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La cuarta edición de la Visita Patrimonial y Etnológica propuesta por el Centro Asociado de la UNED en Cádiz se centró en Úbeda y Baeza, ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El 22 y 23 de febrero se realizó esta actividad de Extensión Universitaria para conocer el rico patrimonio andaluz. El profesor-tutor Manuel Barea Patrón nos ofrece una crónica de este viaje, con apuntes y notas de la alumna M.ª Ángeles Moreno Frías.

Tomaron parte en este nuevo periplo doce estudiantes del Centro Asociado de la UNED de Cádiz, de los grados de Historia del Arte (8), Geografía e Historia (2), Psicología (1) y Filosofía (1). Fueron acompañados por los profesores-tutores Paloma Bueno Serrano -Grado de Historia del Arte- y Manuel Barea Patrón -Grado Antropología Social y Cultural-.

Viernes 22 de febrero
Las del alba no eran cuando un contingente de nueve personas partía de Puerto Real. El jueves previo otro grupo de cinco pusieron tierra de por medio para pernoctar en Úbeda y ahorrarse el madrugón. Pudieron disfrutar de la cálida noche baezana.

El desayuno fue en el término ecijano, en el área de servicio de “La Chimenea-El Pilar” (salida 467 de la autovía). Con las primeras claras del viernes, a las siete, pudimos reconfortarnos con cafés, bollería local y buenas tostadas. El establecimiento estaba solo para nosotros. Presentaciones, saludos y buen tono excursionista.

Continuamos hacia la capital de la Mezquita. Cruzamos el Guadalquivir a la altura de la torre-alminar catedralicia del conjunto monumental, circunvalamos Bailén y Linares y por fin entramos en Úbeda, la Betula romana, la Ubbadat al-arab musulmana. Extensos campos de olivos configuran un “paisaje cultural evolutivo”.

Las indicaciones nos llevan sin problemas hacia las Murallas de San Millán, en la zona de miradores al horizonte de olivares. Antes hemos pasado junto a las tapias del Hospital de Santiago, considerado el “Escorial andaluz”. Su obligada visita queda para otro momento.

09:30 horas. Café y “ochíos” en la Plaza del Ayuntamiento, cafetería “Méndez”. Concentración del grupo. Saludos de los dos contingentes, excelente ambiente. Nos acompaña Beatriz, la guía que nos ha proporcionado Artificis, la empresa que hemos contratado. Toda una suerte de amabilidad, dulzura y sapiencia.

10:00 horas. Comenzamos la visita a Úbeda en la Plaza Vázquez de Molina, flanqueada por la Capilla de El Salvador, el Palacio del Deán Ortega (Parador del Condestable Dávalos), Antiguo Pósito, Cárcel del Obispo, iglesia de Santa María de los Reales Alcázares y el elegantísimo Palacio Vázquez de Molina, sede del actual Ayuntamiento ubetense. Estamos en pleno corazón renacentista de la ciudad, contemplando la obra de Andrés de Vandelvira, cuya estatua mira al Palacio del Ayuntamiento, el joven cantero que trabajó en el Monasterio de Uclés con apenas 21 años. Porta en su mano izquierda un compás abierto sobre una piedra (¿símbolo masónico?). Este espacio recuerda a ciudades como Salamanca o Alcalá de Henares.

Nuestra guía comienza sus explicaciones sobre estas ciudades -que son Patrimonio de la Humanidad desde 2003- en plena plaza, ante la fachada plateresca de la Capilla de El Salvador, interpretándonos la profusión de símbolos de su rica y monumental portada principal: los escudos nobiliarios de Los Cobos (cinco leones), los Molina (un molino y tres flores de lis), los Mendoza (cadenas) y los Sarmiento (monedas). Nos muestra  los bustos de Francisco de los Cobos (con parecido al emperador Carlos V) y de su mujer María de Mendoza (con aires de Isabel de Portugal, esposa del César europeo). La portada          -explica Beatriz- tiene aires de “arco de triunfo”. En su intradós hay medallones con dioses clásicos: Eolo, Neptuno, Vulcano, Diana, Mercurio… En el friso escenas del Éxodo, los trabajos de Hércules, etc. Un rico programa que incluye elementos paganos grecorromanos y cristológicos, muy al gusto del Renacimiento.

