Drones, los nuevos ojos de los dioses

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Un dron es un sistema aéreo tripulado de forma remota, una moderna tecnología aplicada tanto para usos civiles como militares, tanto para el ocio de los antiguos aficionados al aeromodelismo como para el negocio de las nuevas industrias de ingeniería aeronáutica o para emprendedores de múltiples sectores, entre los que se cuentan la construcción, la energía, la agricultura, las empresas audiovisuales o, incluso, el turismo. Generadores de imágenes desde el cielo permiten tanto el seguimiento de un presunto grupo terrorista en terreno accidentado de montaña o desierto; o el control de una presunta embarcación de narcotraficantes; como la detección de un árbol que inicia su combustión en varios kilómetros de cultivo, o de una grieta en una chimenea industrial por la que se escapan gases contaminantes. Actúan como los nuevos ojos de los dioses, al servicio de los mortales que los controlan: bien militares altamente cualificados, bien empresarios con una muy bien desarrollada visión de futuro.

El curso de verano de la UNED Los drones: una amenaza o una oportunidad, plantea a los asistentes los usos reales y potenciales de estos artefactos, sus sistemas de seguridad y los riesgos y límites en su manejo. Propuesto por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (IUGM), dirigido por Miguel Requena y coordinado por Juan Antonio Moliner, general subdirector del Instituto. Los 19 estudiantes matriculados eran en su mayoría militares o ingenieros procedentes de industrias asociadas a la Defensa.

Básicamente, los drones son estructuras tripuladas remotamente de diferente peso, desde los 14 gramos hasta varios kilos, construidos para volar. Los hay metálicos, duros y con aristas que pueden salir indemnes de una colisión con aves y otros objetos, o plásticos y redondeados, blandos y ligerísimos, diseñados para no herir a quien los vuela, por inexperto que sea. Muy grandes, apreciables a simple vista, o tan pequeños que resultan imperceptibles al ojo humano y a los radares terrestres. Curiosamente, cuanto más pequeños, más caros, ya que suelen estar dotados de lo último en tecnología militar puntera  y por su alto precio sólo están al alcance de algunos países interesados en destinarlos a sofisticadas operaciones de inteligencia militar.

Sus aplicaciones, amplísimas, dependen de la tecnología que se les implante. En general todos tienen cámaras, fotográficas o térmicas, dispositivos de geolocalización, y programas que les permiten el acopio, análisis y envío de datos a la máxima velocidad posible.  El gran reto que ahora mismo se aborda en el sector de la construcción de drones es la durabilidad de su batería, ya que si es grande y pesada, recarga la estructura y dificulta el movimiento y si es muy pequeña, le resta autonomía en tiempo de vuelo.

El otro reto, ya subsanado, que afectaba sobre todo a los drones militares, cuya carga de información suponía un alto riesgo si caía en manos del enemigo, es la implantación de una aplicación informática que hace que el aparato averiado, detectado por un radar o alcanzado por un arma enemiga se autodestruye, vuelve a su estación de control o sigue volando hasta acabar su batería o combustible y se cae al suelo.

Drones militares

Según explicación del general Moliner, coordinador del curso, hay tres tipos de dones de uso militar: in the coop, con control permanente del aparato por un humano, desde una plataforma próxima, que permanece siempre a la vista del operario;  on the coop, existe un control inicial del operario, luego el aparato navega según la programación que se le haya instalado y, cuando el equipo responsable considere, se le ordena volver hacia la base de operaciones; out of the coop, no existe control humano, se confía en la tecnología y las interacciones de sus propios algoritmos.

Esta última modalidad, que permitiría incluso, la dotación de enjambres de pequeños drones que establecerían sus propios sistemas de comunicación y decisión, “sin duda son posibles, pero ¿serían éticos?”, plantea el general del IUGM, que recuerda que “podría ocurrir lo mismo que cuando apareció la ballesta, el primer ingenio armamentístico medieval que permitía matar a enemigos muy lejanos, a quienes ni siquiera se les veía la cara. La Iglesia la prohibió en guerras entre ejércitos cristianos, aunque sí se podía utilizar en las cruzadas contra el infiel. Se consideraba poco ética, un arma de cobardes donde no se daba el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y que sólo usaban los mercenarios y no los caballeros”.

Los oficiales de Ejército del Aire en el estado Mayor del Aire José Nieto, Daniel Bello y Gonzalo Vallejo aclararon, en sus intervenciones, que las Fuerzas Armadas españolas optan por las aeronaves pilotadas remotamente, como armas de detección y reconocimiento, que permite el control del dron por parte del equipo humano, en un área territorial amplia, pero con un seguimiento compatible con cualquier eventualidad que exija una corrección de la trayectoria, de las prestaciones o la anulación de la operación.

Componentes de los drones de uso militar,  además de las plataforma fija y las alas, una carga útil de sensores, electrópticos, visualización de infrarrojos, sistemas de guerra electrónica, etc… que a tiempo real generan comunicaciones y dan la posibilidad de operar tanto a fuerzas terrestres como aéreas permanentemente.  Su campo de operaciones supera los 200 kilómetros. Muy pocos países han incorporado armas o bombas a estos drones, ya que el coste tecnológico de un aparato capaz de transportarlas es tan alto que pocos ejércitos nacionales pueden asumirlo.

