La mirada ilustrada al mundo: viajes y viajeros en el Siglo de las Luces

0
0 Flares Twitter 0 Facebook 0 LinkedIn 0 Email -- Filament.io 0 Flares ×

En el siglo XVIII los jóvenes burgueses que acababan sus estudios emprendían un viaje por la vieja Europa antes de hacerse cargo de los negocios familiares. Era toda una experiencia que llamaban “El Grand Tour” y, como viajar era tan caro, pagaba papá. Suponía todo un reto porque caminos, posadas y diligencias eran incomodas y peligrosos. Y era muy lento, tanto por los rudimentarios transportes, como por el tiempo necesario para observar y reflejar los detalles de lo que desvelaban los caminos. Las mujeres no viajaban -salvo alguna especialmente intrépida- pero si querían triunfar en los salones y la vida social del momento, leían con avidez los libros y diarios de campo que escribían los viajeros, un nuevo género literario con mucho éxito y muchas estampas, que les permitía conocer lugares, monumentos y paisajes que seguramente nunca visitarían. Los ciudadanos del Siglo de las Luces, empeñados en combatir la ignorancia, las supersticiones religiosas y las tiranías a golpe de conocimiento, vieron el viaje como una oportunidad para aprender y aplicar lo mejor de lo conocido a sus propias ciudades, sus campos o sus ingenios.

La UNED ha dedicado uno de sus cursos de verano a estudiar “La ciudad y el viaje en el Siglo de las Luces. Nuevas miradas al paisaje urbano”. El director, Álvaro Molina, y la codirectora Jesusa Vega, deciden ofrecer tres líneas de investigación sobre la ciudad, el paisaje urbano, la vida social, el arte, la ingeniería, los monumentos, el urbanismo, el paisajismo o territorio intervenido por el hombre. Cada línea se trata en una de las jornadas del curso, así “el primer día vemos la dimensión del viaje y la importancia que tuvo a la hora de construir la evolución de la ciudad y su imagen”, explica el profesor Molina. “En la segunda jornada observamos los nuevos espacios de sociabilidad en la ciudad, sus habitantes, sus ingenios militares,  sus puertos, sus fronteras, sus defensas, su ciencia… las diferencias que encontramos dentro y fuera de Europa. En el último bloque reflexionaremos sobre la construcción de la mirada, que nos deriva hacia la construcción de la cultura. Revisaremos cuál fue la mirada de la Ilustración y veremos cuál pude ser nuestra mirada hacia la Ilustración con la reconstrucción de los reales sitios de El Pardo y Aranjuez, con tecnologías de realidad aumentada aplicadas por profesor Félix Labrador, de la URJ”.

 

Qué era eso del viaje ilustrado

“Viajar en el Siglo de la Luces era todo un desafío”, explica Daniel Crespo, investigador de la Fundación Juanelo Turriano durante su conferencia titulada Emoción y razón. Las bellas artes y la arquitectura en los viajes de la Ilustración. “La política caminera no era para nada modélica en la España de la Edad Moderna; los caminos, incluso los principales, estaban en un estado lamentable; la orografía dificultaba el trazado con unas montañas que se volvían inaccesibles con la lluvia o el calor… Un cronista holandés que recorrió nuestros caminos en aquel siglo XVIII dejó escrito que los baches eran tantos y tan profundos que se le acabó descoyuntando el cuello a nuestro señor embajador”.

“Todas las formas de desplazarse eran terriblemente incómodas y muy lentas. Tanto la infraestructura de hospedaje como el funcionamiento de las posadas, eran nefastos. Hasta mediados del XIX no empieza a ser más cómodo, más seguro y más barato, con la aparición de políticas de carreteras, sistemas de diligencias, mejora de las posadas y de los hoteles. Y sobre todo, el cambio más radical, empieza a ser más rápido por la aparición del ferrocarril y la incorporación de la máquina de vapor a los trenes y los barcos. ¡Se llegó a una velocidad de 40 km/hora!”.

“Pero, si tantos obstáculos se interponían entre el hombre ilustrado y el mundo, ¿Qué lo incitaba a iniciar el viaje?. El conocimiento, las ingenierías, las innovaciones técnicas, los materiales desconocidos… Había que definir una nueva sociedad, una nueva comunidad, una nuevo país, y las experiencias de los viajeros eran el motor para hacerlo: debían verlo y luego contarlo “. Los viajes trasatlánticos, como James Cook –que realizó tres viajes muy bien documentados por el Pacífico y reivindicó la pertenencia al Reino Unido de las costas australes, descubiertas por los españoles en el siglo XVI- , sirven, dice, “para rasgar los velos del mundo”- O  la expedición Malaspina, la primera vuelta al mundo que durante cinco años navegó todos los mares y atesoró amplios  conocimientos científicos, botánicos, geográficos y sobre la vida de los habitantes de las regiones que visitaron. “Europa legitimaba sus expansiones coloniales a través de la navegación trasatlántica. El viaje perfiló un instrumento político extraordinario”.