El protector y feliz mecenas de Vandelvira, Francisco de los Cobos, fue Caballero de la Orden de Santiago y Comendador de León. Por ello, la puerta de acceso o norte está dedicada a este apóstol (pueden verse abundantes veneras). Además, su riqueza se explica por haber sido Secretario privado de Carlos I de España y V de Alemania.

La construcción de este panteón comenzó en 1536 y fue consagrado en 1559, siendo su primer capellán el Deán Ortega, cuyo fue el palacio que lleva su nombre, hoy Parador Nacional de Turismo.

En el interior de esta capilla funeraria, auténtico monumento a la muerte y al descanso eterno de la familia Cobos-Mendoza, continuaron las explicaciones: la bóveda baída (puede escribirse también con “v”) o “de pañuelo”, característica de las construcciones de Vandelvira, la monumental reja (de Villalpando, de 1555), o el retablo de Alonso de Berruguete -que representa la Transfiguración- arrasado durante la contienda “in-civil” y restaurado por el escultor gaditano Juan Luis Vassallo. Magnífica la bóveda central, ricamente decorada.

Otra obra importante que comenta es el “San Juanito”, atribuida a Miguel Ángel, realizada en mármol. Fue dañada durante la Guerra Civil y ha sido restaurada mediante técnicas de impresión 3D. Se encuentra en el Museo del Prado y se confía en que pronto regrese a Úbeda.

Una excelente explicación de las técnicas  constructivas del artista de Alcaraz nos fue dada antes de pasar a la Sacristía: un ejemplo de la “estereotomía”, una puerta en “esviaje”, atravesando los muros de carga, un alarde de cálculo, que permite pasar de la capilla a la Sacristía, a través de un pasillo oblicuo.

El interior de la Sacristía ofrece un programa iconográfico propio del Renacimiento: alusiones mitológicas griegas y romanas, así como cristianas, con alusiones a vicios y virtudes. Es obra de Esteban Jamete (que se autoesculpió en una de las imágenes-cariátides), el mismo autor que trabajó en la Catedral de Cuenca (su famoso “arco de Jamete”). Puede verse en todo su esplendor una de las características del arte de Vandelvira: el uso de la figura humana como miembro arquitectónico: cariátides (femeninas), atlantes o telamones (masculinos) o hermas (desmembrados). Es algo que volveremos a ver en otras obras del mismo autor en Úbeda y Baeza. Magnífica visita y exposición de nuestra guía en esta obra cumbre del Renacimiento español. Esta capilla perteneció a la Casa de Camarasa y actualmente a la Casa Ducal de Medinaceli. Aquí cantan en efemérides especiales los famosos “seises” del Salvador.

Continuamos con la visita al patio del Palacio del Deán Ortega, reconvertido en Parador para el descanso y el sosiego desde 1929. Magnífico patio de columnas finas y esbeltas, y galería superior a la que no se puede acceder, por evidente privacidad. Las guías indican que tiene cierto aire nazarí y renacentista, e influencias granadinas. Su fachada exterior es sobria. Nos explica nuestra guía que fue para no hacer “sombra” al templo contiguo de El Salvador. Sin embargo muestra una austeridad elegante, con fachada en tres niveles, ventanas, balcones y balcones esquinados (presentes también en Cáceres, Trujillo o Plasencia).

Las explicaciones continuaron ante el antiguo pósito y bajo la estatua del artífice de Úbeda, Andrés de Vandelvira. Estamos en la zona donde estuvo el alcázar ubetense. A un lado tenemos la Cárcel del Obispo; a otro, la Basílica Menor de Sta. María de los Reales Alcázares, donde estuvo la aljama o mezquita mayor, y al final de ella restos de la muralla. De aquí sale la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que congrega a muchos ubetenses.

Al otro lado de la plaza, el soberbio Palacio de los Vázquez de Molina o de las Cadenas, una joya del renacimiento. Da nombre al sobrino de Francisco de los Cobos y secretario de estado de Felipe II. Data de mediados del siglo XVI. Soberbia fachada exterior con atlantes y cariátides decorando el tercio superior. Otro acierto del alcaraceño.