Nieto, Bello y Vallejo señalan que desde hace unos 30 años la OTAN utiliza habitualmente estos aparatos como sistema de control aéreo en distintas operaciones internacionales.. Hay drones que pesan 2 kilos y tenían un alcance de 5 km, que se han quedado obsoletos, ahora un small de unos 150 kilos actúa entre 50 y 100 kilómetros y hay equipos que pueden pesar 5.000 kilos. Tabién cuentan con diferentes autonomías, la mayor, un sistema que se mantiene en el aire hasta 30 horas asociado a 3 ó 4 plataformas y que envía datos durante 24 horas, 365 días al año. De hecho, Estados Unidos mantiene unas 60 órbitas constantes en todo el mundo durante 24 horas, todo el año. Los drones, como toda aeronave, están sujetos a las leyes de protección del espacio aéreo de cada país.

Todos ellos son sistemas con formas, ruido y ópticas muy difíciles de detectar. Aunque también se utilizan otros, muy fáciles de movilizar, que pueden ser transportados en una mochila, y lanzados desde un camión y que mantienen contacto permanente entre el sistema y su unidad de contro, a costa de una mayor vulnerabilidad. “Los drones han protagonizado operaciones muy importantes, desde la detección de Gadafi en Libia hasta el control de fronteras en México para evitar el narcotráfico. ¿Su mayor ventaja? Que no están tripulados y ninguna persona corre riesgo alguno. Eso ha permitido, por ejemplo, medir com precisión las fugas radioactivas de la central nuclear de Fukushima”.

Drones civiles

Hay dos tipos de uso para los drones no militares: de ocio, como los antiguos aviones de aeromodelismo, y de negocio, para usos industriales., Los de ocio se diseñan con materiales lo más blandos posibles y las carcasas redondeadas para evitar que, si hay  colisión por un pilotaje inexperto, se produzca daño. Y los aparatos industriales dependen tanto en diseño de materiales y forma como en la tecnología implantada, del sector al que se va a dedicar. Javier Ruiz, ingeniero de Eurodefense España, y empresario promotor de los drones y de la enseñanza del manejo y obtención de licencias del mismo, es el experto que constata el auge de estos aparatos y su versatilidad para activar la economía. “Es un sector emergente en el que ya trabajan multitud de empresas en España y que puede dar trabajo a medio millón de personas en los próximos años en la Unión Europea. Especialmente a empresas tecnológicamente punteras, como Indra, y a las colaboradoras de las Fuerzas Armadas y el Ejército del Aire”, señala.

La evolución de los drones es rápida porque la demandan los ejércitos, que cada vez requieren sistemas más robustos y complejos. Y eso arrastra la investigación en los aparatos de usos industrial. Igual que un ejército puede vigilar los movimientos de tropas enemigas desde el aire con un dron, se puede rescatar a un grupo de montañeros perdidos a causa de la niebla para enviarles comida o ropa de abrigo, o localizar a rebaños de ganado aislados en la nieve, preparar mapas orográficos de una zona, averiguar el riesgo de incendios comprobando la masa de matorral  de riesgo, elaborar planos submarinos,  o aportar singulares y emotivos planos a vista de pájaro a la industria cinematográfica o para la difusión digital de campañas turísticas.

Para jugar con drones en vuelos recreativos no se exigen muchos requisitos, salvo tener una licencia y, utilizarlos en un espacio abierto donde no se ponga en riesgo a los ciudadanos. Además de no perder nunca de vista tu aparato, es preciso conocer algunas normas que, de incumplirse,  podrían llevar a tu dron a ser derribado: nos e pueden sobrevolar instalaciones de Defensa, zonas portuarias, ni las presidencias de los gobiernos, ni espacios densamente poblados como los Campos Elíseos de París, donde puede provocarse ataques de pánico entre la gente o accidentes contra la gente.

Pero para vuelos no recreativos, de drones d empresa dedicados al negocio de la imagen, ´si que hay que conocer y cumplir una amplia normativa y obtener numerosos permisos y licencias para cada una de las actividades a realizar. “Se puede ganar mucho dinero, pero hay que ser escrupulosos con los trámites administrativos. Y jamás puedes ofrecer a un cliente algo que no estás seguro de poder darle”, asegura Ruiz.

Recordaba el conferenciante los primeros momentos de los automóviles, “cuando algunos países exigían que delante del vehículo caminase una persona con banderines indicando el peligro que se avecinaba. Como entonces, hoy la legislación de prolija en trámites y excesiva en controles de todo tipo. Hoy los servicios de los drones son una inversión de alta tecnología y muy segura. Puede ganarse mucho dinero inspeccionando las grietas de una chimenea de una industria, comprobando periódicamente la evolución de un cultivo y detectando sus plagas, o filmando 30 horas de vídeo para una película que solo aprovechará 3 minutos. Pero dentro de no demasiado tiempo los tendremos sustituyendo a los repartidores de Amazon y Telepizza. Aquellos que quieran estar programando, dirigiendo o gestionando su empresa de drones mañana deben empezar ya mismo a prepararse. Y convénzanse, denle un cacharro a cualquier persona con buenas ideas y hará una obra magnífica. Seguro ”, concluía.

 

Aida Fernández

Fotografías: José Rodríguez

Comunicación UNED

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