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El sábado 27 de enero el Centro Madrid-Sur de la UNED, dentro de sus actividades de Extensión Universitaria, organizó una visita a Segovia, para conocer su patrimonio histórico y artístico. Acompañó al grupo el profesor-tutor, Tomás García.

Piedad Fernández, estudiante del Centro Madrid Sur, hace balance de la visita a través de este artículo.

El pasado sábado, 27 de enero, unas 50 personas, desafiando el frío anunciado (y que fue realidad), viajamos a Segovia para realizar una visita guiada a esta ciudad, especialmente a sus monumentos de la época de los Reyes Católicos.

Nuestra excelente guía, Leticia, demostró saber de arte y de historia y nos acompañó durante las cerca de 4 horas en nuestra visita.

La ciudad de Segovia, con su Acueducto, es Patrimonio de la Humanidad desde 1985.

Empezamos la visita en la Plaza del Azoguejo, junto al Acueducto. La palabra “azoguejo” podría provenir del término “azogue”, de la palabra árabe zoco, lugar de reunión y comercio, nombrándose azoguejo o zoquejo o zoco pequeño, a diferencia del zoco grande, que era el sitio de la actual Plaza Mayor.

Naturalmente, empezó hablándonos del Acueducto romano, que, en este punto, tiene su mayor altura, algo más de 28 metros, además de los cimientos. Aunque diversas fuentes mencionan como fecha de su construcción el siglo I a.C o el siglo I d.C., parece que es más pobable el siglo II d.C., durante el reinado de Trajano. El transporte del agua se inicia en la sierra de Guadarrama, recorre unos 15 km antes de llegar a la ciudad y unos 2 km dentro de ella.

El agua, transportada por un canal en forma de U pasa por dos “desarenadores”, donde se decanta y filtra de impurezas. El acueducto tiene 167 arcos que se extienden durante unos 800 m, algunos de ellos dobles como ocurre en la parte central de la plaza del Azoguejo. Aunque originalmente todos los arcos eran de medio punto, al principio aparecen una serie de arcos apuntados, reconstruidos en el siglo XV para restaurar la parte destruida por los musulmanes (no los vimos, solo nos lo indicó Leticia).

Está construido con sillares de granito colocados sin argamasa entre ellos. Sobre los tres arcos de mayor altura había en la época romana una cartela con letras de bronce donde constaba la fecha y el constructor. También en lo alto pueden verse dos nichos, uno a cada lado del acueducto. Se sabe que en uno de ellos estuvo la imagen de Hércules Egipcio, que según la leyenda, fue el fundador de la ciudad. En el que da a la plaza puede verse una imagen de la Virgen. El otro, en este momento, está vacío.

Para su construcción, los romanos utilizaron fuertes andamios que soportaban las cimbras, sobre las que se encajaban las dovelas de los arcos apoyadas en la central, la clave.

Los dobles agujeros que vemos aún hoy en los sillares de granito son las marcas de grandes tenazas metálicas usadas para levantar las piedras.

Algunos de los bloques, deteriorados (hay que recordar que el tráfico pasaba por debajo del acueducto hasta hace no demasiado tiempo) han sido restaurados con la ayuda de resinas inyectadas que, parece, han funcionado correctamente. Se pueden apreciar al observar algunos de los bloques.

El Acueducto de Segovia es, sin duda, uno de los valores que hicieron posible el nombramiento de la ciudad de Segovia como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Desde aquí, en vez de seguir por la calle Real [llamada así por los segovianos, pero formada, sucesivamente, por Cervantes (donde está la famosa casa de los Picos), Juan Bravo (con un monumento dedicado a este comunero) y Corpus]que nos llevaría, directamente, a la plaza mayor y la Catedral, fuimos por la calle de San Juan, donde estuvo situado un arco de las murallas, así llamado. Vimos casas de nobles, como la Casa de las Cadenas que fue propiedad y residencia de los Marqueses de Moya, D. Andrés de Cabrera y Doña Beatriz de Bobadilla, amiga inseparable de la Reina Isabel la Católica. Tenía carácter defensivo, con su torreón circular y sus muros con almenas.

En la misma plaza pudimos ver la Casa del Marqués de Lozoya, con una portada románica, y una fachada, hoy perteneciente a un colegio, en la que apreciamos los primeros esgrafiados que, de modo constante, pudimos admirar en nuestra visita, incluidos los del Alcázar, los más antiguos. Aunque este tipo de decoración se puede ver en otras ciudades castellanas y en Barcelona, Segovia es la ciudad donde más se han utilizado en toda España.

Callejeando por detrás de la Casa de las Cadenas llegamos a la plaza de la Reina Juana (no de Castilla, sino de Avis, esposa de Enrique IV y madre de Juana la Beltraneja). Allí está lo que queda del palacio de San Martín, construido por Enrique IV (en restauración). En una parte de él se ubica el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente.

Desde allí disfrutamos de la iglesia románica de San Martín, con su maravilloso pórtico de capiteles historiados. Pasamos deprisa pues el arte de esa época no era el objetivo de la visita. ¡Qué pena!

Seguimos hacia el Palacio de Arias Dávila, con una gran torre cuadrada con matacanes. Juan Arias Dávila fue contador de Enrique IV y obispo de la ciudad de Segovia. Procedía de una familia de judíos conversos. Está considerado como el introductor de la imprenta en España. Como curiosidad, en el pasado albergó a un “contador” y hoy alberga la delegación de Hacienda.

La siguiente parada fue en la plaza del Corpus desde donde nos adentramos en la Judería. Los judíos vivieron desde el siglo XII hasta su expulsión por los Reyes Católicos.