Pasamos a su interior para disfrutar de otro patio renacentista de aires florentinos, con piso superior, distribuido en cuatro arcadas por lado, con columnas de mármol y capiteles corintios. Elegancia, luz y perfección arquitectónica.

Salimos a la Plaza del Ayuntamiento y nos dirigimos al Palacio Vela de los Cobos, otra maravilla renacentista, haciendo esquina para mayor realce de sus fachadas. Es propiedad de la familia catalana Sabater desde 1873. Balcones esquinados y una loggia o galería real en el piso superior estilizan este bello edificio.

Nos explica Beatriz que el Palacio de Dávalos o Casa de las Torres alberga la leyenda de “la emparedada”. Al parecer el Condestable Dávalos ya en avanzada edad casó con una joven de catorce años. Sus celos le llevaron a emparedarla viva en su palacio, hoy Escuela de Arte.

Callejeamos por el Convento de Santa Clara hasta la Plaza de San Pedro, donde vemos la única fachada modernista que queda en Úbeda, la del Palacio de los Orozco, en el cual se ambientó la novela Beatus ille, de Antonio Muñoz Molina. Continuamos por la Iglesia de San Pedro, de estilo tardo-románico y el Palacio de los Condes de Guadiana, con soberbia torre en esquina, mezcla de estilos -plateresco y manierista-, con dos balcones de esquina flanqueados por atlantes y cariátides.

Ahora viene la visita a la última joya encontrada en Úbeda: la Sinagoga del Agua. Hallada por azar en 2007 durante las obras en unas fincas cuyo proyecto incluía garajes y apartamentos, en un corto espacio de tiempo ha sido reconvertida en un importantísimo espacio patrimonial puesto en valor, que muestra el interior de una sinagoga con otra joyita interior: una mikve o mikveh, el lugar del baño de purificación entre los judíos, alimentado por agua de lluvia corriente, no estancada, la ideal para los ritos de limpieza y para eliminar las impurezas. Magnífico lugar, bien expuesto, y excelente trabajo de recuperación, museización y valorización. Se estima que es anterior al siglo XIV. Muestra estancias como la casa del rabino, la cocina y bodega –con grandes tinajas de barro semienterradas para el almacenaje de aceite y granos-, o la galería superior para las mujeres. Un detalle esotérico: durante el solsticio de verano un rayo de luz entra por la ventana superior e incide directamente durante unos minutos sobre el agua del mikveh. Beatriz nos mostró fotos con el rayo atravesando la estancia.

Por la calle Real confluimos en la Plaza 1º de Mayo o del Mercado. Explicación de la fachada de la iglesia de San Pablo y de la función del “tabladillo”, desde donde se dirigían los sacerdotes al pueblo, por ello se considera un templo de carácter “asambleario”. Es de estilo tardo-románico y proto-gótico, con magníficas portadas a dos calles. Beatriz incide en que este elemento arquitectónico, “el tabladillo”, resultó ser un factor clave para la declaración de Úbeda como ciudad patrimonial por la UNESCO, el cual también se encuentra en algunas iglesias de Sudamérica.

Comentarios finales ante la fachada de columnas del antiguo Ayuntamiento. Desde su galería superior los munícipes se dirigían a los ciudadanos publicando sus “bandos”.

Comentarios finales sobre la casa del cantautor Joaquín Sabina y sobre San Juan de la Cruz, que vivió y murió en Úbeda (1591), y cuyo cadáver fue robado, como se puede leer en El Quijote, episodio de “la aventura del cuerpo muerto”, que narra el traslado sigiloso de los restos de San Juan de la Cruz desde Úbeda a Segovia en 1593.

Despedida por hoy de nuestra guía en la sede de ARTIFICIS donde abonamos el estipendio fijado. En su minitienda hubo tiempo para compras de libros sobre Úbeda, Baeza y la Sinagoga del Agua.

Por todo Úbeda nos envuelve un agradable olor a leña de olivo. Una hora pasada la del ángelus dimos cuenta de unos vinos y cervezas en la Baja del Salvador, en “Llámame Lola”, con una excelente tapita caliente. Relax, tertulia, descanso y deseados taburetes para nuestros pies. Nos acompañó nuestra amable Beatriz.

