El arte como tesoro común

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Acudimos a la 7ª edición de los Cursos de Verano que la UNED celebró en el Museo Thyssen-Bornemisza, esta vez dedicado al arte abstracto al hilo de la exposición sobre Victor Vasarely que el museo ofrece este verano en Madrid

Hace casi siete años comenzó una colaboración muy especial entre la UNED y el Museo Thyssen-Bornemisza, fruto de la cual año tras año hemos disfrutado del arte de las colecciones y exposiciones temporales el museo en cada edición de los Cursos de Verano, desde 2012. En esta 29.ª edición, la exposición dedicada a Victor Vasarely (del 7 de junio al 9 de septiembre de 2018), uno de los principales representantes del Op Art, sirve de excusa perfecta para hablar del arte abstracto (que está presente en la humanidad desde la Prehistoria), no solo como movimiento artístico sino, especialmente, como un lenguaje más del arte. Ha sido en el curso Los lenguajes de la abstracción. Hacia la liberación del artista, celebrado en las instalaciones del museo en la segunda semana de julio,  dirigido por Mª Dolores Antigüedad del Castillo-Olivares, catedrática de Historia del Arte de la UNED, y Rufino Ferreras Marcos, jefe del Área de Educación del Museo Thyssen-Bornemisza, y organizado por la Fundación UNED. Una invitación a sumergirnos en el arte contemporáneo, en la figura de Victor Vasarely y en la abstracción geométrica de posguerra, así como a aproximarnos a las relaciones entre el arte y la sociedad.

 

Sobre la relación entre instituciones

A la presentación del Curso de Verano, además de sus directores, también acudieron Consuelo Gómez López, directora del departamento de Historia del Arte de la UNED, y Guillermo Solana Díez, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, así como José Mayor Oreja, director de la Fundación ACS, entidad patrocinadora que ha contribuido a la realización de este curso.

A la izda., Rufino Ferreras y Guillermo Solana. A la dcha., Dolores Antigüedad y Consuelo Gómez

En palabras de Mª Dolores Antigüedad, las convocatorias de estos Cursos de Verano “han sido siete ocasiones en las que nos reunimos siempre por un motivo, a lo mejor a veces un tanto secundario, o bien una exposición… Yo creo que ha sido un intercambio de experiencias, de conocimientos, de muchas otras cosas, incluso de experiencias personales”. Ahora que el Museo Thyssen-Bornemisza es Museo Nacional, se deberá actualizar con el Ministerio de Cultura ese convenio suscrito con la UNED a principios de 2013; en ese sentido, Consuelo Gómez también se refirió a esta colaboración entre ambas instituciones en relación a su futuro: “como directora del departamento de Historia de Arte quería manifestar aquí públicamente mi máxima colaboración a la hora de que este acuerdo, que tantos éxitos está produciendo y que tan buena acogida tiene entre todos ustedes, pueda seguir adelante”.

 

Sobre la función de los museos

En su intervención, Guillermo Solana se refirió al papel educacional y de investigación que deben tener los museos: “Ya sabéis que EducaThyssen, y el museo en general, está muy comprometido con que las exposiciones no sean solamente acontecimientos visuales o experiencias agradables para los visitantes, sino que sean también acciones para la investigación, para el conocimiento”. También Mª Dolores Antigüedad se refirió a esta faceta de los museos cuando hablamos más tranquilamente con ella. “Al ciudadano le interesa el arte, pero hay que enseñarles a ver arte. Eso es lo que se pretende también en cursos como este”, explicaba. Y hacía una crítica a las grandes exposiciones que se basan en grandes cifras de asistencia, rompiendo una lanza en favor de las exposiciones más modestas y que tienen una labor educativa más relevante: “Las actividades educativas en los museos pueden ser pequeñas, muy bien hechas y mucho más fructíferas que las exposiciones de miles de usuarios. La tarea de los museos es hacer entender al ciudadano algunos conceptos artísticos que son muy complejos”. En ese sentido, elogió la labor del área de Educación del Museo Thyssen-Bornemisza, un departamento pequeñito capaz de realizar multitud de actividades educativas.

