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El 14 de junio el Centro Madrid-Sur de la UNED organizó en el Aula Universitaria de Leganés la conferencia “Historia del siglo XXI, analizando el futuro”. El ponente, Juan P. Rodríguez, profesor de Historia y subdirector de Extensión Universitaria de UNED Madrid-Sur, durante la explicación repasó diferentes fenómenos y acontecimientos del siglo XX, para pasar a analizar la situación actual mundial y las perspectivas de futuro. En este artículo, Rodríguez resume brevemente los contenidos de dicha conferencia.

En la conferencia me marqué como objetivo hacer una exposición de una hora para luego realizar un pequeño debate con los participantes. Es por ello que muchos de los problemas solo los mencioné para luego comentarlos con los participantes, para que diesen su opinión. Ellos mismos señalaron nuevas ideas y aportaron interesantes reflexiones.

Aunque todos los fenómenos siempre tienen un hilo temporal continuo, prefiero tomar como referencia cinco hechos anteriores a la Segunda Guerra Mundial, como son la revolución soviética de 1917, la crisis de 1929, la fractura de las democracias y la llegada de diferentes regímenes expansionistas y totalitarios, sobre todo el ascenso del nazismo y el fascismo en Italia, y el fracaso de la política de pacificación de la Sociedad de Naciones.

Es la Segunda Guerra Mundial, en concreto sus vencedores, Estados Unidos y la URSS, los que configurarán durante décadas el futuro, lo que se puede denominar el orden mundial. Europa, como en la Primera Guerra Mundial, resultó dañada de especial manera, quedando fuera de juego, consolidando la pérdida de histórica supremacía mundial. En el siglo XIX un brillante escritor visionario, Julio Verne, en sus últimas novelas tenía ya protagonistas que eran rusos o norteamericanos. El nuevo orden mundial, es lo que se denominó Guerra fría, con una dialéctica de enfrentamiento a muchos niveles, económico-social (capitalismo/comunismo), militar (Otan-Pacto de Varsovia) e institucional o de estructuras (Plan Marshall-COMECON).

También desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se produce un proceso de descolonización, con nuevas independencias, la muerte de los imperios europeos, la tentación de configurar un nuevo bloque (Movimiento de No Alineados), y las dialécticas norte-sur y desarrollo-subdesarrollo. Independencias políticas, pero que en casi todos los casos siguen marcadas por dependencias económicas e intromisiones políticas de sus antiguas metrópolis.

Tanto la cuestión de la Guerra Fría como la descolonización han sembrado de conflictos el mundo a los cuales luego haré alusión, como Oriente Próximo o las guerrillas de Centroamérica, entre otros muchos.

Será la descomposición de la URSS desde 1989 con la caída del muro de Berlín, la que marcará el cambio del mundo. Será la desaparición del bloque comunista, y la transición de diferentes países hacia democracias. Eso conllevará también un proceso de sincronización con respecto a la Europa Occidental, y con ello un nuevo crecimiento de la Unión Europea. Procesos de transición los de la Europa Oriental unas veces pacíficos (Polonia, Hungría, la antigua Checoslovaquia…) y otras veces dramática, como en Rumanía (ejecución del dictador Ceaucescu) y la de Yugoslavia, con un conflicto bélico, étnico y religioso, marcado por operaciones militares, crímenes de guerra y con la intervención de la OTAN, todo ello en el corazón de Europa.

Con esos parámetros se puede pasar a enumerar varios aspectos significativos de la situación actual:

– Relativa eficacia de la ONU, que todavía está en vía de perfilar su papel en el futuro por el contexto tras la Guerra Fría y panorama tan cambiante e inestable. Igualmente todavía está por perfilar el papel de Rusia en el mundo.

– Radicalización de parte del mundo islámico, con problemas como la creación del ISIS o el problema del terrorismo.

– Problema de Oriente Próximo, con fuertes conflictos y disputas, como en el Líbano, la guerra en Siria o Israel-Palestina, por enumerar solo tres.

– Europa, un mundo que ha tenido un proceso acelerado de crecimiento de la Unión Europea, pero que ahora está amenazado por populismos o por tendencias de desconexión (Brexit). Está por ver el peso de la Unión en el Mundo.

– Latinoamérica, problemas que van desde la guerrilla, la corrupción de sus políticos, la dialéctica local desarrollo-subdesarrollo, y los defectos de la política, con estados populistas que rozan dictaduras a estados excesivamente neoliberales.

– África sigue teniendo fuertes problemas sociales, pero también raciales (hace pocos años de la abolición del apartheid), sus guerras civiles, países que se matan y asfixian desde dentro, y carne de cañón para concentrar problemas, algunos de tal calado como la debilidad de sus democracias o la tentación del terrorismo. Muchos de estos problemas vinculados a las dependencias con respecto a países europeos, que a día de hoy siguen interviniendo en su interés y el de las multinacionales África (igual que en Asia o América).

– Asia, a pesar de las grandes diferencias, es zona de gran crecimiento, de potencialidad, recursos, dinamismo, turismo. Tienen medios y podrán solucionar parte de sus problemas, que no son pocos, ya que tampoco están exentos de dictaduras, de terrorismos, de diferencias sociales, y de fuertes condicionamientos del pasado, como en la India.

– Un nuevo orden, por determinar, con nuevos actores, como China, pero también con fenómenos recientes como pueda ser la Primavera Árabe, con consecuencias todavía por determinar.

Sin embargo, no solo se trata de hacer diagnóstico de problemas, sino además de señalar posibles retos del futuro, en un mundo globalizado:

– Los problemas climáticos y medioambientales, el reforzar mecanismos como los protocolos de Kioto.

– Necesitamos sostenibilidad a diferentes niveles, de recursos, económicos, de muchos niveles.

– Quizá tengamos que aprender a usar nuevos combustibles.

– Dar solución al problema de refugiados.

– Los retos de las tecnologías, como ha sucedido históricamente, con sus efectos positivos pero también negativos.

Países que se esfuerzan por tener la bomba atómica, mientras para ello tiranizan a sus pueblos, siendo el problema más importante no el tener la bomba atómica un país, porque pienso que la humanidad y el planeta están por encima de los estados. Y el problema de la humanidad es otro, el agua y la comida. Científicos y estados que consumen su energía en armas, cuando la humanidad busca un remedio contra el cáncer, contra las enfermedades, que posiblemente en su mayoría tendrían cura.

¿Qué es más importante, los estados o las personas? Una guerra es un problema, pero también lo son las drogas, la desigualdad, la delincuencia, la corrupción, el machismo, o simplemente las personas que mueren solas.

Juan Pedro Rodríguez

Comunicación UNED

 

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