Insurgencias 2.0: las canteras del yihadismo

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Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría el terrorismo islámico se convierte en el enemigo de Occidente. Nace en países arrasados por guerras y magnicidios, destrozados económica y socialmente y allí donde medran los extremismos religiosos, tras el fracaso de unas supuestas primaveras árabes. Se desarrolla a través de la tecnología del mundo globalizado y las redes sociales son los caminos de captación y radicalización de los individuos. Los países que alientan la yihad (la guerra santa, según la traducción occidental del término) se acusan unos a otros de financiar el terror. Los ejecutores de las acciones conviven con sus futuras víctimas en la vieja Europa, en el área de influencia de Estados Unidos o en los propios países de mayoría religiosa islámica, donde sus atentados suman sangre a la sangre ya derramada.

Estado Islámico, Al Qaeda, talibanes, salacistas, Boko Haram, Al Nusra, Al- Shabaab, Wilayat Sina, Ejército Islámico de Salvación…, distintos nombres para un mismo objetivo: conquistar territorios -con su petróleo, su gas, y su lugar estratégico en el mapa- para construir un Gran Califato que se extenderá por el mundo. Y en la cúspide, en un lugar preeminente entre los poderosos amos de los recursos y los estrategas de la geopolítica, el dios que se impondrá al infiel. En la Escuelas Pías del Centro Asociado de Madrid, en Lavapiés, el curso “Insurgencias 2.0: cambio y continuidad en un mundo globalizado”, reúne a profesores, expertos civiles, militares y miembros de ONG,s  que nos enseñan a reconocer estos grupos, sus miembros y sus estrategias, en un intento de prevenir y evitar sus acciones.

“En las calles de Irak se ven muchas banderas, pero ninguna es la oficial del país. Son las de los grupos tribales que se disputan el dominio de tal o cual población. Envuelven en religión sus objetivos reales pero ser sunitas o chiíes no cuenta tanto como la pertenencia a tal o cual grupo identitario tribal. El sistema funciona, con todas las correcciones que su complejidad exige, de esta manera: un líder religioso o un líder local crea su propio partido; los miembros de su trbu se organizan en una milicia; la milicia lucha por su líder tribal, llevando al límite todos sus recursos. ¿Qué cuantas tribus hay? Muchísimas. Podría decir, un centenar. Y todas y cada una de ella con su partido, su líder y su correspondiente milicia”, explica Miriam Sanz Gismero, miembro del Danish Refugee Council, ONG que actúa en Irak, donde ella reside desde hace meses.

La sangre de Irak

Javier Gil Pérez y Carlos Echeverría Jesús, director y codirector respectivamente de este curso, propuesto por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (IUGM) han querido ofrecer a los 60 estudiantes matriculados –la mitad presenciales y la mitad en línea- un retrato reciente y ajustado del atlas del yihadismo, sus técnicas de lucha terrorista y los sistemas de captación de soldados dispuestos a  actuar en cualquier momento y en cualquier lugar del planeta. Para ambos, conocerlos es imprescindible para aprender a combatirlos.

“Hemos llamado insurgencias 2.0 a nuestro curso porque la evolución del terrorismo ha sido grande en las últimas décadas. Cómo funciona ahora la captación, quiénes son los líderes, qué tipo de acciones se promueves, qué avatares provocan la respuesta terroristas´…”, relata Gil. “Veámoslo con el ejemplo de Irak, un país presa de conflictos internos y externos. Se le invadió en 2003 para instaurar una nueva democracia, con resultados catastróficos: no se consiguió la estabilidad sino que se extendió la violencia generalizada. Miremos hacia Mossul, tomada con consenso internacional (tropas del gobierno iraquí y kurdas más las aliadas lideradas por EEUU, Francia  y Reino Unido) a base de bombardeos masivos y luchas intestinas, arrasada hasta los cimientos. ¿Ha merecido la pena?, ¿a ese coste? Es discutible: para acabar con el Estado Islámico es importante reconquistar el terreno, pero no suficiente”.

