El ecosistema del emprendimiento social: iniciativas para mejorar el mundo

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En este curso de emprendimiento social hemos tenido realmente la oportunidad de dar un repaso a todos los agentes que actualmente conforman la realidad del emprendimiento social. Hemos podido hablar de viabilidad, del panorama europeo, de empresas de inserción de centros de empleo especial, de organizaciones del tercer sector, de economía social, de innovación, y de los más actuales medios de financiación. Bien, ya he repasado el guion y eso no dice mucho. Después de un largo tiempo en entornos muy variados de emprendimiento a secas y de emprendimiento social en particular, al finalizar este Curso de Verano me he quedado con una impresión que ya tengo desde hace tiempo y que no parece que vaya a borrarse o cambiar en  muchos años.

El emprendimiento social es un gran desconocido y sobre todo muy mal entendido a veces. En la definición de empresa social en Europa se manejan unos conceptos que después no encuentran un marco legal adecuado en España.

En este curso hemos tenido la oportunidad de conocer de primera mano la realidad de las cooperativas, las empresas de inserción y de los centros especiales de empleo, las formas legales tradicionales de empresa social. Y son modelos indiscutiblemente sociales, pero solo vistas muy parciales de la capacidad para mejorar la sociedad que puede alcanzarse desde la empresa. En estos modelos su factor social se centra en la empleabilidad de los más desfavorecidos o en la predominancia de los trabajadores en la gestión de la empresa. Y quiero aprovechar estas letras para defender que necesitamos ampliar mucho más el abanico.

Como Mercedes Valcárcel y Raúl Contreras destacaron, hablamos de emprendimiento social cuando una organización es capaz de crear externalizaciones positivas. Externalizaciones negativas las tenemos muy a menudo, cada vez que una organización para generar su beneficio está generando un valor negativo para la sociedad. Clásicamente la contaminación es un ejemplo, pero la lista de valores negativos “exportados” a la sociedad (como Raúl Contreras prefiere llamarlo) es muy creativa.

Estamos acostumbrados a tolerar las externalizaciones negativas y cada vez es mayor el empeño de los Estados por detectarlas, reducirlas y compensarlas. Pero el punto más positivo es saber que Europa realiza ahora un esfuerzo declarado por apoyar a aquellas empresas que creen modelos con externalizaciones positivas, es decir, que aporten valor a la sociedad más allá de su producción.

Después de grandes reuniones de sabios, Europa ha decidido definir empresa social como:

Toda aquella cuyo objetivo principal es generar un impacto social positivo y medible

  • que proporcione bienes o servicios para personas vulnerables marginadas, desfavorecidas o excluidas
  • que emplee un método de producción de bienes y servicios que represente su objeto social
  • que proporcione ayuda financiera exclusivamente a las empresas sociales, tal y como se definen en los dos puntos anteriores
  • que utilice sus beneficios principalmente en la consecución de su objetivo social
  • que sea objeto de una gestión responsable y transparente incluyendo empleados clientes y grupos de interés

 

Pues bien, estos objetivos no se cumplen simplemente empleando a personas con discapacidad o en situación de exclusión social, ni sólo a través de cooperativas. Puede haber mil fórmulas para generar valor social a partir de nuestro trabajo, muchas formas por crear de hacer nuestro trabajo doblemente útil, y en España todavía no hay una legislación que reconozca y ampare el valor social. Lamentablemente una crisis habría sido un gran momento para aprovechar y potenciar empresas sociales. Afortunadamente, todo momento es bueno para empezar a hacerlo.

Sin duda generar externalizaciones positivas tiene un coste y esfuerzo mucho mayor que la de generar externalizaciones negativas, que no es más que una forma en la que toda la sociedad se ve obligada a pagar de diversas formas los beneficios de unos pocos. Este esfuerzo de toda empresa social necesita reconocimiento, necesita medios, fórmulas legales, protección y difusión.  Se pueden hacer economía de otra forma, mucho más eficiente que la que conocemos, y como emprendedora de una empresa social me gustaría poder exigir a nuestro país una legislación adecuada, no por mi proyecto, sino porque sé las dificultades que puede tener una empresa como Papiroff, una editorial social que ofrece contenidos educativos gratuitos y libres; y me imagino las que se encuentran muchos otros proyectos que nos interesan a todos, que pueden mejorar y transformar nuestra sociedad y que no vemos florecer por falta de un espacio y medios adecuados para ello.

 

Begoña García Fidalgo

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