Oteiza: la escultura desde la forma nueva de pensar el espacio

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Irene Jiménez, graduada en Historia del Arte por la UNED y una de nuestras alumnas más fieles al Curso de Verano que cada año, desde hace siete, la universidad celebra en colaboración con el Museo Thyssen-Bornemisza, ha querido escribirnos este artículo donde cuenta su experiencia en el curso que se celebró hace unos días en Madrid

‘Homenaje a Malevich’, Jorge Oteiza (1957)

Por séptimo año consecutivo se ha celebrado en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid del 11 al 13 de Julio, dirigido por la catedrática de Historia del Arte de la UNED Mª Dolores Antigüedad del Castillo-Olivares y organizado por la Fundación UNED, uno de los Cursos de Verano de nuestra universidad. Bajo el título Los lenguajes de la Abstracción. Hacia la liberación del artista, el tema es elegido con motivo de la exposición temporal programada en el Palacio de Villahermosa en estas fechas al artista húngaro Victor Vasarely. Este prestigioso museo, una institución, hoy por fortuna de carácter nacional, fue consciente antes que muchas de la necesidad e importancia de la educación para una comprensión común del hecho artístico.

La crónica de estos tres días sería muy extensa por la calidad de las ponencias; han intervenido Guillermo Solana, Yayo Aznar, Leopoldo de la Rubia y un largo etc. Así, y dada la novedad que supone tratar sobre la disciplina escultórica en la vanguardia española, hago una breve referencia a  la impartida por la catedrática ovetense de Historia del Arte Soledad Álvarez, Oteiza: la escultura desde la forma nueva de pensar el espacio.

‘Variante Ovoide de la Desocupación de la Esfera’, Jorge Oteiza

 

Habría que hacerle caso a Jorge
por primera vez hacerle caso (…)
Lo dejó escrito Jorge y basta

Poema a Oteiza (Santiago Aizarna)

 

 

 

 

El arte te recuerda, cada vez que lo transitas con algo de detenimiento, que existen artistas de los que tenemos una visión muy sesgada, incluso para aquellos que nos dedicamos al estudio de lo que hoy, y no hace tanto, llamamos Historia del Arte.

Jorge Oteiza Enbil (Orio, 1908 – San Sebastián, 2003) nos ofrece un proyecto totalizador de vida, arte y espíritu a través de una obra poliédrica de la figuración a la abstracción, con diferentes vertientes, desde la más conocida, la escultura, pasando por  la pintura, la arquitectura, la poesía…

Escultura de los apóstoles, Basílica Ntra. Sra. Aránzazu, Jorge Oteiza

Aprender a valorar el espacio sería el resumen de lo que Álvarez quiere proponernos de uno de los creadores más relevantes de la Vanguardia del siglo XX español, con un trabajo personal en extremo, indisoluble a las vicisitudes de su tiempo. Desde su desconocida obra figurativa tan relacionada con el binomio Hombre-Universo de influjos precolombinos, anterior a lo que supuso el largo y accidentado proceso de la construcción de la Basílica de Aránzazu, años en los que proyectará su obra posterior en el Laboratorio Experimental, hasta los famosos y reconocibles poliedros de su metafísica de los años 50.

Oteiza considera a  Cézanne  padre de las vanguardias, es influido en la década de los cuarenta por Alberto Sánchez o Henry Moore en sus esculturas verticales, en lo cóncavo, en el hueco,  abandonado éste por el hiperboloide y la Unidades Livianas de 1950: el cilindro en la búsqueda de la  cuarta dimensión en las superficies cóncavas presentes en el Apostolado de Aránzazu. La última y más conocida etapa de su obra plástica es lo considerado por el artista como una forma nueva y necesaria de la estatuaria con un propósito experimental a través de la simplicidad y la abstracción  de Malevich (Unidad Malevich, 1957) y las célebres Maclas, en una reducción a lo esencial, en una ruptura espacio/tiempo, suprimiendo todo color y realizando una “desocupación del espacio”  hasta llegar a lo que denominó Obras conclusivas.

‘Unidad triple ligera’, Jorge Oteiza

 

Abandona la escultura en 1959, considerando finalizada su experimentación en la disciplina, trabajará en la investigación estética y lingüística, activo en causas sociales y políticas de marcado carácter vasco, reivindicando  sus principios de orden y valores espirituales. El arte como sustituto de la religión en la espiritualidad humana, siempre defensor de  la sensibilidad artística para la vida.

 

 

 

En 1988 recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Artes a toda su trayectoria. Oteiza piensa que el reconocimiento llega muy tarde. Recogerá el premio su amiga Soledad Álvarez.

Más información:
Álvarez, Soledad: Jorge Oteiza. Pasión y razón. Ed. Nerea, San Sebastián, 2003.
V.V.A.A.: Acercarse a Oteiza, Ed. Txertoa, San Sebastián, 2004.
http://www.museooteiza.org/
http://www.museoreinasofia.es/exposiciones/oteiza-mito-modernidad

 

Irene Jiménez
Graduada en Historia del Arte por la UNED.

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