Con los coches nos acercamos a nuestra “fonda”: el restaurante “Al-Ándalus”, donde tenemos reservada mesa para catorce. Degustamos los platos que el menú ofrecía y fue el momento del descanso y los comentarios sobre la magnífica visita que hemos realizado, aunque daría para otro día, dada la riqueza monumental de la ciudad.

Tras la comida, volvemos con los coches de nuevo a la Plaza del Salvador. Ahora tiempo para cafés, compras, paseos y curioseo. Nos llevamos aceites, cerámica de los alfares ubetenses y otros souvenirs. El alfar de “Casa Tito” muestra maravillas de este arte de la cerámica vidriada. Nos llamaron la atención los bacines para parturientas o “parideras”, con el dibujo de una matrona o comadre ayudando a “bien parir”.

Con la caída de la tarde sobre los cerros de olivos enfilamos la carretera a Baeza, distante solo diez kilómetros. Alojamiento concertado en el magnífico hotel TRH Ciudad de Baeza, donde nos han apañado unos precios muy, pero que muy razonables, desayunos incluidos. Céntrico hotel, a escasos metros de la Plaza de la Constitución y al lado de la iglesia-hospital de la Purísima Concepción.

Salida nocturna, con agradable temperatura, a conocer la noche baezana. En la calle Barbacana, en “El Burladero”, cayó la primera ronda, en una  atestada barra (es día de la “tapa”), muy bien atendidos por una joven amabilísima. Continuamos hacia la plaza y en “Xavi” tomamos mesas y cenamos a gusto sentados. También aquí el trato fue excelente, así como las viandas que pedimos.

La noche se cerró en un pub cercano, donde la charla continuó hasta pasadas las doce. Buen ambiente y todo tipo de conversaciones animaron la “madrugá”.

Sábado 23 de febrero
Tras una noche de profundos y merecidos sueños y un sosegado desayuno, la comitiva se reunió con nuestra amable e ilustrada guía, Beatriz, en la Plaza de los Leones o del Pópulo. Nos disponemos a conocer Baeza, la Biatia romana, la Bayyssa musulmana, la “Puerta de Andalucía” en el contexto de la Reconquista. Nos disponemos a ver una sucesión de estilos arquitectónicos: románico, gótico, plateresco, renacentista o barroco. Baeza fue efímero reino desde 1227 (fecha de su toma por los cristianos) hasta 1246, pasando a formar parte del de Jaén, adonde también se trasladó la sede episcopal.

Hubo explicaciones sobre los monumentos que flanquean este espacio: Casa del Concejo, las antiguas Carnicerías (que en 1960 fueron mudadas piedra a piedra de su lugar original junto a las murallas), la Casa del Pópulo o antiguas escribanías, Arco de Jaén y Puerta de Villalar, con su escudo imperial de águilas bicéfalas, recuerdo de la victoria del Emperador sobre los Comuneros de Castilla. Preside el entorno la Fuente de los Leones, coronada con la estatua de Himilce, la esposa indígena de Aníbal el cartaginés.

Entre las explicaciones artísticas Beatriz introduce datos históricos y sugerentes anécdotas. Por ejemplo, la pugna entre ubetenses y baezanos, que viene de antiguo: los Cobos-Mendoza frente a los Benavides-Guzmán. Los baezanos llaman a sus vecinos “bacines” o sea, ‘gentes despreciables’, y estos a los baezanos “bambollas”, es decir, ‘personas  que fingen pomposidad’. También comenta los “horrores” patrimoniales que supusieron la invasión napoleónica, la desamortización y la contienda civil para los monumentos de ambas ciudades.

Por la Plaza de la Constitución y calle Gaspar Becerra llegamos a la calle del Cardenal Benavides, donde hay azulejo conmemorativo de la casa donde residió Antonio Machado. Aquí pudimos disfrutar de la magnífica fachada plateresca del edificio que fue antigua cárcel y Ayuntamiento. Destacan sus cuatro arcos y balcones “serlianos” en la parte superior.