 

Sobre el curso

“Las propuestas que se vienen organizando tienen en su ADN tres elementos fundamentales, que son el interés, la actualidad y el rigor académico y científico”, comentaba Consuelo Gómez en su intervención. “El curso está avalado por un conjunto de ponentes que les van a permitir aproximarse a esa figura de Victor Vasarely y de todo el arte de posguerra y de todas sus vinculaciones desde el máximo rigor”. Y hacía una invitación a los asistentes, no solo para escuchar las ponencias y aprender de ellas, sino también para acercarse a los expertos e intercambiar opiniones, elementos críticos y experiencias con ellos, así como con sus propios compañeros. “Creo que los Cursos de Verano son un momento excepcional para que, de alguna manera, flexibilicemos ese marco, algunas veces un poco estricto, de las aulas académicas y se cree un espacio para el intercambio de opiniones, de ideas, de ciencias, entre todos. Con todos los ponentes tendrán oportunidad de intercambiar opiniones y enriquecer la perspectiva que hasta ahora tienen o han tenido de la abstracción geométrica, de Vasarely, de tantas otras cosas que en estas tres jornadas van a ir surgiendo”, comentaba. Y en la misma línea, la directora del curso afirmaba que “en estos cursos aprendemos todos, alumnos y ponentes. Porque cada uno tiene su punto de vista y hay un enriquecimiento mutuo”.

Rufino Ferreras, por su parte, explicaba que el Curso de Verano de esta edición nacía como consecuencia “de una reflexión que hemos venido haciendo a lo largo de los últimos años sobre hasta dónde la sociedad entiende una idea como la abstracción de una manera veraz”. La reflexión tiene su por qué, ya que la abstracción es uno de los términos más utilizados a la hora de explicar el arte y, al mismo tiempo, es uno de más desconocidos y peor definidos; algo mucho más complejo que una colección de obras en las que, a simple vista, no se relaciona nada con la naturaleza. “Es algo que ha implicado toda la cultura de la humanidad a lo largo de toda ella”, explica Ferreras; “por eso en este curso queríamos dar una visión muy amplia del concepto de abstracción, y hacer un repaso también de cómo aparece la abstracción en el origen de la comunicación del hombre en las cavernas, o a través de distintas culturas a lo largo de toda la Historia del Arte. La idea era un poco hacer ese mapa que pusiera la abstracción como un lenguaje más, no solamente como un movimiento”.

Uno de los atractivos de estos cursos es, además de la interlocución directa con expertos en la materia, la posibilidad de estudiar las obras de arte in situ, ya que las tardes en el museo se han dedicado a clases prácticas en las salas de exposición con explicaciones a pie de obra. En palabras de Consuelo Gómez, “hay veces que nos apetece aproximarnos a la obra de arte sin ningún tipo de apriorismo, sin saber nada de ella; pero también es cierto que cuando tenemos un conocimiento y una clara interpretación de esa obra de arte, podemos hacer una aproximación crítica que nos nutre de muchísimos elementos que resultan enriquecedores”.

Exposición ‘Victor Vasarely. El nacimiento del Op Art’ (Imagen: Museo Thyssen-Bornemisza)

Victor Vasarely, el Op Art, lo geométrico y tirarse de cabeza

Vasarely: ‘Feny’, 1973 (Imagen: Museo Thyssen-Bornemisza)

Guillermo Solana abrió el turno de las sesiones con una ponencia sobre la figura de Victor Vasarely y la exposición que ofrece el museo durante estos meses estivales. Con esta exposición, en la que están representadas las principales fases de la carrera del pintor húngaro, el Thyssen ofrece una visión global de la vida y obra del artista, que jugó un importante papel en el desarrollo de la abstracción geométrica de posguerra, además de ser un firme defensor de la integración del arte en la sociedad. La exposición incluye obras del Museo Vasarely de Budapest, el Museo Victor Vasarely de Pécs y la Fundación Vasarely de Aix-en-Provence, además de destacados préstamos de colecciones privadas.

