Nuria Oliver, ingeniera en telecomunicaciones, doctora por el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y una de las mujeres investigadoras en Informática más citada en España, abrió la jornada de difusión del conocimiento organizada por la Cátedra UNED-Huawei en Cloud Computing y Big Data.

Fuente. COMUNICACIÓN UNED

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Carlos Delso, Nuria Oliver, Carmen García Llamas y Natividad Duro | Comunicación UNED

La vicerrectora de Medios y Tecnología de la UNED, María del Carmen García Llamas; la directora de la Cátedra UNED-Huawei en Cloud Computing y Big Data, Natividad Duro Carralero, y Carlos Delso, director comercial de Huawei Enterprise, fueron los encargados de inaugurar la primera Jornada de Difusión del Conocimiento en Big Data organizada por la cátedra creada por la universidad y la empresa tecnológica. La ingeniera Nuria Oliver, primera investigadora española en ser nombrada Distinguished Scientist por la Association for Computing Machinery (ACM), abrió la serie de conferencias con una ponencia titulada Big Data para el Bien Social, área en la que se ha especializado y que ha desarrollado hasta hace apenas unas semanas como directora científica de Telefónica. “La tecnología, como todo en esta vida”, señaló la investigadora, “se puede utilizar para hacer el bien o para hacer el mal, pero mi objetivo profesional siempre ha sido y será emplear la ingente cantidad de datos que manejamos para ayudar a la Humanidad”. Todo ello considerando el teléfono móvil como el más importante sensor del compartimiento humano hoy en día, “que ya hay más móviles que personas y que pasamos más tiempo con él que con cualquier otra persona o cosa”, señaló la experta. 

Tener un teléfono móvil supone tener una conexión móvil que, a su vez, genera una serie de datos a través de las antenas a las que se conecta en cada momento que, correctamente analizados, se pueden traducir en un fiel reflejo del comportamiento humano de incalculable valor tanto para empresas como para gobiernos. Emplear el teléfono como sensor humano tiene numerosas ventajas, que no se habían dado nunca en la Historia, pues “se trata de un fenómeno global, extendido también en los países en vías de desarrollo en los que ya hay más acceso a móviles que a agua o sanidad, y permanente, pues están siempre con nosotros”. Los datos generados, “un código encriptado que señala al emisor de cada llamada o mensaje, otro para el receptor de los mismos, duración de la llamada y hora de la llamada” son los datos a los que se refiere Oliver, “unos datos que son poco precisos en sí mismos pero que, agregados y anonimizados, pueden ayudar a medir variables de consumo, variables de red social y de movilidad”.

Pero, ¿Cómo se pueden usar estos datos para ayudar a la Humanidad? Nuria Oliver señaló rápidamente el primer ejemplo: “para modelar la propagación de enfermedades, por ejemplo. Una epidemia no se convierte en pandemia si los afectados no se mueven, y es más fácil que no se muevan si sabemos previamente cómo se mueven”. En esta línea ha trabajado la experta durante ocho años en Telefónica, empresa en la que ocupó el cargo de directora científica hasta hace menos de dos meses. “Buscamos el impacto que podía tener el análisis y uso de Big Data en cuatro áreas concretas relacionadas con la criminalidad en las ciudades, la actualización y modernización del censo, la ayuda en las situaciones de crisis y la colaboración con la salud pública para evitar pandemias”.
   
La importancia de estos datos y su correcto uso es tal, que Naciones Unidas ya ha hecho referencia al mismo en sus documentos relativos a la Agenda del Desarrollo Post 2015. La “revolución de los datos”, tal y como la denominó Oliver, “se refiere no sólo a cómo conseguir los distintos objetivos planteados, sino también a comprobar después si han alcanzado, que es uno de los grandes problemas a los que se enfrentan las organizaciones”.

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Nuria Oliver | Comunicación UNED

Sin embargo, el Big Data también tiene sus propios retos que superar para que su empleo en aras de una Humanidad mejor sea una realidad: “la recogida de estos datos es barata, puesto que ya la estamos realizando”, señaló la investigadora, “y su granularidad temporal, aunque no es muy buena, es indudablemente mejor que la del censo, que se realiza cada diez años, sin embargo todavía tenemos que solucionar algunos aspectos, como la inexistencia departamentos en las empresas del mundo destinados a este tipo de proyectos, que acaban siendo iniciativas altruistas que realizan las personas en su tiempo libre; o la falta de un análisis claro de riesgo/beneficio, por lo que tenemos que enfrentarnos a veces a consecuencias no anticipadas tal y como le sucedió a la compañía Orange, que realizó un estudio de movimientos migratorios de un grupo étnico que podía haber sido empleado en su contra por el Gobierno no democrático que lo persigue”. Igualmente, continuó Oliver, “contamos con barreras regulatorias en cuanto al uso que queremos darle a los datos, el análisis de los mismos es complicado al no ser siempre en tiempo real y al captarse con mucho ruido, que obliga al desarrollo de complicadas técnicas para depurarlos y clasificarlos, y, finalmente, debemos hacer un especial esfuerzo en seguridad y elaborar un código de conducta que establezca los niveles correctos de agregación para asegurar el anonimato de la información recogida”.

Texto: Itziar Romera | Fotografías: José Rodríguez

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Sobre el Autor

Vicerrectorado de Investigación e Internacionalización UNED

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