El Irak de Sadam, la Libia de Gadafi, Túnez, Egipto… En las calles de aquellos países se exigía más libertad, mayor desarrollo económico, más apertura política… Y la exigencia llegó a pasar por la exhibición de los cadáveres de sus hasta entonces presidentes y líderes políticos. “Poco se ha conseguido en ningún sitio de las demandas de aquellas Primaveras Árabes. El caos reina en Libia, en Siria, Afganistán, Pakistán, Somalia… Egipto vuelve a tener dictador, quizá Túnez apunte se mueve con algún problema hacia la solución de sus conflictos… Los conflictos, sí, se envuelven en problemas religiosos, y el factor religioso, sí, existe entre las élites chiíes  y las élites sunitas. Otros autores limitan el conflicto a intereses económico-energéticos y geopolíticos. Pero la realidad es que sólo en Irak hay más de 100 tribus, con sus líderes y sus milicias, enfrentadas. Tenemos varias bombas en las manos”, concluye Javier Gil.

Nuestros vecinos del Sur  

Carlos Echeverría, quizá el principal analista político español de la realidad magrebí, centró su conferencia en el análisis de Argelia, Egipto, Libia, Marruecos, y Túnez, “sin demasiado protagonismo actualmente en los medios de comunicación pero que constituyen una auténtica cantera del yihadismo internacional”, afirmó rotundo. “El Magreb es clave dentro del terrorismo porque, tras ser escenario de atentados letales en su propio territorio, mantiene una venenosa propaganda de captación,  financiación, reclutamiento y arsenales”.

El análisis de los cambios cuenta con la evolución en el tiempo de los grupos terroristas, “En Argelia, por ejemplo, Al Qaeda era un grupo salafista, antes era el Grupo Islámico Armado que interactuaba con el Ejército Islámico de Salvación, brazo armado del  Frente Islámico de Salvación… Es difícil compartimentar todos estos grupos. Pero no es correcto partir del axioma de que la religión nada tiene que ver. iClaro que tiene que ver!  Donde se forman los terroristas que actúan en Europa es en las comunidades que abrazan una interpretación espuria y violenta de la confesión musulmana, cuya amenaza crece y germina en la sociedad  danesa, española o belga.  Nosotros, desde fuera, tendemos a creer que algunos actos pueden ser calificados como islamismo moderado. No es así: una vez que te ha ganado el islamismo el mundo ya sólo se ve en blanco o negro”.

El profesor Echeverría realizó un recorrido por los países del Magreb, situándolos en el mapa del yihadismo como “la auténtica cantera magrebí”. Advirtió que esta realidad es sólo una instantánea, que puede moverse no se sabe bien hacia qué punto indeterminado en el futuro ni con qué intensidad en su actividad terrorista. “Libia no es el escenario más visible, pero si es muy real. Bengasi, la segunda ciudad en importancia tras la capital, Trípoli, es un espacio importante para analizar la escalada del conflicto. Era desde hace años un hervidero  del islamismo radical, que aprovechó el caos y el desconcierto del arranque de las primaveras árabes para medrar. Lo que conocemos hasta ahora es que el ejército nacional libio sigue tratando de recuperar el control de la ciudad. Es un campo de batalla feroz, arrasado hasta los cimientos, disputado barrio por barrio, calle por calle, casa por casa…”

Esta ciudad fue uno de los focos donde se inició el conflicto internacional que desembocó en una guerra civil, con misión humanitaria de la OTAN incluida, que concluiría con el ametrallamiento desde el cielo, el linchamiento público y la muerte del hasta entonces presidente Muamar el Gadfi en 2011. Al año siguiente se atacaba la embajada de Estados Unidos en Libia y en 2014 se inició un asedio a Bengasi  que se mantiene hasta ahora, pese a que distintos militares anuncian a los medios de comunicación cada cierto tiempo que han liberado la ciudad.

Libia es un enorme arsenal listo para ser usado puertas adentro o puerta afuera. Cuando llegamos allí, tras el derrocamiento de Gadafi, traíamos las urnas en la mano y la democracia en la mente. De las urnas salió el embrión de un gobierno de unión nacional. Pero de los que creíamos que habían ayudado a instaurar la democracia salieron dos  grupos yiihadistas, hoy absolutamente radicalizados, con milicias propias y armados hasta los dientes. Y un tercero, más aceptable para Occidente, instalado en un puente entre ambos, que contribuye al guirigay y la violencia. Para completar el puzle tenemos un mariscal que vivió durante años en Estados Unidos, que al principio carecía de posibilidades, pero declaró estar dispuesto acabar con el yihadismo y hoy cuenta con armamento y fuerza aérea moderna, numerosa y letal, cedida por la comunidad internacional, no tanto por Europa como por Rusia”·

“Gadafi controlaba el país, con sus kilómetros de costa y de desierto. Tras su derrocamiento y muerte, el vacío de poder en Libia se sigue sintiendo. No pierdan de vista el atentado de Manchester y el perfil del libio que lo ejecutó”.

