Una babel que tiende (ya) a la armonización

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La Facultad de Humanidades acogió el curso bilingüe El inglés jurídico: La cooperación en el ámbito civil y penal’, con el objetivo de profundizar en las peculiaridades del inglés jurídico y mostrar su importancia en la cooperación jurídica internacional

Pensad en la siguiente situación:

Dos personas, una italiana y otra española, se conocen en Londres; se enamoran y deciden casarse. Por motivos de trabajo, optan por irse a vivir a Eslovenia, donde tienen su primer hijo. Años más tarde, se mudan a Suecia, donde nace su segundo hijo. Pero finalmente la historia de amor termina, y se divorcian… en Austria.

Esta historia, que parece muy rocambolesca, no se aleja mucho de la realidad de nuestros días. Ahora, pensad en todas las consecuencias jurídicas que conlleva nuestra historia, añadiendo además a este cóctel el idioma de cada país. Ahora que tenéis los ojos bien abiertos y una gran interrogación sobre vuestras cabezas, os contaré que la solución es muy “sencilla”: un combinado perfecto entre la cooperación judicial internacional y el inglés jurídico.

En Madrid hace unos días tuvo lugar el curso El inglés jurídico: La cooperación en el ámbito civil y penal, dirigido por Eva Samaniego, profesora de inglés jurídico y de traducción jurídica y jurada de la UNED, y en cuya presentación estuvieron presentes miembros destacados del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Ministerio de Justicia, además de la secretaria académica de la Facultad de Filología, Mª Dolores Martos, y del vicerrector de Profesorado y Planificación de la UNED, Ricardo Mairal. Un curso que ha puesto de manifiesto la importancia del inglés en las relaciones judiciales internacionales y que ha profundizado en temas como los rasgos característicos del inglés jurídico en comparación con el inglés general (y otros), como por ejemplo la pronunciación; así como algunas diferencias fundamentales entre los sistemas de derecho común y de derecho civil y con el vocabulario de la cooperación en materia civil y penal.

“Pasar de la formación a la transformación de la Administración de Justicia”

Israel Pastor, director del Centro de Estudios Jurídicos (CEJ) del Ministerio de Justicia, explicó la labor del CEJ a través de su Escuela de Formación Inicial y Continua, la cual da servicio a todos los profesionales de la Administración de Justicia (salvo los jueces y magistrados, que se forman en por parte del propio Consejo en sus centros): letrados, antiguos secretarios judiciales, fiscales, médicos forenses, facultativos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, abogados del Estado, gestores de tramitación y auxilio, etc. “Tratamos de hacer buena esta idea que es pasar de la formación a la transformación de la Administración de Justicia, declaraba. En el ámbito internacional, “el inglés está establecido como el idioma vehicular, el idioma de trabajo. Por lo tanto, esto exige a los profesionales de la Administración de Justicia su conocimiento, su utilización, y no solo aquellos que están especializados en cooperación jurídica internacional”, especialmente en una Europa como la conocemos hoy, exponía Pastor. Y añadía: “si ayudamos a superar las barreras lingüísticas estaremos facilitando esta idea de crear una cultura jurídica única, o que tienda a la armonización”.

Frieda San José, letrada del Servicio de Formación Continua del CGPJ, agradeció a la UNED que “nos ha ayudado a abrir las fronteras económicas, jurídicas,…, de Europa a través del idioma. Porque nosotros ofrecemos a todos los jueces de España cursos de idiomas a través de la UNED, explicaba la letrada, “que tienen muchísimo éxito”. Entre los cursos online que ofrece la universidad, cobran especial relevancia los de cooperación judicial ya que “desde el ámbito judicial nos hemos convertido, del día a la mañana de jueces españoles a jueces europeos”, comentaba San José, “y, claro, el instrumento del idioma es importantísimo.

Por su parte, María Dolores Martos destacó la actividad docente e investigadora del profesorado de la Facultad de Filología, que se veía reflejada en un curso con “una importante vertiente práctica y profesional, con especialistas en el ámbito judicial, que creo que va a ser extraordinariamente fructífera para todos los que vamos a asistir”.  Y José Miguel García, letrado jefe del Servicio de Relaciones Internacionales del CGPJ, que sería el encargado de ofrecer la primera ponencia bilingüe sobre la relevancia del inglés en la cooperación judicial internacional y en las relaciones judiciales internacionales, elogió la labor de la profesora Samaniego como docente. “Llevo cerca de diez años trabajando con ella en los cursos que organiza el Consejo en el Servicio de Formación Continua en materia de Inglés Jurídico; y la verdad es que es una autoridad en este campo”.

