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Conferencia sobre “Decisiones para el final de la vida. Testamento vital”, en el Centro Asociado de la UNED en Tudela. La actividad se ha desarrollado de manera presencial y online, y ha reunido a más de 120 personas.

Reflexionar sobre la propia muerte es algo que puede resultar chocante y raro, pero se puede hacer de manera más serena en un momento libre de enfermedad. Todos vamos a morir y hay situaciones al final de la vida en las que nos toca tomar decisiones: continuar o no con un tratamiento si no es curativo o limitar los tratamientos a los que aporten bienestar, entre otras.

“La mayoría lo que queremos es que ese paso sea lo más tranquilo posible, pero hay muchas situaciones en las que el proceso de morir puede ser muy dramático y doloroso; no solo porque perdamos a la persona querida o porque seamos los que vamos a morir, sino por cosas de alrededor que generan mucho sufrimiento”. Así lo afirma Socorro Lizarraga Mansoa, Médico de Atención Primaria del Centro de Salud de Berriozar que junto con Txaro Osinaga Cenoz, Trabajadora Social del Centro de Salud de Berriozar, ha sido la encargada de impartir la actividad.

“Nosotros podemos dejar por escrito el testamento vital: lo que nos gustaría que se hiciera con nosotros si llegamos a una situación en la que no podamos decidir”, continua Socorro. “Mientras nosotros podamos hablar y decidir, no es necesario dejar por escrito nada. Pero a veces, aún siendo joven y sano, pasan cosas: un accidente, una hemorragia cerebral, etc. La gente se queda en estado vegetativo o discapacitada y ya no puede decidir. Y comienzan las preguntas y los problemas a la hora de decidir qué hacer”.

“Si cada uno de nosotros no lo decidimos previamente, le tocará hacerlo a la familia o al sanitario de turno; por eso es importante reflexionar sobre la muerte, el significado de muerte digna y qué es el testamento vital o documento de voluntades anticipadas”, añade Socorro.

Según datos del Registro Nacional de Instrucciones Previas del Ministerio de Sanidad, que sincroniza las cifras de todas las comunidades autónomas, 227.640 personas tienen registrado su testamento vital. La cantidad, pese a que va al alza poco a poco, todavía es escasa: solo cinco de cada 1.000 habitantes. Para la mayoría de expertos la clave está en que es un total desconocido.

Centro Asociado UNED Tudela

COMUNICACIÓN UNED, 8 de mayo 2017

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