Aquellos destinos turísticos

Túnez vuelve a estar de moda en los folletos turísticos de las grandes agencias de viajes “, continua Echeverría. “Hubo un paréntesis en el que desapareció, igual que ha desaparecido su percepción como amenaza en los medios de comunicación. Parece que se ha pacificado, no hay, afortunadamente, atentados, los ingenieros han cavado zanjas y levantado muros en su frontera con Libia…. No se engañen, no es así, hay una amenaza visible y otra latente, escondida. El Túnez que realmente está desapareciendo, era un país progresista, con preciosas ciudades en la costa llenas de turistas, un régimen abierto y un gobierno moderno que miraba hacia Occidente”.

“Pero la insatisfacción se fue instalando entre una población con un 99 por ciento de confesión musulmana”, recuerda Echeverría. “Cuando llegaron las revueltas, un qatarí podía pagar 400 euros a una mujer por velarse. Era el salario de su marido. Un buen trabajo de propaganda, una excelente inversión que, cómo no, prosperó. Tras el impacto de su propia primavera árabe, la Revolución de los Jazmines, Túnez se ha convertido en el país que más material humano ha enviado a los conflictos de Siria, Irak o el propio conflicto libio. Sus fronteras con Argelia son absolutamente permeables de ida y vuelta, permeabilidad que tiene mucho que ver con la cantera yihadista

El profesor Echeverría asegura que en la isla tunecina de Yerba,  además de en enclaves de los vecinos Argelia y Marruecos, “se han instalado laboratorios yihadistas, auténticos campos de prácticas donde se elaboran técnicas de amenaza, propaganda, modus operandi, atentados en aviones, acciones suicidas. De hecho, la primera mujer que perpetró un atentado en Siria, en el que murió, había sido entrenada en el terrorismo  suicida, no en la autoinmolación, en uno de estos campamentos”.

Esa paz superficial en Túnez le permite también ser el perfecto escenario para la diplomacia internacional. “Desde hace meses, artículos periodísticos y agencias de inteligencia miraban hacia Arabia Saudí y Emiratos Árabes como viveros que durante años han alimentado la radicalización que lleva el terrorismo a las calles occidentales. Desde Túnez, las agencias saudíes son tan hábiles que han logrado seguir vendiéndonos su petróleo y seguir moviendo su dinero por Occidente, a la vez que creaban una estrategia de tensiones para desviar hacia Qatar la responsabilidad de la financiación de distintos grupos radicales islamistas. En pocas semanas han conseguido ubicar en Qatar la amenaza terrorista”.

Nostalgia de Las Nava de Tolosa

Argelia vivió su época más dura de atentados en los años 90, “el inventario de acciones que han producido bajas es significativamente menos ahora que en aquella década negra, pero allí sigue anidando el terrorismo. Los partidos políticos que un día fueron legales se entrelazan con grupos armados, como el Frente Islámico y el Ejército Islámico de Salvación y se dispersan por otros territorios. El salafismo, base de su ideología, tiene como objetivo final un mundo musulmán, no aceptan frontera alguna, lo que importa es la comunidad de los creyentes. En su fantasía algún día todo el orbe habrá entrado en el Islam, concretamente habrá entrado en su forma de entender el Islam”.

Echeverría analiza el origen de esa aspiración a islamizar el planeta. “Estos grupos terroristas tienen en sus filas puros analfabetos, pero son maestros en construir referencias históricas. El pasado mes de marzo se reunieron en Madrid tres de estos grupos en asamblea salieron con una bandera, un estandarte y otros símbolos, todos con referencias a antiguas batallas ganadas a los cristianos. Y es que nosotros olvidamos, pero ellos no”.

