><\/div>\n<div><span style=\"font-size: small\">Pero eso no dice mucho ni me sirve, porque intento resumir su obra en apenas tres p\u00e1ginas y ya llevo unas l\u00edneas.<\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-size: small\">Quiz\u00e1 su estela me ayude. Hablo del tipo que, mientras rodaba en el bosque de Nara, un d\u00eda de 1950, levant\u00f3 la c\u00e1mara hacia el sol. Lo hemos visto muchas veces, s\u00ed, la \u00faltima en <i>Avatar<\/i>, \u00bfrecuerdan? Pero \u00e9l fue el primero. Welles film\u00f3 el techo, \u00e9l el cielo: vaya, me ha salido una met\u00e1fora (si piensan que me paso, comparen <i>Macbeth <\/i>y<i> Trono de sangre<\/i>). Les hablo de alguien que se atrevi\u00f3 a hacer, con <i>Rashomon<\/i>, un film sobre el punto de vista, narrado a partir de <i>flash-backs<\/i> (algo que se hab\u00eda hecho con <i>Ciudadano Kane<\/i>, pero de modo no tan innovador) y lo repiti\u00f3 dos a\u00f1os m\u00e1s tarde en la impresionante <i>Vivir<\/i>, una pel\u00edcula en la que el personaje no muere al comienzo ni al final, sino\u2026 <i>a la mitad<\/i>. S\u00ed, lo s\u00e9, la chica de <i>Psicosis<\/i> (1960) mor\u00eda antes de la media hora, pero no era la prota. Busquen algo as\u00ed antes de 1952, les deseo suerte. Hablo de alguien que invent\u00f3 la transici\u00f3n de escenas por cortinillas laterales en <i>Los siete samurais<\/i> (1954)<i> <\/i>(no, no fue Lucas en <i>La guerra de las galaxias<\/i>, 1977), que tuvo el atrevimiento de rodar un <i>western<\/i> en un pueblo japon\u00e9s y lo hizo con tal perfecci\u00f3n que su <i>Yojimbo<\/i> fue copiado por Leone en <i>Por un pu\u00f1ado de d\u00f3lares<\/i> (cuesti\u00f3n de destino: tambi\u00e9n Sturges perpetr\u00f3 <i>Los siete magn\u00edficos<\/i> y dicen que no se le ocurri\u00f3 a \u00e9l). Pero la lista ser\u00eda inacabable: en <i>El<\/i> <i>infierno del odio<\/i>, rodada en blanco y negro, el humo que delata al secuestrador es rosa. \u00bfSe acuerdan del jersey amarillo de la ni\u00f1a jud\u00eda en <i>La lista de Schindler<\/i>? Pues eso. Hablo, c\u00f3mo no, de alguien que film\u00f3 una historia sobre una princesa a las que escoltan dos tipos fieles y cobardes que huyen de fuerzas muy superiores y en la que aparecen guerreros con sables, de valor insuperable y un f\u00e9rreo c\u00f3digo moral, enfrentados a fuerzas muy superiores. No, no es <i>La guerra de las galaxias<\/i>: es<i> La fortaleza escondida<\/i> (1958). <\/span><\/div>\n<div><span style=\"font-size: small\">No influye quien quiere, sino quien puede. Son necesarias im\u00e1genes fuertes,\u00a0 compuestas como cuadros pero plenas de vida y movimiento, de equilibrio. Me refiero a los impresionantes paisajes de <i>Dersu Uzala <\/i>y<i> Ran<\/i>, plenos de belleza y melancol\u00eda, testimonio de un mundo que acaba. Al tercer castillo de <i>Ran<\/i>, esa mole gris de piedra y humo por la que desciende la figura blanca de Shingen Takeda mientras abajo lo aguardan las tropas rojas de Jiro, las amarillas de Taro. A la batalla de ese mismo filme, acaso la escena b\u00e9lica m\u00e1s impresionante jam\u00e1s filmada, con el fondo sonoro de pesadilla de Takemitsu. Me refiero a los movimientos laterales, zigzagueantes, que impresionaron a Deleuze en <i>La imagen movimiento<\/i>: el heraldo que baja por el castillo en <i>Kagemusha<\/i>, en una danza pol\u00edcroma y sublime; los personajes que se agitan por la casa del industrial Gondo en la primera mitad de <i>El infierno del odio<\/i>; el deambular diagonal de los bandidos condenados en <i>Los siete samurais<\/i>. Se deja huella, por el lado opuesto, apurando al l\u00edmite la sutileza, el gesto tenue que muestra sin decir: la lluvia en tantas de sus pel\u00edculas, siempre con un papel dram\u00e1tico; la extra\u00f1a actitud del juez