Sueño de una noche de verano

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Todavía recuerdo aquella noche de verano 2000, en una de las ciudades más bonitas de la antigua Castilla, Ávila. Recuerdo como paseaba aquella noche, con 4 personas, de las cuales era el más joven. Un agradable paseo, de 5 participantes en los cursos de verano de la UNED. Personas totalmente diferentes en edades, en oficios, en muchas cosas. Tres de ellos éramos estudiantes, dos de la UNED y uno de otra universidad. Los otros dos eran un profesor de secundaria y una funcionaria de prisiones. Al ser Ávila mi ciudad “materna” al principio yo les guiaba por la noche, en un marco de tranquilidad; luego fue la propia noche, las estrellas, nuestros pasos los que nos guiaron. Intercambiando impresiones del curso de verano pero sobre todo conociéndonos. Aquella noche “mágica” la repetí durante varios veranos con otras personas.

Casi 20 años han pasado desde entonces, y ahora asisto a los cursos unas veces como ponente, otras como subdirector de Extensión Universitaria en UNED Madrid-Sur, y sin embargo sigo viviendo esas noches. Los días y las noches de los cursos de verano hoy son muy parecidos y a la vez muy diferentes a aquel verano de 2000. Ahora he cambiado el paseo por Ávila por uno en Aranjuez, pero la riqueza y variedad de los participantes sigue siendo lo mismo. Como entonces, ahora hay personas que desde la organización trabajan no solo por los contenidos de los cursos, sino porque estos sean amenos, entretenidos, que se complementen con actividades de ocio y culturales, que fomenten la relación y vínculos entre participantes, docentes y la propia organización. Como entonces, es fácil encontrar participantes de todas las edades, de todo tipo de formación. Se trata no solo de aprender, sino de que este tipo de formación que son los cursos de verano, enriquezcan a las personas, que las hagan un poco más felices. Por eso la importancia creciente de este formato de educación.

Y a la vez son diferentes, porque la UNED ha evolucionado mucho desde entonces. Esa evolución y modernización es la mejor manera de afrontar lo que será el 50 cumpleaños de la UNED. En el caso de los cursos de verano, tanto desde la perspectiva que tuve en su momento como estudiante, como la actual de docente, he visto multiplicarse el número de cursos, cada vez más próximos a temas de actualidad, de debate, de intercambio de reflexiones con una sociedad que cambia y progresa como la propia universidad, reforzando su papel como motor de ideas. También he visto multiplicarse el número de sedes, reforzando la visión que se tiene de la UNED de implantación en todo el territorio nacional e incluso internacional. Y al respecto, he visto la llegada de nuevas tecnología, que dan facilidades a quien no pueda seguir de manera presencial los cursos para que las puedan seguir en directo o diferido.

Todo ello me hace repetir año tras año en los cursos y animar a participar de la experiencia de asistir de cualquiera de las muchas sedes. Y sin embargo, para mí lo más importante, es el recuerdo de aquella noche de verano de 2000. Aquellas 5 personas tan diferentes, pero que un curso de verano hizo que nos encontrásemos. Una experiencia que a día de hoy muchas personas viven en Ávila, Denia, Aranjuez, o cualquiera de las muchas sedes.

 

Juan Pedro Rodríguez Hernández, subdirector de Extensión Universitaria del Centro Asociado Madrid-Sur de la UNED

Comunicación UNED

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