Llegamos, así, a la Plaza Mayor y a la Catedral. Llamada la «Dama de las Catedrales» la Catedral de Segovia fue construida ya avanzado el siglo XVI para sustituir el templo románico semidestruido en la guerra de las Comunidades y que estaba situado junto al Alcázar. Es, junto a la catedral nueva de Salamanca, la muestra del gótico más tardío de la arquitectura española.

Su primer arquitecto fue Juan Gil de Hontañón, seguido por su hijo Rodrigo. El cierre de la cúpula no se llevó a cabo hasta el siglo XVII, por Pedro de Brizuela. Al construir la torre, se pretendió que fuera más alta que la Giralda de Sevilla: para ello, se le construyó un chapitel de madera de caoba que ardió en un incendio. Ahora tiene unos 90 m de altura.

El claustro, gótico, construido por Juan Guas (en las tracerías de las ventanas se pueden observar formas de corazón, características de Guas), fue trasladado piedra a piedra desde la antigua catedral junto al Alcázar a su nuevo emplazamiento. También fue trasladada la bella portada gótica, policromada, de acceso.

Entre las capillas destacan la del Santísimo Sacramento, con un magnífico retablo de José de Churriguera, la del Descendimiento con un extraordinario Cristo Yacente, de Gregorio Fernández y la de San Andrés, con el tríptico flamenco del Descendimiento de Ambrosius Benson. El retablo del altar mayor, obra de Francisco Sabatini, está dedicado a la Virgen de la Paz.

El coro conserva la sillería gótica de la antigua catedral y está flanqueado por dos grandes órganos barrocos, del siglo XVIII. El Archivo Catedralicio custodia, entre otros muchos, el Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España.

Las vidrieras son originales y están siendo limpiadas y restauradas por la empresa segoviana de Carlos Muñoz de Pablos. Pudimos apreciar su belleza y su tamaño en una vidriera situada en una capilla, a ras del suelo.

La catedral tiene tres portadas: por la que entramos y salimos está dedicada a San Frutos, patrón de Segovia, de estilo renacentista y de piedra de granito, de color diferente a la caliza del resto de la catedral.

Desde la catedral seguimos por la que parece ser la calle más fría de Segovia, con corrientes heladas, la calle Daoiz (la paralela es Velarde). Se trataba del barrio de las Canonjías, donde, desde el siglo XII vivían los canónigos de la antigua catedral de Santa María, junto al Alcázar. El recinto disponía de tres puertas, pero hoy solo queda una.

Llegamos, así, al Alcázar, que, con su forma de proa de barco, se alza sobre un cerro en la confluencia de los ríos Eresma y Clamores. En el lugar donde estuvo la antigua catedral hay un monumento a los héroes del 2 de mayo.

Fue construido originalmente como fortificación, documentada desde el siglo XII, pero ha servido como palacio real, prisión estatal, centro de artillería y academia militar. Está rodeado de un profundo foso.

Hemos hablado de los esgrafiados: aquí se encuentran los más antiguos de la ciudad. Se entra por un patio herreriano con un pozo y, desde él, visitamos la parte del palacio, empezando por la sala del Palacio Viejo, de la época de Alfonso VI. Tiene ventanas geminadas que daban luz al palacio, ya que el muro en que se encuentran era el muro exterior de dicho palacio viejo.

Se pasa, después, a la Sala de la Chimenea que corresponde a la parte del alcázar de tiempos de Felipe II. Dispone de una chimenea y el mobiliario es del siglo XVI.

Después, la sala del Trono. La puerta que separa esta sala de la de la chimenea conserva su decoración mudéjar original. Los artesonados de todas las salas no son los originales ya que en 1862 hubo un incendio que los destruyó. Fueron reconstruidos siguiendo los dibujos realizados unos años antes por José María Avrial y Flores.

Por debajo de la techumbre de esta sala se encuentra un ancho friso de yeso que mantiene su decoración original. Los tronos bajo dosel con el blasón de los Reyes Católicos y su divisa «Tanto monta» son obra de principios del siglo XX. En las paredes se encuentran los retratos de los mismos reyes.

La vidriera del ventanal representa a Enrique IV de Castilla y es obra del artista segoviano Carlos Muñoz de Pablos, también autor de las vidrieras que se pueden contemplar en las demás salas y, como se ha mencionado, de la restauración de las vidrieras de la catedral.

La siguiente es la Sala de Embajadores o de la Galera, que recibe su nombre del antiguo artesonado que tenía la forma de casco de barco invertido. Uno de los muros está decorado con una pintura que representa la coronación de la reina Isabel la Católica como reina de Castilla y de León en la iglesia de San Miguel de Segovia, obra, también, del mencionado Muñoz de Pablos.

La siguiente es la Sala de las Piñas, así llamada por los motivos de decoración del artesonado.

Sigue la Cámara Regia, en la que se encuentra una cama original con una cubierta de brocado tejida en oro.

Después, la Sala de los Reyes, con artesonado de casetones y alrededor de la que aparecen las imágenes de los reyes de España desde D. Pelayo.

Terminamos en la Capilla, situada en la sala de cordón desde la que el rey o reina veían la misa.  En ella se celebró el matrimonio religioso de Felipe II con su cuarta esposa Ana de Austria. Preside un retablo del siglo XVI y se conserva el primitivo que es la Adoración de los Reyes, pintada por Bartolomeo Carducci (Carducho) en 1600.

Aquí se acabó la visita, pudiendo visitarse a voluntad la sala de Armas o Armería de la Casa de Trastámara donde está la cámara de sus tesoros.

 Centro Asociado UNED Madrid Sur

COMUNICACIÓN UNED, 2 de febrero de 2018

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