No olvidan, por ejemplo, Las Navas de Tolosa, una batalla que en 1212 enfrentó las tropas de los reinos de Castilla, Aragón, Navarra, numerosas órdenes militares, tropas francesas, portuguesas y hasta las bendiciones del Papa de Roma, contra los ejércitos almohade y almorávide, que, según las crónicas eran mucho más numerosas que las cristianas, pero que al final, perdieron la guerra.  “Desde el año 711 y durante los siglos XI, XII, y XIII, sucesivas oleadas de almohades y almorávides entraron en la península Ibérica conquistándola en su práctica totalidad. Las Navas de Tolosa fue la mayor derrota del Islam en suelo europeo. Y la derrota que debilitaría al imperio almohade y lo precipitaría a su desaparición un siglo después. Los almorávides de Argelia recogen la estela de esa batalla, han evocado Al-Andalus y han juzgado que en Las Navas se perdió por no estar unidos. Y no están dispuestos a que la historia se repita. Han organizado sus fuerzas, las de sus vecinos y las del Sahel y se disponen a protagonizar su particular reconquista”.

“Los salafistas consideran que deben aprovechar el despiste de los infieles que viven en la oscuridad para unir a las comunidades musulmanas, no importa que sus miembros tengan pasaporte español, argelino o danés. Están obligados a seguirles y a difundir su yihad. Y para eso actúan no importa dónde sea, aquí, en la plaza de Lavapiés;  o en Marrakesh; o en la casa de un anciano que vive solo. No importa que sea un ciudadano nacido musulmán o un converso. Y sus métodos son eficaces, cuando se consolide el Brexit, por ejemplo, España será el país con la mayor comunidad pakistaní en Europa. Por eso es tan importante detectar, vigilar y neutralizar a toda persona susceptible de ser captada”.

El Gran Califato Islámico: la semilla

El profesor  Carlos Echeverría recuerda a los alumnos los atentados de 2016 contra un autobús y un hotel junto a la pirámide de Gizá en Egipto, y el derribo de un Airbus ruso, supuesto atentado atribuido al terrorismo egipcio, ambos con muchos muertos contabilizados.  “Egipto  ha vivido una puesta al día en términos de siglas, liderazgos y praxis. Hoy es la primera semilla, la primera provincia del Gran Califato. Wilayat Sina es el brazo armado del yihadismo allí, un grupo extremadamente feroz y letal, producto de diferencias y escisiones con otros grupos anteriores como Al Qaeda. Pero las escisiones en los grupos yihadistas lejos de debilitarlos, amplían sus campos de batalla, generan más desconcierto y sorpresa entre quienes los combatimos e inutilizan las herramientas que se habían estado utilizando contra el grupo original”.

El viaje de Carlos Echeverría por el yihadismo nos lleva hasta Marruecos, “nuestro vecino del sur reconoce que tiene varios centenares de personas actuando fuera. Muchos están en Oriente Próximo, otros han optado por saltar el Estrecho de Gibraltar. Somos el único país europeo que comparte frontera terrestre con un país musulmán, en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Nos separan unas vallas que hace 20 años no existían, que hay que defender, pero que no impide el trasiego cotidiano de personas que trapichean y negocian entre ambos lados. Su permeabilidad es mayor que la de Río Grande, entre México y Estados Unidos y más peligrosa que la que existe entre las dos Coreas, incluido el riesgo nuclear. Hablamos de la frontera entre dos mundos, entre dos continentes, entre el Norte y el Sur, frontera económica, frontera del radicalismo y el terrorismo. Si ustedes van a Ceuta, conocerán a la familia de los jóvenes de la yihad que han ido a la guerra y han muerto o del  yihadista que se hizo estallar en Siria y mató a 120 personas”.

Marruecos nunca ha querido cuestionarse como destino turístico. Allí no hay atentados, pero es también una cantera del yihadismo. Como nosotros, ellos impiden que aparezcan titulares con atentados. La colaboración preventiva entre los dos reinos, a ambos lados del Estrecho, está dando sus frutos, lo que no implica que cualquier cambio vuelva a desatar esos nefastos titulares. Aunque la amenaza está muy dispersa, de vez en cuando se  desarrollan acciones antiterroristas y detenciones. No se intervienen armas o explosivos, sinó un magma ideológico de propaganda preparado para su dispersión, Ese es el primer escalón y el más importante, el momento de captar gente a la que vas radicalizando. Cuando se desactiva una de estas células, vemos que la amenaza está ahí, con intenciones espeluznantes, desde el mismo momento que una persona abraza la sharía (ley islámica) o contacta con Estado Islámico, hasta la ascensión a las más altas cúpulas de la yihad”.