Vasarely: ‘Kroa-MC’, 1969 (Imagen: Museo Thyssen-Bornemisza)

Solana nos contaba cómo Vasarely ha bebido de las fuentes de Picasso (el arlequín como motivo) y Juan Gris (el damero). “Aquí está el germen de todo lo que encontramos en la obra de madurez de Vasarely”, explicaba. “Pero junto al damero y al arlequín, hay un motivo figurativo muy característico de él, que son las cebras”. Se trata de un motivo que evoca el camuflaje militar, pero en el caso de Vasarely, lo utiliza “para romper contorno y figura; los contornos de la figura no importan tanto, importa la composición, el ritmo visual”. La retícula y la cuadrícula, que representan lo formal y lo constructivo de entreguerras, en Vasarely representan algo vibrante, pulsante, que genera sensaciones distintas a lo largo del plano. También le interesan particularmente los efectos de movimiento; en ocasiones consigue el efecto de una lente que flota, que no está sujeta; otras veces utiliza una cuadrícula no regular, de modo que obtiene concavidades y convexidades (lo que, en ocasiones, nos recuerda a los efectos figurativos de Escher). A medida que evoluciona, la geometría en el artista se va volviendo cada vez más fluida y metamórfica; empieza a trabajar con las transiciones y juega con el surrealismo.

Leopoldo La Rubia, profesor de Bellas Artes de la Universidad de Granada, centró su ponencia en el valor simbólico, espiritual y experimental de lo geométrico, dando un repaso a su evolución dentro de la historia del arte desde los orígenes hasta nuestros días. Planteándonos cuestiones como si es posible definir el arte, o si el arte es siempre símbolo, nos acercó por ejemplo a la vertiente simbólico-espiritual de la abstracción, según Worringer, o a la amenaza de lo meramente decorativo en la abstracción geométrica, según Kandinsky, terminando en la vertiente experimental del arte. “De alguna manera”, explicaba, “el arte es resolver determinados problemas que el artista se plantea. Una obra de arte acabada puede resolver una serie de problemas; pero otro artista puede resolver la misma cuestión de otra forma distinta”.

Por su parte, Sagrario Aznar Almazán, catedrática de Historia del Arte de la UNED y recientemente nombrada decana de la Facultad de Geografía e Historia, tituló su ponencia como “Tirarse de cabeza”, haciendo alusión a las diferentes manifestaciones artísticas que optan por la provocación y por sacudir conciencias, con un compromiso claro por utilizar el arte como herramienta de transformación social. Obras como ‘La promesa’, de Teresa Margolles, una instalación que consta de la cuidosa deconstrucción y el traslado de una casa de interés social que se encontraba en Ciudad Juárez, que aborda el tema del desarraigo y que habla de promesas rotas de lo que una vez fue la esperanza de la gente que la habitaba, es un buen ejemplo de esto. “Aunque se refiere a un problema local, se podría referir a cualquier situación de abandono e injusticia. Una obra que apenas nos dice nada en un principio, tiene detrás todo un proceso conceptual que la llena de contenido y de sentido”, explicaba la decana.


Cabe hacer una mención especial a Irene Jiménez, historiadora del arte por la UNED y una de nuestras alumnas habituales en estos Cursos de Verano en el Museo Thyssen-Bornemisza, que tuvo la gentileza de escribirnos un artículo sobre el curso. Decidió dedicarlo a Oteiza y la sesión impartida por la catedrátca de Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, Soledad Álvarez.

 

“No podemos dejar indefinidamente el disfrute de la obra de arte solo a la élite de conocedores. El arte del presente se encamina hacia formas generosas, recreables a placer; el arte del mañana será un tesoro común o no será”

(Victor Vasarely, Manifiesto Amarillo, 1955)

Más información:
Web de los Cursos de Verano 2018
SINDISTANCIA, la actualidad de los Cursos de Verano
Inma Luque
Comunicación UNED

 

 

 

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