Continuamos por lo que queda del antiguo Convento de San Francisco, reconvertido en auditorio -con “excelente acústica” según nos ilustra nuestra guía-. La bóveda -quizás mal calculada por Vandelvira- se desplomó a consecuencia del terremoto de Lisboa. Fue capilla funeraria de los Benavides.

Pasamos junto al mercado y confluimos en la Plaza de la Constitución. La torre de los Aliatares, con su reloj, da paso por la calle Barbacana al conjunto monumental baezano. Atravesamos la Puerta del Barbudo, y accedemos al patio de la Universidad de Baeza, donde enseñó francés el poeta de Campos de Castilla. Hubo explicaciones en el paraninfo o “aula de retórica”, y luego en el aula de Antonio Machado. En una vitrina se muestran documentos de la época, entre otros una “Hoja de Servicios” del profesor de francés, que abandonó Soria por Baeza cuando falleció su joven esposa Leonor. Maravillosos momentos, todos sentados como colegiales. Se me vienen ahora a la memoria aquellos versos machadianos del poema “Recuerdo infantil”:

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

Recuerdo que la primera vez que leí estos versos fue en el libro Vela y Ancla, en el gaditano Instituto Columela, finales de los sesenta.

Por la calle Beato de Ávila, desembocamos en la Plaza de Santa Cruz. Explicación del templo más significativo del tardo-románico baezano (siglo XIII), la iglesia del mismo nombre, con fachada principal rehecha con buen gusto y la auténtica románica en su lateral derecho.

Su interior muestra restos de pinturas del siglo XVI en el testero del altar mayor y en el ábside de la izquierda, así como en el intradós del arco de la nave lateral. Templo de elevadas proporciones con columnas de piedra arenisca. En la nave derecha aparece un arco de herradura de posible origen visigótico. Otra humilde joya de Baeza.

Frente a esta iglesia, sede de una cofradía que afortunadamente permite su visita, tenemos otra maravilla del arte renacentista, el Palacio de Jabalquinto, obra de Juan Guas, sede de la Universidad Internacional de Andalucía. Su fachada   -con almohadillado tipo “puntas de diamante”- es un magnífico ejemplo del arte de la época de los Reyes Católicos, y recuerda la del Palacio del Duque del Infantado, en Guadalajara. Dos contrafuertes cilíndricos profusamente decorados flanquean la portada, con antepechos o pretiles, uno para cada uno de sus moradores: D. Juan Alfonso de Benavides Manrique y D.ª Beatriz de Valencia Bracamonte. Su patio de columnas toscanas con fuente central es renacentista. El piso superior no es visitable. Sobre la monumental escalera de mármol colgaba una imponente lámpara que ahora luce en la Catedral. Hacemos foto grupal en torno a la fontana.

Ascendemos la calle San Felipe Neri y llegamos a la Plaza de Santa María, otro importante espacio baezano. Fachadas de la Universidad (antiguo Seminario Conciliar), Casas Consistoriales Altas, lateral de la Catedral y fuente de Santa María.

Nuestra guía nos explica el sentido de los “vítores”, esos “grafitis” que decoraban las fachadas de edificios en conmemoración de la finalización de  estudios por parte de los “bachilleres”. Nos informa Beatriz que la pintura empleada se hacía a base de sangre de toro o buey, hojas de aligustre machacadas y pólvora. Este último ingrediente se usaba para que una vez pintadas las letras del “vítor” se les prendía fuego para que quedasen indelebles. Nos recuerda una alusiva al noble ubetense D. Diego de los Cobos, que no quiso estudiar en la universidad baezana, y fue recordado en su fachada: no vino pero por el “vítor” consta que sí, a modo de chanza entre pueblos rivales. Puede contemplarse esta misma costumbre en Salamanca y Sevilla.

Tras comentarnos la simbología de la Fuente de Santa María, nos internamos por las callejuelas que conducen a la Puerta de la Luna de la Catedral. Bellas fachadas de cantería y alguna con balcón esquinado, que dignifican el conjunto.