“La universidad”, exponía Ricardo Mairal, “ante todos los desafíos que tenemos, debe estar más cercana, ahora más que nunca, a esos desafíos. Y para darles respuesta, reclama la cooperación interinstitucional. Y el vicerrector añadía, en relación a la formación en idiomas, que “es absolutamente clave para adquirir una buena formación jurídica. Y el hacerlo en cooperación con los órganos más representativos le otorga un impulso que no podemos soslayar”. Y concluía diciendo “espero que este curso les sirva para formarse y para cultivar algo que me parece absolutamente fundamental, que es ese juego de la ciencia que pasa irremisiblemente por cultivar valores como la sensibilidad crítica, el aperturismo y, sobre todo, la humildad.

 

“A veces tengo 18 nacionalidades diferentes en el aula, con 18 niveles diferentes de inglés…”

El lema de la Unión Europea, «Unida en la diversidad», refleja perfectamente su situación judicial: 28 sistemas judiciales, con 28 ordenamientos jurídicos diferentes (en realidad 30, porque en el Reino Unido hay 3 distintos: Inglaterra y Gales, Escocia e Irlanda del Norte, que además utilizan vocabulario distinto…). A pesar de ello, la cooperación internacional en materia civil y penal funciona estupendamente. Eso sí, funciona básicamente en inglés. Pero… ¿sabéis que hay varios tipos de inglés? Esto complica aún más la cuestión, así que acudimos a la directora del curso, Eva Samaniego, para que nos aclarara nuestras dudas y nos hablara del seminario.

Como en la UE hay libre movimiento de personas, mercancías, etc., en derecho civil, por ejemplo, cada vez hay más casos transfronterizos…

Es el caso de la historia que presentábamos al principio de esta crónica.

Y en materia penal también ocurre: el crimen cada vez opera más por encima de las fronteras…

Por ejemplo, un juez italiano necesita que un juez finlandés haga un registro de domicilio, no se puede desplazar (porque en principio no es su jurisdicción, y además habría un conflicto de competencias), pero sí puede emitir un documento (una “comisión rogatoria”) rogándole al juez finlandés que lleve a cabo ese registro de domicilio por él. Son temas que están a la orden del día.

Hay muchísimos casos, el más famoso es el de Julian Assange (WikiLeaks): se dictó una orden de detención europea, que al final no se pudo ejecutar porque se refugió en la embajada de Ecuador…

¿Por qué la importancia del inglés?

Uno de los  grandes logros conseguidos es el contacto directo. Es decir, un magistrado español puede levantar el teléfono, o mandar un correo electrónico a un magistrado italiano y solicitarle lo que necesite. Y todo esto se hace en inglés, en todas las instituciones europeas se habla inglés. La Comisión Europea está invirtiendo muchos recursos en formar en inglés a básicamente todos aquellos implicados en la administración de justicia, tanto jueces como magistrados, fiscales, asesores de ministerios de justicia, fuerzas del orden,… Porque ahora mismo es la lengua franca el inglés.

¿Y qué dificultades se presentan en estos casos?

El problema es, primero, que estamos hablando de ordenamientos jurídicos diferentes, con lo cual los conceptos son diferentes, la terminología es diferente; o existe el término pero el concepto es diferente, o no existe el término pero sí el concepto. La UE ha tenido que hacer un esfuerzo colosal por buscar términos que se entiendan en todos los ordenamientos jurídicos. Pero que se entiendan a nivel europeo, no a nivel nacional: la terminología que se utiliza en inglés muchas veces tiene un significado a nivel nacional en el Estado miembro, y otro significado en la UE.

¿Y esto por qué es?

La Comisión Europea decidió hace tiempo aconsejar el uso del inglés británico. Pero, claro, cuando tenemos 28 países hablando inglés cada uno de su forma y manera, lo que ha sucedido es que ha surgido lo que se llama el ‘euroenglish’, que son términos que existen en la UE, pero que los británicos no entienden… Por ejemplo, ‘casación’; en la UE nos hemos inventado ‘casation’, que no existe en inglés. Los ingleses no lo entienden, hay que darles una paráfrasis, explicarles el significado. Pero un europeo sí que lo entiende, porque ese término existe en España, existe en Francia, existe en Italia…

Pero existe otro problema.

