En busca de una sociedad intercultural

0
0 Flares Twitter 0 Facebook 0 LinkedIn 0 Email -- Filament.io 0 Flares ×

A principios de julio, migrantes y personas refugiadas tuvieron su protagonismo en un Curso de Verano que apostaba por la educación como instrumento de integración social, con el objetivo de concienciar de la invisible pérdida de oportunidades que sufren estos colectivos, que nos repercute a todos

Entre los años 2000 y 2010 llegaron a España alrededor de cinco millones de migrantes extranjeros; muchos de ellos adquirieron la doble nacionalidad. De esos cinco, aproximadamente un millón de personas se quedaron en Madrid; de tal manera que hoy en día casi uno de cada cinco madrileños ha nacido fuera de España. Nuestro país necesitaba de esa inmigración y la acogimos con total normalidad. Durante los años de crisis se produjo una reducción en la llegada de inmigrantes, pero en este momento existe un retorno de los flujos migratorios. Y esto, que a muchos nos supone una buena noticia, tiene asociada una paradoja: ahora se percibe cierto rechazo en la sociedad española. Ese es uno de los puntos que se analizaron en el curso celebrado hace unas semanas en Madrid, Migrantes y personas refugiadas: talento que suma. Ese, y otros muchos aspectos, como que lo verdaderamente inteligente es acoger con los brazos abiertos a esas personas que llegan a nosotros ofreciéndonos sus capacidades, personales y profesionales.

Dirigido por María Teresa Bendito, profesora titular de Derecho Civil de la UNED, y Pilar Muñoz, directora de Formación y Proyectos de la Fundación UNED, el seminario ponía el acento en el talento que nos llega a través de las personas migrantes y refugiadas que buscan en nuestro país algo tan sencillo (y, a la vez complejo, por sus diferentes historias de vida) como un mejor lugar donde vivir. Porque huyen de lo que no quieren, ni para ellos ni para sus familias. Tampoco lo querríamos nosotros, los autóctonos del país de acogida. Y eso es lo único que diferencia el ‘ellos’ del ‘nosotros’: el lugar donde hemos nacido. Así pues, ¿por qué no acoger, en lugar de separar? ¿Por qué no integrar, en lugar de cerrar los brazos? En definitiva, ¿por qué no sumar y empezar a crear, de verdad, una sociedad intercultural?

 

“La integración es un proceso bidireccional, un proceso de todos”

Pablo Gómez Tavira, director general de Servicios Sociales e Integración Social de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, hizo la presentación del curso con un mensaje directo y claro: la inmigración no es el problema, más bien parte de la solución. Siendo España el país europeo con la tasa de natalidad más baja, al mismo tiempo que con un 20% de población por encima de los 65 años (cifra que aumentará al 30% antes de 15 años), parece bastante evidente que la migración puede ayudar a aliviar en parte los problemas que tenemos de envejecimiento.

Los muchos mensajes “antiinmigración” que en ocasiones no podemos evitar escuchar a nuestro alrededor (incluyendo a políticos y personajes muy mediáticos) son, en palabras de Gómez Tavira, populismo barato sin fundamento teórico”. Y añade: “La inmigración no supone un crecimiento cuantitativo en la delincuencia. Tampoco supone un coste para las arcas del Estado, sino más bien todo un beneficio”. En términos netamente económicos, incluso supone un balance positivo: es más lo que aportan que lo que nos cuesta.

El proceso de integración de estas personas es una tarea compleja en la que intervienen muchos factores. “La integración es un proceso bidireccional; los que vienen de fuera tienen que hacer un esfuerzo, pero también los que estamos aquí. La integración es un proceso de todos”, exponía Gómez Tavira. Pero, ¿qué tipo de integración necesitamos? No queremos una sociedad en la que los migrantes pierdan sus raíces, su origen, su cultura… “Eso, aunque se pretenda, es imposible; pero no es un modelo”, explicaba. Tampoco una en la que la multiculturalidad se entienda como ‘repúblicas independientes’… Apostamos por una sociedad intercultural. En la historia de la humanidad, los países que más han progresado son aquellos que han sido capaces de atraer la inmigración, acogerla e integrarla. Nosotros hemos atraído, hemos acogido y ahora nos falta la integración”. Un proceso que requiere igualdad de derechos, igualdad de oportunidades. Pero esto no es sencillo para todos: la legislación de extranjería es una legislación que defiende a los autóctonos, defiende nuestro mercado de trabajo… “Pues hay que hacer un trabajo más allá de la legislación, un trabajo político y social; hay que buscar espacios de integración y dignidad. No queremos una sociedad multiculturalista, queremos una sociedad integral, con igualdad de oportunidades, de derechos y obligaciones”.