Tras abonar nuestra entrada y algunas compras en la tienda de acceso al templo catedralicio baezano, nuestra guía nos va explicando el desarrollo constructivo del mismo y las intervenciones de Vandelvira para adaptar dos construcciones y fortalecer las columnas: adosando pilares en semicolumnas. Es la catedral más antigua de Andalucía, pues ya lo era en 1147, volvió a ser mezquita, y desde 1227 de nuevo catedral y sede obispal. Admiramos la bella custodia de plata del siglo XVIII, la bella lámpara que estaba en el Palacio de Jabalquinto, y las diversas capillas y retablos, como las de Santa Cecilia o la de los Emigrantes. Contemplamos de nuevo, en el cénit del templo, las bóvedas baídas o vaídas. En la sacristía pudimos contemplar casullas, cálices y enormes libros cantorales magníficamente miniados.

Pasamos al claustro que fue anterior Patio de Abluciones de la aljama baezana. Algunos arcos apuntados recuerdan el pasado islámico del recinto. Incluso se conserva el brocal del aljibe que serviría para el ritual de purificación.

Continuamos por la calle trasera del templo para contemplar la Puerta del Perdón. Finalmente desembocamos de nuevo en la Plaza de Santa María y volviendo nuestros pasos confluimos en la Plaza de la Constitución, donde damos por finalizada la visita.

Grandes aplausos y felicitaciones a nuestra guía Beatriz por sus maravillosas y acertadísimas explicaciones, tanto arquitectónicas como históricas y anecdóticas. Enviaremos correo de agradecimiento a Artificis, es lo menos y se lo merece.

Nos ha recordado el glosario de términos relacionados con el arte: ménsulas, volutas, heráldica, mocárabes, pináculos, ábsides, bóvedas baídas o de crucería, espadañas, programas iconográficos, retablos, enjutas, cartelas, cúpulas, arcos conopiales, escarzanos o serlianos, cariátides, atlantes… Buen repaso.

Mediodía. Cumple seguir la tradición del “ángelus”: cervezas, refrescos y “palos cortados” de Montilla-Moriles al solecito de la Plaza de la Constitución, mientras otras personas del grupo hacen sus compras. Terraza de “Xavi”, donde anoche cenamos. Nos tratan de lujo.

Nos acercamos a encargar “virolos” (dulces típicos baezanos) en la cafetería-pastelería del mismo nombre, “Virolo”, recomendación de nuestra amable guía. Volveremos a la hora del cafelito.

Momento para la refacción. Tenemos mesa reservada en “La Bodega”, a las 14:30. Por la calle de San Francisco vamos subiendo. Algunos aprovechan para hacer compras de productos locales en el mercado.

Tertulias, charlas, comentarios acerca de lo que hemos visto y mucha animación en el almuerzo y sobremesa. Hubo menú, y choto al ajillo para algunos. Muy bien servidos y atendidos, y el precio arreglado.

La comitiva se dirigió al popular “Virolo” para degustar cafés con los famosos dulces, una especie de hojaldre con algo de cabello de ángel. Se venden por cajas de a docena. Nos llevamos el inevitable recuerdo baezano. Hubo momentos para compras de más aceite y otros detalles finales.

A las cinco de la tarde (como en el poema lorquiano del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”), el contingente gaditano partía de Baeza de regreso a la Bahía. La parada técnica fue en las proximidades de Écija (salida 450), en la venta “Astigi”, con las últimas luces del ocaso. Despedidas, abrazos y felicitaciones generales por la buena experiencia compartida. Entonamos los versos de Machado: “¡Campo de Baeza / soñaré contigo / cuando no te vea!”. Proyectos futuros bullen para próximos eventos y actividades.

Los profesores-tutores que han coordinado esta actividad agradecen a los estudiantes matriculados en esta actividad su participación, interés y excelente colaboración, sin las cuales no hubiese sido posible el  buen clima de convivencia que hemos disfrutado. También quieren agradecer su apoyo a la Empresa Artificis, que nos preparó un completo y excelente programa de visitas; a la guía Beatriz Barrionuevo, de Artificis, por sus magníficas y completas explicaciones, y su simpatía; al Restaurante “Al-Ándalus”, de Úbeda; y al Restaurante “La Bodega”, de Baeza.

 

Manuel Barea Patrón (con apuntes y notas de M.ª Ángeles Moreno Frías).

Centro Asociado UNED Cádiz

COMUNICACIÓN UNED, 13 de marzo de 2019.

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