Crónica semiseria del viaje Sicilia-Madrid

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2012: Odisea hacia la UNED

 
 
 
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…
Sonrío al despertador que, domingo 1 de Julio a las 6 de la mañana, me recuerda que ya es el Día del Gran Viaje. Mañana empieza el Curso de Verano «Tendencias de la teoría literaria hoy» en las Escuelas Pías de Madrid, y pensar en Machado me parece apropiado.
  

Durante el curso en Escuelas Pías-UNED

El mar de Sicilia es cristal y, mientras mi amiga Marianna pilla calles en sentido contrario porque «no se acuerda bien de cómo se llega», las palmeras parecen saludarme. Finalmente subo al autobús Pozzallo-Catania. Son las 8 de la mañana. Duermo hasta que un frenazo me tira del asiento: alguien se ha parado en el medio de la autopista a coger higos chumbos

 

Otro autobús, el Catania-Palermo de las 11.40: un «limbo» de viajeros, turistas, juerguistas, estudiantes, señoras, despedidas de soltero, solitarios transeuntes y… yo, que acabo al lado de «Sergione», 150 kilos. Me incrusto entre la ventanilla y el asiento, y decido dormir ignorando las ofertas de cannoli de mi generoso compañero.

 

En el tren hasta el aeropuerto hay fermento: todo el mundo quiere estar en casa antes de que empieze el partido. Por lo menos dos países en Europa se pararán en esas dos horas: él del que vengo y él al que voy.

Dentro del avión

Sobrevivo a las escenas dantescas de las puertas de embarque, y llego al avión con una hora de retraso. Los asientos están ocupados por hinchas de la Roja, y los pocos italianos nos sentimos en minoría psicológica, como si presagieramos la derrota.

 

No nos hemos movido siquiera, y recibo el mensaje del gol de Iniesta. Escenas de júbilo, mezcladas con las informaciones de seguridad. Tenemos que apagar los móviles, pero los azafatos (españoles), nos tienen informados según los pilotos (italianos) les vayan contando. A cada gol, el mensaje es: “Les informamos que hemos metido otro”, al que sigue un «¡Olé!» de los que levantan las manos pero nada más, al estar atados con cinturones de seguridad. Los italianos estamos hundidos en nuestros asientos, y los españoles besándose, declarando su amor, agitando banderas, vistiendo camisetas, lanzando niños rojigualdos al pasillo. Antes de aterrizar, la azafata organiza una ola, desde los asientos delanteros a los traseros y viceversa, y pone el himno español.

 

Llegamos a un Barajas desierto, y cruzo un Madrid rojo de camisetas y vino, para llegar a la una a casa. Mi viaje ha durado 17 horas. Y si esta no os parece una aventura…

 
 
 

Sede: Escuelas Pías UNED-Madrid
Curso: Tendencias de la teoría literaria hoy
Fecha: 2 al 4 de julio
Autora: Linda Baseggio

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