 

Todos somos migrantes

Jorge de Hoyos es profesor en el departamento de Historia Contemporánea de la UNED y trabaja, además, en el Centro de Estudios de Migraciones y Exilios (CEME) de la universidad, un centro de estudios, con sede en Madrid y en México,  dedicado a la investigación y a la divulgación en materia migratoria. El centro comenzó su andadura con el estudio del exilio republicano, como elemento esencial de la historia contemporánea en España. En la actualidad, persigue tres objetivos fundamentalmente: la recuperación y conservación documental de archivos, fuentes fundamentales para la reconstrucción histórica; la investigación, mediante convenios con universidades latinoamericanas; y, en tercer lugar, la difusión de las investigaciones. Para este último, organiza cada año en México (la 4ª edición será en noviembre de este año) un gran certamen de cine documental de inmigraciones de gran éxito internacional.

El profesor de Hoyos presentó una síntesis de los procesos de emigración vividos en España en el siglo XX.España ha sido un país de emigrantes; muchas veces olvidamos esa circunstancia. De emigrantes y de refugiados. Por tanto, creo que tenemos que hacer hincapié en las lecturas del pasado”. En referencia a su charla, aplaudía la idea de incluirla en un curso como este: “Es un acierto dar un repaso de ‘de dónde venimos’, ‘qué hemos sido’ y cuáles son nuestras orientaciones a lo largo del siglo XX”.

También planteó algunas revisiones conceptuales e interpretativas, necesarias en su opinión a la hora de afrontar el estudio o el acercamiento al mundo de las migraciones. “Porque en la actualidad se mezcla migración, refugio, exilio…”, sostenía. “Se mete todo en la misma bolsa, se agita y muchas veces tenemos un debate conceptual que no es realmente el necesario o el más acertado para  analizar cuestiones que vienen de realidades totalmente diferentes”. Migración económica y exilio político son dos realidades que hasta hace bien poco iban por dos vías totalmente diferentes, tanto de causas como de consecuencias, como de origen, como de efectos, por tanto, “tenemos que tener claro que hay que analizar esas delimitaciones para establecer algunos elementos”, explicaba de Hoyos.

 

“La educación primaria pública y gratuita es un compromiso de todos los Estados”

María Teresa Bendito, habló sobre la acción educativa superior europea como medio de integración de la inmigración. A través de un recorrido histórico sobre la evolución del derecho a la educación en todas las fases de los tratados que han conformado la Unión Europea (desde la Convención de Ginebra de 1951 hasta el Tratado de Maastricht en 1992 y el actual Tratado de Lisboa de 2007), la jurista explicó que ahora la educación primaria pública y gratuita es un compromiso de todos los Estados. “Todos los Estados que se incorporaron después de los fundadores, adhiriéndose en las distintas fases de la CEE y de la UE, han aceptado la Convención de Ginebra y eso se refleja en el Tratado de Lisboa de 2007. Y, por tanto, hay un compromiso europeo de hoy, de los 28, para que haya una educación pública y gratuita, comentaba la profesora. En Maastricht se crearon dos espacios comunes, el de la educación y el del asilo, que convergerían. Esto “tiene unas consecuencias inmediatas, no solo en el estado español, sino en el espacio europeo”, explicaba. Y añadía que los objetivos a lograr eran “primero, evitar el abandono escolar; segundo, aumentar la escolarización; y tercero, crear verdaderos profesionales que puedan hacer frente a las nuevas necesidades de la UE. En los que están también aquellos que llegan, que son los migrantes y, por supuesto, los refugiados.”

 

Abrir mentes, aprender del otro… y de uno

Silvia Álvarez y Nerea Hernández, alumnas del curso, son graduadas en Derecho. En un principio, se habían matriculado en otro seminario que finalmente fue cancelado. Por aprovechar su estancia, decidieron apuntarse a este curso, y están encantadas por la decisión que tomaron. “Las ponencias específicas de Derecho”, decía Silvia, “me han parecido muy interesantes. Y las partes más enfocadas a educadores y de trabajo social me han parecido muy atractivas porque nos abren un poco nuestra mente. Al final también vamos a trabajar con personas”. Nerea añadía, además, que este tipo de experiencias “te abre la mente, ves las cosas desde otro punto de vista distinto al que ves en la carrera; allí no te lo enfocan desde la perspectiva de la realidad de la situación en España y en el resto del mundo. Ha sido muy interesantes e intenso”.

Pilar Palomo, otra de las asistentes, está a punto de terminar el grado en Educación Social, y cree que el curso ha sido muy interesante, sobre todo porque ha aprovechado mucho todo lo que ha visto en su formación. “La educación social está en todos los términos, está en los mayores, está en la inmigración, y está en discapacitados… En inmigración es un campo que conlleva la educación”.

