0 Flares 0 Flares ×

El Centro Asociado de la UNED Madrid Sur organizó el 29 de abril una clase magistral sobre el genial pintor Murillo. Fue impartida por el pintor Félix Andrada, que fue presentado por el profesor Daniel Ruiz Zurita, quien hace balance de esta clase magistral.

Tras un presentación aproximada de su amplio currículo y ante un público abundante de antiguos compañeros ribereños de Félix Andrada, subrayamos que fue miembro destacado del Colectivo Ribereño de Acción Cultural (CRAC), que es historiador de Arte y autor de varias publicaciones sobre arte gráfico (incluyendo a Murillo) y gestión cultural. Que ha sido profesor de técnicas de pintura y de seminarios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, así como de edición de catálogos de Arte.

En esta ocasión era su segunda visita a este curso. En 2018 vino para explicar «Consider the source. Volume 2«, su exposición en el Centro Cultural Isabel de Farnesio de Aranjuez, en la que vimos una amplia serie de collages y serigrafías que sorprendieron por su escrupuloso método, la precisión del detalle y el homenaje a «la fuente» vanguardista. Andrada ha expuesto en ferias destacadas como Estampa, en el Museo  Casa de la Moneda, en el Centro Cultural Conde Duque, en el Museo Español de Arte Contemporáneo o en el circuito internacional de Fredrikstad (Noruega).

La charla trató en todo momento de reivindicar la figura de un grandísimo pintor cuya fama ha sido recortada por un criterio que lo relega respecto a, por ejemplo, Velázquez. Félix Andrada, en un amplio recorrido por su obra expuso la enorme fuerza del espíritu religioso de Murillo. Una religiosidad convencida que era pintada no de forma heroica o moralizante, desposeída de toda idealización. Como apoyado sobre el lienzo, en íntima cercanía con lo pintado, Murillo representa la compañía de la fe y la cualidad humana de la divinidad. Andrada se ha detenido en un Ecce Homo esplendoroso por su sencillez, un hombre resignado. Hijo de Dios pero un hombre.

Mediante la explicación de recursos pictóricos, hemos entendido cómo Murillo se colocaba entre un mundo terrenal y uno celestial que aparecía entre brumas, con la profundidad de veladuras. En las escenas los personajes de uno y otro «mundo» se encontraban, si acaso diferenciados por un detalle en los ropajes. Más mundanos y terribles por la crueldad del siglo, unos. Con los colores florentinos y la caída del clasicismo, los otros. Y sin embargo compartiendo un momento común, un objeto que ambos sujetan, un gesto de humano sentimiento: piedad, hermandad, compañía.

Por las diapositivas han pasado las famosas vírgenes de Murillo, y sus pícaros entrañables, los niños alegres (a los cuales pinta con especial afecto) de una Sevilla ya dañada, las sagradas familias, es decir tantas y tantas escenas que han acompañado y acompañan a los españoles en los interiores de sus casas. A través de pequeñas láminas, recordatorios, postales y desde luego con varias de sus más de 400 joyas pintadas, hoy en el Museo del Prado. Como un Bien nacional.

Daniel Ruiz Zurita

Centro Asociado UNED Madrid Sur

COMUNICACIÓN UNED, 8 de mayo de 2019

0 Flares Google+ 0 LinkedIn 0 Twitter 0 Facebook 0 Email -- 0 Flares ×

Comentarios están cerrados.

0 Flares Google+ 0 LinkedIn 0 Twitter 0 Facebook 0 Email -- 0 Flares ×