en <i>Los hombres que caminan sobre la cola del tigre<\/i>; la brisa que agita la cara del bandido Tajomaru en <i>Rashomon <\/i>y nos dice que ese hombre semidormido ha vuelto a mirar a la mujer y la sabe ya suya; la fugaz desaparici\u00f3n de lady Asagi tras un dintel oscuro, como un fantasma, en <i>Trono de sangre<\/i>; la sombrilla del var\u00f3n, cerrada, erguida, apuntando a la abierta de la mujer en feliz met\u00e1fora del deseo, en <i>La leyenda del gran judo<\/i>. Tambi\u00e9n con esa crueldad medida, que Bazin le achac\u00f3 y que palidece ante la sanguinaria banalidad de tantos de nuestros contempor\u00e1neos: el general Washizu asaeteado por sus hombres, ara\u00f1a monstruosa, trasunto del Samsa kafkiano, en <i>Trono de sangre<\/i>; el surtidor que mana del pecho del samurai malvado en <i>Sanjuro<\/i>, el que anega el cuarto de la decapitada lady Kaede en <i>Ran<\/i>.<\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-size: small\">Hablo, en fin, de un mundo complejo, oscuro, lleno de valent\u00eda y a la vez de resignaci\u00f3n, donde una voluntad en marcha trata, generalmente en vano, de dome\u00f1ar la fatalidad. Los novios pobres y alegres de <i>Un domingo maravilloso<\/i>; la heroica mujer de <i>No a\u00f1oro mi juventud<\/i>; el polic\u00eda Murakami de <i>El perro rabioso<\/i>; el cirujano sifil\u00edtico Fujisaki de <i>Duelo silencioso<\/i>, condenado a la castidad por mor del deber; el abogado corrupto de <i>Esc\u00e1ndalo<\/i>; los abnegados m\u00e9dicos de <i>El \u00e1ngel ebrio <\/i>y<i> Barbarroja<\/i>; los h\u00e9roes crepusculares de <i>Los siete samurais<\/i>, albaceas de un mundo que se muere; el lumpen de <i>Bajos fondos <\/i>y<i> Dodes-ka-den<\/i>. Pero \u00bfc\u00f3mo resumir un mundo f\u00edlmico tan complejo, c\u00f3mo dejar en tan poco espacio la impresi\u00f3n de una obra cerrada pese a sus hijos fallidos (<i>Lo m\u00e1s bello, El idiota, Los sue\u00f1os<\/i>), de una acumulaci\u00f3n de im\u00e1genes plenas y rotundas como acaso nadie haya producido en la historia del cine?<\/span><\/div>\n<p><span style=\"font-size: small\">Hay un medio: llegar hasta el final. <i>Madadayo<\/i> (1993), su \u00faltimo filme, es un historia sobre el amor. El amor de un viejo profesor a su mujer, a sus alumnos, a su gato. Una historia ferozmente bella, un cuento infantil de sencillez casi incre\u00edble, rodado con la experiencia del anciano y en la cual palpita la inocencia recuperada del ni\u00f1o. No casualmente, el \u00faltimo plano de ese filme tiene por protagonista a una criatura: el viejo que siente pr\u00f3ximo el fin se sue\u00f1a infante. Hay un documental sobre Kurosawa, rodado por Alan Low en 2001, que muestra una escena incre\u00edble: el final de <i>Madadayo<\/i>. Kurosawa grita <i>corten<\/i>, felicita al equipo, se dirige al ni\u00f1o, habla con \u00e9l: rodaje sobre rodaje, cine sobre cine, un anciano y un ni\u00f1o reales emergen del fin de una historia que termina con un ni\u00f1o y un viejo imaginarios. La \u00faltima imagen que conocemos del hombre se solapa con la toma final de su \u00faltimo filme: no hay costuras, nada por aqu\u00ed, nada por all\u00e1, los dos son el mismo. Lo vemos, a\u00fan alto y digno, y al instante sabemos que vivir\u00e1 cinco a\u00f1os m\u00e1s, pero su tiempo y su mundo han acabado. Era cierto, Kurosawa menos cine es igual a nada.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BREVE GU\u00cdA \u00daTIL PARA NO ENTENDER A KUROSAWA Por Jos\u00e9 Luis Mu\u00f1oz de Baena.\u00a0 Profesor de Filosof\u00eda del Derecho de la UNED Cambi\u00f3 el modo de hacer cine para siempre, consigui\u00f3 como pocos que se reconociera de nuevo a\u00a0 su pa\u00eds como uno de los m\u00e1s cultos y refinados del mundo. 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