Pilar disfrutó mucho con las experiencias que el día anterior habían relatado Lucía Mbomio (periodista madrileña de madre segoviana y padre ecuatoguineano), Paola Hurtado (ecuatoriana fincada en España desde la adolescencia, fundadora de la ONG Educación frente a la discriminación) y El Chojín (cantante de rap y escritor madrileño, de padre ecuatoguineano y madre extremeña), en una mesa redonda que llevaba por título Voces de inmigrantes sobre su experiencia de integración desde la educación. “Explicaron cómo ellos lo habían vivido de niños, qué había supuesto para ellos ser emigrante en su propio país en el que habían nacido, y ahora que tienen hijos creen que es muy importante la educación y que lo sepan ver desde los dos puntos de vista”. Una de esas experiencias, vivida por los tres ponentes, era la que llamaban ‘la pregunta al cubo’: cuando conocen a alguien por primera vez y ese alguien le pregunta “¿De dónde eres?”. “De Madrid”. “Ya, pero de dónde”. “De Chamberí”. “No, pero de dónde vienes”… Y la que escribe esta crónica no se da cuenta de esta realidad (porque, sencillamente, tiene rasgos mediterráneos) hasta que alguien como ellos se lo cuenta. Tanto por aprender…

Otra de las ponencias que gustó especialmente a Pilar fue la que impartió Esther Souto, vicerrectora de Investigación e Internacionalización de la UNED y catedrática de Derecho Eclesiástico de la universidad, con una amplia experiencia en campos específicos de la mujer. La vicerrectora habló sobre la mujer en relación con la inmigración y la religión. “También el tema de la mujer es un tema muy importante en la educación social, porque la mujer discriminada muchas veces necesita educarse para saber cuáles son sus derechos, en qué campos se puede formar para tener una autonomía”, nos comentaba Pilar en nuestra conversación. Y añadía: “La autonomía le puede proporcionar la salida de esas familias que muchas veces la oprimen, la obligan a tener una forma de vida que no la deja ser libre, opinar, tener sus propias ideas.

Otras ponencias que tuvieron lugar durante esos tres intensos días fueron impartidas por Cristina Sirur, Paloma Favieres, María Arós y Paco Garrido, todos ellos profesionales especialistas de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), con los que aprendimos acerca del tratamiento práctico de la migración y, en particular, de la educación de los refugiados, acercándonos al modelo de la entidad para proporcionarles una formación inclusiva así como a su realidad jurídica, psicológica y social. Por su parte, Pilar Muñoz nos habló de la posibilidad del replanteamiento del proyecto HERMES, como experiencia real de integración a través de la educación superior de la UNED, que estuvo materializándose en alguno de sus centros asociados.

 

“Soy optimista; pero si analizo el mundo no puedo serlo”

El broche final del curso lo puso Carlos Berzosa, presidente de CEAR, rector de la Universidad Complutense de Madrid desde 2003 a 2011, catedrático de Economía Aplicada de dicha universidad y especialista de Economía de Desarrollo. Berzosa habló del futuro a partir del presente. “Vivimos continuamente con una tragedia ante la cual los países ricos y desarrollados no reaccionan”, exponía en relación a las tragedias de migrantes ocurridas en el Mediterráneos y la crisis de los refugiados, diferenciando, en principio, la realidad de los primeros (que habitualmente salen de sus países por motivos económicos) y de los segundos (que lo hacen por motivos políticos o ideológicos, guerras,…). Algunos expertos opinan que, en realidad, no habría que hacer dicha distinción, puesto que todos son migrantes y todos huyen de algo que no les deja vivir en sus lugares de procedencia. Pero sí existe una diferencia fundamental: el derecho internacional al asilo es un derecho promovido por las Naciones Unidas después de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre la situación actual del compromiso del Gobierno español a acoger a un número determinado de refugiados en España, lanzaba al aire una pregunta clave: “¿Qué suponen 17 000 refugiados, frente a los 4 millones de inmigrantes que han llegado a nuestro país en poco tiempo?”. Y también reflexionaba sobre el papel de los medios de comunicación, ya que parecen desempeñar un doble papel: por un lado, el de sensibilizar a la población acerca del problema; por otro, lanzan mensajes adversos (del tipo “nos invaden”). “Pero no podemos demonizar a las víctimas de nuestros problemas de sanidad o de desempleo. Porque dinero hay, si no se malgasta en otros asuntos…”, sostenía Berzosa.

A pesar de un presente un tanto negativo, Berzosa es optimista… ¿o no? “Soy optimista. Pero si analizo el mundo no puedo ser optimista”. Y, citando a Gramsci (‘ante el pesimismo de la inteligencia, pongamos el optimismo de la voluntad), afirmaba que “creo en la gente. Se pueden hacer cosas. Pero hay que remover las conciencias”. Según Berzosa, el futuro está abierto. Todo va a depender de si cambian las políticas españolas y europeas, el modelo económico, si se plantean o no propuestas progresistas, aumentan los salarios y se invierte de forma inteligente en el gasto público.

¿Lo conseguiremos…? ¿Encontraremos esa sociedad intercultural anhelada?

 

Inma Luque
Edición web: Óliver Yuste.
Comunicación UNED

Compartir.

Comentarios están cerrados.

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 LinkedIn 0 Email -- Filament.io 0 Flares ×