“Los viajes por el propio país, incluso por la propia región, también importaban, y mucho. Los ilustrados decían que había que conocer España para refundarla. Viajar se vincula a la reforma: tomar el pulso al país, diagnosticar sus carencias y tomar las sendas adecuadas para solucionarlas. En el siglo XVIII, bajo el signo de la Ilustración en España se multiplican las referencias a la necesidad del viaje como verdadero estudio que ha de hacerse observando y no únicamente por placer. Hay que compartir ocio y aprendizaje, hay que instruir deleitando”.

“Los viajeros quieren intervenir en el debate público de la renovación del país. Vuelven para difundir en sus sociedades el patrimonio desconocido que se han encontrado. Vuelven imbuidos de los ideales de formación, curiosidad, integridad, ética y patriotismo, los propios de la Ilustración. Vuelven, a veces,  con un compañero comercial de un país lejano. Otros, antes incluso de su vuelta, en su correspondencia, critican con dureza una obra que han visto en determinada ciudad. Lo hacen, aseguran, para que se les caiga la cara de vergüenza y no vuelvan a hacer una cosa así.”

 

El Grand Tour

“Entre todos los viajes que se emprendían en la Europa del XVIII, “Le El Grand Tour” era el más importante. Pensado para la formación de las élites económicas, era un viaje de larga distancia para visitar los principales focos culturales de la época. Objetivos prioritarios eran París y Roma. El hombre que se quiere bien formado ha de visitar aquellos lugares que sirven para formar bien al hombre, decían los intelectuales ilustrados. Y los jóvenes ingleses de la época se retrataban con el fondo de las ruinas del coliseo romano o una calle de París, en cuadros que, como las redes sociales de ahora, se usaban para decir yo estuve allí. La verdad es que entonces, como ahora, un largo viaje fuera del país además del cambio de la cotidianidad y el asombro ante edificios, jardines y maravillas técnicas, el Grand Tour permitía a los muchachos alejarse de los controles estrictos morales y económicos. No en vano,  sus dos paradas obligadas, Roma y París, registraban el mayor número de casas de prostitución de la Europa de la época”.

 

Sólo para ellos

Los viajes eran eminentemente masculinos, concretamente destinados a hombres ricos. “Decían los intelectuales ilustrados españoles que el viaje al extranjero era imprescindible para la formación de un gran varón. La clave no es sólo que el número de viajes aumente, es que el interés por el mismo aumenta y el viajero adquiere un nuevo prestigio. Si un artesano o un comerciante quieren disimular su origen, viaja”. Pero una señorita refinada no debe hacerlo. Sólo algunas de las más audaces, siempre de familias muy ricas, o bajo los auspicios de algún varón, se atrevieron a recorrer el mundo. Así que para triunfar en los salones y sociedades de su entorno o para acceder a las últimas novedades del conocimiento, aprendieron a recurrir a algo que les acercaba el viaje a su casa: los libros.

“En el XVIII aparece un nuevo género literario, el libro de viajes. Son ediciones preciosas, llenas de grabados, estampas, y dibujos de toda clase. Pese a ser muy caros, se venden mucho. En realidad, el libro de viajes es el sustituto del propio viaje. Es una alternativa para conocer e instruirse sin moverse de casa.  Había libros que eran una pura descripción del viaje, otros una recopilación de episodios graciosos, o tópicos, o aventuras. Incluso se publicaron libros de viajes que enseñaban a preparar un viaje. Aunque alguno había con declaraciones injuriosas para los lugares visitados, llenos de prejuicios o con matices poco acertados, la mayoría eran un hermoso objeto muy codiciado”.

“La función informativa del viaje se respetaba y los autoresque llegaban a España trataban de describir con detalle al lector cómo era el lugar. Los extranjeros que llegaban aquí, desde Inglaterra o Francia, visitaban La Coruña, Lisboa, Cádiz, Madrid, Irún, Gerona, Barcelona, Valencia o Sevilla porque su objetivo eran las ciudades. Se fijaban en el territorio intervenido por el hombre, porque eso era riqueza. Pero también se consideraba la ciudad como espacio de sociabilidad, donde las instituciones políticas y culturales contribuían al progreso de un país. Los viajeros de aquí que volvían de las capitales europeas a veces sorprendían con sus apreciaciones, como aquel que, tras recorrer Italia, dejó escrito que si a Roma le quitan sus monumentos carecería de atractivos”.

 

“Le Grand Tour”.- Exposición en la Biblioteca Central de la UNED

 

Aida Fernández
Fotografía: José Rodríguez
Edición web: Óliver Yuste.
Comunicación UNED

Compartir.

Comentarios están cerrados.

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 LinkedIn 0 Email -- Filament.io 0 Flares ×