“El mundo digital es muy frío para las emociones y las comunica muy mal”

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Los Cursos de Verano de la UNED han querido seguir profundizando un año más en el Centro Asociado de Ávila en el mundo de la psicología y, en esta ocasión, se ha buscado analizar todo lo referente a la ‘comunicación emocional’ de la mano del catedrático de Psicología de la Emoción Enrique García Fernández-Abascal.

Según ha explicado, “la comunicación emocional es una parte muy importante de las emociones y no es otra cosa que transmitir a los demás cómo nos encontramos y reconocer a los demás qué es lo que nos pasa” y, de hecho, ha asegurado, “se piensa que es algo importante en el propio proceso evolutivo del ser humano”.

En ese sentido, ha destacado haciendo un análisis histórico, “el paso de lo que es la evolución biológica a la evolución cultural se produce entre en Neanderthal y el Homo Sapiens con la primera aparición de comunicación emocional, de la sonrisa, que hace que gente que vivía en clanes todos ellos relacionados familiarmente porque no se fiaban de nadie fuera de su propia sangre, empiecen a través de al sonrisa a ver desde lejos que las personas vienen con buenas o malas intenciones y empiecen a comunicarse con otros clanes, de modo que, pasaríamos de vivir en clanes de 12 a 15 personas a vivir millones de personas sin conocernos de nada y, todo ello, porque sabemos, desde lejos, si alguien viene con buena o mala intención”.

En ese contexto, ha recordado Fernández-Abascal, “acaba de salir hace unos días un trabajo muy interesante sobre Atapuerca en el cual hacen una hipótesis de cómo la cara del ser humano ha ido cambiando con un objetivo que es cómo comunicar mejor las emociones y es que comunicar esas emociones es algo trascendente para las relaciones humanas”.

Dando un salto hasta nuestros días, el catedrático de la UNED ha querido fijarse especialmente en la figura de los niños pequeños, “porque nacen con una gran capacidad de comunicación emocional, pero los padres no comunican bien”. Y es que, ha lamentado, “veo últimamente que los padres a la mínima que un bebé intenta comunicar algo poniendo cara de que le pasa algo, porque no sabe hablar, lo que hacen es dejarle el móvil para que se entretenga, de tal manera que el pobre no acaba comunicándose con sus padres”.

En ese contexto, ha recalcado, “hay muchas cosas que sólo se pueden aprender del contacto físico con los padres y no se puede aprender con el móvil, con una tablet o delante de la televisión. Creo que hay una gran pérdida de contacto y de capacidad de entender los padres a los hijos y son los primeros los que deberían aprender, porque nuestro sistema educativo nos lleva a alejarnos de esa forma de comunicación emocional produciendo serios problemas”.

El mundo digital, ha apuntado, “es muy frío para las emociones, las comunica muy mal”, a pesar de que “somos muy hábiles y vamos modificando todo”. Esto lo explica Fernández-Abascal poniendo de ejemplo “cuando apareció el correo electrónico, que había cosas que no podías decir, porque la gente no sabía si lo decías de forma graciosa o con mala intención o con cabreo, por lo que hubo que inventar los emoticonos y, de esa manera, poner comunicación emocional para que la gente nos llegara a entender y hoy, no entenderíamos un WhatsApp sin el uso de los emoticonos, porque la comunicación emocional es terriblemente importante. Eso sí, no deja de ser artificial y es menos sofisticada y menos rica que la expresión de la cara, del tú a tú, que tiene algo que no se puede sustituir de momento con nada de esto, porque, cuando hacemos algo buscamos no solo que nos digan que está bien, sino también ver en las caras de los demás que les ha gustado lo que hemos hecho. Lo podemos sustituir colocando un selfie en Instagram y ver los likes que nos dan, pero no es lo mismo que ver la cara de alguien y su aprobación a través de las emociones que refleja. Estamos enlatando un poco las emociones y estamos perdiendo una parte muy importante, porque esa parte de comunicación emocional linda con todas las cosas”.

La comunicación emocional, ha concluido, “es importante en todos los aspectos de la vida”, porque, como ha destacado como ejemplo, “cuando voy a trabajar no sólo espero cobrar a fin de mes, también espero recibir un sueldo emocional, es decir, que la gente que está a mi alrededor me muestre afecto, cariño, que está a gusto y que le parece bien lo que estoy haciendo. Y es que, si me dan muy buen sueldo, pero todo el mundo me mira mal, a la primera oportunidad que tenga cambiaré de trabajo… y como este caso pasa en todo lo que hacemos en nuestro día a día”.

Antonio Sánchez | Comunicación UNED

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