Nuestras relaciones económicas con Marruecos siempre han sido y serán complicadas. No Nunca viviremos en un mundo feliz, siempre habrá un motivo de tensión. Sin embargo la colaboración preventiva respecto a sus activistas y a los procedentes de los países vecinos está dando buenos resultados: cuando allí se detecta un individuo con evidentes intenciones de radicalización, se le detiene a él y a los 100 ciudadanos con los que está en contacto y que pudieran estar implicados. Y algo parecido ocurre con el control de fronteras. Todo ello, por supuesto, una vez que nosotros asumimos sus interés y hacemos converger los nuestros con distintos acuerdos para evitar conflictos”.

La frontera y las fronteras

El Sahel, la frontera climática que separa el desierto del Sahara, con las sabanas y selvas del África central, de Este a Oeste.  Incluye e sur de Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Níger, norte de Nigeria y Camerún, Chad, Sudán y Eritrea y es tristemente conocido como el cinturón del hambre. “El secuestro de un rehén sueco durante 6 años o de las niñas de Bako Haran han sido la carta de presentación de este extenso territorio controlado por personas y por drones” indica Echeverría.  Los ataques de los grupos que actúan allí, cada vez más sofisticados y que se repiten con mayor frecuencia, ha permitido que se organice, bajo los auspicios de Naciones Unidas una fuerza conjunta en ciernes de respuesta rápida y coordinada”.

“La idea es magnífica. De hecho, España participa con un grupo de acción rápida de la Guardia Civil, experto en áreas rurales y con éxitos en la lucha contra ETA, al que se le han inoculado 140 millones de euros para combatir a Boko Haram y al resto de grupúsculos escindidos que se mueven en la franja del Sahel, donde cada vez son más activos, convierten a sus víctimas en esclavos, sean mauritanos, europeos o americanos, y son más letales”.

“Hay un estado africano, el Chad, que aparece en los mapas como adalid del esfuerzo militar contra el yihadismo. Hemos aprendido que los chadianos son excelentes guerreros en el desierto, pero tienen esposa e hijos y se fatigan en una lucha con un enemigo ciertamente correoso y que perdura en el tiempo. No todos los gobiernos  están dispuestos a que sus ciudadanos estén fuera de su propio país cada vez con más frecuencia. Si Chad se da de baja en ese combate todos estos programas tan bonitos y todos nuestros propios proyectos van a tener una debilidad importante en el Sahel.

El Sahel como frontera entre el norte y el centro de África, pero además todas las fronteras entre los países del Magreb y sus vecinos africanos son un auténtico arsenal. “Sobran armas en las fronteras. Hay muchísimas armas ligeras, arrebatas a policías, soldados, etcétera. Ocurre desde las primeras horas de una revuelta, en todos los escenarios: mientras nosotros llegábamos a las primaveras árabes con nuestras pancartas de democracia, allí se asaltaban comisarías y se arramblaba con las armerías. África es un escenario de campos de batalla feroces donde las armas se conservan muy bien. Si se manejan bien, si se cuidan, duran años. Los afganos, por ejemplo, menejan fusiles reparados una y otra vez, tan antiguos como mortíferos”.

Echeverría relata el polvorín sobre el que se asienta el yihadismo. “Armas cortas, fusiles de asalto, morteros, lanzagranadas, el equipamiento adecuado a cada zarpazo terrorista. Y las otras armas, los explosivos que se han puesto de moda últimamente, que caben en una maleta que puede ser discreta y fácilmente transportados. Como los explosivos estelares de los atentados de los últimos meses, que se fabrican con productos que todos podemos tener en casa, empezando por la acetona. Aunque una cosa es comprarlo y otra componerlo. Ahí entra el I+D+i del terrorismo que permite que individuos medianamente apañados puedan producir su propia bomba”.

“Lo que quiero decirles es que detrás del arma está la persona y detrás de la persona la idea extremista que le conduce al yihadismo. Olvídense de esas organizaciones que esperan sentado para adquirir el armamento al estado que se lo vende. Hoy cualquiera tiene acceso a producir sus propios explosivos”.

 

Aida Fernández
Fotografía: José Rodríguez.
Edición web: Óliver Yuste.

Comunicación UNED

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