¿Más?

Sí, porque parte de la judicatura, de la fiscalía, los abogados… muchos se han formado en Estados Unidos. Además, aunque la recomendación de la Comisión sea el inglés británico, el Reino Unido en 1998 decidió cambiar el vocabulario civil para hacerlo mucho más transparente, menos opaco, y en el 2005 cambió todo el vocabulario penal. Pero lo cambió el Reino Unido, no lo cambiaron el resto de sistemas de derecho común, no lo cambió EEUU, no lo cambió Australia, no lo cambió India, no lo cambiaron muchos países… Es complicado porque hay muchas fuentes de vocabulario. Y, además, hay una necesidad clarísima de formación, porque hay muy pocas personas que puedan formar en inglés jurídico.

Razón de más para abordar un curso como este…

¿Cómo surge la idea de crear el Curso de Verano?

Porque no hay ninguna asignatura de grado, ni en Estudios Ingleses ni en Derecho ni en Trabajo Social ni en otros grados que tiene la UNED que se acerque a esto. Va a haber una asignatura en el nuevo grado en Criminología; pero, claro, es inglés solo en materia penal. Así que pensamos que sería una buena idea incluir las dos jurisdicciones y, además, en inglés. Es útil para alumnos del grado en Estudios Ingleses, y es una salida profesional fantástica. Además, a los lingüistas porque nos da mucho miedo meternos en temas especializados, pero se puede hacer. Se pasa muy mal… pero se aprende muchísimo.

¿Por qué ese miedo?

Porque si utilizas un término y no otro, tiene consecuencias jurídicas. Es decir, no es un lenguaje general, sino que si dices ‘judgement’ en vez de ‘sentence’ estás diciendo dos cosas diferentes, y en español sólo tenemos un término, ‘sentencia’. El que utilices un término u otro tiene un impacto real en las personas, y eso te crea mucha inseguridad. Pero se puede aprender; con esfuerzo, eso sí, y mucho tesón.

Todos aprendemos mejor cuando el aprendizaje es divertido, cuando te plantean retos que estimulen tu creatividad y refuercen tu motivación. En los cursos que suele realizar la profesora Samaniego durante el año escolar, tanto los niveles como las nacionalidades y las edades de los alumnos están mezclados en sus aulas, sabiendo además que a los que venimos de los países mediterráneos nos cuesta más…

¿Por qué esa mezcla? ¿Cómo son tus clases?

Si pones juntos a los alumnos más aventajados, no se sienten motivados porque ya hablan todos muy bien inglés. Y, sin embargo, si los mezclas, los que hablan peor inglés se sienten muy motivados por los que lo hablan mejor, y los que hablan mejor ayudan a los otros. A veces tengo 18 nacionalidades diferentes en el aula, con 18 niveles diferentes de inglés… Yo procuro empezar desde lo más básico. Intento vocalizar mucho, hablar despacito… Y para hacerlo entretenido, cuento muchas anécdotas, juego mucho con el lenguaje, con la pronunciación, juegos de palabras; les pongo muchos vídeos jurídicos, pero también entretenidos, y también de pronunciación. Y sobre todo lo hago muy participativo.

No te aburres, no…

¡No, me lo paso en grande! Y además tengo que decir que es un privilegio dar estos cursos. Yo he tenido desde jueces de Primera Instancia hasta jueces del Supremo de prácticamente todo los países de la UE… Y es que son tan humildes, no se dan ninguna importancia, no quieren salir a la luz pública porque ellos simplemente desempeñan su trabajo. Y, además, tienen muchísimas ganas de aprender. Y te enseñan muchísimas cosas; y sobre todo aprendes humildad, a ver las cosas de otra forma. Porque a mí no me gustaría estar en su piel, a mí no me gustaría decidir sobre las vidas ajenas; y tienen que hacerlo a diario. Un trabajo durísimo; no te imaginas con qué humildad lo hacen. Es increíble. Así que la verdad es que tengo mucha suerte.

 

Inma Luque

Comunicación UNED

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